23/09/16
Nota de la autora: … ¡Por favor no me odien! Sé que me tardé para esta actualización. Todos los chidoris y rasengans me los tengo bien merecidos, pero no, este fic no está abandonado y su autora no está muerta.
Prometo actualizar más seguido a partir de ahora, si hay gente que aún le interese, claro está :c de verdad lo lamento.
PD: ¡Muchas gracias por todos los reviews! Leo cada uno de ellos y no dejo de pensar lo afortunada que soy de tener su apoyo, me ayudan a continuar con esta historia. Este capítulo es especialmente largo como agradecimiento a todas esas personas que se toman el tiempo de comentar, agregar a favoritos o seguir este fic.
¡Todos los comentarios son bien recibidos!
Volvemos al pasado.
Capítulo 12: Caminando.
— ¿Cómo han podido vivir aquí? ¡Este lugar es un desastre!
Shikamaru a duras penas resistió el impulso de soltar un suspiro de fastidio.
Quejas. Era todo lo que había escuchado desde la llegada de aquella mujer que presuntamente sería su esposa y madre de su hijo, cosa que él todavía no terminaba de creer por completo… pero, a juzgar por el hecho de que Shikadai estaba aterrorizado, el niño definitivamente estaba familiarizado con el carácter explosivo de Temari.
¿Cómo había llegado a eso? ¿Cómo había terminado casado con una mujer más temible que su propia madre?
— ¡Se nota que no han pasado una escoba en semanas! ¡Y esa pila de trastos en el fregadero bien podría cobrar vida!
Temari continuó con su inspección por toda la casa y su lista de defectos siguió y siguió. Ellos dejaron de escucharla y se limitaron a guardar silencio, sentados en el comedor, hasta que una oración en particular captó su atención.
—Menos mal que me quedaré aquí para arreglar este desastre.
— ¿Qué?—preguntó Shikamaru, con los ojos abiertos de par en par—. ¿Te quedarás… en un hotel de Konoha?
Temari lo miró con confusión.
— ¡Claro que no!—respondió sin dudar y Shikamaru y Shikadai suspiraron con alivio—. Me quedaré aquí.
— ¿Qué?—gritaron ambos hombres, alarmados.
—Tsunade-sama me citó para decirme que ya tengo un hijo, y reaccioné menos impresionada que ustedes —se burló, comenzando a lavar los trastes—. También que no tiene espacio en su mansión, por lo que me podría quedar contigo —finalizó como quien no quiere la cosa.
Shikamaru tuvo un leve tic en el ojo. Comenzaba a odiar a la Hokage.
—Shikadai, ¿eh?
El niño se acercó y el corazón de Temari dio un vuelco como la primera vez que lo vio. Tenía sus ojos, aquellos orbes verdes, sin embargo la observaban con aburrimiento, tal como Shikamaru.
—Imagino que sabes tender camas, dudo mucho que haya criado a un vago —le dijo con severidad y, como pensó, él asintió—. Bien, encárgate.
—Que problemático —se quejó el niño, pero la obedeció.
—Y será más problemático porque de ahora en adelante tendrás que hacerlo todas las mañanas —estableció antes de que saliera de la cocina, causando que Shikadai soltara un gruñido y ella no pudo evitar sonreír.
En realidad, Shikadai no estaba molesto de que Temari estuviera ahí… nunca lo admitiría, pero él personalmente había ido con Tsunade a pedirle que la mandara llamar. No era que no le gustara pasar tiempo a solas con su padre, sino que, por más que ambos se quejaran de su madre, siempre tuvieron en claro que era necesaria.
La había extrañado horrores, pero aun así al verla no se había echado a sus brazos como la mayoría de los niños haría, nunca había sido de ese tipo, porque, aunque le aterrara, su simple presencia era reconfortante.
— ¿Te quedarás ahí o vendrás a ayudarme?—preguntó Temari con molestia cuando Shikadai hubo desaparecido.
Shikamaru suspiró antes de ponerse de pie, encargándose de secar los trastes que Temari le pasaba.
—Siempre supe que eras un flojo… —aseguró después de unos segundos de silencio—, me alegra saber que eso no te impidió ser buen padre.
Shikamaru giró a verla, sorprendido. ¿Acababa… acababa de decirle que era un buen padre?
Temari le regresó la mirada antes de sonreír. No era una sonrisa altanera, como la que Shikadai había heredado de ella… sino que era dulce, tierna. Él nunca la había visto esbozar una parecida. Y fue entonces que las palabras de su padre le llegaron a la mente.
"Incluso las mujeres mandonas pueden mostrar su lado amable para el hombre que ama"
Tal vez… no sería tan malo tenerla por ahí.
— ¿Vas a quedarte mirándome o secarás esos trastes?
—Tsk. Problemática —respondió, pero había un amago de sonrisa en sus labios.
Días después:
—No soy una bebé —repitió la niña por milésima ocasión.
Sakura no respondió y se limitó a seguir caminando.
En ese instante cruzaban el centro de Konoha, por lo que había centenares de personas y de tiendas móviles que recorrían las aceras promocionando sus productos, así que Sakura, por mero reflejo, tenía a Sarada firmemente tomada por la mano. La cargaría en sus brazos de ser posible, pero no creía lograrlo sin ser chamuscada por un jutsu de fuego.
Cuando pasaban por flores Yamanaka, se toparon con Ino, Inojin y Sai, quienes iban de salida. Justo como Sakura, Ino sostenía a Inojin firmemente de la mano, sólo que él no parecía molesto.
—Buenos días —saludó Sakura.
—Buenos días —respondieron al unísono, dedicándoles una sonrisa.
— ¿Qué tienes, Sarada-chan?—preguntó Ino al notar lo enfadada que se veía, agachándose para quedar a su altura—. ¿Por qué la cara triste?
Sarada se limitó a dedicarle una mirada irritada, con la cual todos solían apresurarse a dejarla en paz, sin embargo no pareció afectarle a Ino en lo absoluto y continuó observándola con insistencia, lo que la llevó a inflar sus mejillas y esconderse detrás de Sakura.
Ino soltó una risotada.
—Sarada, no seas grosera —regañó Sakura, sin embargo ella no salió de su escondite.
—Está bien, frentesota —tranquilizó Ino—. Deja a la niña.
Sakura suspiró antes de seguir caminando. Lo cierto era que ella y Sarada habían tenido una mala racha desde que la castigó, es decir, la niña era orgullosa y a duras penas le dirigía la palabra; al parecer el que le prohibiera salir de la casa había un golpe monumental para la niña.
Ino, por su parte, encontraba a Sarada terriblemente adorable. Era obvio que tenía los genes Uchiha, se notaba con sólo mirarla a los ojos… pero era tan pequeña que sólo le hacían gracia sus berrinches.
—Se parece mucho a Sasuke-san —comentó Sai como quien no quiere la cosa.
Sakura no podía negarlo, incluso se cargaba aquel orgullo que lo caracterizaba y su actitud imperturbable.
¿Podría sobrevivir viviendo con dos Uchiha?
Entonces, como si acabara de invocarlo, Sasuke apareció justo a su lado, cosa que le sorprendió, después de todo, pensaba que la dejaría a ella encargarse de esa reunión con la Hokage y después le preguntaría de qué se trató.
Él se limitó a asentir a manera de saludo y Sarada se apresuró a librarse del agarre de Sakura para ir a su lado. No lo tomó de la mano, ni nada parecido, y él, en un acto natural y reflejo, se acercó más a Sarada, como si quisiera tenerla al alcance en caso de que algo pasara, e inició una conversación con ella. Y Sasuke Uchiha nunca iniciaba una conversación.
Sakura sonrió. Sí. Definitivamente podría sobrevivir con ellos de familia.
Para cuando las familias llegaron a la torre del Hokage, ya estaban todos ahí, los Uzumaki; los Nara y los Akimichi. Tsunade estaba en su asiento, y, tan pronto como estuvieron completos, supo que había algo diferente.
Sarada y Boruto… ambos lucían molestos. Sarada estaba lo más lejos de Sakura que le era posible, manteniéndose junto a Sasuke, mientras que Boruto estaba sentado tercamente a los pies de Hinata, fingiendo que Naruto no existía. Al recordar que ellos dos eran los únicos que seguían castigados –debido a que los demás padres ya les habían levantado el castigo a sus hijos- entendió el motivo.
Sonrió torcidamente. Excelente, comenzaban a lucir como familias de verdad.
—Los he mandado a llamar porque… tenemos un problema.
Ninguno se mostró sorprendido, a esas alturas lo raro sería que todo marchara bien.
—Esto de que trabajen tan poco no está funcionando —prosiguió entonces—. He intentado distribuir la carga entre los demás ninjas, pero nos seguimos quedando cortos.
— ¿A qué se refiere?—preguntó Ino confundida.
Es decir, sí, desde la llegada de los infantes todos habían dejado de trabajar tanto, especialmente las mujeres… pero era porque tenían hijos, joder. Ahora todo era mucho más complicado.
Sus horarios debían coincidir con el de su pareja para que al menos uno se pudiera quedar con el niño; tenían que tener tiempo para salir a jugar o pasar tiempo con ellos, para hacerles la comida, para desearles las buenas noches; e incluso encontrar un momento para dormir para ellos mismos, palabra que casi había desaparecido de su vocabulario desde la aparición de esas personitas. Era difícil.
—Necesito a Sakura tiempo completo en el hospital. A Sasuke y Naruto en más expediciones. A Hinata e Ino en misiones de recolección de información; a Choji y Sai de reconocimiento y a Shikamaru en la división de inteligencia —enumeró—. Necesito más de medio turno —agregó en un tono más bajo—. Y la aldea de la Arena comienza a sospechar de la estancia de Temari aquí, por lo que tiene que ir más veces para presentar informes.
Ante eso, se formó un tenso silencio y todos los padres pensaron lo mismo: no podrían. A duras penas se las estaban arreglando, en tiempo y en dinero, para que la familia, si se le podía llamar así, funcionara. Si trabajan más terminarían por caer desmayados por agotamiento o siendo negligentes con su hijo… o quizá ambas.
Y sus hijos lo sabían.
— ¡Me encanta ese plan!—dijo Boruto, poniéndose de pie de un salto con una sonrisa.
—A mí también —secundó Chocho, sin poder ocultar su emoción—. No dejen de hacer sus cosas por nosotros, pueden estar más tiempo fuera de la casa —los motivó.
—Nos las arreglaremos —aseguró Sarada, sonriendo torcidamente. Finalmente el destino comenzaba a sonreírle.
—Todo sería menos problemático —concordó Shikadai, asintiendo.
—Sí, sabemos cuidarnos —finalizó Inojin.
Todos los padres vieron a su respectivo hijo con una gota de sudor bajando por su cabeza y una vena en la frente. ¡Tanto que se estaban sacrificando por esos mocosos y ellos sólo eran unos malagradecidos!
Pero, lo cierto era, que los niños comenzaban a asfixiarse. En su época podían salir, ir a la Academia, salir con los demás niños del pueblo… pero ahí estaban atascados con sus padres.
Boruto estaba cansado de lo gruñón que era Naruto; Chocho de lo efusivo que era Choji e Inojin de lo aburrido de Sai. Sarada y Shikadai no tenían nada en contra de sus padres, pero Kami sabía que Sakura y Temari eran madres aterrorizantes y estrictas y querían alejarse lo más posible de ellas.
Sin embargo, todas sus esperanzas se vinieron abajo tan pronto como la Hokage comenzó a reír.
— ¿Dejarlos solos?—repitió mientras se limpiaba una lagrimilla del ojo—. ¡Prefiero mandarlos a todos en vacaciones pagadas antes de dejarlos a ustedes sueltos por mi aldea!—soltó, echándoles una mirada de molestia.
Tsk. Al parecer todavía no superaba que hubieran roto su ventana… dos veces.
— ¿Entonces? ¿Qué sugiere, Tsunade-shishou?—preguntó Sakura confundida.
El rostro de Tsunade adquirió una expresión seria, como si estuviera a punto de dar un veredicto final.
—Una niñera.
No hubo reacción alguna por varios segundos, como si todos pensaran haber escuchado mal, sin embargo, dado que Tsunade siguió mirándolos con seriedad, los niños fueron los primeros en explotar.
— ¿¡Niñera!?—repitieron a voz de grito, escandalizados.
No. Ellos eran ninjas. No los humillarían así. De ninguna manera.
— ¿Y quién, exactamente?
Fue Shikamaru quien exteriorizó la pregunta que a todos los consumía. Es decir, no dejarían a sus hijos con cualquiera… sin mencionar que no podían pensar en alguien que lograra mantener en raya a esos seis niños, ni siquiera ellos podían con uno.
—Me alegro que preguntaras —dijo la Hokage, sonriendo antes de chascar los dedos.
Hubo un pequeño estallido y una nube de humo apareció justo al lado del escritorio frente a ellos. Una vez que el humo se dispersó la supuesta "niñera" quedó al descubierto.
Y el problema no era únicamente que no era mujer.
—Oh, no —dijo Sakura mientras retrocedía aterrorizada.
El hombre, quien hasta el momento había tenido los ojos cerrados, los abrió abruptamente y estos centellaron. Su cabello cortado en forma de tazón brillaba –demasiado- e iba vestido de verde a excepción de unos calentadores naranjas en las piernas.
— ¡Cejas de azotador!—gritaron Naruto y Boruto al unísono, señalándolo.
—Ya lo puse al tanto de la situación —explicó Tsunade—. Confío en que podrá hacerse cargo.
—Así que…
Todos giraron a ver a Lee, quien ese momento olía una rosa blanca –la cual no tenían ni idea de dónde mierda había salido-. Él continuó haciendo aquello con dramatismo antes de dignarse a verlos.
—Ellos son los retoños del futuro que debo cuidar —finalizó, dedicándoles una sonrisa escalofriante en donde sus dientes centellaron.
Los niños sólo atinaron a verlo con horror. En su época, Lee-sensei era un loco desquiciado fanático del ejercicio… y al parecer ahí no había cambiado nada. Y, repentinamente, la idea de tener a sus padres en casa no se les antojó tan mala.
Sarada se hubiera quejado, sin embargo notó que él no dejaba de observarla. Sintió un escalofrío recorrerla mientras retrocedía por mero reflejo con cara de pánico.
—Entonces tú debes de ser…
Dejó la oración en el aire para comenzar a mirar alternativamente a Sarada y a Sakura, con una expresión indescifrable inusual de él, como si intentara atar los cabos sueltos. Sakura creyó saber de qué iba la cosa y no pudo evitar sentirse mal por el chico, es decir, sabía que le había gustado a Lee desde hacía años, por lo que el ver a Sarada debía resultarle doloroso.
Aquello continuó lo que pareció una eternidad y, justo cuando pensaron que les diría una amenaza de muerte o algo parecido, Lee se movió a una velocidad alucinante para quedar arrodillado justo delante de Sarada.
—Tú debes ser mi hija —dijo, tomando sus pequeñas manos entre las de él antes de que un mar de lágrimas comenzara a salir de sus ojos.
A todos les corrió una gota de sudor por las cabezas, es decir, la niña era la viva imagen de Sasuke, era imposible que creyera que era su hija.
— ¡Eres tan hermosa como tu madre!—sollozó, sorbiéndose la nariz—. ¡Eres más bonita de lo que nunca imaginé! ¡Prometo protegerlas con mi vida!
Todos continuaban sumidos en un estado catatónico mientras Lee seguía llorando y musitando lo hermosa que era la hija que había tenido con Sakura. Después de limpiarse las lágrimas con la manga, Lee sacó otra rosa blanca de detrás de la cabeza de Sarada, como si fuera un truco de magia.
—Aquí tienes —dijo en un tono más bajo mientras colocaba la rosa tras la oreja de la niña—. Una flor… para otra flor —finalizó antes de sonreírle.
Y fue eso, el ver cómo sus dientes brillaban mientras la veía con un sentimiento espeluznante, lo que devolvió a Sarada a la realidad.
— ¡Shannaro!—y, seguido de aquel grito impregnado de miedo, la niña impactó su puño contra la mejilla de Lee, haciéndolo rodar hasta el otro lado de la habitación.
Sarada retrocedió, aterrada, hasta toparse de espaldas contra Sakura. ¡Rock Lee creía que era su padre!
— ¡Tiene tu fuerza, mi flor de cerezo!—notó el chico, maravillado mientras se tomaba la zona afectada con ternura.
Sarada, al ver que Lee a pesar de tener una mejilla inflamada y una nariz sangrante se ponía de pie todavía con aquella expresión risueña con la intención de acercarse, escaló rápidamente en los brazos de su madre. Sakura la cargó sin chistar, permitiendo que la niña se refugiara contra su cuerpo mientras ella la abrazaba con fuerza.
No podía culpar a Sarada, después de todo, ese hombre también le alteraba los nervios.
Sin embargo, antes de que Lee pudiera llegar a lo que creía era su esposa e hija, lo detuvieron en seco. Sasuke le había cortado el paso, tenía su espada desenfundada, apuntándolo, y una expresión de jodida molestia, como si estuviera costándole horrores no rebanarlo ahí mismo.
—Es mi hija —sentenció con una voz tan amenazadora que aunque hubiera sido mentira nadie se atrevería a corregirlo—. Y es mi familia —finalizó.
Y por primera vez otra característica de los Uchiha salió a relucir: eran personas territoriales, celosas. Y ni siquiera Lee fue tan idiota como para seguir metiéndose a la familia de Sasuke Uchiha.
Apenas Lee se fue a llorar a una esquina de la oficina, con nubes grises sobre él debido a su depresión, Sasuke se acercó a ellas. Sakura pensó que le quitaría a Sarada de los brazos, sin embargo él se limitó a tomar la rosa que la niña todavía tenía en la oreja para arrojarla al suelo. Acto seguido se colocó al lado de ambas como un jodido guardaespaldas, con su vista fija en la Hokage.
—Sarada no lo tendrá de niñero —graznó.
Como si estuvieran conectados, Sasuke y Sakura intercambiaron una mirada y no fueron necesarias las palabras para llegar a la misma conclusión. Al ver a Sakura asentir con suavidad, Sasuke prosiguió:
—No va a tener ningún niñero. No volveré a hacer expediciones largas.
—Lo siento, Tsunade-shishou, no puedo volver al hospital de tiempo completo —dijo Sakura, apretando más a la niña entre sus brazos.
—Sí, sobre eso, abuela, Hinata y yo tampoco —terció Naruto, rascándose la parte trasera de la cabeza.
—Shikamaru me acompañará cuando tenga que ir a la aldea de la Arena, mientras que Shikadai irá con nosotros con el jutsu de transformación.
Temari ni siquiera había consultado con su familia aquello antes de decirlo, y ambos hombres suspiraron con cansancio de sólo pensarlo, pero asintieron con firmeza. Los Nara no dejarían que su mujer caminara sola tanta distancia.
—Mi padre se está encargando de la división de inteligencia bastante bien —dijo Shikamaru, encogiéndose de hombros para restarle importancia.
—No dejaré sola a Chocho —finalizó Choji.
Tsunade frunció el entrecejo. Estaba segura que hacía una semana, cuando conocieron a los niños, hubieran incluso pagado porque les contratara un niñero, por lo que verlos ahora, defendiéndolos tan ferozmente, la descolocó unos segundos.
Nunca imaginó que aprendieran tan rápido en qué consistía la paternidad.
Una sonrisa orgullosa apareció en sus labios, sin embargo se apresuró a ocultarla girando su silla, dándoles la espalda mientras miraba por el gran ventanal.
—Con que es así, ¿eh?—dijo, más para ella misma, enfrascada en sus pensamientos—. Supongo que eso sería todo. Retírense.
—Hai, Hokage-sama.
Todos hicieron el amago de irse, sin embargo, la Hokage giró nuevamente, encarándolos.
—Excepto ustedes dos, les tengo una misión —sentenció.
Miró vagamente en dirección a los Uzumaki y Uchiha, por lo que Sakura y Hinata se limitaron a tomar a sus respectivos hijos antes de seguir caminando rumbo a la salida con los demás.
Sasuke y Naruto se quedaron en su lugar, esperando a recibir más indicaciones.
—No ustedes —negó la Hokage y ambos hombres fruncieron el entrecejo, confundidos—. Ellos.
Acto seguido, señaló a Boruto y a Sarada, quienes compartieron una mirada sorprendida antes de deshacerse del agarre de sus respectivas madres y prácticamente correr hacia el escritorio.
¡Su primera misión! ¡Irían en su primera misión!
Las demás familias le echaron una mirada incrédula, pero no dijeron nada antes de terminar por irse, sabedores que no era de su incumbencia.
— ¿Qué?—preguntó Sakura, creyendo que se trataba de una mala broma—. ¡Son unos niños!—le recordó, alterada—. ¡Ni siquiera son Genins!
—Son muy pequeños, Hokage-sama —concordó Hinata, llevándose la mano al corazón.
No les gustaba. No les gustaba aquello en lo absoluto. Es decir, con sólo echarles un vistazo a sus hijos podías decir que no serían capaces de llevar a cabo una misión real, por más ser fuertes y rápidos que fueran, porque eran tan… frágiles, tan indefensos. ¡Y eran de otra jodida época! Ni siquiera conocían bien la villa, podían perderse en cualquier momento, o vaya Kami a saber cuántas catástrofes podían pasarles.
Tsk. Ellas no querían arriesgarse. No podían.
—Son un escuadrón de exploración —explicó Tsunade, sin inmutarse.
— ¿Escuadrón de exploración?—repitieron al unísono, confundidos.
—En el futuro acompañaban a Sasuke en sus misiones de investigación hasta que el Hokage les permitió ir solos.
Todos parecieron descolocarse ante aquello y hubo un tenso silencio. Aun así, Boruto y Sarada ni siquiera se pusieron nerviosos, es decir, sí, eso había sido una completa mentira, pero no había manera alguna de que ellos lo supieran, no era como si pudieran llamar al futuro para cerciorarse.
—Bueno, Sarada no irá —sentenció Sakura con calma—. No creo que sea buena idea.
— ¡Mi mamá me deja salir de la aldea todo el tiempo!—rebatió.
Mentira. Era otra jodida mentira. Su madre real no la dejaría salir de la aldea sola aunque su vida dependiese de ello… pero esta madre no sabía eso… o al menos no debería, porque Sakura supo al instante que aquello no era verdad. No sabía cómo, era como si tuviera un sexto sentido en todo lo referente a Sarada; comenzaba a distinguir cuándo mentía, cuándo dormía o fingía dormir, cuándo estaba cansada; de mal humor o tenía hambre.
¿Sería eso el instinto maternal?
Fuera como fuese, Sakura arqueó una ceja y colocó sus manos en posición de jarra, pero, antes de que pudiera volver a negarse, Tsunade la interrumpió:
—Realmente no estoy preguntando.
Sakura apretó los puños. No era como si pudiera llevarle la contra a la jodida Hokage, por más que quisiese… y mira que quería.
— ¡Esto va a ser asombroso, de verdad!—aseguró Boruto, alzando su puño al cielo.
Minutos después, dos shinobis se encontraban en un pantano. Boruto tenía sus pies hundidos en el barro, todas sus ropas y rostro cubiertos de lodo, mientras Sarada estaba sentada cómodamente en las ramas de un árbol cercano, contemplando la escena con desinterés.
— ¡Esto es horrible, de verdad!—gritó Boruto, esforzándose por caminar en aquel fango—. ¿Podrías ayudarme de una vez, teme?—reclamó, señalándola con acusación.
Es decir, ¡era su primera misión y Sarada actuaba como si no le importara un carajo! Sabía que encontrar una flor no era precisamente emocionante, ni la clase de misión que ellos esperaban, pero seguía siendo una misión oficial otorgada por la Hokage aun así.
Sarada ni siquiera lo miró. Su vista seguía enfocada en un punto incierto, lo que terminó por desesperar a Boruto, quien escaló el árbol para llegar a su posición. El hecho de que Sarada estuviera tan pulcra mientras él escurría lodo hizo molestar todavía más al chico.
— ¡Llevo una hora buscando la flor mientras tú estás aquí sentada!—acusó—. ¡Necesitamos encontrar esa flor para…!
—Nunca la hallarás —tajó Sarada con simpleza.
Boruto frunció el entrecejo.
— ¿De qué hablas? ¡Tsunade nos dijo que estaría aquí y que debíamos llevársela!—le recordó, sin bajar su tono de voz—. ¡Tiene propiedades medicinales que necesita para unos antídotos!—presionó, desesperado por hacerla entrar en razón.
Sarada soltó un suspiro cansino y finalmente se dignó a mirarlo.
—La flor que quiere que encontremos es la Flor de Jofuku —dijo Sarada, como si eso explicara todo.
— ¿Y a mí qué mierda me da cómo se llame?—inquirió, frunciendo el entrecejo—. ¡Podría ser la Flor-Carnívora-devora-niños y aun así tendríamos que encontrarla!
Sarada rodó los ojos.
—Es una Flor que sólo crece en el bosque Jofuku, en las afueras del país. Así que bien podrías pasarte el resto del día hundido en el fango y aun así no encontrarás nada.
Boruto parpadeó varias veces, confundido.
— ¿Y tú cómo estás segura de eso?
—Mi mamá era la jefa del hospital de Konoha. No es la primera vez que escuchó de esa flor —le respondió—. Si la abuela nos mandó a buscarla aquí, es para hacernos perder tiempo.
— ¿Por qué haría eso?—presionó Boruto, indispuesto a creerlo por completo.
—Boruto, esta no es una misión —sentenció Sarada, dejándose de rodeos—. Probablemente sólo quería hablar con nuestros padres sin tener que preocuparse por nosotros, así que nos mandó aquí para buscar una flor imaginaria para mantenernos ocupados.
Boruto parpadeó con confusión, intentando asimilar aquella información.
Miró a su alrededor, recayendo que realmente era improbable que alguna clase de vegetación creciera ahí… es decir, el lugar estaba olvidado por Dios y lo único que había era uno que otro hongo y ese espeso barro, el cual Boruto tenía embarrado en todos lados.
Al recaer en eso, Boruto tuvo un tic en el ojo y giró a ver a Sarada lentamente, un aura siniestra ciñéndose sobre él.
—Ne, Sarada…
— ¿Hn?
—Si sabías que la flor no estaba aquí… —comenzó con cuidado—. ¿POR QUÉ MIERDA ME DEJASTE ESTAR UNA HORA BUSCANDOLA EN EL BARRO?
Sarada no pudo evitar retroceder. Boruto parecía querer atinarle un Rasengan en la cara. Después de unos segundos, le dedicó una sonrisa torcida.
—Parecías muy entretenido —se excusó, aunque había una chispa maliciosa en sus ojos—. Como sea, dobe, hora de irnos —siguió antes de que Boruto pudiera reclamarle, poniéndose de pie.
— ¿Qué? ¿A dónde vamos?
—Para ahora ya debieron bajar las defensas… y, no sé tú, pero yo quiero saber qué tema era tan importante que nosotros no podíamos escuchar.
Y, así como así, todo el enojo desapareció del cuerpo de Boruto mientras la miraba. Nunca lo diría en voz alta, a duras penas se permitía pensarlo, pero Sarada era en definitiva su persona favorita. Era como si la chica siempre tuviera un plan y, no importara si él no entendía una mierda lo que estaba sucediendo –como hacía rato-, ella pensaba por ambos y lo incluía en sus planes. Siempre lo incluía.
Boruto asintió, sonriéndole, antes de que ambos salieran disparados rumbo a la mansión del Hokage.
Boruto y Sarada estaban hechos un ovillo en el exterior del edificio. Se posicionaron justo afuera del gran ventanal de la oficina, por debajo del vidrio para que no pudieran divisarlos, mientras enfocaban toda su concentración en mantener su chakra escondido.
—…. ¿los dejamos así sin más?
La voz de Naruto se escuchaba alterada, lo que hizo que ambos niños intercambiaran una mirada.
—Por el momento —respondió Tsunade, tranquila.
— ¿Qué hay de Sai? ¡Él ya lo sabe!—dijo Naruto a voz de grito, como si intentara hacerla comprender la gravedad de la situación.
—Pero el líder de la organización no —cortó la Hokage.
— ¡Es su líder! ¿Cómo sabemos que Sai no le ha dicho ya?
—Ya habría hecho algo —respondió Tsunade.
— ¿Y qué cuando se entere?—intervino Sakura, quien se escuchaba igual de preocupada que Naruto.
—Sai no trabaja para usted, trabaja para él —le recordó Sasuke, su voz fría como el hielo—. Cuando le cuente, vendrá por ellos. Por algo el malnacido los trajo a esta época en primer lugar.
Boruto y Sarada abrieron los ojos con desmesura. Por lo que habían escuchado de la conversación, el líder de Sai había sido el bastardo que los arrojó en el vórtice del tiempo.
—Es por eso que no puede enterarse —dijo Tsunade—. Esa organización trabaja a las espaldas del Hokage, así que no hay manera de que yo pueda vigilarlos. Háganlo ustedes.
—Si él se enterara… —musitó Hinata, su voz perdiéndose.
—No dejen que se entere —cortó Tsunade—. Necesitan mantener a los niños alejados de Raíz.
Raíz.
El entendimiento golpeó con fuerza a Sarada y sintió cómo el aire abandonaba sus pulmones. Ella conocía esa organización. Esa podrida y corrompida organización. Su padre no le hablaba de ella, de hecho parecía que había pasado toda su vida intentando olvidarla, pero Sarada había escuchado fragmentos de conversaciones de sus padres donde hablaban del líder de la organización.
Danzo Shimura.
Sai trabajó… o, más bien, en esa época, trabajaba para Danzo, así que era cuestión de tiempo para que Danzo se enterara de que niños del futuro estaban en la aldea. Y Sai había sido entrenado toda su vida para no tener sentimientos, sin mencionar que no los conocía en lo absoluto, por lo que Sarada estaba segura de que se pondría del lado de Danzo. Incluso creía que mataría a Inojin si Danzo se lo pidiera.
¿Qué clase de infierno se desataría cuando Raíz los encontrara? Ni siquiera sabía cómo Tsunade se había enterado, o por qué carajo no lo hizo antes, y, siendo sinceros, a Sarada no le importaba. Lo único relevante era que la Hokage sabía, a ciencia cierta, que Danzo y su organización los habían mandado al pasado... lo que no sabía, sin embargo, era que en el futuro Danzo estaba muerto y Raíz disuelta, así que aquello era realmente... preocupante. Todo era muy jodido.
Y ella era una Uchiha. Tembló sin poder evitarlo. Danzo tenía diez sharingan incrustados en el brazo derecho, por lo que no había que ser un genio para saber qué planes tenía para ella.
— ¡Teme!
Seguido de aquel grito, Sarada sintió que la zarandeaban con fuerza de los hombros. Volvió a la realidad, poniéndose de pie como un resorte mientras miraba a todos lados, con pánico. Ya no estaban afuera de la ventana de la Hokage, sino adentrados en el espeso bosque.
Delante de ella, Boruto la miraba con preocupación abrumadora y parecía estar preparado para atraparla en caso de que se desvaneciera.
— ¡No reaccionabas!—acusó, asustado—. ¿¡Por qué mierda no reaccionabas!? ¡Tuve que sacarte de ahí antes de que nos descubrieran!
Sarada pareció intentar recordar cómo hablar varios segundos.
—No es nada.
Una milésima de segundo fue lo que le tomó a la estoica Sarada Uchiha recomponer su expresión de frialdad. Pero Boruto lo seguía viendo, escondido tras sus negras pupilas, veía el miedo. El mismo miedo que había mostrado cuando escuchó el nombre de la organización que presentaba una amenaza para ellos.
Boruto la conocía desde que nació, pero nunca la había visto así. Su piel tenía un tono pálido enfermizo y estaba cubierta de sudor. Parecía que se desmayaría en cualquier momento.
—Tú sabes quiénes son —sentenció con seguridad—. Tú sabes quién es el líder de Raíz.
Como toda respuesta, Sarada se dio media vuelta, comenzando a caminar lejos de él. Él se apresuró a seguirle el paso.
— ¿Qué carajo es Raíz? ¿Y el líder ese? ¿Crees que Sai nos traicioné?—bombardeó Boruto, desesperado por que hablara con él—. Dime qué…
—Basta —tajó, silenciándolo en el acto—. Sólo debes saber que Raíz nos encontrará tarde o temprano.
— ¿Y qué hacemos?
Sarada se detuvo, mirando el cielo unos segundos. Cuando sus ojos se clavaron nuevamente en Boruto, estaban cargados de tanta determinación que él no pudo evitar sorprenderse.
—Encontrarlos primero. Necesitamos averiguar por qué nos trajeron aquí.
Boruto abrió y cerró la boca varias veces. Por la reacción de sus padres y Sarada, le quedaba más que claro que Raíz era una organización del infierno liderada por el mismísimo Lucifer, es decir, ni siquiera actuaban bajo órdenes del Hokage… pero, si Sai realmente trabajaba para ellos, entonces habían perdido antes de siquiera comenzar y, si querían tener alguna ventaja, realmente debían hacer algo.
—Te veré a la media noche —dijo, decidido.
Sarada negó con suavidad.
—No podemos hacerlo solos esta vez, Boruto. Necesitamos a Inojin.
— ¿A Inojin?
No pudo evitar sentir una punzada de dolor. Siempre eran Uzumaki y Uchiha contra el mundo, sólo ellos dos, y era la primera vez que Sarada pedía que alguien más los acompañara.
—Es hijo de un miembro de Raíz. Sabrá dónde está el escondite.
Boruto asintió. Era un plan estúpido que dejaba muchos cabos sueltos, pero, desde su infantil punto de vista, era su única opción.
Y Boruto Uzumaki seguiría a Sarada Uchiha al mismísimo infierno.
