Gracias a: Raquel16SesshxRin, Arovi, Katy Beth, lLexa, sesshoxcris, janet-knul, Bastard Tendencies, anii, doll, July-Chann, KagomeDeTaisho22, JOAN, yamig48, JANET-KNUL, Marianux, AliceSesshTaisho, Angelica love, vanemoni, caritomoxa, Chicken Taisho, E.

ReviewTalk: Kagome es una perra! Claro que no se va a dejar violar por nadie! Sería imposible que eso pasara. Esta Kagome es muy diferente a todas las que leemos en otros fics, es una Kagome con rencor, sádica, violenta y para nada tierna o tímida. Vamos a seguir viendo mucho de ese fuego que Kag lleva dentro. Parece que he pensado en hacer cinco capitulos de Kagome y cinco de Rin y así llevármela. Ustedes que piensan? Así acaparo la historia de las cuatro parejas mejor. Si es de esa forma, entonces pronto saldrá Rin y Sesshomaru también. Ya aparecerá Inu y Kagome y él se encontraran cara a cara!

Espero que el cap les guste, no lo edité pero parece que no tiene ningún error, creo... Gracias a las chicas que me halagan! Ya no lo hagan! Porque después me creo todo :( Las quiero mucho!

Pronto estaré actualizando MMHI y VB, esperen las actualizaciones.

*Espero que tengas el tiempo de pasarte al nuevo foro de InuYasha: Hazme el Amor, del cual soy administradora. El link esta en mi perfil hasta abajo.

BYE!


3.

Después de caminar bastante, estaba más que segura que varios autos la seguían; eran perros de su padre que la estaban siguiendo. Entró en un callejón de muchos bares, burdeles y casas ilegales de apostar; estaba lleno de hombres rudos, prostitutas, apostadores, alcohólicos y demás escoria. Le importó un pepino y empezó a caminar entre la peste, los Louboutin negros de diez centímetros y un vestido negro que dejaba mucho a la imaginación eran lo que la hacían ver atractiva y apetecible, no se veía vulgar, pero más como una supermodelo. Su cabello negro caía en cascadas hasta más allá de la mitad de su espalda y su piel de porcelana deslumbraba con las luces neón del callejón sucio.

Ojos fascinados la veían, hombres feos con sonrisas sucias y prostitutas con miradas asesinas. ¿Quién era ella?, se preguntaban, oh si, era Kagome Higurashi. Una mirada era suficiente para darse cuenta que esa mujer era prohibida; una mano en ella, una palabra inapropiada significaba muerte y nada más. Muchos le daban sonrisas tontas que salían de la nada solo para halagar. Rodó sus ojos viendo a la escoria y siguió caminando entre la calle sucia mientras que se aproximaba a su destino, un cabaret; enorme, con chicas por aquí y por allá. El dueño era un amigo, en realidad era una amistad de conveniencia, pero el hombre había llegado a ser un buen amigo y un excelente bromista, aunque un depravado total. Se acercó a la puerta que tenía a un gran y robusto hombre bloqueándola.

―Soy Higurashi, no dejes entrar a ningún hombre de negro por esta puerta, no al menos hasta que pasen diez minutos ―ordenó lanzando la cabeza hacia atrás, algunas dos docenas de hombres se habían aproximado lo suficiente para que todos ahí se escondieran como ratas―. Entregas este papel al hombre al mando y eso será todo, ¿me entiendes? ―preguntó entregándole un papelito con sus labios sellados en rojo sangre.

El hombre moreno asintió seriamente y Kagome entró por la puerta escurriéndose entre mujeres desnudas y con plumas por doquier.

Afuera, los hombres de su padre corrían hasta la puerta por donde ella se había metido, todos con armas metidas en los pantalones y otras de fuera. La gente del callejón, temió, todos estaban quietos y algunos se las habían ingeniado para meterse a los bares o para esconderse tras basureros.

El hombre en mando observó al guardia que ni tardo ni perezoso le entregó el papel con el beso de Kagome.

El hombre leyó el papel rápidamente y maldiciendo por lo bajo.

―No pueden entrar ―es lo que el guardia se atrevió a decir―. Tendrán que esperar quince minutos ―mintió.

Fuera lo que fuera que estuviera pasando, aquella muchacha hija de la mafia, estaba huyendo y él vio a su propia hija en los ojos de Kagome Higurashi. Sabía que las muñecas de la mafia tenían una vida pesada y esa niña estaba sufriendo como nunca.

El hombre al mando arrugó el ceño como maniaco y volvió a releer la nota; Kagome especificaba que nadie en aquel callejón o dentro de aquellos locales, saliera lastimado. Amenazas, amenazas y un púdranse todos.

La mitad de los hombres entraron pasados quince minutos, buscando y rebuscando a Kagome por todas partes, pero Kagome ya estaba lejos del cabaret montada sobre una motoneta negra y con un casco que le cubría el cabello y el rostro por completo.

Ahí dentro se había cambiado las ropas, había tomado nuevas y había abrazado y besado a Miroku Tsujitani, un hombre no más mayor que ella y muy guapo; era un mafioso que no le gustaba estar metido entre las pistolas y la pólvora, le gustaba lavar dinero y vender droga rodeado de mujeres bellas a las cuales les hacia el amor cada que podía. Eso significaba, todos los días, a todas horas y con varias a la vez. Pero a Kagome le agradaba, era una buena compañía, él era su ruta de escape y el encargado de que la disfrazaran y la maquillaran para que pareciera otra persona. Esta vez no había necesitado nada, pero le había dado varias pelucas de cortes y colores diferentes. Ahora vestía toda de negro y era una persona más entre todas en las calles de Japón.

La noche era tranquila, pero su mente estaba echa un lio. Manejaba por inercia habiendo memorizado el camino al lugar deseado para escapar. No podía creer todo lo que había hecho, sabía que algún día se iría de casa harta de todo, o que su mismo padre la lanzaría a la calle, lo sabía tan bien como que la nochera era oscura y el día no. Sabía que su padre buscaría por ella, que gritaría por ella y que se arrepentiría de haberla corrido, tal vez no ahora, pero dentro de años lo haría.

Las calles estaban solas y una camioneta grande y negra se estacionó a su lado esperando a que el semáforo se pusiera verde. Ella se puso de nervios, ¿la habían seguido? ¿Cómo lo habían hecho? Su huida había sido perfecta. La camioneta de al lado sonó el claxon y ella quiso arrancar de ahí pero sabría que levantaría sospechas. Cuando el semáforo se puso en verde, arrancó lo más rápido posible y la camioneta parecía querer jugar carreritas con ella, aceleró tanto o más que ella y le cerró el paso cuando ella quiso tomar un atajo y terminó encerrada entre una cerca y aquella camioneta.

Alguien abrió la puerta y un chico de casi dos metros salió de ahí con una pistola en mano.

¡Era él! ¿Qué carajos hacía él ahí?

― ¡Me seguiste, pedazo de imbécil! ―gritó sin quitarse el casco.

InuYasha Taishō sonrió como el demonio que era y disparó a una de las llantas de la motoneta de Kagome.

―No irás a ninguna parte si no es conmigo, nena.


¿Kagome se dejará toquetear por el papi de Inu?
¿Lo harán en plena calle frente a las luces de su camioneton?
¡DESCUBRELO EN EL PRÓXIMO CAPITULO!
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