Gracias a: liliane91, YUE AMAR77, KakiaAgonea, FernybellTaisho200, July-Chann, Kagome18, icoshi, karito, JOAN, Chicken Taisho, Guest, Marianux, FernyInuBellamy, smilesx568, AliceSesshTaisho, Bastard Tendencies, KagomeDeTaisho22.
ReviewTalk: Chicas, habrá lemon en los próximos cinco capítulos de Inu & Kag, aquí les dejo una probadita. Me dijeron que por qué si Kagome es tan ruda y etc, se dejó agarrar tan fácil por InuYasha? Bueno, es más que simple! Kagome se siente segura con InuYasha a pesar de que no lo pueda aceptar pronto, abajo está la explicación. Aquí terminamos de ver la historia de Kagome y empezamos a ver la de Rin en los próximos cinco capítulos.
Disfruten!
5.
Kagome no entendía porque no había escapado ya, había tenido buenas oportunidades para hacerlo y había decidido dejarlas pasar. Una parte de ella sentía que estar con InuYasha era sentirse segura, era sentirse libre de todo aquello aunque el representara una buena parte de lo que el cautiverio dentro de su propio hogar significaba. Pero cuando volteaba a verlo, mientras manejaba y la veía de reojo, sentía algo extraño emanar del hombre peliplateado. ¡Era tan sexy! Había razones que su mente y corazón no querían decirle, no quería mostrar, pero estaban ahí, su mente, su corazón y su cuerpo, los tres unidos por permanecer a lado de ese hombretón, por ahora…
― ¿A dónde me llevas?
Se encogió.
―No lo sé.
―Tengo un pequeño departamento, vayamos ahí.
El levantó una ceja.
― ¿Por qué compartirías ese pequeño departamento conmigo? ―preguntó confundido.
Ella no respondió, tampoco lo sabía.
Después de dar direcciones y de escuchar a InuYasha decir varias bobadas, Kagome pensó en su hermana y en cómo se estaría tomando la noticia de que ella había escapado. ¿La extrañaría? ¿Estaría feliz con el tal Sesshōmaru Taishō? ¿Ese hombre la trataría bien?
― ¿En qué piensas? ―preguntó él al verla ida viendo al frente.
―En mi hermana.
― ¿La niña?
Kagome rodó los ojos.
―No es una niña, tiene dieciocho.
InuYasha rio.
―Es una niña.
― ¿Tu hermano es una buena persona? ―preguntó súbitamente.
El murmuró algunas cosas que ella no entendió.
―Define, buena persona.
Ella suspiró quedito.
―No lo sé… tal vez... ¿bueno con las mujeres?
―Es un hombre noble, no ha tenido muchas mujeres… solo dos, jamás les faltó el respeto y era muy cuidadoso con ellas, las escondía muy bien… ¿eso te calma un poco más?
Ella negó.
―La verdad es que no… necesito hablar con ella primero.
―Es un buen hombre, Kagome ―dijo él―. No te preocupes, Rin estará a salvo con él.
― ¿Por qué me ayudas? ¿Por qué hablas conmigo? ¿Qué hay detrás de tus intenciones?
El frunció el ceño.
― ¿Piensas que tengo dobles intenciones?
Ella rio.
―Todos las tienen.
El bufó.
―No sé con qué tipo de hombres te has metido, pero yo no soy así, tampoco Sesshōmaru lo es.
Ella rodó sus ojos.
―No sé por qué no lo creo de ti.
El apretó el volante con fuerza.
―No todos somos iguales ―dijo con la mandíbula tensa.
Ella rio.
―Claro.
― ¿Quién fue? ¿Quién te lastimó?
Ella gruñó.
―No me hables como si fueras un santo, no lo eres.
― ¡No me conoces!
― ¡Eres un mafioso! Conozco a los de tu tipo.
El paró la camioneta en una acera y volteó a verla ferozmente.
Ella ni se inmutó y volteó su mirada hacia la ventana.
― ¿Quién es él? ―preguntó enojado―. ¿Quién te hico daño, Kagome?
― ¡Ugh! ¡No puedes preguntar esas cosas! ¡No me conoces, no sabes nada de mí!
― ¡Me perteneces! Desde el momento en que nos comprometimos fuiste mía ―bramó.
― ¡No soy de nadie! Y cállate de una buena vez si es que no quieres que me baje de aquí y me vaya corriendo ―amenazó con los ojos chocolates llenos de fuego.
― ¿Y por qué no lo has hecho? ¿Qué te detiene? ¡Lárgate! ―gritó furioso.
Ella apretó la mandíbula y su ego fue lastimado peor de lo que había sido cuando su padre la había echado de casa esa misma noche. ¡Se sentía tan patética! ¿Cómo había podía pensar que InuYasha Taishō era un buen hombre? ¡No lo era! ¡Era un idiota!
InuYasha quitó el seguro de las puertas y ella abrió la suya rápidamente para empezar a caminar lejos de ahí. ¡Qué mal se sentía! Se sentía tan estúpida, vulnerable y lastimada, no solo por Bankotsu o por su padre, también por ese hombre que apenas conocía y decía que ella era suya y después le decía que se largara. ¿Quién entendía a los hombres?
Escuchó el motor de la camioneta ser apagado y un portazo a lo lejos también. Volteó para ver a InuYasha caminar hacia ella, ¿qué hacía? ¿Por qué la seguía? Ella empezó a caminar más y más rápido hasta que se dio cuenta que corría y que InuYasha tras de ella también lo hacía. Sintió un cosquilleo en las palmas de las manos y en la boca del estómago que la hizo casi sonreír y sentirse tonta a la vez.
― ¡Detente! ―gritó InuYasha tras de ella.
― ¡Déjame! ―respondió de vuelta.
― ¡Detente ahora, Kagome! ―esa chiquilla corría más rápido de lo debido y era difícil mantener ese ritmo, aunque el mismo fuese muy rápido.
― ¡No! ¡Tú dijiste que me largara!
El gruñó y aceleró su paso alcanzándola y tomándola firmemente del brazo.
― ¡Déjame ir, maniaco! ¡Imbécil, secuestrador, tonto! ―gritó a todo pulmón dándole golpes severos a InuYasha.
― ¡Si tú eres fuerte, yo soy más que tú! Así que deja de pelear ―ordenó.
― ¡No quiero! ¿Por qué tienes que ser más fuerte que yo? ―preguntó desesperada.
―Porque soy hombre y soy tu dueño ―rugió.
― ¡No me hagas reír! ―Dijo a punto de reír―. Te lastimaré de veras si no me bajas.
―No harás nada, cállate ya.
― ¡Ugh! ¡Eres un grosero, desconsiderado, estúpido!
―Sigue ―dijo él como si nada, caminando hacia la camioneta.
― ¡Idiota! ¡Cabrón! ¡Enfermo!
InuYasha sonrió.
―Apuesto a que te enamoraras de mí pronto.
― ¿Cuánto a que no?
―Te casas conmigo.
― ¡Ja! Eso jamás pasara.
―Si te enamoras de mí, te vas a querer casar… yo solo digo.
―Que engreído eres.
―Tú eres muy terca y enojona, por eso nadie te quiere ―comentó con burla.
― ¡Has llegado a tu limite, cabrón! ¡Bájame de una puta vez! ―dio golpes fuertes en su espalda y lo araño y pellizcó hasta que se cansó.
―Puedes seguir haciéndolo, no me molesta ni un poquito ―canturreó feliz de la vida―. Hasta me pone de buenas ―se carcajeó.
― ¡Te odio! ¡Te odio tanto, InuYasha Taishō! ¡Maldigo el día en el que me obligaron a casarme contigo! ¡Lo maldigo mil veces!
El la soltó y la acorraló contra la camioneta.
―No puedes maldecir algo que ya pasó, nena ―le dijo viéndole a los ojos y quitándole mechones de cabello de la cara.
La respiración de Kagome era errática y en extremo agitada.
―Suel―ta―me ―forcejó, pero InuYasha era en extremo fuerte, no sabía si eso le asustaba o le excitaba.
― ¿Por qué quieres huir de mí? Te estoy rescatando, pensaba llevarte a un lugar seguro, esconderte de todo esto, darte un techo, comida, amor… ¿y tú me tratas de esta manera? ¿Por qué rechazas a tu futuro esposo? ―preguntó seriamente.
Ella tragó en seco y quiso bajar su mirada, ¡InuYasha le intimidaba de sobremanera! ¿Pero qué carajos poseía ese hombre que la hacía doblegarse como una mujer sumisa? Ella no era nada de eso, ella era fuerte y mala, no se doblegaba ante ningún hombre, ni siquiera ante los más malos con los que se había topado. ¿Por qué con él sí?
―Te estoy hablando, Kagome ―dijo cuando ella bajó su cabeza y él tomó su barbilla delicadamente para levantarla.
―No me trates como a una niña pequeña ―soltó ella, enojada y con ganas de llorar.
―No lo estoy haciendo, solo te trato como mía, como mi mujer, como mi compañera.
―Quieres controlarme, no soy tu hija, soy una mujer libre y no soy tu mujer, mucho menos tu compañera.
―Serás mi compañera, eres mi mujer, no eres libre Kagome, tal vez estés libre de ellos, pero ahora eres mía. ¿Lo entiendes?
Ella reprimió todo lo que esas palabras le causaban, quería tirarlo, quería golpearlo, quería maldecirlo pero a la vez quería hacer de todo con él, sexo, matar, reír, comer y huir lejos.
―Sé que me deseas, Kagome ―susurró él a su oído―. Lo siento.
Ella tragó en seco.
―Quítate, InuYasha ―ordenó débilmente.
El rio contra su cuello haciendo que ella se estremeciera de placer.
― ¿Por qué tiemblas? ¿Tienes frio? ¿Me tienes miedo? ¿Estás excitada? ―preguntó lamiendo su oreja.
Ella volteó los ojos de placer. ¡Pero que putas le estaba provocando ese hombre!
El siguió hasta su cuello y ella suspiró como tonta. Pero que bien se sentía todo eso, jamás se había sentido de esa manera, jamás la habían tratado con tanta sensualidad y delicadeza cuando a la vez la trataban firmemente y rudo.
Tomó su cintura fuertemente apretando su erección contra parte de su intimidad y parte de su estómago.
― ¿Lo sientes? Estoy así por ti, Kagome, por mi mujer.
Ella tensó la mandíbula y aunque se sentía excitada a más no poder, esas palabras no le gustaban.
―No soy tu mujer ―dijo tratando de quitarse de ahí.
―Te dejaré creer eso… para que tu mente se tranquilice.
―Eres tan prepotente ―dijo ella tratando de poner espacio entre ellos poniendo ambas manos sobre su pecho y empujando un poco.
―Me amarás de esta forma…
― ¡Amar! Estás loco ―dijo ella.
―Por ti, si ―asintió―. No te resistas, Kagome… estoy aquí para ti, sabes que me deseas.
Kagome no dijo nada y sintió un mar allá abajo cuando él olfateó su cuello como un perro. Le pegó un golpe en el pecho y él volteó a verla.
―Enserio que te odio, InuYasha Taishō ―le dijo―. Esto no cambia nada ―advirtió tirando de su camisa y estampando sus labios ferozmente contra los de él.
Él sonrió y se dejó hacer por Kagome Higurashi, era una mujer fuerte y frágil a la vez, estaba llena de tentaciones que no sabía controlar y que le volvían loco, esa mujer será su perdición.
Él recorrió su labio superior con su lengua y ella se volvió loca dando permiso a su lengua para entrar y explorar, dar batalla y enloquecerla.
―Podríamos hacer de todo aquí afuera… ―susurró él―. Pero es peligroso, es mejor que cambiemos de auto y vayamos a donde tú dices.
Ella se tranquilizó y pensó con la cabeza fría, el hombre tenía razón; estar ahí no era para nada inteligente, debían llegar a su destino cuanto antes.
Había adquirido un departamento hacía muchos años, estaba lejos de Tokio y en una zona familiar para nada llamativa y bastante escondida de todo el zafarrancho al que ella estaba acostumbrada, lejos de su casa y lejos de su vida. Planeaba estar ahí por algunos meses, escondida tal vez, sin ver la luz del día y pidiendo comida rápida o pagándole a alguien para que llevara más provisiones. Pero ahora que InuYasha se encontraba ahí con ella, no sabía cómo cambiarían las cosas. Ese hombre le estaba ofreciendo una nueva vida sin darle nada a cambio, solo la quería a ella y ella no sabía cómo sentirse con eso.
InuYasha parecía ser su escape a todo aquello y empezaba a pensar que todo podía funcionar si ella ponía un poco de su parte.
La historia de Rin&Sesshomaru en el próximo capitulo!
Mantente sintonizado!
