Gracias a: sail0rmars, Nabiki-san, rockzer, Cristy R, CruxMarie, , Naye Kuchiki, CeriSaky-chan, Ladyofsweetanddarkdreams897, saranghee, Luisa05, LuisaLane, Luisa Tatis, nekoprincesz, setsuna17, bruxi, kagome18, Kitty Taishō H, yue-Taishō, Johan Taishō, Anii, silvu,miko Kaoru-sama, Marlene Vasquez, karito, Katia XD, Serena Sailor Moon, FernyInuBellamy, Akemi26, KagomeDeTaisho22, CONEJA.

RT: ¡Aguarden por más sexo en el siguiente capítulo! Aquí también hay solo que quiero darles más, ando de buen humor jaja. Perdón por la demora, las vacaciones me hacen lenta u.u Bueno, Estamos viendo a una Kagome en debate consigo misma y con sus posibles sentimientos ante Inuyasha... aunque ya ha aceptado pasar un mes de prueba junto a él, todavía nos falta ver que es lo que pasará. Rin y Sessh son otra cosa, él se esta dando cuenta de que el proteger a Rin será una tarea que hará al máximo y esta empezando a entender varios de los sentimientos de su padre... Rin es feliz jaja y tontita jaja.

Bueno, nos leemos en el que sigue! Besos, nenas del mal.


13.

―Jamás podría estar con nadie más, no lo he estado desde que supe que serias mi prometida ―susurró cuando ella se quedaba dormida en su pecho.

Su cabello largo y negro caía sobre parte de su pecho y de la cama.

Ella sonrió con los ojos cerrados.

―Gracias por contármelo ―dijo y quedó dormida.

Rin se quedó dormida en su pecho, respirando levemente. Él se dedicó a observarla por toda la noche, sintiendo que todo eso sería una nueva vida que disfrutaría al máximo, al lado de la mujer más maravillosa.

Era tarde y su celular sonó fuerte haciendo a Rin revolverse incomoda entre sus brazos. Tomó el celular rápidamente para contestar la llamada de su padre. Salió de bajo de Rin y la dejó en la cama con delicadeza, cuidando que su sueño no fuese interrumpido.

Salió fuera de la habitación y contestó la llamada.

―Padre.

―Sesshōmaru ―saludó por igual―. He recibido una llamada alarmante de Kato Higurashi. ¿Su hija menor está viviendo contigo?

Sesshōmaru se restregó el rostro.

―Está a salvo conmigo.

―Lo sé, pero no has respondido mi pregunta ―presionó con dureza.

Sesshōmaru se mantuvo callado por un buen momento.

―Sí, pero no se lo hemos dicho a su padre.

―Házselo saber de inmediato, no quiero más llamadas a media noche ―dijo de mala gana.

InuTaishō era un hombre de la mafia igual de respetado que Kato Higurashi, jefe de una organización de contrabando, dueño del clan de los Lobos Blancos. Aunque era un hombre tan duro como lo era Kato, no tenía la tristeza y la amargura que Kato Higurashi se cargaba. Tenía a su lado a una bonita mujer a la que amaba más que a su vida y que protegía como al mayor de los tesoros. A pesar de que sus hijos le daban dolores de cabeza, también los amaba y estaba feliz de poder verlos al fin casados, aunque fuera de esa manera.

―Lo haré.

―Y Sesshōmaru… ―el hermano Taishō guardó silencio esperando a que su padre hablara― estoy confiando en ti para que tu prometida no corra peligro, Kato ya no estará para protegerla. Ahora tienes un trabajo que hacer, y no se comparará nada en hacer todos esos trabajos sucios y arriesgados que hacemos.

Sesshōmaru observó la puerta de su habitación, sabiendo que dentro estaba lo que debía de proteger.

―Lo entiendo.

Ambos cortaron la llamada y Sesshōmaru, aun siendo el hombre serio y duro que era, se dejó caer en el sofá de su sala, pensando en Rin y en su vida juntos, pensando en que algún día algo pasaría, una guerra se desataría entre bandos, entre clanes, y que el trabajo de él tendría que ser protegerla contra todo y todos.

En ese momento, pensó que daría su vida por ella.

-Muñecas-

Reposada contra la pared de la regadera, Kagome estaba siendo atacada por InuYasha Taishō, el mejor sexo de toda su vida. Y no es que fuera muy vieja o hubiese tenido sexo sin control… bueno, tal vez si había tenido sexo sin control, pero ahora era diferente, InuYasha era diferente. Aunque quisiera negarlo con todas sus fuerzas, InuYasha era diferente a todo el sexo que había tenido porque era el primer hombre que le prometía tantas cosas y ella sabía que las cumpliría. Era extraño el modo en el que ese hombre la pretendía, más aun extraño era el cómo le hacia el amor y le hablaba bonito y salvaje al oído, Kagome pensó que era el hombre perfecto.

InuYasha aumentó las estocadas y ella se contralló como loca haciendo que él gruñera como animal enjaulado.

―Eres demasiado apretada, me duele el pene al entrar y salir de ti ―susurró yendo y viniendo de atrás adelante.

Kagome ni siquiera escuchó eso, se concentró en las sensaciones y en la semilla de InuYasha siendo derramada dentro de ella; la calidez le envolvió el estómago y sonrió como una loca desquiciada. InuYasha le mordió el cuello y ella gimió al sentir dolor y placer al mismo tiempo.

―Eres preciosa ―susurró en su oído, esas palabras detonaron su sentido de alerta, diciéndole que eso era solo sexo… y un buen y jodido sexo.

InuYasha dejó de moverse dentro de ella y se quedaron ahí por largo tiempo, él la sostenía de la cintura. Cuando sintió a InuYasha salir de ella, un leve dolor le pinchó allá abajo; es que el hombre era muy grande… pero era endemoniadamente bueno.

Él la limpió con cuidado haciendo que ella lo viera estática, sintiendo sensaciones que no debía de sentir, aunque quería convencerse de que quería tener una relación verdadera con ese hombre, algo no terminaba de convencerle, como si InuYasha pudiera caminar de su vida así como los muchos amantes que había tenido.

―Dime, InuYasha… ―habló ella, llamando la atención del ambarino―. ¿Por qué quieres estar conmigo?

Él suspiró.

―Te lo he dicho ya, Kagome.

―Quiero escucharlo de nuevo.

― ¿No confías en mí? ―preguntó arrastrándola y envolviéndola contra una toalla.

Ella se sintió mimada, como una niña pequeña y sonrió.

―No lo sé. No te conozco. Eres un extraño.

―Un extraño que pretende ganarse tu confianza.

Ella asintió aun sintiéndose bien.

―Me gusta esto, este tratamiento que me das ―confesó suspirando.

Él sonrió.

―Me alegra, te lo mereces.

― ¿Ah sí? ¿Y por qué? ―entrecerró sus ojos.

―Porque eres hermosa ―lamió sus pezones―, graciosa ―pellizcó su otro pezón―, y estas tan apretada que quisiera quedarme dentro de ti por siempre ―mordió un pezón con fuerza haciendo que su coño se humedeciera.

― ¿Solo porque soy buena en el sexo? ―jadeó sintiendo desfallecer.

Él sonrió malvadamente.

―Nunca dije nada acerca de ser buena en el sexo.

Ella arrugó el rostro y le pegó un manotazo en la cabeza haciéndolo carcajear.

― ¡Oye! ―se tomó la cabeza con una mano―. Salvaje.

―Maldito bastardo ―farfulló yendo hasta su habitación, tomando la toalla y enrollándola en su cabello, dejando a InuYasha una muy buena vista de su culo y de sus curvas.

Él la persiguió cuando ella entraba a su habitación. La tomó de las caderas haciéndola gritar y la tumbó contra el colchón.

―En realidad eres hermosa, Kagome… y si, eres graciosa, tratando de pelear conmigo ―sonrió contra su piel.

―Ugh, maldita sea, quítate de encima ―gruñó desesperada, sintiendo su gran erección pegar contra sus nalgas.

― ¿Sientes eso? ―dijo lamiendo su oreja, ella tembló―. Estoy así por ti, solo tú me pones así de duro… parece un maldito tronco.

Ella tragó en seco y se acercó más, quería sentirlo, quería tenerlo dentro de nuevo.

―Si estás haciendo esto solo para que me gane tu confianza…

Él la volteó bruscamente haciéndola ahogar un grito y verlo con mucha sorpresa. Ahora él estaba arriba de ella, viéndola directo a los ojos, aprisionándola contra su cuerpo y el colchón.

―Escúchame, Kagome Taishō ―ella abrió la boca al escucharlo llamarla de esa forma tan íntima y personal―. Me gustas, me gustas mucho ―hizo una cara de salvaje―. Quise casarme contigo al instante en que te vi, pero me hirió el orgullo el que tú no quisieras hacerlo. Me pregunté… ¿Por qué? Soy rico, guapo, poderoso... ―ella rodó sus ojos―. Pero después me di cuenta que no era yo, eras tú ―ella bufó―. Es cierto y lo sabes, tú no querías ser parte de nada de esto… pero aquí estamos. ¿Por qué? No lo sé, llámalo destino. Te busqué, te encontré, me propuse a hacerlo. Por meses traté de llamar tu atención, de hacer que vieras que yo en realidad estaba interesado en ti, no solo por el matrimonio arreglado… pero tú…

―Me han decepcionado muchas veces… no creía que fueses verdad ―confesó.

―Lo sé, pero estoy dispuesto a cambiar eso, dispuesto a ser alguien nuevo para ti.

Ella parpadeó lágrimas.

―No puedo creer que me hagas llorar dos veces en una noche, maldita sea ―él limpió sus lágrimas.

Sonrió levemente.

―Aun llorando eres hermosa, pero no lo hagas más ―ella asintió―. ¿Entonces seguimos con el mes de prueba?

Ella sonrió como una niña pequeña, acarició su mejilla y asintió con ganas.

―De acuerdo, confío en ti.

Él le besó los labios, la cara, el cabello y se pensó el hombre más afortunado junto a la mujer más bella.