Gracias a: Kaede Saga, Kagome18, Katia XD, sail0rmars, elvi, miko Kaoru-sama, HarleyQuinn18, Johan Taishō, Coneja, Akemi26, yue-Taishō, FernyInuBellamy, Guest, KagomeDeTaisho22.
¡Hola! Con la novedad que ya entré a la Uni y por eso me he tardado en actualizar… u.u Lo siento, nenas. Enserio que había buscado el momento ideal para actualizar pero nada más no :C
Como que las cosas ya se están poniendo más serias entre ambas parejas, (por lo menos entre Sesshōmaru y Rin) a Kagome e InuYasha les falta un poquito… pero es porque ambos tienen mucho en que trabajar en ellos mismos, están muy dañados y se hacen falta para sanar. En próximos capítulos veremos más de esta pareja porque ahorita parece que amo más a Sessh y Rin jaja
Las leo en el siguiente capítulo (si me dejan muchos reviews bonitos actualizo rápido jijiji) BYE!
14.
―Extraño a Kagome ―confesó Rin―. Quisiera saber dónde está… ¿estás segura que InuYasha la tratará bien? ―vio a Sesshōmaru con preocupación―. Ha sufrido mucho por hombres… y no digo que no haya sido cien por ciento su culpa ―sonrió apenas―. Pero comoquiera, ya sabes ―se encogió de hombros―. Una vez me dijo que había investigado a InuYasha y que tenía un record largo de mujeres, en especial una… mm no recuerdo su nombre…
―Kikyō ―escupió Sesshōmaru.
―Esa mera ―Rin asintió―. No supe nada pero Kagome me decía que no era una buena mujer y que no pensaba involucrarse con InuYasha de ninguna forma si seguía viendo a esa perra.
Sesshōmaru sonrió al escuchar insultos salir de la boca de su prometida, era tan linda que una mala palabra le hacía sonreír.
―Tu hermana tiene razón, esa mujer no es una buena influencia… InuYasha sufrió mucho por ella. Creo que él y tu hermana se llevaran bien por esas razones. Ambos están cansados de lidiar con relaciones inmaduras y se necesitan para repararse uno al otro.
Rin se mordió los labios interiores y asintió.
―Te preocupas por tu hermano de verdad ―sonrió―. Y también por mi hermana ―sonrió más mientras caminaba hacia él―. Eso es dulce.
Sesshōmaru gruñó.
―Yo no soy dulce.
Rin rio.
―Lo eres para mí.
Sesshōmaru bufó.
―Tú eres la dulce.
Ella arrugó el ceño, confundida.
― ¿Lo soy? ―preguntó haciendo una mueca.
Él rio asustándola, su risa era grave, alta y poderosa.
―Sí, lo eres.
Ella apretó los labios y se encogió.
―Supongo. ¿Tienes algo para hacer galletas? ―preguntó de repente emocionada―. No es por nada ¡pero soy muy buena repostera! ―corrió hacia su cocina.
Sesshōmaru reprimió una risa más y fue junto a ella quien ya empezaba a sacar cosas de las lacenas.
―Podré hacer galletas para nuestra boda ―comentó ella sin querer, sin siquiera pensar en lo que ese comentario causaría en Sesshōmaru.
El silencio reinó y ella apenas se daba vuelta para verle el rostro cuando él la encerró entre sus brazos. Su pequeña espalda quedó pegada a su gran pecho y gimió por la sorpresa.
― ¿Qué pasa? ―preguntó tratando de voltear su pequeña cabeza para verle.
―Nada.
Ella rodeó sus grandes brazos con sus pequeñas manos.
― ¿Estás bien?
Empezaba a sentir su nariz olfateando su cuello como si fuera un perro. Le hizo cosquillas y empezó a reír.
― ¡Oye! ¡Basta! ―rio con ganas―. ¡Me haces cosquillas! ―se carcajeó.
―Hueles tan bien, siempre hueles tan bien ―susurró en su oído.
Los vellos del cuerpo de Rin se erizaron y cerró sus ojos disfrutando de la calidez del aliento de Sesshōmaru contra su oído. Sus brazos la apretaban firmemente contra su pecho y empezó a sentir algo duro pegarse contra su espalda baja. Abrió sus ojos alarmada pero no hizo ademán de moverse, ¿era una erección? Jamás había sentido una. ¿Él la tenía por ella? No podía creerlo. Se sentía tan bien saber que él se ponía de esa forma por ella.
― ¿Sessh… Sesshōmaru? ―preguntó con una vocecita.
Él seguía pasando su nariz por su cuello, olfateándola, respirando su aroma, su esencia. Cuantas ganas de clamarla suya, de demostrarle que él sería el primer y último hombre en su vida, que jamás le haría falta nada, que jamás sentiría ganas de tener otra vida, de huir de él, de ellos. La vida sería tan perfecta con Rin a su lado y estaba loco por demostrarle cuánto.
―No sabes cuánto me cuesta guardarte para nuestra noche de bodas ―habló con profundidad, con una voz ronca que a Rin le heló la sangre y le mandó cosquillas al vientre bajo.
No dijo nada, no podía. Ni siquiera tenía palabras pensadas para responder a eso. Solo tragó saliva y se dejó hacer por ese hombre. Debía admitir que también lo deseaba, si bien no lo amaba y solo se sentía increíblemente atraída por él, no le molestaría perder su virginidad con él en ese mismo momento. Justo ahí, contra los estantes de la cocina.
―No lo hagas ―susurró ella.
Sesshōmaru paró lo que hacía pero no se despegó de ella.
― ¿Qué?
―No esperes.
Sesshōmaru suspiró y la volteó para quedar frente a ella.
―No puedo hacerlo, te respeto mucho para deshacerte antes de tiempo.
Rin se sonrojó. Deshacer no era exactamente un término tierno, era salvaje, agresivo y animal; y le gustaba de verdad.
―No me respetes ―dijo viéndolo con sus ojos grandes y cafés.
Él sonrió y pasó uno de sus mechones tras su oreja.
―Lo siento, Rin. No va a pasar. Quiero que todo sea debido y que sea especial.
Ella arrugó el ceño, decepcionada.
―Estando contigo es especial, así de simple.
Él sonrió y la estrechó contra su pecho.
―No es el momento, Rin.
Ella asintió y lo aceptó. Era cierto, no era el momento aunque ella lo quisiese de esa forma.
MM
―Rin esta con tu hermano, se van a casar ―comentó InuYasha una mañana cuando hacían el desayuno.
Kagome abrió sus ojos como platos.
― ¿Qué? ¿Cuándo lo supiste? ―preguntó exaltada.
―He hablado con Sesshōmaru, me ha platicado un poco de eso… no habla mucho, así que ha sido muy breve.
― ¿Rin está bien? ¿Tu hermano es un buen hombre? ―preguntó preocupada.
InuYasha asintió.
―Es un buen hombre. Te lo he dicho antes.
―Pero yo no sabía que vivían juntos. ¿Por qué? La bodas estaban programadas hasta meses después… no tienen por qué vivir juntos antes.
―Sesshōmaru lo encontró eficiente y tu padre aceptó.
Kagome asintió ante esa respuesta. Rin siempre era la chica buena, la chica que conseguía todo de papi. Y aunque jamás la había molestado por tal, siempre había estado enojada con su padre.
¿Por qué Rin si y yo no? ¿Por qué Rin siempre consigue lo que quiere? ¿Por qué papá la quiere más a ella?
Esas eran algunas de las preguntas que se había repetido más a lo largo de su vida. ¿Por qué? ¿Qué tenía su padre en contra de ella?
― ¿Kag? ¿Estás bien?
Kagome parpadeó varias veces y vio que el café estaba listo.
―Si… yo… estoy bien ―susurró sirviendo el café.
― ¿Qué te pasa? ―se acercó a ella por detrás y la acorraló contra su pecho―. ¿He dicho algo malo?
Ella negó de inmediato.
―Nada, todo está bien. Solo estoy preocupada por Rin.
― ¿Segura? ―habló contra su cuello.
Ella asintió.
―Sí, enserio ―sonrió aunque él no la podía ver.
―Si solo es eso… ―una gran mano empezó a recorrer su vientre hasta llegar a sus pechos y masajearlos suavemente.
Ella rio.
―Tengo hambre ―dijo.
―También yo.
Y fue así que Kagome se dejó hacer por el hombre que tenía detrás, olvidándose lentamente de las malas memorias y de los desagradables recuerdos.
