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¡Hola! Lamento la demora… no me culpen, culpen a la universidad ): Ensayos, grupos de estudio, tareas… no tenía ganas ni para entrar a leer fics. Bueno, ya que u.u La vida de estudiante es agresiva, a veces hasta olvidaba comer )':

Bueno, basta de lamentarme y voy a agradecer y a hablar de sus reviews y de la historia: ¡El capítulo es más largo de lo que acostumbra ser, wuju! Por lo general meto de 500 a 700 palabras ya que es un FCC, pero hoy escribí más de mil, yei n.n Les escribí un poco más por mi falta de actualización. ¡Gracias a las chicas que siguen la historia y que la aman! Esos comentarios me hacen jfhgrghskg todo el día. Bueno, la relación de Kagome e InuYasha irá evolucionando del sexo al amor y con Rin y Sessh será del amor al sexo… ya saben, Rin es más inocente y Sesshōmaru la respeta de sobremanera que no podría hacer nada antes de su boda, que tonto bah jajajaja. Acá les traigo una escena SesshxRin medio cursi pero divertida, espero que les guste y en próximos capítulos podremos ver algunos problemas, mujeres que se entrometen y tal vez la aparición de algún chico ex de nuestras hermanas favoritas.

¡Besos, nos leemos y dejen un comentario lindo (o como sea me conformo u.u)!


15.

Uno… dos… tres…

― ¡Pierdes! ―gritó Rin emocionada y carcajeándose.

Sesshōmaru gruñó y abrió y cerró sus ojos rápidamente.

―Otra vez ―pidió seguro de sí mismo.

Rin rio.

―No, es la tercera vez que te gano a no parpadear. Eres muy malo ―resopló haciéndolo molesto en el proceso.

―Una vez más ―pidió seriamente.

Rin rodó los ojos.

―Como sea, vamos chico grande. Veremos si puedes ganarme esta vez ―levantó una ceja provocativa y se sentó frente a él viéndolo con desafío―. ¿Listo?

Sesshōmaru asintió y la batalla empezó.

Los días habían pasado y ellos se divertían y se conocían haciendo cosas tontas que Rin sugería. Se habían besado mucho pero nada más había pasado. Rin quería, pero él se negaba rotundamente cada vez que ella insistía o hacia algo para darle a entender que quería ir más allá. Las llamadas de Kato Higurashi eran pocas y había dado permiso a Rin de quedarse ahí por tiempo indefinido. Había estado tan feliz con eso como Sesshōmaru, si no es que él había estado más feliz que ella y claro estaba que no había hecho un alboroto como ella lo había hecho, brincando, sonriendo y haciendo galletas para un ejército entero.

Sesshōmaru ganó esta vez y Rin resopló aburrida.

―Tramposo, te vi parpadear ―lo acusó con ojos entrecerrados.

Sesshōmaru sonrió de lado.

―No hice tal cosa.

Rin boqueó como niña pequeña.

― ¿Me estas llamando mentirosa? ¿Cómo te atreves? ―se paró de ahí y entró a la cocina―. Solo por eso no prepararé más galletas para ti.

Escuchó a Sesshōmaru reír a la vez que entraba a la cocina y sonrió sin que él la viera. Ese hombre reía y sonreía más cada día y no sabía si le agradaba o le aterraba. Ya no quedaba nada del hombre que había visto por primera vez en el despacho de su padre. Ese hombre alto y misterioso que la había elegido a ella y no a su hermana para contraer matrimonio, había sido un sueño total. Un sueño del que jamás quería despertar. No conocía la vida con Sesshōmaru Taishō pero estaba ansiosa por hacerlo.

―Rin, ¿enserio te quieres casar conmigo? ―preguntó el ojidorado sorprendiéndola. Su tono de voz había cambiado, había algo en el que la ponía ansiosa. Algo diferente, algo como de miedo, miedo en esa voz, un miedo y una incertidumbre que jamás le había escuchado, era abrumador de escuchar.

Ella volteó y le vio, su mirada estaba perdida y su cuerpo pendía de un hilo. ¿Dónde estaba el hombre con el que se había creado una historia de amor de novela?

― ¿De qué hablas, Sesshōmaru? ―preguntó con cautela―. ¿Piensas que no quiero hacerlo?

Él se restregó el rostro y apoyó ambas manos contra el respaldo de una de las sillas del desayunador.

― ¿Sesshōmaru? ―él se veía mal de verdad―. ¿Estás bien?

―Podemos huir, así como lo hicieron InuYasha y Kagome… o puedes dejarme, no quiero retenerte aquí por algo que nuestros padres decidieron sin consentimiento.

Rin tragó en seco y se acercó a él. Era un hombre muy alto, tan alto que sus manos no alcanzaba a rodear su cuello y solamente alcanzaban a llegar hasta su torso bajo. Tomó una de sus manos y la aferró con fuerza.

―Hey… ¿te hice creer que me quiero ir de aquí? ¿Qué no me quiero casar contigo? ―habló en voz baja―. Ya sé que solo tengo dieciocho años… soy prácticamente una niña ―se rio irónicamente―. Pero me gustas mucho y quiero quedarme aquí contigo… sea que nos casemos o no, no me importaría mucho si estoy aquí contigo. ¿Qué dices? ¿Nos casamos? ―preguntó tímidamente, aun aferrándose a su mano.

Sesshōmaru levantó su mirada y la vio, era pequeña y delicada y le estaba pidiendo que se casaran… era tan tonta que sonrió.

―Yo te debería preguntar eso.

Rin se encogió.

―No importa.

Sesshōmaru negó.

―Importa para mí.

Sesshōmaru caminó hasta su habitación para dejar a Rin sola y confundida.

― ¿Sesshōmaru? ¿A dónde vas? ―preguntó entrecerrando el ceño.

―Espera ―dijo desde la habitación.

Rin se mordió los labios y balanceó su peso en una pierna. ¿Qué le sucedía? ¿Estaba enojado? No lo parecía…

―Cierra los ojos ―habló de nuevo.

Rin arrugó el ceño.

― ¿Qué pasa?

―Vamos, cierra los ojos.

Rin suspiró e hizo lo ordenado. Escuchó los pasos de Sesshōmaru y sintió sus manos y brazos ser extendidos, algo pequeño y suave fue depositado en sus manos y abrió los ojos sin siquiera esperar a que él le dijera que hacer.

― ¿Qué es? ―preguntó de inmediato, sin bajar su mirada―. ¿Un regalo? No cumplo hasta… ―Sesshōmaru no negó aquello y la miraba con demasiada seriedad, sí, Sesshōmaru era un hombre serio de verdad, y tal vez y no lo era más con ella pero aquella mirada la petrificó y le hizo pensar en lo más obvio―. ¿Un anillo de compromiso? ―susurró apenas. No esperó a abrirlo y tampoco a que Sesshōmaru contestara, abrió aquella cajita negra y se encontró con el anillo más espectacular, no por ser o no bonito, sino porque él había tomado su tiempo para comprarlo―. ¿Sesshōmaru? ―preguntó sin quitar la vista de la joya.

Sesshōmaru habló después de mucho.

―Nunca he hecho esto… y la forma en la que el matrimonio fue arreglado no merece que me arrodille frente a ti.

Rin sonrió con lágrimas en los ojos.

― ¡Olvídate de eso! No quiero que te arrodilles ―exclamó emocionada.

Sesshōmaru arrugó el ceño.

― ¿No?

Rin soltó lágrimas pero las limpió rápidamente.

―Es tonto de verdad, además cursi.

Sesshōmaru sonrió mientras sacaba el anillo de la cajita.

― ¿Cursi? Pensé que eras tú la que se había enamorado de mi sin conocerme por las ideas que te habías hecho de tus novelas de amor… ―la molestó mientras tomaba su mano con delicadeza y le colocaba el anillo en el dedo correspondiente.

Rin gruñó.

―Abusivo… bueno… es raro, pero creo que la idea del matrimonio en si es tonta ¿sabes? ―se encogió―. No me lo tomes a mal, quiero estar contigo ―dijo con la mirada puesta en su anillo y sus mejillas coloradas―. Pero… siento que es una tradición tonta.

Sesshōmaru asintió.

―Lo pienso igual pero me gustaría compartir todo contigo, estar juntos frente a todos, incluso ante la ley.

Rin asintió, emocionada y soltando lágrimas dramáticas, haciendo sonreír al hombretón que tenía por delante.

― ¿Entonces eso es un sí? ―preguntó viendo el anillo sencillo y de una piedra discreta y hermosa.

Rin asintió.

―Si ―sonrió―. ¡Claro que sí! ―se lanzó a él y lo rodeó con piernas y brazos. Él la sostuvo de ambas piernas y sus caras quedaron a milímetros―. Gracias ―susurró―. No tenías por qué hacerlo pero… aun así lo hiciste. Gracias ―sus ojos rojos y su nariz también.

―Por verte sonreír así, lo haría todos los días, Rin.


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