Gracias a: Serena Sailor Moon, andreb1401, Nabiki―san, Marlene Vasquez, Johan Taishō, elvi, jacko, Ama Yukary, Astrid Wayaland, CONEJA, Guest, soltaisho, camilaRinTaisho05, Yumel22, Jazmin L, saritaverongouka, antoo, FernyInuBellamy, MademoiselleMichelle25.
La universidad es la culpable, no tengo excusas, esa es la única. Lamento de verdad el receso de esta historia, pero acá les traigo otro capítulo. Y antes de que digan que es corto… recuerden que esto es un FCC, además, quiero actualizar para que sepan que no he dejado la historia y que sigo por aquí aunque me tarde en actualizar porque de verdad que no me alcanzan las horas del día para hacer todo lo que tengo que. Aun así, agradezco a las chicas que se toman la molestia de leer y releer cuando actualizo. También agradezco a las chicas lindas que se toman la molestia de dejar un comentario.
El capítulo anterior fue tierno y vimos como Sesshōmaru propuso matrimonio a Rin, vamos a ver más de ellos y pronto entrarán InuYasha y Kagome en escena, por favor no desesperen, sé que quieren ver más de sus respectivas parejas pero esta historia es de ambas partes.
Por ahí comentaron que esta historia parece más SesshxRin, pero la verdad es que esta historia es de ambas partes, no pueden decir que es más de tal o tal pareja porque ambas parejas son igual de importantes, el título es: Muñecas, no muñeca. Así que traten de comprender que escribiré de ambas parejas tanto como mis dedos y mente lo deseen.
Sin nada más que decir y aclarar, me retiro no sin antes prometerles que actualizaré en un día o dos. Tal vez menos, las amo! Nos leemos.
Anteriormente en Las Muñecas de la Mafia…
Escuchó los pasos de Sesshōmaru y sintió sus manos y brazos ser extendidos, algo pequeño y suave fue depositado en sus manos.
―¿Un anillo de compromiso? ―susurró apenas. No esperó a abrirlo y tampoco a que Sesshōmaru contestara, abrió aquella cajita negra y se encontró con el anillo más espectacular, no por ser o no bonito, sino porque él había tomado su tiempo para comprarlo―. ¿Sesshōmaru? ―preguntó sin quitar la vista de la joya.
Sesshōmaru habló después de mucho.
―Nunca he hecho esto… y la forma en la que el matrimonio fue arreglado no merece que me arrodille frente a ti.
Rin sonrió con lágrimas en los ojos.
― ¡Olvídate de eso! No quiero que te arrodilles ―exclamó emocionada.
Sesshōmaru sonrió mientras sacaba el anillo de la cajita.
―Me gustaría compartir todo contigo, estar juntos frente a todos, incluso ante la ley.
Rin asintió, emocionada y soltando lágrimas dramáticas, haciendo sonreír al hombretón que tenía por delante.
― ¿Entonces eso es un sí? ―preguntó viendo el anillo sencillo y de una piedra discreta y hermosa.
Rin asintió.
―Si ―sonrió―. ¡Claro que sí!
12.
Sesshōmaru regresó cansado de aquella junta con el clan, había prometido a Rin regresar a una hora considerada, pero la junta se había extendido más allá. Con sus aires de matón, sonrió apenas, sabiendo que Rin lo esperaba, sabiendo que alguien lo esperaba. Rin llenaba aquel departamento con sonrisas y calidez, ya no podía verse sin Rin.
¿Qué era lo que había en Rin que en otras mujeres no había? Eso… tal vez el hecho de que Rin no era una mujer, seguía siendo una niña, una adolescente, alguien inocente y pura. Alguien que le estaba entregando todas sus primeras veces… y él se sentía un bárbaro por hacer aquello, por arrebatarle su pureza y su inocencia. Pero ella quería estar ahí, ella le quería…
Cuando entró el departamento se encontró con el olor de galletas horneadas, un olor que venía oliendo y amando desde que Rin se había mudado con él. Ya llevaban dos semanas viviendo juntos y las cosas no podían ir mejor, pronto se casarían y Rin no dejaba de sonreír, haciéndolo sonreír en el proceso. Las galletas estaban en una bandeja sobre la estufa pero no había rastro de Rin en la cocina.
― ¿Rin? –llamó, avanzando hasta la habitación que compartían.
Arrugó el ceño al no encontrarla dentro, tocó a la puerta del baño pero ahí tampoco estaba. Suspiró con desesperación y la buscó por todo el condominio. No era un condominio masivo, así que no tardó mucho en buscar hasta el más pequeño rincón.
Nada, no había nada, ni una sola nota. ¿Dónde estaba? Sus pensamientos fueron a que esa niña se había arrepentido de todo y había huido de ahí. Fue al closet a buscar sus ropas pero todo seguía ahí, incluso las cosas personales que había en el baño seguían ahí. Se tomó del pelo con desesperación; él, que era un hombre serio y cauto, se permitió arrugar el ceño y soltar improperios.
Su celular sonó y frenéticamente lo contestó, ni siquiera se fijó quien era.
―Diga ―gruñó.
― ¿Sessh…Sesshōmaru? ―sorbió una vocecilla.
Sesshōmaru quedó helado.
― ¿Rin? ¿Dónde estás?
―Me debes un favor que no me has pagado, Taishō ―se escuchó al otro lado de la línea, Sesshōmaru crispó el rostro―. Si no tengo lo que quiero en dos días, tu noviecita deja de existir.
La línea se cortó y Sesshōmaru respiró con dificultad, el enojo hacía de su rostro uno de matón, un rostro peligroso, de miedo. No tardó nada en recobrar la calma, y aun rabioso y apretando su celular de más, reunió a todos los hombres del clan para prepararlos.
―InuYasha… ―habló, después de poder contactarlo por todos los medios posibles.
― ¿Qué pasa?
―Es importante, Hiten Nobutoshi tiene a Rin.
