Gracias a: MademoiselleMichelle25, andreb1401, FerCervella, Guest, Marlene Vasquez, Elvi, Astris Wayland, Yumel22, Tsuruga Lia1412, SweetCold39, , PamPractice, Jazmin L, Hime―SasuSaku, GG ― Never More, DulceTaRaAmai, BelleCar123, CamiiTaisho, Chris2001, Clon Kooks, MAYA Taishō, MimiJean, naililsm, .

Muchas gracias a todos los reviews, alertas, y favoritos. ¿Les está gustando? Las cosas se están volviendo feas y turbias… de eso se trata este fic, espero que les guste. Bueno, Rin está secuestrada, ¿Qué van a hacer los macho Taishō? Jujuju, mucha acción y sangre en el capítulo que viene. Gracias por permanecer conmigo a pesar de que la uni me mutila lentamente y no me deja escribir tanto como quisiera. Besos a todas, lean rico y ámenme. Bye!


17.

Rin fue arrastrada por el lugar, llorando y gritando del dolor.

― ¡Basta! ―chilló―. ¡No he hecho nada, basta!

Hiten sonrió desde el otro lado del cuarto.

―No es personal, cariño ―dijo con una sonrisa macabra―. Basta ―ordenó, levantando una mano brevemente.

Rin fue echada contra la pared, echando un gemido de dolor.

― ¿Quién… eres? ―dijo apenas, no había llorado nada pero su cara estaba roja por los varios golpes que le habían propinado.

―Me sorprender que siendo hija de Kato Higurashi… no puedas defenderte como se debe.

Rin pestañeó con confusión, tenía tierra en los ojos y en la cara. Su pijama de pantalón y blusa de manga corta estaba sucia y tenía rastros de sangre de diferentes partes de su cuerpo.

―¿Co―conoces a mi ppaddre…? ―preguntó con debilidad, apenas y podía hablar y le dolía la nuca porque la habían arrastrado de los cabellos.

Hiten era un hombre alto y de buen parecer, pero tenía un rostro macabro, de maldito. Tenía el cabello largo y atado en una coleta alta. La veía con desprecio, casi con un enojo que ella no comprendía.

Él sonrió y se encogió.

―Es Kato Higurashi ―dijo obviándolo.

Ella respiró con dificultad.

―Si sabes quién es… no te conviene tenerme aquí ―dijo frotándose la cara.

Él rio.

―No le tengo miedo a ese vejete.

― ¡Cállate! ―gritó con enojo―. Si hablas una sola palabra más de mi padre, ¡te mataré! ―dijo poniéndose de pie con dificultad―. No sé quién seas o que quieres pero lo vas a pagar ―dijo entre dientes.

Él rio aún más.

―Eres graciosa, ya sé porque Sesshōmaru te mantiene a su lado.

Ella arrugó el ceño.

― ¿Sesshōmaru?

―Así es… no tengo asuntos con tu padre. Sesshōmaru… por otra parte, me debe algo ―se encogió, como si secuestrar a alguien fuera lo más normal del mundo, como si verla ahí tirada y ensangrentada fuera rutina.

Ella parpadeó lágrimas.

―Estás loco ―dijo tallándose los ojos con fuerza.

Rin había estado haciendo galletas, como regularmente lo hacía, cuando habían tocado a la puerta. Sesshōmaru siempre entraba con su llave así que se sorprendió cuando detrás de la puerta se habían encontrado dos hombres.

―Hola, somos amigos de Sesshōmaru ―había hablado uno de ellos.

Rin hubo arrugó el ceño y había abrió sin más ni menos. ¡Tonta! Se reprochó estando tirada, esos hombres la habían tomado sin nada más que decir y la habían drogado. ¿Qué más le podía pasar? ¿La violarían?

De repente, Hiten rio, una risa llena de burla.

―Eres tonta de verdad ―dijo como si le leyera el pensamiento―. Abriste sin saber quiénes eran, tonta ―rio de nuevo.

Ella hizo sus manos puños.

―Estás enfermo, no secuestras a alguien así porque sí, soy una humana de piel y huesos, no me puedes arrastrar y darme golpes como si fuera de hierro. ¡Loco! ―dijo tosiendo.

Hiten rio todavía más.

―Eres graciosa, en serio ―dijo tomándose el estómago―. Tienes razón ―se encogió.

― ¿Huh?

― ¡Estoy loco! ―gritó yendo hacia ella―. Pero debes aprender a respetar a tus mayores ―dijo con repentina seriedad, una mirada de maldad se instaló en sus ojos y Rin se arrepintió de haber hablado en lo absoluto―. Si Sesshōmaru no llega pronto… agotarás mi paciencia y no sé qué haré contigo ―chasqueó la lengua.

Rin bajó su mirada al tenerlo tan cerca, era tan intimidante, se sentía tan pequeña… jamás se había sentido así con ningún hombre que le servía a su papá, tampoco con InuYasha o con Sesshōmaru, este hombre era diferente, de verdad no pensaba dos veces en matar o en secuestrar.

―Me callaré ―susurró dejándose caer en el suelo.

Hiten le echó una última mirada y salió de ahí, dejándole sola y débil de tantos golpes que le habían dado.

Muñecas

― ¡Maldita sea! ¡En todos los años que llevo en el oficio jamás habían secuestrado a una mujer de esa forma! ―gritó InuTaishō con coraje―. ¡Irresponsable! ―se dirigió a Sesshōmaru.

Sesshōmaru, InuYasha y Kagome estaban frente al impotente InuTaishō; un hombre alto de cabellos blancos y con brazos tatuados a morir.

―Padre no lo sabe… ¿o sí? ―dijo Kagome con temor y ojos rojos.

Había llorado hasta más no poder, en silencio y con la cabeza baja. InuYasha había detestado esa imagen, demostraba su debilidad y su lado suave, algo que nunca hacia y que lo enojaba y lo enfermaba de verdad. Había aprendido a querer a esa mujer de lejos y ahora que la tenía cerca, estaba seguro que estaba a un paso de amarla, verla de esa forma le enojaba de sobre manera.

―No lo sabe, y te agradecería que no se lo hicieras saber. Podemos resolver esto en este mismo instante ―dijo Sesshōmaru con seguridad.

Kagome asintió apenas, InuYasha la sostenía por la cintura.

―Hemos localizado el lugar, Kagome ―dijo InuTaishō―. Sesshōmaru y yo vamos para allá ahora mismo. InuYasha se quedará aquí contigo y…

―No, yo quiero estar ahí, ¡quiero matar a ese hijo de puta! ―gritó con rabia.

Los machos Taishō se quedaron callados, observando el enojo monumental de Kagome Higurashi.

―No es seguro, nena… ―susurró InuYasha.

―No me interesa, lo voy a matar, lo voy a matar con mis propias manos, le arrancaré la piel y haré que se la coma ―dijo con manos hechas puños y mandíbula apretada.

Sesshōmaru admiró el valor de la hermana mayor e InuTaishō vio bastante de Kato en la hija mayor.

―No irás, fin de la historia ―sentenció InuYasha con el ceño arrugado.

― ¡No me puedes decir que hacer! ―grito volteando violentamente.

― ¡Si puedo! ¡Me acabas de escuchar y harás lo que digo! ―bramó lleno de furia.

― ¡No! Es mi hermana, maldita sea, es mi única hermana ―dijo volviendo a ser débil.

InuYasha la tomó de nuevo de la cintura y la sentó en una de las sillas del despacho de InuTaishō.

El mayor de los Taishō vio con dureza a Sesshōmaru y negó levemente con la cabeza, decepcionado y abrumado por aquello.

―Vámonos ―ordenó InuTaishō, dejando a InuYasha y a Kagome solos en el despacho.

Kagome comenzó a llorar en silencio, InuYasha la tenía encerrada en sus brazos y acariciaba su cabello con lentitud.

―Está bien, nena. Te juro que la sacarán de ahí sana y salva, te lo juro.