Gracias a: abigz, marugui, Princes Juvia Lockser, Anarilis666, nicolemsantiago93, veru, SMoon 14, Hope Elizabeth Mikaelson, K-tyRose, moonkoublack, FerCervella, Marlene Vasquez, Sandy-Taisho96, tamara, Meaow, Elvi, Johan Taishō.
¡Hola! Volví, lo siento U_U Bueno, ya está el capítulo esperado por todas, en el próximo habrá más sangre y cosas macabras muajajajaja. Les cuento que no le queda mucho al fic, pero lo que queda está muy interesante, espero que sigan leyéndome, las amo!
PS. Pasen a leer mi nuevo fic "Corazón Indomable" Es para las fans de InuxKag y es el primero de una serie en donde también habrá uno de RinxSessh pero más adelante. Espero que puedan pasar y dejar un comentario para ver que les pareció. Las adorooo. Besos y nos leemos.
18.
―Entre menos me toques… mejor te va a ir ―escupió Rin a un matón que de vez en cuando se acercaba para tocarle los cabellos, era repulsivo.
Hiten entró ahí, riéndose de la niña.
―Agradece que no te está golpeando.
―Tu otro amigo ya hizo mucho de eso ―dijo viéndole con odio.
Hiten rio mientras veía a la muchachita golpeada delante de él. Llevaba un ojo casi morado, labios hinchados y colores rojos en la cara. Aparte de que sus pijamas estaban llenas de tierra y de que apenas y podía permanecer de pie, recargada contra la pared. Ya no peleaba, sabía que sería inútil.
―Sesshōmaru vendrá pronto… y no quiero saber qué es lo que te va a pasar si papá llega aquí.
Hiten sonrió de nuevo, a Rin le estaban hartando esas sonrisas y quería poder quitárselas con sus propias manos. Hiten no dijo nada y se fue de ahí, ordenando al matón a dejar sola a Rin. Cuando hubo estado sola, se dejó caer contra la pared y escondió el rostro entre sus piernas.
…
―El edificio está rodeado ―anunció un hombre a Sesshōmaru―. Son más de treinta hombres.
Sesshōmaru gruñó.
―Somos más, derriben a todos los que puedan, yo entraré por Rin.
Y así fue, los hombres del clan de los Lobos Blancos entraron al edificio matando e hiriendo a cuanto hombre se les ponía enfrente. Sesshōmaru iba detrás de ellos, sigilosamente, buscando señales de Hiten o de Rin. Tendría que encontrarla e iba a hacerlo. También sabía que mataría a Hiten lenta y dolorosamente. No quedaría aliento en su ser para suplicarle piedad.
―Señor, en el cuarto piso ―anunció un hombre de rostro cortado y cabello carbón―. Hemos despejado las escaleras.
Sesshōmaru corrió tan rápido como nunca lo había hecho hasta que llegó a un pasillo más amplio que los demás y de techo alto. Todo el pasillo tenía hombres tirados y él no se paró a nada hasta llegar a una puerta al final del pasillo, en donde había mucho silencio, cosa que no le gustó.
―Maldita sea, Rin… ―masculló por lo bajo, caminando hacia la puerta que parecía cada vez alejarse más de él.
Cuando llegó tragó en seco, al sentirse, por primera vez en su vida, vulnerable e impotente, temiendo que algo malo de verdad pudiese suceder. Rin se había convertido en alguien especial en su vida, en poco tiempo lo había logrado cautivar y enamorar, esa niña se había convertido en su razón de vida y nada podría pasar en aquella misión, no lo permitiría.
―Sé que estás ahí, sal de una vez ―habló Sesshōmaru―. Tengo lo que te debo… sal de una vez, Nobutoshi.
La puerta se abrió, dejando ver a un Hiten sonriente y con cara de maldito.
―Pensé que tardarías menos… tu pequeña se muere por verte, ¿no es así, querida? ―de otra puerta, salió un gran hombre con Rin del brazo, la venía casi arrastrando. No había pasado ni siquiera un día y Rin ya estaba más débil que un trapo.
Los puños de Sesshōmaru pudieron haberse reventado ahí mismo, la visión de Rin era deplorable y no quiso nada más que estallar la cabeza de Nobutoshi y de ese hombre en la pared.
― ¿Qué demonios le has hecho? ―bramó como un animal.
Hiten sonrió, una sonrisa sucia.
―Nada que no pueda soportar, es fuerte. Felicidades, te has conseguido a una guerrera ―dijo como si ellos fueran amigos de toda la vida.
―Te voy a matar ―aseguró con una voz calmada. El arma que llevaba en su mano, tembló llena de poder, y Hiten tembló de miedo.
―Solo dame lo que me debes, es dinero y tú tienes mucho de eso. Nadie tiene que salir herido.
Sesshōmaru pudo sonreír, pero no lo hizo.
― ¿Creías que todo sería así de fácil? ―dijo con burla―. Es mi prometida, te pudiste haber esperado más.
Un hombre entró tras de Sesshōmaru y disparó al hombre que llevaba agarrada a Rin, Rin reaccionó y se dejó caer ante la pared más alejada del hombre. No había comido, ni bebido agua, además de que los golpes que le habían propinado la habían dejado más débil que nada. Apenas y se podía parar y sangraba por varias partes del cuerpo.
―Llévatela de aquí ―ordenó a uno de sus hombres.
―Sessh… ―susurró al ser cargada por aquel hombre.
―En un momento salgo, Rin ―le dijo sin verla―. Llévenla a la clínica privada… saben qué hacer, no quiero errores.
―Si, señor. No, señor.
Cuándo el hombre salió y nadie más se encontraba ahí más que Hiten y Sesshōmaru, las cosas salieron mal para aquel hombre quien sonrió nervioso.
―Solo dame lo que me debes, ya tienes a la chica…
Sesshōmaru lo vio fijamente, aquella mirada era capaz de poner de nervios a cualquiera, menos a Rin, claro estaba.
―No le debo nada a los muertos.
