Gracias a: andreb1401, Jazmin L, Nami-23, CONEJA, Blond Hair Girl, floresamaabc, Ladyofsweetanddarkdreams897, Johan Taisho, Abigz, Dame- san, MellyTaisho.

Chicas hermosas de mi alma, disculpen la demora y la excusa, para las que ya leyeron Corazón Indomable y no recuerdo cual otra, es… problemas personales. Bueno, si, por eso no me había acercado a la tecnología por un buen rato. Estuve fuera de todo esto por un buen mes o más.

Bueno, hablando del capítulo de hoy… se quedó en la continuación donde encuentran a Rin, por si no lo recordaban. Pueden leer el capítulo anterior ya que es corto como este, así que no se maten jaja es un FCC, recuerden XD (un término que yo inventé y que vi por ahí a otra chica usarlo… bueno, supongo que en vez de molestarme debería sentirme importante porque copian lo que hago n.n) Bueno, espero que disfruten esta pequeñez. Besos en donde más les guste, adiós.


19.

―No… despierta… ―sollozó Kagome.

InuYasha suspiró.

―Lo hará, estará bien. Estuvo ahí por menos de dos días, he visto casos peores.

Kagome no dijo nada y se quedó callada, viendo la cara de Rin dormir en silencio.

―Estará bien ―repitió InuYasha.

Kagome asintió apenas, sintiéndose en las nubes.

―Si me padre se entera de esto….

―No lo hará. Estará bien, todo estará bien….

Cuando Sesshōmaru mató a aquel individuo que lo privó de ver la cara de Rin y de oler las galletas que tanto amaba… pudo verla en la cama de la clínica, pudo ver su rostro demacrado, pudo ver su respiración entrecortada, pudo ver el sufrimiento marcado en sus mejillas. Y pudo odiarse por eso, por no haberlo detenido y por no haberse encargado de prevenir todo eso. Debió de haberlo sabido, si, debió haber sabido que Rin era una chica tan inocente como para abrir la puerta a extraños. ¿Por qué no lo previno? ¿Por qué no supo controlarlo?

El movimiento en la cama frente a él lo hizo despertar de sus ensoñaciones y vio a Rin quien ya tenía los ojos medio abiertos.

―Sessh…

Sesshōmaru la vio con aquellos ojos que traspasaban paredes.

―Estás despierta ―fue lo único que dijo.

―Estoy muy cansada… me duele el cuerpo ―se quejó con un suspiro de dolor.

Él apretó sus puños sin pensarlo y deseó haber hecho sufrir más a Hiten.

―¿Estás bien? ―preguntó ella.

―Estoy bien, Rin. Me he hecho cargo de ellos, jamás te volverán a tocar.

Rin lo vio con adoración durante un largo rato para después susurrar un Gracias y parpadear lágrimas que quiso no derramar.

―Yo pensé que ellos… que ellos te harían lo que me hicieron a mí, estaba tan preocupada… me quise quedar contigo pero no recuerdo que fue lo que pasó ―habló con una voz que a él le destrozaba el alma.

Sesshōmaru se paró de ahí y se quedó de espaldas a ella.

― ¿Sesshōmaru? ¿Estás bien?

―Nunca debiste ir conmigo, son demasiados problemas. Tengo enemigos, tu padre también los tiene, sé que por eso tu madre murió ―dijo volteando a verla, Rin lo veía con una expresión sorprendida―. Lo siento, Rin. Lamento lo de tu madre, pero quiero que entiendas a lo que me refiero, quiero que comprendas como me siento y en todos los problemas en los que hombres como tu padre y yo estamos metidos. Kato las ha mantenido fuera de los problemas, a ti más que a tu hermana, pero a fin de todo, todos saben quiénes son las hijas Higurashi. Siempre corren riesgo.

―Sesshōmaru…

―Sabes que tengo razón ―dijo con seriedad, casi queriendo escapar de ahí y no regresar jamás, deseando que Rin se olvidara de él y de la vida maniaca que su padre llevaba.

Rin asintió, recordando a su madre y recordando las palabras de Kagome de aquella vez que se había ido de casa. Rin había fingido no saber que Kagome se había escapado y que no había escuchado cada una de las palabras que ella y su padre habían hablado, pero las recordaba a la perfección.

La vamos a perder, papá. La vamos a perder así como perdimos a mamá. Estas metiendo a Rin a la boca del lobo, nunca la devolverán.

Ella sabía en lo que se estaba metiendo, era una señorita de dieciocho años y sabía el trabajo sucio que su padre hacía. Claro que lo sabía, ella misma lo había visto.

―Lo sé, lo sé todo ―respondió con voz rasposa, débilmente se acomodó en la cama y suspiró―. No tengo doce, entiendo todo ―dijo, cansada de que todos la trataran como una pequeña.

―Le abriste la puerta a un extraño ―dijo con el rostro más serio de lo normal, enojado.

―Si… lo sé, lo siento. Hice mal.

Se sentía tan tonta, fijó su mirada en su bata de hospital y se acurrucó en la almohada.

Sesshōmaru volvió a sentarse en la silla frente a la cama y la observó con rendición.

―Creo que estás más segura en casa de tu padre.

Rin alzó la cabeza de inmediato.

―No quiero estar ahí, quiero estar contigo. Pertenezco a tu lado. Vi el amor de papá y mamá, nosotros podemos tener eso.

Sesshōmaru, que casi nunca se encontraba en una situación de esas, en algo con sentimientos de por medio o con alguien como ella, no pudo hacer nada más que quedarse frente a ella con el rostro más serio de todos los que le había dado jamás. Una órbita de pensamientos y sentimientos rondó su cuerpo entero. Sobre todo su cabeza, la cual se encontró sobrepoblada de pensamientos incoherentes e ilógicos. Rin le acababa de decir que ella pertenecía con él y…

― ¿Sessh?

―Casémonos después de que te encuentres mejor.


Al review 280 le regalo una escena.