Gracias a: Jazmin L, Marlene Vasquez, Elizabeth Mikaelson9, Guest, floresamaabc, Reading Pixie, Ines, yesi-ari, pao59, Natsumi No Chiharu, marialaurajs, Tifani Taishō saiyan, Natsumi No Chiharu, Frozen-Winter-Heart.
20.
―Maldita sea… no puedo creer que estemos en la boda de Rin ―masculló Kagome por lo bajo.
InuYasha sonrió a su lado. Vestía un smoking negro impecable y Kagome un bonito vestido en rosa como dama de honor de Rin. La celebración se estaba llevando a cabo en un salón lo suficientemente grande en donde seguro habían más de mil personas. A Kagome no le gustaba para nada, era peligroso y el blanco esa noche era su hermana. Suficiente habían pasado la última vez como para poner más leña al fuego y haber permitido a los padres de ambos novios hacer tal ceremonia.
―Te ves bien ―susurró el a su oído.
Kagome se estremeció. Ese hombre no se había dado por vencido con aquel mes de prueba que le había prometido. Seguían teniendo un sexo increíble y ella cada vez se enamoraba más, no quería, no quería sufrir. No desde que Bankotsu se había aprovechado de ella y la había engañado, haciéndole ver que el amor con el que ella había soñado había sido una fantasía tonta.
―Deja de verme así ―ordenó ella―. Estamos en un lugar lleno de gente ―vio hacia todas partes, en donde la recepción estaba llevando acabo.
―Es más excitante de esta manera ―dijo casi oliendo su cuello.
―Basta ―susurró.
Kagome había sido dama de honor mientras que InuYasha había ocupado el puesto contrario siendo el padrino de Sesshōmaru. La ceremonia había sido corta y con muchos matones con mujeres hermosas por sus lados como espectadores. A Kagome no le sorprendió ver a varios matones con ojos llorosos, uno lloraba mientras que su mujer rodaba los ojos, eran tan débiles. Su padre había estado ahí también, viendo todo con emoción y sonrisas. Claro, Rin se casaba, la hija perfecta… poco la vio a ella, ni siquiera la saludó y ella no se separó de InuYasha a quien empezaba a sentir como una figura protectora y poderosa, él siempre la trataba como si fuera frágil y eso le gustaba, su padre poco le había prestado atención en su vida y nunca había sentido nada como aquello. InuYasha le estaba dando a conocer un lado de la vida que ella no sabía que existía y aunque no estaba comparando eso con la falta de atención de su padre, no quería separarse de él.
―Espera solo un poco, un socio de mi padre me está haciendo señas para que vaya allá ―dijo con un suspiro―. No tardo ―Le dio un beso en los labios que ella no esperaba y se paró de la silla.
Kagome se quedó sola, viendo a Rin bailar con Sesshōmaru. No se podían quitar las miradas de ellos mismos y sintió celos. ¿Algún día tendría algo así? Con InuYasha era… pasión animal, pero no amor, no eso que ellos tenían. Suspiró y se puso a tomar de su trago.
― ¿Kagome?
Ella le dio un último trago a su copa y volteó para encontrarse a su padre parado tras su silla.
― ¿Si?
El rostro moreno de Kato Higurashi la veía con enojo. Si, él siempre la veía así.
―Pensé que no vendrías.
Kagome resopló.
―Es mi hermana.
El silencio los llenó de nuevo y ella vio hacia otra parte.
― ¿Cuándo regresarás a la casa? ―preguntó viéndola con severidad.
―Nunca.
― ¿Te casarás con InuYasha?
―Nunca estás feliz, ¿cierto? ―Entrecerró los ojos―. No, nada de lo que hago es suficiente para ti. ¿Vas a regresar a la casa? ¿Te vas a casar con InuYasha? ¿Qué más quieres de mí? ―preguntó parándose y plantándose frente a él.
Kato tensó la mandíbula, viendo el rostro de su hija verlo con fastidio.
―Algún día tendrás que hacer lo correcto ―dijo viéndola con más dureza.
―No estarás ahí para juzgarlo ―dijo yendo lejos de él.
Kato observó a su hija marchar con enojo lejos de ahí y se talló la frente con desesperación. Esa muchachita algún día tendría que ceder.
…
Kagome caminó hacia Rin quien bailaba con Sesshōmaru.
― ¿Me permites este baile? ―preguntó Kagome a Rin.
Sesshōmaru casi la vio con una sonrisa, no se esperaba eso, era aterrador.
― ¡Kagome! ―gritó emocionada, con su vestido grande y esponjado blanco y de princesa.
Sesshōmaru vestía un smoking elegante en negro, parecido al de InuYasha.
―Estaré por ahí ―dijo Sesshōmaru, yéndose y dejándole un beso en la cabeza a Rin.
Kagome rodó los ojos.
―Cursi ―dijo recargando sus brazos en los hombros de Rin, su hermana hizo lo mismo.
Rin rio con emoción.
― ¿No es precioso? Es un sueño hecho realidad ―dijo con ojos de borrego.
Kagome sonrió.
―Lo es, cariño ―puso un mechón de cabello tras su oreja.
― ¿Qué pasa?
Kagome negó lentamente, abrazando a su pequeña hermana.
―Todo está bien, estoy bien porque tú lo estás.
―No estás bien ―murmuró Rin contra su cuello.
―Oh si, lo estoy, bien. InuYasha me trata bien, creo que me estoy enamorando ―admitió con tristeza.
Rin se separó de ella.
― ¿En serio? ¡Wow! ¿Y por qué estás así? ¡Es un gran paso, Kag! ―dijo emocionada, casi saltando con su vestido.
Kagome rio.
―Lo es… es solo que…
― ¿Qué?
Kagome negó. No podía decirle que siempre había estado celosa de ella por como su padre las había tratado, no odiaba a Rin, jamás había habido ningún sentimiento negativo hacia ella… era su padre, había resentimiento… y no sabía cómo sacarlo.
―Es papá, me ha presionado para casarme ―se encogió―, es molesto.
Rin asintió.
―Lo siento, Kag… hablaré con él.
―Claro que no, es el día de tu boda. Te veías tan feliz en la ceremonia… cuando lloraste yo también lo hice.
Ambas se rieron, ahora con lágrimas en los ojos también.
―Si… lo sé, cuando volteé fingiste que no estabas llorando pero yo sabía que sí.
Kagome rio.
―Tonta. Mamá estaría feliz.
Rin no pudo evitar derramar más lágrimas.
―Ella también hubiera querido que tú tuvieras esto, o lo que fuera que te hiciera feliz.
Kagome asintió.
―Estoy bien, Rin. Lo importante es que tú lo estás. Siempre había querido que fueras feliz… y aunque esta no era la vida que quería para ti… si estás feliz, entonces no hay nada más que pensar.
―Yo quiero que tú seas feliz, si amar a InuYasha te va a hacer feliz… entonces hazlo, amalo, Kag. Sessh me ha dicho que es un buen chico, te hará feliz ―dijo sonriendo.
Kagome rodó los ojos.
―Buen chico, aja.
Ambas rieron y Sesshōmaru se acercó.
― ¿Está todo bien? ―dijo viéndolas a ambas con ojos llorosos.
―Sí, sí. Solo un pequeño momento familiar y sentimental, te dejaré con ella. Te amenazaría con algo espeluznante si le haces algo pero… no hay necesidad ―le sonrió con camarería.
Ambos sabían a qué se refería. Sesshōmaru había salvado a Rin, matando a otros para protegerla, no había dejado aquella habitación de hospital por un solo segundo. Solo cuando Kagome lo convencía para ir a tomar un baño o ir al baño, a tomar un café o comer un poco. Pero él no tardaba ni media hora cuando ya estaba de regreso con Rin. Él la trataría bien, podría estar segura de eso.
Kagome caminó por ahí, topándose con InuYasha bailando con otra chica.
―Azumi… tengo novia, no te acerques tanto. Solo acepte el baile porque tu padre me lo pidió ―murmuró InuYasha, claramente fastidiado por aquello.
Kagome levantó una ceja y vio la escena.
― ¡Pero yo te amo! ―gritó acercando sus labios a los de él.
―Woa, para, ese es mi novio ―dijo ella acercándose a los dos―. Quita tus sucias manos de él ―dijo enojada.
Azumi, con cabellos cafés y cortos, se apretó más a InuYasha.
―Es mío ―dijo con posesividad.
―Azumi, aléjate ―dijo InuYasha, tratando de zafarse del agarre de ella.
―Me voy a casar con él ―dijo haciendo que ambos se callaran.
La mirada de Azumi viajó a la mano izquierda de Kagome.
―No hay una banda de matrimonio.
―Me ha dado otra cosa como símbolo de su amor, ¿no es así, cariño? ―preguntó melosamente.
InuYasha sonrió con arrogancia.
―Así es, nena.
Kagome rodó los ojos.
―Ahora, aléjate de mí prometido ―tuvo que agarrar a la chica y quitarla quien se fue enfurruñada de ahí―. Que fastidio ―dijo Kagome suspirando y abrazando a InuYasha.
InuYasha ya la vio con una sonrisa grande en los labios.
― ¿Nos vamos a casar, huh?
Kagome resopló.
―Tal vez…
Él rio.
―Celosa.
Ella le pegó un manotazo.
―No estoy celosa, solo protejo… ―pero antes de que dijera algo, cerró la boca, dándose cuenta de lo que iba a decir.
― ¿Si…? ―acarició su espalda, yendo más abajo, haciéndola sonrojar.
―InuYasha… aquí no ―lo regañó.
― ¿Soy tuyo? ―preguntó buscando sus labios, ella lo rehuía, sintiendo que todos los veían.
―Basta ―siseó entre dientes.
―Dilo o bajaré más mi mano… todos verán donde te aprieto ―susurró a su oído.
Ella se humedeció los labios y susurró, viendo esos ojos ámbar que la veían con burla.
―Eres mío ―dijo bajito.
Haciendo que él la viera como nunca la había visto, se sintió en las nubes, pensando que Rin había tenido razón y que amar a InuYasha la haría feliz.
―Tu eres mía, nena.
Kagome sintió que él le apretaba una nalga y gritó.
― ¡Aprovechado!
InuYasha rio y bailó con ella hasta que no hubo mucha gente en la pista.
Espero que el capítulo les haya gustado. Para mi parecer, esta historia tendrá solo unos pocos capítulos más y luego ya… ¿o ustedes que dicen? Espero su opinión, besitos. No se olviden de encontarme en facebook, los links están en mi perfil!
