Gracias a: floresamaabc, Reading Pixie, Rucky, CONEJA, Marlene Vasquez, Arelymatamoros50, neko-chan Kagome, Jimin, danyscreamsx, Jazmin L, GabyInuTaishoFosterGrey, AomecitaTaisho, xxxariana, Sol Moreno, syuuki06, Suaries, SolMoreno03, Nena Taishō, Mari Yuki Taishō, iblwe, Princess Aidil, maleja16, Cristian jara, Andume24, AbiTaisho.

Primero que nada, las disculpas salen sobrando porque sé que me he tardado mucho… de seguro varias se tendrán que leer la historia de nuevo, lo siento tanto :( Esta vez, actualizaré más seguido y esta historia terminará este año.

Se vienen muchos cambios… y claro que en el próximo capítulo les debo la primera vez entre Sesshōmaru y Rin. Sé que aquí hay fans de ambas parejas, pero también sé que hay lectores que son más fans de una pareja que de la otra; ya me ha tocado leer algún tipo de reclamo al no darle el "suficiente" espacio a la pareja de preferencia de ustedes, a todos esos lectores, quiero que entiendan que esta historia NO es de una pareja y NO solo me puedo enfocar en una. Los capítulos serán compartidos y a veces NO lo serán. Depende de mis ganas de escribir a tal pareja o no, siempre recuerden que si escribo mucho de una pareja en un capitulo, lo haré de la otra en el siguiente. Por favor no desesperen si leen mucho de la pareja que no es su favorita, eventualmente leerán de su pareja favorita en un capitulo siguiente.

Sesshōmaru y Rin compartirán su primera vez y también Kagome lo hará con InuYasha, harán el amor y no tendrán sexo, habrá cambio para ambas protagonistas y también se vienen cosas no muy agradables. También han preguntado acerca de la muerte de la mamá Higurashi y de si Kagome era o no virgen antes de hacerlo con InuYasha. Acerca de lo primero, lo veremos en capítulos futuros y de lo segundo: No, Kagome no era virgen. Recuerden que si tienen preguntas las pueden hacer y se las contestaré aquí. Espero leerlas en los comentarios, besos!

Gracias! Obrigada!


20.

―Rin… ¿te sientes bien? ―preguntó Sesshōmaru a su lado.

La boda había terminado y ellos se dirigían a su luna de miel a Hawái.

―Si… bueno, casi nunca viajábamos en aviones y…

Sesshōmaru pasó una mano grande por su espalda y le acarició con cariño.

―Está bien. Este es el avión privado de mi familia, es seguro, he volado muchas veces en él.

Rin asintió rápidamente.

―Gracias ―suspiró y se recargó en su asiento.

― ¿Estás cansada? ―preguntó admirando a su nueva esposa.

Ella asintió con ojos cerrados.

―Mucho. Creo que nunca había bailado tanto en mi vida ―se rio―. Fue perfecto, gracias ―le sonrió.

Sesshōmaru negó.

―Gracias a ti. Te veías hermosa.

Ella se sonrojó.

―Lo dijiste un millón de veces en la boda.

―Lo seguiré diciendo un millón más.

Ella no supo que decir, Sesshōmaru era tan guapo y perfecto que a veces se sentía poca cosa a lado de él. ¿Por qué la había elegido a ella si Kagome había sido la primera opción? Kagome era… era perfecta, no tenía miedos de nada y era radiantemente hermosa. Ella era bajita y según ella no tenía nada fuera de lo común, pero aun así Sesshōmaru la había escogido a ella.

―Dime, Sesshōmaru… ―susurró, él le prestó atención casi de inmediato―. ¿Por qué no elegiste a Kagome?

Sesshōmaru sonrió apenas, algo diminuto y casi visible.

―Ni siquiera la vi a ella, Rin. Solo vi tu foto y fue todo.

― ¿No la viste? ¿De verdad? ¿Y qué tal si la hubieras visto primero?

Sesshōmaru negó.

―Hubiera sido lo mismo.

― ¿Estás seguro?

―Eres la mujer más hermosa que he visto en toda mi vida, deja de pensar en tonterías, ahora eres mi esposa.

Ella asintió.

―Jamás escogería a nadie sobre ti Rin, nunca en la vida ―le escuchó decir después de unos segundos más.

Rin volteó a verlo y le tomó la mano, era cierto, debía dejar de pensar en tonterías.

― ¡Vaya! Es muy bonito aquí ―dijo Rin cuando habían llegado a Hawái y entrado al hotel―. Y huele tan bien, huele a mar y a flores, ¡quiero ir a la alberca! ―gritó emocionada, zarandeando a Sesshōmaru del brazo quien se dejaba hacer por Rin.

―Haremos lo que desees, pequeña.

Ella arrugó el ceño.

―No soy tan pequeña…

―Para mí lo eres ―se mofó.

Ella le pegó un manotazo y él pudo reír pero no lo hizo. Rin le provocaba reír y hacer gestos que nunca había hecho jamás ya que su reflejo inmediato era esconderlo, aunque a veces si podía permitirse reírse porque esa chiquilla era…

― ¡Sesshōmaru! ¡Un concurso para ganar una dotación de papas fritas por todo el año! ¡Tenemos que participar! ―gritó emocionada.

Sesshōmaru suspiró. Si, Rin era tan Rin.

―Tengo hambre… vayamos a comer ―pidió Rin cuando hubieron acomodado todo en su suite.

Sesshōmaru asintió.

― ¿Quieres comer algo en especial?

Rin negó.

―Lo que haya en el restaurante del hotel, no me importa, tengo mucha hambre.

Sesshōmaru admiró a Rin con ese vestido floreado que había comprado en una de las tiendas del hotel, le llegaba arriba de las rodillas y con todos los saltitos y vueltas que daba tenía que asegurarse estar detrás de ella para que nada viera nada.

―De acuerdo, pero solo si no saltas tanto… ―dijo suspirando y tomándola de la mano.

Rin rodó los ojos.

―Tengo una licra puesta… cálmate ―bufó.

Sesshōmaru la vio de reojo desde sus dos metros de altura.

―Aun así, no me gusta que los demás hombres te vean.

Rin se pegó a su brazo mientras avanzaban al elevador.

―A ti también te ven mujeres ―se encogió―. Pero está bien, estás conmigo así que no pasa nada.

Sesshōmaru sonrió apenas. Ambos entraron al elevador con una pareja mayor que platicaba algo en inglés. Rin y Sesshōmaru los observaron y cada uno se preguntó si llegarían a estar juntos a esa edad.

― ¿Tú crees que podamos ir al arrecife? Vi un anuncio de…

Rin continuó hablando y hablando mientras que Sesshōmaru ponía atención y la veía mover las manos para estoy para aquello. ¿Cómo una persona tan pequeña podía hablar tanto? ¿Cómo podía tener tanta energía? ¿De dónde sacaba las fuerzas para jalarlo y enseñarle todo lo que le gustaba o veía?

― ¿Sesshōmaru? ―Preguntó cuándo entraban al restaurante―. ¿Me estás escuchando?

―Sí, podremos ir al show en la noche también.

Rin sonrió pero entrecerró los ojos.

― ¿En qué piensas? Sé que no hablas mucho pero…

Él le mostró una media sonrisa que ella solo le había visto darle a ella, se sentía bien ser la única.

―En ti.

Ella rodó los ojos.

―Adulador.

Él soltó una risa que a ella le puso la piel chinita y dejó un beso en su frente.

―Sigues siendo un adulón.

El rio un poco más y se dirigieron al bufete.

Muñecas

― ¿Estás feliz por Rin?

Kagome le sonrió al hombre a lado de ella. Había pasado menos de dos días desde la boda de Rin y Sesshōmaru, y Kagome e InuYasha regresaban a su vida de fugitivos en aquel pequeño departamento en donde ambos vivían día a día algo nuevo.

―Claro que lo estoy. Se veía tan feliz y contenta ―sonrió con nostalgia―. Mamá hubiera estado orgullosa de ella.

InuYasha asintió.

―Recuerda, ahora tienen dos nuevas madres. Irasue es algo fría pero es una buena mujer ―se encogió.

Kagome asintió.

―Tu madre es muy dulce.

―Y no has visto nada ―suspiró él, haciéndola reír.

Ambos se encontraban sentados en sofás de la sala, tomando té y café y platicando amenamente. Kagome se sentía más y más a gusto con InuYasha. Podría decir que lo amaba, no quería admitirlo pero sabía que dentro de ella ese sentimiento estaba dando golpes contra todo para poder salir a flote.

― ¿Y tú? ―preguntó él, después de unos minutos en silencio.

― ¿Yo? ―ella volteó a verlo.

― ¿Eres feliz?

Kagome se quedó en silencio por unos segundos largos en lo que contempló a InuYasha con ojos de amor. Jamás pensó que se llegara a sentir de esa forma con un hombre. Después de Bankotsu y de sus intentos de pertenecer al mundo normal de relaciones normales… y tras sufrir la decepción amorosa que la había hecho encontrarse con InuYasha y ser "capturada" por él, no pensó que volvería a querer sentirse con mariposas en el estómago.

―Muy feliz ―le respondió y tomó su mano, poniendo la vista fija en sus manos unidas―. Soy muy feliz.

InuYasha le sonrió y se acercó a ella para besarle los labios.

―Apuesto a que soy más feliz que tu ―le susurró a los labios.

Ella sonrió con intensiones malvadas y lo vio a los ojos.

― ¿Y qué estamos apostando? ―preguntó con ojos entrecerrados.

InuYasha sonrió al igual.

―Un beso.

Ella rodó los ojos.

―Que cursi ―dijo parándose de ahí.

― ¿A dónde vas? ―dijo tomándola por la cintura y sentándola sobre él.

―Por más café.

El negó y comenzó a restregar su cara contra su espalda, ella rio.

― ¡Oye! Me haces cosquillas ―dijo carcajeándose―. ¡Basta! ―se rio de nuevo―. Pareces un perro ―se carcajeó.

―Hueles bien ―dijo empezando a olfatearla.

Ella siguió riendo mientras las manos de él iban a su estómago y la empezaban a cosquillear.

―Tienes más carne ―comentó él como si nada.

Ella boqueó indignada.

― ¿Disculpa? Que grosero eres… ―farfulló de mala gana―. ¡Pues es tu culpa! Todos los días me haces de comer y me das comida chatarra ―se quejó.

―El sexo debería quemar todas esas calorías, pero por lo personal me gustas más así… creo que tendremos que dejar de tener sexo hasta que estés un poco más llena ―dijo abrazándola y pegándola a su pecho.

Ella se restregó contra él, haciendo que su miembro cobrara vida, después rio.

―No creo que se pueda resistir a mí ―se burló.

Él gruñó.

―Deja de provocarme… niñita impetuosa. No más sexo hasta que estés más gorda, punto.

Ella rió.

―No creo que quieras verme gorda ―rodó los ojos.

Él la sentó de lado en sus piernas para verla a la cara.

― ¿Qué no lo sabes? Me gustan las mujeres corpulentas y llenas, tu eres un palo, tsk ―chasqueó la lengua.

Ella abrió la boca, sorprendida por eso.

― ¿En serio?

Él asintió.

―Así que reduciremos las actividades sexuales hasta nuevo aviso… hasta que te pueda agarrar un poco más y no te alcancé a rodear por completo con mis brazos ―le sonrió como un canalla.

― ¡InuYasha! No puedes hacer eso, sabes que solo te quiero por el sexo ―lo reprendió pegándole un leve golpe en el pecho.

Él levantó una ceja y sonrió apenas.

― ¿Es así? ―dijo comenzando a acariciar sus piernas.

―Lo sabes ―bufó viendo hacia otra parte.

―Bueno… si las cosas son así… entonces te mereces un castigo.

Ella volteó a verlo de inmediato, interesada de verdad.

― ¿Un castigo? ¿Qué tipo de castigo? ―preguntó, entrecerrando los ojos y viéndolo con suspicacia.

El rio por lo bajo.

― ¿Por qué no estás asustada? No creo que te vaya a gustar mucho lo que estoy pensando… es un castigo por ser tan insolente y solo me provocará placer a mí, te usaré como a un juguete sexual ―le dijo con la voz ronca y seca a la vez.

Las pupilas de Kagome se dilataron y sus jugos vaginales empezaron a manchar sus braguitas.

―Y… ¿Qué es? ―preguntó interesada.

InuYasha sonrió de lado y tomó su barbilla con fuerza.

―Usaré tu boca como una vagina.

Kagome abrió los ojos y tragó en seco. Un silencio pequeño se hizo en la habitación mientras que ella se imaginaba el escenario.

―Mi… ¿bo-boca? ―dijo mordiéndose los labios.

―Sí, así es ―asintió, acariciando su rostro y trazando figurillas en su cuello―. Solo para mi placer personal.

―Pues… suerte con eso ―balbuceó, haciéndose la desinteresada y tratando de pararse. Él la detuvo―. Oye…

InuYasha rio y la apretó todavía más contra su erección.

― ¿A dónde vas? Es tiempo de castigarte.

Kagome quería, de verdad lo quería, quería que la usara para lo que él quisiera, pero tenía que resistirse, si no aquello no sería un castigo.

―No me puedes obligar ―dijo tratando de pararse de nuevo.

El rio.

―Es un castigo, nena, puedo hacer lo que quiera ―la apretó todavía más, dolorosamente, aplastando sus piernas y haciéndola gemir sin querer―. No lo disfrutes tanto, no te gustará ―le susurró al oído.

―No lo estoy disfrutando ―bufó.

Sin avisar, InuYasha se paró y la tomó de la muñeca con fuerza.

―Vamos, camina rápido ―le ordenó mientras la arrastraba por detrás.

― ¡Oye! ―protestó mientras trataba de zafarse―. ¡Me lastimas! ―dijo, InuYasha la tomaba fuertemente de la muñeca, estaba segura que quedaría una marca.

El rio macabramente.

―No te quejes, ¿solo me usas para el sexo? ―le preguntó viéndola desde sus casi dos metros de altura―. Necesito enseñarte una lección.

De un momento a otro, Kagome se vio aplastada contra la cama mientras que ese hombretón le arrancaba la ropa de encima.

― ¿InuYasha? ―preguntó ella mientras que él la desvestía con poco tacto.

Él la vio por unos segundos y le sonrió.

―Está bien, no haré nada que no quieras ―le aseguró. Ella se mordió el labio inferior y asintió despacito―. ¿Puedo proseguir? ―preguntó; ella asintió de nuevo.

Kagome no sabía que era lo que iba a pasar. Habían tenido mucho sexo pero InuYasha jamás había sido así de rudo. Admitía que al principio ella había tomado el rol dominante y se había sentido bien, pero ahora… se sentía mejor cuando ella lo hacía.

― ¿Qué me vas a hacer? ―preguntó, cuándo el arrancó sus pantaletas, casi rompiéndolas.

InuYasha sonrió como lobo.

―No te voy a hacer nada, tú me harás algo a mi… recuerda, es tu castigo y tendrás que satisfacerme.

Ella se sonrojó y trató de taparse sus pechos cuando él la vio con intensidad. Él rio y le quitó las manos.

―No te tapes ―ordenó―. Obedece todo lo que yo digo ―dijo empezando a amasar sus senos.

Ella ahogó un gemido y se quedó quieta sin saber qué hacer. InuYasha estaba vestido y sobre ella, tomaba sus pechos con rudeza y estiraba los pezones con fuerza.

―Ah… Inu… ―gimió sintiendo dolor y placer a la vez―. No seas tan rudo… ―pidió en una vocecilla ahogada por exclamaciones de gusto.

―No puedes decirme que hacer, cállate de una buena vez ―le dijo empezando a golpear sus pechos.

― ¡InuYasha! ―gritó viendo sus pechos rebotar de un lado a otro mientras que él les daba bofetadas.

Él sonrió al ver la moción de esos senos pequeños.

―Eres tan hermosa ―susurró, ensimismado en su labor―. Podría… hacer de todo con estos pechos ―los abofeteó todavía más fuerte y ella gritó.

InuYasha podía a ver los inicios de un color rosa comenzando a formarse y sonrió satisfecho. Después bajó su boca y comenzó a lamer las partes más rojas, su lengua pasó de ahí allá y ella suspiraba, tomando su cabello y estrujándolo con sus manos, haciendo que él tomara con más fuerza sus pezones.

―InuYasha… más, más fuerte, por favor… ―rogó mientras que lo veía tomar sus pezones entre sus dientes, casi masticándolos frente a ella ― ¡Ah! ―gritó cuando él estiró un pezón con, ella pensó, unas ganas de arrancarlo fuera de su pecho―. Si… ―lagrimeó llena de felicidad.

― ¿Te gusta tanto esto? ―preguntó tomando el otro pezón entre sus dientes y lamiéndolo con más suavidad, pasando su lengua alrededor de la aureola con una suavidad que la relajó.

Ella suspiró y masajeó lentamente su cuero cabelludo.

―Sabes que sí ―respondió―. Canalla ―murmuró―. Ven acá ―lo subió y besó su boca abierta.

InuYasha la complació antes de hacer lo que planeaba hacerle. La besó tiernamente mientras tomaba con ambas manos sus pechos y los masajeaba de arriba abajo.

―Fui rudo, lo siento, nena.

Ella negó y una sonrisa pequeña se instaló en su rostro.

―Estoy bien. ¿Qué sigue? ―preguntó, un poco intrigada.

Él entrecerró los ojos.

―No lo sé… ―dudó.

―Vamos, fui mala, ¿recuerdas? Tienes que castigarme ―lo retó con la mirada.

InuYasha sonrió apenas y le dio un último beso.

―Si quieres que paré solo levanta una mano y muévela frente a mi cara, ¿de acuerdo?

Kagome arrugó el ceño pero terminó por asentir. InuYasha asintió de vuelta y se quitó la ropa, Kagome viendo todo con mucha atención, preguntándose en que la usaría.

InuYasha pareció leer sus pensamientos ya que le sonrió con calma, asegurándole que todo estaría bien, no sabía porque… pero ella le creía. No era bueno tenerle tanta confianza a un hombre, no después de lo de Bankotsu.

―Está bien, nena. Si quieres que pare, recuerda.

Ella asintió de nuevo y cuando vio a InuYasha desnudo frente a ella, se maravilló ante la imagen. Siempre lo hacía, ese cuerpo… esos músculos morenos y esos tatuajes sobre ellos eran dignos de una revista de modelos. Kagome admiraba cada uno de los tatuajes de InuYasha como si fueran obras de arte. Cada tatuaje representaba algo relacionado a su clan, muertes, victorias, status, rango… Kagome sabía que no todo dentro de los clanes de yakuzas era miel sobre hojuelas, ella lo había visto con sus propios ojos, la sangre y las lágrimas derramadas, el sudor de los guerreros japoneses y las armas que llevaban. Pero también había otra cara a esa mafia que todos temían, había fuertes líderes capaces de crear familias, había empresarios, había obras de caridad, había muñecas como ella… mujeres que eran protegidas con sangre y dientes ante todos.

Kagome pudo ver eso en el cuerpo de InuYasha, lo había visto también en el de su padre, en el del padre de InuYasha y en Sesshōmaru por igual. Kagome supo que esa batalla interna era solo suya, el camino que su padre había trazado para ellas no era más que un tipo de vida, una vida que la había tocado a ella. Con la ayuda de InuYasha estaba superando todo eso, estaba viendo las cosas de una forma diferente y estaba saliendo adelante, dejando los prejuicios atrás.

¿Podría amar a InuYasha?

― ¿Cariño? ¿Estás bien? ―dijo él viendo los ojos lagrimosos de Kagome.

Ella asintió de inmediato y una mano voló rápidamente a su rostro a alejar lágrimas que sin permiso habían empezado a salir de sus ojos.

―Yo… ―las palabras se quedaron atascadas en su boca, no podía ni recordaba que era lo que iba a decir―. Yo…

― ¿Kagome? ¿Es mucho para ti? Lo dejaremos para otro día… lo siento tanto…

Kagome negó con la cabeza de inmediato.

―No eres tú. No es esto ―dijo quitándose con furia las lágrimas de las mejillas―. Yo solo…

InuYasha la tomó en brazos y la acomodó a su lado, ambos acostándose sobre las almohadas.

― ¿Qué pasa? Sabes que puedes confiar en mi ―murmuró mientras acariciaba con delicadeza su rostro.

Kagome hizo una cara tonta y, esta vez, las lágrimas salieron de sus ojos disparadas a las manos de InuYasha. Él abrió los ojos como platos y se quedó quieto viendo eso. No le gustaba ver a las mujeres llorar… no creía que ningún hombre dentro de sus cabales disfrutara de la vista.

―No sé qué pasa pero no me gusta ―habló con voz grave y consternada―. Por favor, nena.

Ella sonrió entre sollozos.

―Lo siento, Inu… yo solo… he pensado mucho y mucho, y un poco más ―dijo abrazándolo con mucha vehemencia, escondiendo su rostro en su pecho tatuado―. Perdón por arruinar esto.

InuYasha negó aunque ella no lo estuviera viendo y la atrajo más a su cuerpo.

―No has arruinado nada, Kag… Quiero saber qué te pasa, odio que llores… dime que sucede.

―Creo que te amo.