Gracias a todos los que dejaron review y alertas: Cath Meow, floresamaabc, Tu Amor( jajajaja), Marlene Vasquez, Alexa grayson hofferson, SolMoreno03, Ladyofsweetanddarkdreams897, Daiisevani y a todos los que me agregaron a favs y alertas.

¡Hola! Ni me voy a disculpar por la tardanza y ya no les voy a preguntar nada. Ahora me ha llegado la inspiración después de medio año o un poco más. Han pasado cosas muy pesadas en mi vida personal y he dejado el mundo del internet un poco para enfocarme en la vida real. Sé que muchas dejaron de leer así que espero ver de perdido a algunas de ustedes por ahí… las quiero mucho. Espero sus comentarios.


22.

InuYasha se le quedó viendo y ella escondió su mirada contra sus manos.

― ¿Qué? ―Kagome lo escuchó pero no pudo decir nada―. ¿Me amas?

Kagome asintió y se quitó las manos de la cara, InuYasha no dijo nada más.

―Yo… ¿estás molesto?

InuYasha arrugó el ceño, de repente Kagome no entendía nada, ¿por qué el reaccionaba así?

―No… lo siento Kag, no lo estoy.

Kagome esperó algo más, algo como… yo también te amo, pero él no dijo nada. De repente la situación se había vuelto extraña y Kagome no supo cómo manejarla, así que se quedó inmóvil con un InuYasha perplejo y pensativo, ambos desnudos, lo cual hacía la situación aún peor.

―Me daré un baño ―anunció él, de repente.

InuYasha salió rápidamente de la habitación y ella escuchó la puerta del baño ser cerrada.

― ¿Qué carajos…? ―Kagome se quedó sola y desnuda, sin saber que era lo que había pasado o como descifrar la mirada y el tono de voz de InuYasha.

Suspiró y se vistió, un poco desorientada. ¿Qué estaba pasando? Algo no bueno, le susurró su parte consiente y racional.

InuYasha tomó una ducha larga, parado y sin hacer mucho en realidad más que dejar que el agua cayera sobre sus músculos y resbalara por sus grandes y numerosos tatuajes. ¿Qué le estaba pasando? ¿Por qué de repente pensaba en su antiguo amor al estar con Kagome? ¿Por qué esas palabras le habían revuelto tanto en tan pocos segundos?

Creo que te amo.

¿Amor? Todavía recordaba haberle dicho que era suya y ella que él era de ella. ¿Por qué ahora se asustaba con la mención del amor? ¿Qué no se implicaba lo mismo? InuYasha empezó a sentir un dolor inusual de cabeza, resultado de las pocas veces que tenía que pensar tanto para algo. Amor. Él había amado a Kikyō, su antiguo amor, pero Kagome… no sabía que sentía respecto a Kagome. Sabía que no quería apartarse de ella, sabía que si algo pudiese pasarle… no lo soportaría.

Kikyō… esa mujer había dejado serios estragos en él. Una mujer hija de un mafioso de rango menor que lo había seducido con sus miradas de bruja y con sus uñas largas y rojas. Esa mujer había hecho que él cayera a sus pies que siempre iban decorados de joyas y tacones de suela roja. Tal vez debía aceptar que, a pesar de que había pasado casi un año desde su separación, seguía pensando en ella de vez en cuando. No era algo obsesivo, solamente un pensamiento fugaz de lo que ella había hecho, las cosas buenas y las malas también.

Quería a Kagome, quería estar con ella, quería ser el hombre de su vida, el hombre que despertara con ella todos los días, quería ese tipo de vida cursi y llena de sexo y risas. Pero a veces sentía que…

― ¿InuYasha? ¿Estás bien? ―ella tocó a la puerta.

InuYasha apagó la regadera de inmediato.

―Sí, salgo en un momento ―respondió.

Kagome no dijo nada más y él salió en una toalla. Ella lo esperaba sentada en la cama.

― ¿Qué pasa? ―preguntó, su rostro esperando lo peor; él lo sabía, había visto ese rostro antes.

Él suspiró y se acercó a ella.

―Lo siento, nena ―fue lo único que pudo decir.

Ella arrugó el ceño.

― ¿Lo siento? ¿Qué sientes?

―Por alejarme de ti de esa forma. Tenía que despejar mi mente.

Ella lo vio en silencio y asintió, bajando su mirada al suelo.

―Lo entiendo. Decirte eso tan repentinamente… no estabas preparado.

Él no lo negó y ella sonrió con tristeza.

―Lo que tenemos es…

―Ni lo digas ―susurró ella, dolida y con una sonrisa irónica en el rostro―. Por favor no lo hagas.

―Es grandioso, lo quiero para toda la vida ―continuó.

Ella casi ríe.

― ¿Pero? Siempre hay un pero con ustedes ―murmuró con rabia.

InuYasha maldijo mentalmente al tipo previo que la había hecho sufrir, no quería que por un mal tipo, todos fueran juzgados de la misma manera. Pero en ese momento, sabía que él no le estaba dando muchas razones para pensar diferente.

―Creo que todavía tengo cosas que resolver con…

Kagome subió la mirada de inmediato, aquellos ojos no dejándolo terminar la oración, ella sabía. Si, lo sabía.

―No lo digas ―advirtió con ojos grandes y llenos de rabia, dolor y tristeza―. No digas su nombre ―siseó entre dientes.

―Lo siento, Kagome. Tengo que arreglar todo esto primero.

Vio a Kagome hacer manos sus puños y pararse frente a él.

― ¿Y aun así pensabas casarte conmigo? ―Pudo ver su rostro lleno de culpa reflejado en esos ojos chocolate―. Maldito. ¿Qué tal si ella hubiera regresado por ti? ¿Qué tal si se hubieran topado en algún lugar y te hubieras dado cuenta que no querías está a mi lado? ¿Me hubieras dejado por esa mujer? ―Él quiso protestar, decir que no, pero ella ya hablaba más y más―. ¿Por qué? ¿Por qué hacen esto? ―preguntó más al universo que a él―. Me equivoqué tanto, InuYasha Taishō. Pensé que no serías igual a… ugh, pensé que serías diferente ―se corrigió.

―No soy igual a ese patán que te hizo daño, te aseguro que no te hago daño intencionalmente, no sabía que todavía había cosas en mi interior a las cuales tenía que dar clausura.

― ¿Solo es eso? ¿Una clausura? ―él, de nuevo, no dijo nada. Ella rio―. No lo es, lo sabía, lo sabía ―repitió en un murmullo.

Él se fregó la frente con una mano en un intento vano de desaparecer aquel dolor de cabeza que había aumentado a medida que esa conversación se hacía más y más pesada, llenándolo de culpa por ver el rostro lleno de emociones negativas de la mujer con la que tenía que haberse casado hacía meses.

―No lo sé ―admitió, derrotado.

―Genial, simplemente grandioso. Solo estabas caliente por mí, diciéndome todas esas cosas en la boda de mi hermana, de cómo era tuya, teniendo sexo por todo el condominio, actuando como un maldito novio para después dejar caer esta bomba.

―No solo estaba caliente por ti –protestó, ella lo vio con una mala cara y él suspiró―. No quiero perderte, Kagome. Significas mucho para mí, por favor déjame arreglar esto, por favor espera por mí ―casi no se reconocía a sí mismo. El InuYasha arrogante que la había secuestrado aquella noche estaba rogando por una oportunidad, era de locos.

Ella casi pierde los estribos, él pudo verlo.

― ¿Esperar por ti? Ugh… sabes… ¿sabes lo mucho que he… ―no pudo terminar esa pregunta―. Sabes acerca de mi padre, y de Bankotsu, el tipo que me engañó ―ella dijo, haciéndole hervir la sangre a la mención de ese hombre que la había lastimado, ahora él también la estaba lastimando. ¿Por qué tenía que sentirse de esa forma justo cuando las cosas con Kagome estaban saliendo bien?―. ¿Por qué me haces esto? ―preguntó lastimeramente.

InuYasha hizo que se sentara en la cama y él lo hizo a su lado.

―Quiero estar contigo ―le prometió―. Pero tengo que arreglar esto primero.

Kagome no dijo nada, solo lo vio con vacío en sus ojos y asintió ausentemente.

―Haz lo que tengas que hacer, InuYasha. Pero no esperes que me quede sentada esperando por ti.

InuYasha maldijo a los Dioses y se dio cuenta que Kagome tenía razón; no podía hacerle algo así, no podía pretender que ella se quedara esperándolo. Solo rogó que cuando él terminara de arreglar todo, Kagome siguiera dispuesta a tener una vida a su lado.

Las Muñecas de la Mafia

Rin y Sesshōmaru habían disfrutado de un show Hawaiano con palos de lumbre y mujeres y hombres en vestimentas de Hulla bailando al ritmo de los tambores. Rin jamás se había divertido tanto y Sesshōmaru se había devorado a esa nueva Rin sonriente por todo. Con solo dos días ahí, aún sentía que no podía quitarle a Rin lo único que quedaba de su inocencia y de su pureza. No quería ser el responsable de arrebatarle eso. Rin era perfecta así como estaba y, aunque quisiera tomar acción ahí mismo, no quería cambiar la esencia de su esposa. Esposa. ¿Cómo es que esa chiquilla tonta e inocente se había vuelto suya?

― ¿Sessh? ―interrumpió ella―. ¿Estás bien? ―le tocó el rostro con aquella delicadas manos.

El toque fue natural, como si estuviera acostumbrada a ello durante mucho tiempo. Él no protestó.

―Estoy bien, lo siento Rin. ¿Quieres irte ya?

Algo brilló en los ojos de ella, una promesa que a él le apretó el pantalón. La luna se reflejó en el cabello lustroso de Rin y en unas pupilas cafés que empezaban a destellar brillos de una leve lujuria blanca. Él tragó en seco.

―Si ―fue lo único que dijo.

Sesshōmaru sabía que ahora ella estaba un poco ansiosa por no haber pasado la primera noche de esa forma, solamente habían decidido dormir en los brazos del otro, pero nada más había pasado. Ahora podía ver esa ansiedad en los ojos y en los movimientos extra rápidos de Rin. Suprimió una sonrisa y sus ganas propias de hacer todo con ella mientras que ella lo jalaba hacia la playa.

―Un rato, ¿sí? El cielo está maravilloso. No se ven tantas estrellas en Tokio ―dijo caminando de la mano de Sesshōmaru quien la tenía bien agarrada, devorando cada segundo que podía para sentir su piel contra la suya.

―Está bien, podemos hacer lo que tú quieras.

Rin sonrió.

―Haz dicho eso antes, varias veces, de hecho ―le dijo―. ¿Qué quieres hacer tú? ―lo vio fijamente mientras caminaban.

Sesshōmaru sonrió de lado, algo muy leve que Rin apreció de verdad.

―Estar contigo es suficiente ―respondió en voz baja.

Rin evitó no sonrojarse pero supo que fue posible.

―Adulador ―susurró y él rio.

Ella de verdad apreció esa risa, más que la sonrisa y más que todo. Sesshōmaru pocas veces reía y cuando ella lo escuchaba era como si él se lo dedicara solamente a ella. Era tan perfecto que le parecía cursi.

―Me gusta verte, divertirte, reír, comer, ser tú. Nunca había conocido a alguien como tú ―admitió.

Rin se quedó callada por un buen rato, no estando acostumbrada a escuchar ese tipo de palabras.

― ¿Rin?

Rin volteó su cabeza para verlo.

― ¿En serio? ―dijo ella.

Él volvió a sonreír de nuevo, no creyendo que esa niña no creyera todo lo que él le acababa de decir.

―No te mentiría.

Rin se apretó más a su mano y enredó su pequeño brazo en el grande de él.

―Está bien, te creo ―suspiró contra su antebrazo.

Él quiso reír pero reprimió sus ganas. La felicidad que Rin le hacía sentir era algo que jamás había experimentado jamás, era ridículo que Sesshōmaru Taishō quisiera reír y sonreír, si su padre lo estuviera viendo… InuYasha se burlaría de él como nadie.

―Tú… también eres diferente a todas las personas que he conocido jamás ―dijo ella―. Bueno, no he conocido a muchas personas antes ―murmuró para sí misma―. Pero eres mi favorita de todas ―le dijo viéndolo con esos grandes ojos chocolate.

En ese momento, Sesshōmaru tuvo que reprimir las ganas de tomarla de las caderas y correr hasta la habitación que compartían.

― ¿Soy tu persona favorita? ―dijo con una nota de burla, molestándola un poco para ver que rostro le mostraba―. ¿Es así?

Rin, de inmediato, comenzó a balbucear cosas ahí y allá.

―Pues… si, ya sabes tú… ―dijo unas cosas más a las que él no entendió nada, balbuceos acerca de cómo habían muchas personas en el mundo y que él se debía sentir afortunado de ser la persona favorita de ella―. ¡No! No lo dije de esa forma ―se corrigió de inmediato―. Ya sabes, lo que trato de decir es que…

Sesshōmaru no pudo más y rio, ella se sacudió junto al brazo que se había movido.

― ¿Qué? ¿Qué? ―Preguntó ella de inmediato―. ¡Te burlabas de mí! ―Gritó enojada, pegándole en el brazo que ahora no la dejaba ir por más que ella quería separarse―. ¡Abusivo! ―volvió a acusar y a pegar.

Sesshōmaru tuvo que disminuir su risa para que Rin dejara de pegarle, aunque hasta eso era gracioso y se sentía bien.

―Lo siento, pequeña ―le dijo tomándola en brazos y haciendo que ella gritara.

― ¡Que haces! ¡Eres muy alto! ―Gritó aferrándose a su cuerpo de inmediato mientras que él la levantaba en el aire y la atraía hacia él―. ¡Me voy a caer! ―dijo tomando su cabeza con mucho fervor, escondiendo su cara en el hueco de su cuello.

Por lo mientras, Sesshōmaru se maravillaba en la facilidad de poder cargar a Rin, de tomarla y hacerla suya cuando él quisiese, era tan pequeña y él era tan grande… era una ventaja que planeaba aprovechar y aprovechar todos los días.

―Estás bien, no te voy a soltar ―aseguró, caminando con ella en brazos.

Ella suspiró.

―Está bien ―accedió mientras encontraba una posición cómoda―. ¿Estoy pesada?

Sesshōmaru la tenía bien agarrada de las piernas y ella se aferraba a la mitad superior de su cuerpo con brazos y piernas. Sesshōmaru tuvo que tragarse un gruñido al sentir las manitas de Rin jugar con sus cabellos.

―No estás pesada, no digas sandeces ―la regañó ella.

Ella rio bajito.

―Me gusta tu cabello ―susurró contra su cuello.

―A mí me gusta el tuyo.

Se quedaron en silencio por unos minutos más en donde ella había sacado su cabeza de su escondite y ahora veía las olas y las estrellas con ojos muy abiertos.

―Sessh… ―susurró, apretando todavía más su cuerpo al de él.

― ¿Hm? ―murmuró él, disfrutando de la paz que era todo aquello.

― ¿Lo vamos a hacer hoy? ―susurró con una vocecilla, aun abrazada a su cuello.

Sesshōmaru paró de repente y todo su cuerpo se tensó. Aquella pregunta hizo que algo doloroso y placentero se formara en algo en de donde Rin estaba muy cerca. ¿Cómo podía ella preguntarle eso? Era Rin, no había otra explicación.

―Es tu decisión ―soltó al fin.

Ella, de inmediato, trajo su rostro frente al suyo y arrugó el ceño.

― ¿Por qué tiene que ser mía si somos dos en esto? ―preguntó, con un poco de enojo.

Sesshōmaru suspiró y dio la vuelta para volver al hotel.

―No quiero hacer nada de lo que no estés segura, Rin.

Ella se mordió los labios, aun con el ceño arrugado.

―Estoy segura ―le dijo, viéndolo fijamente a los ojos―. De todo.

Sesshōmaru no pudo evitar tomarla con más fuerza de las piernas. La piel de sus muslos con la que sus brazos habían estado en contacto todo ese tiempo, hizo que todo dentro de él hirviera. Había bloqueado esa sensación para no perder el control pero ahora Rin destrozaba todo como si nada.

―Entonces regresemos al hotel ―una promesa escondida.

Rin sonrió y bajó a sus labios en donde deposito un pequeño beso.

―De acuerdo

.


¿Qué pasará ahora...? ¡Dejen sus opiniones, buajajajaja!