AVENTURA EN EL ZOO

Diez minutos después de haber salido, Abby abandonó todo intento de conversación. Serena solo pensaba en lo que haría al llegar al zoológico y Darien no parecía interesado en mantener una charla con ella, ya que apenas respondía a sus comentarios con sí, no y una infinidad de monosílabos. Finalmente se había decidido por cerrar la boca y limitarse a mirar por la ventanilla. Ella tendía a meter la pata, cierto, pero no lograba comprender como rayos podía haberlo echado todo a perder cuando lo único que había dicho había sido un "Hola, mucho gusto". Era injusto que Darien la tratara así y se lo diría. En algún momento.

_ ¿Cuánto falta, Darien? –pregunto Serena.

_ Ya casi llegamos princesa –contesto él sonriendo. No quería mirarlo, pero le era imposible. Sus ojos eran casi hipnotizadores. Y no lograba quitarle la vista de encima, por más que él apenas notara que existía. Como si la hubiera escuchado, en ese instante Darien giró el rostro hacia ella y la fulminó con la mirada. ¿Pero qué diablos le pasa a este tipo? Pensó Abby. No existía una razón coherente para su descortesía, por decirlo de alguna manera suave. Y si había una, más le valía a Darien que fuera muy buena, porque de lo contrario la imagen perfecta que Abby mantenía de él se borraría en dos segundos.

Volvió a mirar la ventana y mantuvo la vista fija en el paisaje por el que pasaban. Debía de ser un parque, ya que estaba lleno de árboles de cerezo y sauces. Algunos metros más atrás podía verse el contorno de un lago, y Abby, cerrando los ojos, deseó estar allí, recostada sobre un bote, oyendo nada más que el fluir del agua y el sonido de los pájaros. Sonrió ante aquella perspectiva, sería muy bonito poder ir. Más tarde se lo diría a Rei, tal vez ella y el resto de las chicas quisieran ir. Aun sonriente, abrió los ojos y se dio cuenta que Darien estaba mirándola por el retrovisor. No parecía estar enojado, sino que la observaba con curiosidad, como si quisiera preguntarle algo. Pero no dijo nada y enseguida volvió la vista al frente.

Llegaron a destino a los pocos minutos y Abby se sorprendió al enterarse que el parque que había avistado pertenecía a una reserva natural a cargo del zoológico.

_ ¿Les molesta si los dejo solos? –les pregunto a ambos-. Me encantaría ir a la reserva.

_ ¿Pero y los animales? Pensé que querías verlos –dijo Serena.

_ Así era, pero de camino he visto el magnífico parque que hay aquí y me gustaría verlo. Ustedes recorran el zoo, y nos encontraremos luego, ¿les parece?

_ No sería correcto. Vinimos todos juntos, así que iremos contigo –dijo Darien, para sorpresa de Abby y decepción de Serena.

_ Está bien, no es necesario. Darien, ¿es cierto que solo tienes un mes para estar aquí?

_ Si, ¿por qué lo mencionas?

_ Porque es muy poco tiempo para ustedes. Serena quiere ver a los animales, llévala y disfruta del día junto a ella. No se preocupen por mí, ya los buscaré más tarde.

_ ¿Estas segura? –preguntó su prima.

_ Segurísima. El lugar no es muy grande, no me perderé.

_ De acuerdo, vámonos Darien –dijo Serena. Él le dedico una última mirada a Abby y luego desapareció en la muchedumbre, dejando que su novia lo tomara del brazo.

Ya sola, la joven tomó un folleto con el plano del lugar y comenzó a caminar en dirección al lago. Había estado en lo correcto al decir que el lugar no era muy grande, por lo que en cuestión de minutos estuvo rodeada de árboles y flores de todo tipo. Se soltó el pelo y corrió hasta llegar al lago, disfrutando del cálido viento que acariciaba su rostro. La vista era preciosa: el sol estaba en su punto máximo y se reflejaba en el agua casi transparente, creando un arco iris cada vez que alguien, desde los botes que se encontraban allí, agitaba el cauce. Abby se acomodó contra un sauce que se encontraba tan al borde del lago que sus hojas más largas se hundían en el agua. Cerró los ojos e intentó poner su mente en blanco, pero por más que se esforzara su cabeza estaba repleta de signos de pregunta y no encontraba el porqué de nada. Primero, parecía no soportarla y luego se ofrecía a acompañarla. ¿Quién lo entiende? Aunque quizás solo estaba arrepentido del frio trato que le había dado y ahora intentaba ser amable, pensó, y decidió abandonar el tema por ahora. Lo mejor sería no pesar más en Darien, al menos tendría que obligarse a hacerlo si quería salir con su corazón ileso. Respiró hondo y trato de relajarse.

/

El sol la acariciaba suavemente, logrando un efecto de escalofrío con la fresca brisa que invadía el parque. Abby estaba descalza, caminando por el pasto y disfrutando del silencio más hermoso. De repente, un colibrí azul pasó por delante de ella a una velocidad increíble. La joven lo siguió con la vista y vio cómo iba recorriendo las distintas flores que inundaban el lugar. A los pocos segundos el pájaro volteo y comenzó a volar en dirección a un cerezo. Abby comenzó a correr para tratar de alcanzarlo, pero el ave era muy rápida en realidad. Ella intento aumentar la velocidad, pero tropezó con una piedra y cayo arriba de alguien que caminaba por allí. Se disculpó, tratando de ponerse de pie enseguida, pero no pudo moverse. El hombre tirado debajo de ella la miraba tenía unos extraordinarios ojos azules, y le sonreía con ternura.

_ Abby… –escucho que la llamaba-. Abby…

Esa voz. Era muy injusto, odiaba tener que oírlo allí también, pero como solo era un sueño, decidió que por esta vez no importaba...

_ Darien… –murmuró en un suspiro.

/

_ Ah, ¡con que si estas despierta entonces! Como no respondías, creí que estabas durmiendo.

Abby abrió los ojos y casi cayó al agua del susto.

_ ¡Darien! ¿Qué estás haciendo aquí?

_ Serena se preocupó porque no regresabas y me envió a buscarte. ¿Te encuentras bien? –le preguntó, sentándose a su lado.

_ Sí, todo está bien –respondió ella, alejándose unos centímetros de él-. Solo me he quedado dormida. Este lugar es tan hermoso… incluso puedes respirar la paz además de sentirla.

_ ¿Respirarla? –dijo confundido, girando hacia ella.

_ Claro –comenzó a explicarle Abby, alejándose un poco más-, si cierras los ojos y respiras hondo veras como la pureza del aire inunda tus pulmones, llenándote de paz. Anda, inténtalo.

Darien así lo hizo y entonces Abby pudo contemplarlo a gusto. Ciertamente no sabía cómo rayos iba a hacer para no pensar en él. Cuando Darien abrió los ojos, estos estaban más azules que nunca.

_ ¿Lo ves?

_ Es cierto. Jamás vengo aquí porque Serena se aburre, pero creo que ahora comenzaré a hacerlo. Y hablando de Serena ¿cuál es exactamente la relación que tienes con ella? –la cuestionó, tomándola con la guardia baja.

_ Eh… Mi madre y su madre son hermanas –respondió, retrocediendo y rezando en silencio que Serena no haya dicho nada.

_ ¿Y por qué nunca oí de ti? –volvió a preguntar, acercándosele.

_ Pues… porque no vivíamos aquí. Mi padre es de… Osaka y luego de casarse con mi madre se mudaron allí –explicó, retrocediendo más y con cuidado, ya que el suelo se acababa, dando lugar al agua.

_ Es extraño, aun así. Serena jamás te había mencionado, ni siquiera sabía que tenía una tía, mucho menos una prima.

_ ¿De veras? Pues supongo que no habrá surgido la oportunidad.

_ ¿En tres años?

_ Puede suceder –murmuro Abby, arrastrándose cada vez más atrás-. Quizás ella… ¡Ahhh!

Darien reaccionó al verla caer y la tomó del brazo, pero lamentablemente ya era tarde y acabaron cayendo los dos al agua. Por suerte el lago no era muy profundo y el agua apenas les llegaba a los hombros, pero aun así el momento no fue muy agradable. Abby se escurrió el pelo y comprobó los daños: estaba empapada de pies a cabeza y tenía la mitad de su remera con barro. Miro a Darien, quien además de estar mojado y embarrado tenía una hoja de sauce colgando de la cabeza. La imagen que mostraba fue más fuerte y no pudo evitar largar una carcajada a la que luego se le unió Darien. La gente en los botes los miraba y sonreía, pero eso carecía de importancia. Un rato después y aun riendo, ella se acercó y le quito la hoja.

_ Gracias –dijo él-, ni siquiera me había dado cuenta.

_ No es nada.

Luego Darien estiro la mano hacia su rostro y le quito un poco de barro de una mejilla.

_ Así está mejor –dijo.

Él la miraba con extrañeza, reflejando mil preguntas en su rostro, pero Abby habló primero… y lo arruinó.

_ ¿Qué es lo que tienes contra mí? –le preguntó, ahora tomándolo a él con por sorpresa.

_ Nada, ¿qué te hace pensar eso?

_ Oh, vamos. Cuando nos presentaron me miraste como si quisieras borrarme de aquella escena y apenas me dirigiste la palabra en todo el camino hasta aquí. Sé sincero, no me molesta en lo más mínimo.

_ ¿En serio? –parecía sorprendido.

_ Pues claro. Eres el novio de mi prima, pero no importas tanto como para afectar mi humor.

_ ¿De veras? Pues déjame decirte entonces que tú tampoco importas tanto como para darte explicaciones de mis acciones.

_ Bien, entonces.

_ Bien.

_ Ahora déjame pasar, tengo que ir al sol a secarme.

_ Por supuesto, no pretenderás subirte a mi coche en ese estado –le advirtió, haciéndose a un lado-. Más te vale estar seca para dentro de una hora.

_ ¡Acabo de decir eso, genio! –le gritó sin voltear mientras subía a tierra firme con dificultad, ya que sus ropas pesaban mucho. Cuando estuvo segura que no se caería, se marchó con toda la dignidad que pudo.

/

Darien la observó irse, enojado con ella y consigo mismo. No tenía pensado llevarse tan mal, después de todo era prima de Serena y en algún momento seria familia suya, pero al parecer no podía evitarlo. Todavía de mal humor, salió del agua y se tiró al suelo, dejando que sol lo secara.

Suspiró huraño. Sabía que tenía que hablar con ella luego, disculparse por su comportamiento, pero no creía que fuera a estar dispuesta a escucharlo después de semejante escena. De hecho, le daba la razón. Él no era una persona belicosa, muy pocas veces se enojaba y tenía que ser por una causa de fuerza mayor. Pero Abby lograba sacar lo peor de él, y el mayor problema era que Darien no entendía porque.

/

¡Estúpido Darien! Abby caminaba bajo el sol refunfuñando a más no poder. ¡Quien se creía que era para tratarla así! Ya no importaba que significara para ella, no cambiaría de opinión. Había pasado su vida entera con una versión distorsionada de Darien Chiba. Él no era el príncipe azul, sino el sapo con ego de príncipe, así que de ahora en más comenzaría a tratarlo como tal.

Satisfecha por el momento con su decisión, se recostó en el pasto y cerró los ojos, tratando de olvidar la leve caricia de Darien.

Volvió a abrirlos un rato después, cuando algunas nubes comenzaron a tapar el sol. Se puso de pie y se examinó cuidadosamente. Aunque su jean contaba con algunas manchas, al parecer ya estaba seco, al igual que su camisa. Levemente convencida de que se encontraba en condiciones de pasar desapercibida, se puso en marcha hacia la entrada del zoológico. Se alegró de no ver ni a Serena ni a Darien esperándola, al menos tenía un poco más de tiempo para pensar que le diría a su prima cuando la viera en ese desastroso estado. Aunque pensándolo bien, él también estaba empapado. Abby suspiró. Vaya a saber Dios lo que le había inventado.

Aun molesta, se sentó en uno de los bancos cerca de la entrada general y se dispuso a esperar que los tortolitos aparecieran. Los minutos pasaban, la gente iba y venía, pero ni Serena ni Darien se veían por ningún lado. La joven empezó a preocuparse. Tal vez les había pasado algo, quizás Serena se enojó y aún están discutiendo, tal vez… Era imposible que se hubieran olvidado de ella, ¿cierto? Salvo que… no. Ellos no la dejarían sola. Bueno, al menos Serena no lo haría. Solo se habían retrasado, eso era todo.

Pero el tiempo siguió corriendo y una hora después Abby se levantó, buscándolos por todas partes sin resultados. Ahora sí que estaba preocupada. ¿Qué rayos había pasado con ellos? Volvió a la entrada y le preguntó al encargado de seguridad si no había visto a una joven rubia con coletas acompañada de un muchacho con la ropa mojada o arrugada. Para su sorpresa, el hombre asintió.

_ Se fueron hace un rato. ¿De casualidad es usted Abby?

_ S-sí. ¿Por?

_ Parecían tener prisa cuando se fueron. Me pidieron que si alguien llamada Abby preguntaba por ellos les diera esta nota. Aquí tiene señorita.

_ Mu-muchas gracias –respondió extrañada. ¿Qué habría pasado para hacerlo irse tan pronto? Volvió al banco, y se sentó al tiempo que leía la nota:

Abby: te estuvimos esperando, pero mi querido Darien recibió una llamada muy importante y tuvimos que irnos enseguida. Puedes tomarte un taxi. Si no tienes dinero, dile que le pagaras al llegar a casa y pídele a mamá. Por favor discúlpanos.

Serena

Toda la angustia que sentía se esfumo en segundos. ¡La habían abandonado! No conocía a nadie allí, ¿cómo se suponía que iba a volver?

Enojada, se levantó y se volvió hacia la salida, con tan poca suerte que se chocó a alguien y ambos cayeron al suelo. Abby intento no gritar, lo último que quería era sonar como una histérica, pero este día ya se había pasado de malo.

_ Lo siento mucho. No vi que venias –le dijo el joven, ya de pie y ayudándola a levantarse.

_ No es nada. ¿Tú te encuentras bien? –contestó ella, intentando formar una sonrisa antes de mirarlo.

Una sonrisa que quedo a medio camino.

_ Eh… eh… tú eres…

_ Sí, soy yo –respondió suspirando-. Realmente soy muy malo para pasar desapercibido, ¿no lo crees?

_ Eh… yo…

_ No, no sirvo en absoluto. ¿De veras te sientes bien? Pareces muy pálida. Ven, te acompañaré a beber un refresco.

_ Oh, no es necesario –dijo Abby sin salir de su sorpresa.

_ Por supuesto que sí. No puedo dejar que piensen que te has puesto así luego de verme. No sería muy bueno para mí, ¿cierto? –le pregunto con una sonrisa.

_ Bueno… Supongo que tienes razón –dijo ella, intentado que su risa no la hiciera volver a caer.

_ Muy bien, entonces vamos.

_ Oh, pero yo… tengo que regresar… se hace tarde y no conozco mucho por aquí.

_ No te preocupes, te llevaré hasta tu casa si quieres.

_ ¿Cómo dices?

_ No me digas que me tienes miedo. ¿Sabes quién soy?

_ Sí, pero…

_ Entonces ya sabrás que no muerdo. Ven, acompáñame. Come algo conmigo en el buffet del zoo y luego te llevo de regreso.

_ ¿No era un refresco? –dijo ella, sonriendo.

_ ¿De veras? Creí haber dicho que necesitas comer algo –dijo él, riendo, mientras volvían a entrar.