N/A: Hola! Hoy quería comentar que estoy enamorada de los personajes, y que no puedo parar de escribir, y eso! jaja espero les guste :)


Llegaron a la UAC por separado, tomaron caminos distintos para no llegar al mismo tiempo, seguían pasando inadvertidos ante los ojos del resto del grupo y de los mandos más altos, eso era algo bueno, si seguían manteniendo lo suyo para ellos no tendrían ningún problema y aquello seguiría siendo solo de ellos.

-Te ves distinta, chica guapa. ¿Te hiciste algo?- preguntó Morgan a Emily aquella mañana.- estás radiante.- la hizo darse una vuelta.

-Nada. Absolutamente nada.- respondió ella con una sonrisa.

-Buenos días- saludó Hotchner, llegando diez minutos después que Emily.- nos vemos en la sala de conferencia en cinco minutos, tenemos nuevo caso- agregó serio, luego se retiró.

-¿Vieron eso?-Preguntó Reid, acercándose a Derek y Prentiss- El jefe llegó tarde.

-No llegó tarde- contraatacó Emily.

-Solo no tan temprano como siempre- dijo Morgan, apoyando a su amiga.

-De todos modos eso es nuevo- Red se encogió de hombros.

En ese momento entró el portero del edificio, con un ramo de flores. Tres rosas blancas.

-¿Y eso? –preguntó JJ al ver entrar al hombre.

-Para la señorita Emily Prentiss.- respondió el portero

Todos miraron a la mencionada agente, quién no supo que decir. Recibió las flores y vio que no tenía tarjeta.

-¿Quién lo envía? –Preguntó Penélope con curiosidad- ¡qué romántico!

Emily estaba muy sorprendida. Si Hotch se había atrevido a dejarle flores en la oficina había sido muy arriesgado, ¿cómo lo había hecho? ¿Le había pedido a alguien que las dejara por él? Por otro lado, ella no recordaba haberle dicho cuáles eran sus flores preferidas ¿Cómo lo había sabido?

-No dice nada- contestó Emily.

-Te las pondré en agua, guapa matadora- dijo Penélope quitándole las rosas y desapareciendo.

-Con permiso- dijo Emily, encaminándose a la oficina de Hotchner.

Tocó la puerta como de costumbre, y no entró hasta que oyó un "adelante" por parte de Hotchner.

-Permiso- entró tímidamente.

-Prentiss, ¿qué tal?

La pelinegra se acercó al escritorio, con el gesto serio.

-Gracias- dijo ella, dejando a un Aarón desentendido. ¿Le estaba agradeciendo por la noche que habían pasado juntos? Eso no tenía sentido, en ese caso agradecía él.

-¿Gracias por qué?- preguntó con el ceño fruncido.

-Por las rosas.- respondió ella con naturalidad, hablando bajito- ¿cómo supiste que eran mis favoritas?

Ahora sí que Aarón no comprendía nada. Él no le había mandado nada, su gestó se endureció, los celos lo atacaban, pero debía mantener la calma.

-Yo no te he enviado nada, Emily- admitió frustrado. Deseando haberlo hecho él y no otra persona.

Ahora era el turno de Emily de estar confundida.

-¡oh! Yo… no… lo siento, pensé qué…- dijo avergonzada.

-Em, hablémoslo después, ¿sí? Tenemos que reunirnos con los demás.

Aquel había sido un momento muy incomodo, y el ambiente se había tensado entre ambos desde aquella conversación.

Penélope García y la agente Jereau no perdían oportunidad de acercarse a Emily para preguntarle por el enamorado secreto que le enviaba rosas. Y Emily por su lado estaba agotada de decirles que no tenía idea quién podría ser, y que no había ningún enamorado.

Jennifer recordó la conversación hace unas semanas atrás cuando Emily le había contado sobre el reencuentro con un amigo, y asumió que él le podría haber mandado las flores, pero Emily no le confirmó.

Aunque era algo probable. Estaba casi segura que quién las había mandado había sido Ian Doyle, nadie más pudo haber sido, después de todo era él quién le había dicho que se la jugaría por ella. Emily estaba muy fastidiada.

Para el caso de hoy no tuvieron que viajar, era allí mismo en Virgina, así que cuando se hizo demasiado tarde pudieron irse directamente a sus casas.

Emily entró en la oscuridad de su apartamento siendo recibida por Sergio, como de costumbre. Resignándose a que aquella noche Hotch no la llamaría, estaba enojado. Todo por culpa de Ian y sus flores.

Hotchner llegó molesto a su casa. No solo por el hecho de que había muy pocas pistas del caso, ni porque no habían encontrado ningún cuerpo que diera indicios del asesino. Estaba molesto porque alguien le había dado flores a Emily. A su chica. Él sabía, tenía muy claro que realmente no era suya, que lo de ellos no tenía nombre, no eran nada oficial… pero aún así la idea de otro pretendiente lo volvía loco. Él quería tener la exclusividad en todo lo que tenía que ver con Emily, no quería terceros. ¿Quién le había regalado esas malditas rosas? Alguien que la conocía, incluso más que él. Alguien que sabía que a ella le gustaban las rosas blancas… alguien. Suspiró frustrado.

Recordó aquella vez cuando ella le habló de su ex. Él la llamaba constantemente, y aunque Emily no atendía las llamadas, de todas maneras no podía evitar sentirse molesto.

Estuvo pensando unos minutos sin despegar la mirada de un punto debajo de la mesa, mirando nada en realidad. Solo pensando.

Finalmente decidió llamarla. Aquello no era culpa de ella, y volvió a recordarse que no tenía derecho a molestarse. Era algo sin compromisos.

-Aarón- saludó feliz de que la llamara, pensaba que seguiría molesto con ella. Odiaba esa idea. Odiaba la idea que Ian lograra acabar con lo de ellos.

-Em- saludó de vuelta él. Su voz era todo lo que necesitaba luego de un mal día.

-Aarón, yo quería pedirte disculpas. Sé que… -comenzó a explicar, pero agradeció que Hotch la interrumpiera, realmente no sabía cómo disculparse de algo que ella no tenía la culpa.

-No es tu culpa, Em- admitió el hombre.- ¿fue Ian, verdad?

-Eso creo- se sinceró ella en un suspiro. Aarón por su parte cerró los ojos conteniendo su rabia y sus celos.

-¿Hay algo… entre ustedes?- preguntó con temor.

-dios, ¡no!- exclamó Emily.

-Bien, es todo lo que necesitaba saber, Em.

Se quedaron un momento en silencio, sin saber ninguno que decir. Habían tenido un mal día por algo no tan grave, pero se reconfortaban con tan solo una llamada telefónica, aunque en ese preciso instante ninguno decía nada.

-Mejor nos vamos a dormir, nos espera un largo día- finalmente habló Emily- que descanses, Hotch.

-Te quiero Em, que duermas bien.

-Te quiero-

Era tarde, la una de la madrugada cuando Emily colgó el teléfono con una sonrisa. Sabía lo que tenía que hacer. No tardó en prender su laptop y meterse a su correo electrónico personal.

"No lo vuelvas a hacer, Ian. Por favor, realmente me trae problemas que hagas esas cosas." Fue todo lo que escribió en el e-mail. Esperaba de corazón que fuese suficiente.

La semana fue horrible. Pocas veces tardaban más de resdías en un solo caso. Pero este había tardado cinco. Una semana completa. Una semana estresante y frustrante para todos. Con un total de 15 víctimas. Y para peor, cuando encontraron al SUDES, este había tomado a JJ como rehén, iba a dispararle de hecho, pero Emily había sido más rápida y aunque odiaba cuando tenía que hacerlo, le dio un disparo justo entre ambos ojos al criminal, lo mató. JJ no pudo más que agradecerle con un gesto.

Y ahora al fin estaba en casa. Segura, con la calidez de su estufa envolviéndola, con su gato pidiéndole mimos. Era casi suficiente para reconfortar una semana como la que terminaba. Solo le faltaba alguien, pero aquél alguien estaba con su hijo y ella no interferiría en ese momento, por mucho que lo necesitara.

Pasó el día sábado en cama, estaba realmente cansada y ese día había sido bastante reponedor. Había dormido casi 20 horas, hasta que sonó su celular.

-¡noche de chicas!- gritó Penélope al otro lado de la línea.

-Me dejaste sorda, García- se quejó la morena, alejando un poco el teléfono de su oído.

-Lo siento, querida. Nos pusimos de acuerdo con JJ, iremos a un bar, al de siempre mejor dicho. Beberemos y nos repondremos de la semana asquerosa que tuvimos. ¿A que no suena tentador?

De hecho sonaba muy tentador, necesario y entretenido. Y hace tiempo que no lo hacían. ¿Por qué rechazaría una oportunidad así? Necesitaba una noche de distracción con sus chicas, por supuesto que tomaría la oferta.

-Entonces, dónde siempre. A la hora de siempre.- confirmó ella.

Se juntaron a las 10 en el lugar acordado. El ambiente estaba buenísimo y se les vendría una noche excelente, eso era seguro.

Conversaron muchísimo. Penélope y Jennifer no perdieron ocasión para preguntarle a Emily por qué últimamente andaba tan feliz, distinta, con una chispa que hace muchísimo tiempo no veían en ella.

Emily lo negó completamente. No quería exponer su algo que tenían ella y Hotchner, por nada en el mundo, aunque odiaba ocultarles cosas a sus amigas, por ahora era lo mejor. Y era lo que había acordado con él, no rompería el trato por mucho que se muriera por contarles a las chicas.

-¿Y tampoco nos dirás quién te mandó las rosas?- insistió JJ.

-No- admitió- no puedo hacerlo, porque no lo sé- mintió. Y ya, chicas en serio, por favor dejemos de hablar de mí. Cuando tenga algo que contarles, lo haré. Lo prometo.

Sus amigas le creyeron al fin, y ella agradeció el cambio de tema.

-Kevin me ofreció irme a vivir con él- soltó Penélope. Kevin era otro informático que trabajaba para otra planta de la FBI.

-¡¿Qué?! –gritaron la rubia y la morena al mismo tiempo.

-¿Y qué le has respondido?- preguntó Emily.

-Que no. No todavía.

-¿Crees que es muy pronto aún? –habló JJ.

-Sí, solo llevamos unos meses…- se sinceró García.

-Haces bien, es un paso importante en una relación- comentó Prentiss.

Siguieron hablando mucho tiempo más, hasta que decidieron que era tiempo de irse a bailar a otro lugar, eso sí, no sin antes cantar el Karaoke las tres juntas, como siempre.

Luego de bailar, a las seis de la mañana las tres fueron a quedarse al apartamento de García, durmieron hasta las una de la tarde, con toda tranquilidad.

Al despertar, almorzaron lasaña hecha por ellas mismas. Un manjar de dioses, les había resultado exquisita, la devoraron literalmente.

Las chicas miraron curiosas a Emily cuando sonó su teléfono y ella no atendió la llamada, las dos rubias se miraron y luego la taladraron con sus ojos.

-¿Quién era?- preguntó Penélope.

-Hotch- dijo la verdad.

-¿Hotch? ¿Y por qué no contestaste? –habló JJ.

-Porque no me gusta tratar asuntos de trabajo un día Domingo- eso también era verdad.

-A nadie, supongo- coincidió García.

JJ fue la primera en retirarse a su casa luego de la cena, ya era tiempo de que volviera a su casa con su hijo y marido. Había tenido bastante tiempo de diversión, era hora de volver a sus responsabilidades.

Emily se quedó un rato más, conversando de la vida, de cosas sin importancia pero que se hablan entre amigas. Hasta que a eso de las siete, finalmente se fue a su casa.

Quería llamar a Hotch y explicarle porqué no le había atendido, pensó bastante en romper su regla de no llamarlo cuando estaba con su hijo, pero se resistió. Aarón llevaba de vuelta a Jack con su madre a las nueve podría aguantarse hasta esa hora para hablar con él.

Y así lo hizo, exactamente a las nueve y un minuto el teléfono de Aarón vibró. Contestó con el manos libres mientras conducía luego de dejar a Jack donde Haley.

-Hola- respondió con una sonrisa en los labios.

-Hola, ¿qué tal el fin de semana?

-Muy bueno. Solo faltó una cosa para que fuese perfecto.

-Espero ser esa cosa- bromeó ella

-Eres mi cosa preferida, Em- dijo el virando en una esquina.

-¿Estás conduciendo? –preguntó ella cuando escuchó una bocina.

-Sip- afirmó él.

-Te llamo después, conduce con cuidado.- cortó sin dejarlo contestar.

Lo había dejado vuelto loco con ese gesto de cuidado hacia él. Emily lo sorprendía siempre, era eso justamente lo que le encantaba de ella. Bueno, aparte de su aroma, su piel suave, su cabello, su cuerpo… su risa. ¡Dios! Adoraba su risa, era única. No se reprimía las carcajadas, ella disfrutaba de sus bromas, y se reía de verdad aunque fueran tontas y aburridas.

Hotchner iba camino a su casa, pero se arrepintió. Iría a ver a Emily. Eso era lo que quería en ese preciso momento.

Como siempre ella lo recibió con una sonrisa instalada en su rostro, y con un beso. Un exquisito beso que como siempre lo dejaba queriendo más.

-Perdona por no responderte la llamada en la tarde.- se disculpó una vez que habían entrado al apartamento, dirigiéndose a la cocina.

-¿Estabas muy ocupada?- preguntó con el ceño fruncido.

-Estaba con las chicas.- confesó- tuvimos noche y tarde de chicas.

-¿Lo han pasado bien?- Emily asintió efusivamente.- más que bien.- respondió mientras hacía café para ambos.

-Me alegra mucho.

-Lo malo es que ahora tengo un maldito dolor de cabeza que no me quiere dejar.

-Toma algo.

-Lo hice hace un rato- suspiró-

A esperar que haga efecto entonces. Si te gustó ir de fiesta…-insinuó.

-Ya, ya sé. Me aguanto.-Emily rodó los ojos, Aarón sonrió.

-¿Qué tal estuvo el fin de semana con el pequeño Jack?

-Lo pasamos muy bien, jugamos videojuegos, fuimos al cine…paseamos en bicicleta e hicimos un cerro de tareas así que gran parte del tiempo se nos fue en eso.

-Oh, ya veo.- dijo ella tendiéndole una taza de café, él la recibió agradecido, y ella se ganó un beso a cambio. Sonrieron ambos.

Los dos bebieron el café sentados en la mesa de la cocina, conversando de sus respectivos fines de semana, y de ellos, hasta que Emily bostezó.

-Tienes sueño. ¿Estaría bien si me voy para que descanses?- ella de inmediato negó con la cabeza.

-Pensé que te quedarías conmigo- confesó sonrojada. ¡Cielos! Era tan encantadora a los ojos de Aarón. Él le sonrió, acercando su silla más a la de ella, tomándole el rostro con una de sus manos.

-Me quedaré todas las veces que me lo pidas- le dijo antes de besarla.

-Sabes a café.- dijo ella sobre sus labios.

-Y tú a Emily, con café. La mezcla perfecta- dijo con galantería.

-Tonto- ella dejó su silla y se sentó en las piernas de Aarón.- me gusta estar contigo.- dijo apoyando su cabeza en el hombro de Aarón, quien se estremeció al sentir su respiración en su cuello.

-Gracias por el cumplido- bromeó él, ganándose un cariñoso mordisco en el hombro de parte de Emily.

-Tonto- repitió ella.

-¿Te confieso algo?- ella asintió, aún sobre su hombro- tú me tienes tonto. -Emily sonrió.

-Te quiero, Aarón, aunque seas un cursi de primera.

-Y yo a ti, Em, aunque me hagas saber que soy tonto y cursi cada vez que puedes.

Esa noche, a diferencia del domingo anterior en que Aarón se había quedado con ella, no hicieron el amor. Solo se acariciaron, se mimaron y se dijeron palabras dulces y declaraciones de amor, aunque sin hablar de amor directamente. Esas eran palabras mayores aún. Ningún te amo, por ahora.

Y así se iba formando una rutina. Los domingos después de dejar a Jack con su mamá, Aarón iba a pasar la noche con Emily, y al día siguiente se iban por separado a la UAC. Nadie notaba nada aún, por muy perfiladores y estudiosos de la conducta que eran no lograban ver que llegaban muy contentos cada lunes. Sonriendo, con un brillo especial, con la felicidad de haber compartido una noche durmiendo en los brazos del otro.


N/A 2: Tengo unos cuantos capitulos más escritos y no sé cuanto más escriba, no quiero desgastar la historia ni volverla aburrida, así que no creo hacerla demasiado larga, además ya estoy trabajando en otra :D :D