Nota de autora: ¡Buenas noches! (según mi país, es de noche) Aquí ando dejando el capítulo de hoy, espero les guste, y yo sé que si porque según los comentarios es lo que querían así que... Bien, no tengo mucho que decir, gracias por los reviews, nuevamente los estaré esperando con ansias, siempre me hacen sonreir :)
…
Llegó el día sábado. Jack no estaría con ellos aquél fin de semana. Aarón había recibido una llamada de Haley el viernes por la tarde, preguntándole si tenía algún problema en dejarle a Jack durante el fin de semana, una amiga de ella los había invitado a la playa. Aarón no pudo negarse, sabía lo mucho que a su hijo le gustaba el mar, así es que solo les dijo que se divirtieran bastante y que por sobre todo se cuidaran. Acordaron también que la próxima semana Jack se iría a quedar con él desde el día jueves, para compensar algo del tiempo perdido entre padre e hijo.
Aarón estaba tomando una ducha, mientras Emily estaba en el patio trasero disfrutando de un exquisito medio día, sentada cómodamente en una de las sillas de playa. Claramente el verano estaba a la vuelta de la esquina, y el calor era muy agradable. Sentía que el sol acariciaba la parte desnuda de su cuerpo, aquella que su short y polera no alcanzaba a cubrir y aquello le dejaba una sensación increíblemente placentera.
Estaba leyendo un libro por debajo de sus lentes de sol. Muy involucrada en la historia, cuando su celular sonó.
-Hola García- saludó reposando el libro en su regazo- ¿Qué tal pequeña?
-¿Si no te llamo no me llamas? ¿Has estado demasiado ocupada acaso?- inquirió en tono severo.- No he sabido de ti en toda la jodida semana. ¿Quién te crees que eres Emily Prentiss?
-Lo siento, no quería interrumpirte mientras trabajabas- se excusó.
-Habladurías, mala amiga, ya me olvidaste.- la acusó la hacker desde su hogar.
-No digas eso, Penélope- pidió- sabes que te quiero mucho.
-Sí, lo sé. Es por eso que te perdono- dijo finalmente en un tono más suave.
-Gracias corazón-
-En fin, te llamaba para decirte que hoy día hay una cena en casa de Dave.
-¿Ah si? ¿Y a qué se debe?
-Pues nada, solo para compartir, ya sabes… ¿recuerdas que hay más gente con la que solías pasar tiempo antes de Aarón?
-Lo tengo perfectamente claro- dijo entre risas nerviosas- Oye, y qué… ¿Irá Strauss?
-No, David nos pidió que por favor nos mantengamos al margen de eso, no quiere mezclar las cosas, dice que Para Erin es difícil y no sé qué. Tonterías. Aunque menos mal, por mucho que quiero a Rossi, la señora esa no me termina de agradar, así es que es mejor que no quiera vincularse mucho con nosotros en otro ámbito que no sea trabajo.- habló Penélope.
Emily torció el gesto, encontrándole toda la razón a su amiga.
Aún hablando por teléfono, en un intento de ponerse de pie, Emily perdió el equilibrio y casi cae al suelo, pero alcanzó a sujetarse del borde de la silla.
-Mierda- susurró sintiéndose mareada.
-¿mierda qué?- preguntó Penélope con curiosidad- ¿Qué pasa?
-Nada, casi me caigo. Llevo mucho rato al sol y me ha dejado con un pequeño dolor de cabeza.
-Oh, ¡sol! Que afortunada eres. Oye a todo esto, ¿cómo van las vacaciones? ¿Dónde estás tomando sol, en tu balcón?- preguntó, pues ella no tenía idea de nada.
-mmm no precisamente. Estoy en casa de Hotch
-Sucia. ¿Dormiste ahí?- dijo en tono sugerente.
-Sí, digamos que estoy pasando las vacaciones en su casa…
…
Luego de hablar casi media hora con su amiga por teléfono, contándole algunas cosas y poniéndose un poco al día, Emily entró a la casa. Buscó a Hotch por las habitaciones hasta que dio con él, estaba cocinando.
Ella lo observó desde el umbral de la puerta de la cocina. Se veía muy bien, llevaba un jeans oscuros, una polera de manga corta negra… mejor dicho, una gloriosa polera de manga corta que le permitía ver sus fuertes brazos. Si la agente tuviese que elegir la parte del cuerpo de Hotch que más la volvía loca, obviando aquello… elegía sin duda sus brazos. Aparte de estar muy bien formados, aunque no excesivamente musculosos, la hacían sentir segura, eran muy masculinos y cuando él la abrazaba era como si ella desapareciera entre ellos. Los amaba.
-¿Necesitas ayuda?- preguntó aún desde la entrada en la cocina, cruzándose de brazos.
-No. Creo que puedo arreglármelas- le respondió con una sonrisa mientras picaba carne sobre la encimera.
-Bien…Oye, hoy hay una cena en casa de David- avisó
-Suena entretenido.- dijo Hotch.
-Si, es a las 8.
-Allí estaremos-
-Claro.- estuvo de acuerdo ella- Bien, ya que no necesitas ayuda… ya vengo-
Aarón asintió y Emily desapareció en dirección al baño.
Hizo sus necesidades, jaló la cadena y se lavó las manos. Notó que la toalla de manos necesitaba ser cambiada, pues estaba algo húmeda, así es que se agachó hasta el mueble que las guardaba debajo del lavamanos y sacó una. Entre otras cosas, vio que estaban allí sus toallitas higiénicas. Frunció los labios, pensando en que aún no llegaba su periodo.
Sacó la cuenta, pensó en la fecha… y notó que tenía un leve retraso. Hoy era sábado, 17 de Junio, debía haber llegado hace cuatro o cinco días. Sintió que se le fue el color del rostro, ella siempre era muy regular, ¿sería posible qué?...
No, ella tomaba su píldora. Siempre era muy cuidadosa con eso, por esa misma razón nunca había usado preservativo con Hotch, porque ella estaba segura de que algo así no podría pasarle sin antes planearlo. Y aquello no estaba planeado, para nada. ¡En lo absoluto!
Se sintió un poco frágil, sentándose sobre el retrete. ¿Podría ser qué…? Volvió a sacar la cuenta, esperando que la vez anterior hubiese contado mal… pero no. Sus cálculos estaban bien.
Tenía un retraso de casi una semana.
Escondió su rostro entre sus manos, pensando qué hacer.
Aunque sabía lo que tenía que hacer, no era tonta, y tenía que hacerlo en ese preciso momento, debía salir de dudas cuanto antes.
Salió del baño en dirección a la habitación principal, se metió en el closet, buscó unas sandalias, se puso un chaleco delgado y bajó las escaleras. Con las llaves de su auto en la mano, se dirigió nuevamente hasta la cocina, donde estaba Hotch.
-¿A dónde vas?- preguntó él en cuanto la vio aparecer con las llaves en la mano.
Ella se acercó a él y le dio un casto beso en los labios.
-Voy y vuelvo, voy a comprar… una coca-cola- inventó una excusa.
-Oh, claro- le creyó él.- ¿Podrías también comprar servilletas? Se terminaron- pidió.
-Por supuesto- dijo sin gesto alguno.
-Em… ¿estás bien? Estás rara- comentó Hotch.- te ves nerviosa.
-No. O sea, si, estoy bien, no estoy rara- aclaró- ya vengo- dijo saliendo de la cocina, dejando a un extrañado Aarón.
Camino a la farmacia, repasó en su mente los últimos días. Tenía nauseas, le daba asco el maldito huevo. Había sentido molestias en los senos… y sin ir más lejos hace un rato se había mareado fuertemente. Dos dedos de frente había que tener para darse cuenta que esos eran síntomas de un embarazo. Eso, sin contar el recientemente descubierto retraso de su periodo.
Dio un leve golpe en el manubrio. Aquello no podía estarle pasando. No todavía. No ahora que estaba disfrutando de su relación con Aarón. Era demasiado pronto y…
No pudo evitar que su mente viajara 15 años atrás. Cuando ella tenía 18, desempolvando aquél recuerdo que tenía demasiado enterrado en su memoria, porque había decidido borrar aquél episodio de su vida, porque le dolía demasiado.
Cuando llevaba nada más dos meses de relación con Ian Doyle, en su época universitaria, había descubierto que estaba embarazada. Había sido algo choqueante, nada planeado, pero habían decidido tener aquél bebe, aunque significara dejar sus estudios a un lado, y muchas cosas más también tuvieran que ser postergadas, aunque su mamá la mataría… ellos se harían responsables de aquella vida, aunque eran jóvenes, se sentían capaces de lidiar con ello.
Pero ella había sufrido un aborto espontaneo. Su maldito organismo no había sido capaz de formar a su bebe como se suponía que toda mujer era capaz de hacer y lo había perdido. Había sido algo demasiado doloroso, tanto que ella había pensado en mandar todo muy lejos y desaparecer de este mundo, pero Ian la había acompañado, la había apoyado y juntos habían logrado salir adelante.
Llegó a la farmacia le pidió a la mujer que la atendió con una amplia sonrisa, lo que necesitaba. Dos test de embarazo distintos. No podía ser que dos salieran mal, ¿verdad? Dos eran suficientes para salir de dudas.
-Buena suerte- dijo la farmacéutica una vez que le entregó el pedido y la boleta.
-Gracias- dijo Emily no muy segura.
¿A qué se refería la gente cuando decía buena suerte en un momento como ese? ¿Buena suerte; que sea el resultado que esperas. Buena suerte; que seas mamá; Buena suerte, que salga negativo?
Dejó la farmacia, se subió nuevamente al auto y fue a comprar lo que le había dicho a Hotch que compraría. No quería que el sospechara nada aún. Primero debía estar mil por ciento segura.
…
-¡Cariño, estoy en casa! – anunció cerrando la puerta con la pierna.
Hotch Salió a recibirla, tomando la botella de bebida que tenía ella y la bolsa con las servilletas, mientras le daba un pequeño beso. Iba a quitarle la otra bolsa oscura que Emily cargaba en la otra mano, pero ella se la quitó de inmediato.
-Eso es mío- le dijo con una sonrisa nerviosa.
Aarón enarcó una ceja.
-¿Qué es que no puedo ver?-
-Cosas de mujeres- dijo ella, haciéndose a un lado.
Aarón negó con la cabeza, sonriendo levemente, mientras ella desaparecía por el pasillo.
-La comida estará servida en diez minutos, no te vayas demasiado lejos- le dijo en tono autoritario.
Emily bufó camino al baño.
-¡Si papá!- gritó, haciendo reír a Hotch.
…
¡Maldita sea! Se quejó la morena en su interior. ¿Cómo le pedían orinar en un momento así? ¡Estaba de los nervios! Su vejiga se negaba a soltar siquiera una gota de aquél desecho.
Los test de embarazo por último deberían hacerse con saliva, una gota de sangre o algo más fácil de conseguir en un momento tan… así.
Hasta que por fin lo logró. No hizo mucho, pero lo necesario como para hacer los dos test al mismo tiempo.
Y ahora solo quedaba esperar. Tres eternos minutos.
Se sentó en el suelo del baño, con sus piernas dobladas, en dirección a su pecho. Golpeteó la superficie del piso con sus dedos repetidamente. Estaba perdiendo la paciencia. ¿Desde cuándo tres minutos eran una jodida eternidad?
Releyó las instrucciones del test.
Dos rayas positivo, una raya negativo.
-¿Em?- golpeó Aarón la puerta desde el otro lado-
-¡Ya salgo!- gritó ella-
-¿Estás bien?- preguntó preocupado. Ella ya había estado en el baño antes de salir, y ahora llevaba poco más de diez minutos encerrada otra vez.
-Si, cariño. Todo perfecto- dijo para tranquilizarlo.
-Bien, está todo listo para comer, no tardes demasiado- dijo él, aun sin creerle mucho que todo estuviera bien. Antes la había notado nerviosa, estaba extraña.
Se encogió de hombros se alejó un poco de la puerta, esperándola a que saliera. Quería cerciorarse que en verdad estuviera bien.
Emily miró su reloj y vio que ya había pasado el tiempo.
Dos rayas positivo, una negativo. Dijo en su mente
Siguió repitiendo esa oración en su cabeza mientras se estiraba para tomar los test.
Dos rayas positivo, una negativo volvió a pensar. Mientras miraba los test.
-Mierda- dijo en voz alta cuando vio las dos rayas en ambos test.
Dos rayas positivo, una negativo.
Se puso de pie de un brinco y comenzó a caminar de un lado a otro en el baño.
Había conseguido poner cuatro rayas color rojo en total. ¡Estaba muy embarazada!
¿Cómo era posible? ¿Cómo pasaba aquello? Bien, sabía cómo pasaba aquello… ¡pero malditas pastillas! O eran una estafa, o ella tenía mala suerte. Sus pastillas anticonceptivas tenían un 99 por ciento de probabilidad de impedir un embarazo. Y ella, justamente ella… ¿por qué ella tenía que ser parte del 1 por ciento restante?
-¡Mierda!- dijo en tono un poco más alto.
Hotch escuchó desde el otro lado y volvió a tocar la puerta
-Vamos amor, ¿qué pasa?- volvió a preguntar.
-Nada, ya salgo Hotch. ¡Por favor!- chilló histérica.
¿Y ahora qué hacia? ¿Llorar, gritar, colgarse de la lámpara, salir corriendo, o decirle a Hotch de inmediato? Aquello último era lo más sensato.
Pensó que quizá no debía decirle aún, que debería esperar a hacerse una prueba clínica, pero… ¡Diablos, dos test no podían equivocarse!
Tomó un test, dejó el otro sobre el lavamanos, suspiró y finalmente abrió la puerta. Era ahora o ahora…
-¿Qué pasa?- volvió a preguntar el hombre en tono serio, exigiendo saber.
Emily se mordió un poco el labio, levantó su mano en la que sostenía el test y se lo mostró.
Hotch abrió los ojos de par en par, y la boca también, retrocedió un poco, luego avanzó hasta ella… no sabía que decir ni qué hacer. Agudizó su vista y se fijó en las dos rayas rojas, era bien sabido por todo el mundo que aquello significaba positivo.
-¿Estás segura?- dijo aún sin tocarla.
Emily soltó una risa irónica, volviendo a entrar al baño y tomando el otro test. Hotch la siguió, ella se lo pasó y él… simplemente sonrió al verlo.
Sonrió abiertamente.
¿Por qué no sonreír en un momento así?
Finalmente reaccionó, abrazó a una confundida Emily fuerte y efusivamente.
Ella no reaccionó ante su abrazo, no se lo devolvió, pero se dejó abrazar. Hotch la besó en el rostro, en cada parte de su cara, y no podía dejar de sonreír, mientras Emily parecía una estatua.
-Estás feliz- dijo ella al fin, mirándolo.
-¡Claro que si!- respondió riendo.
Pero su sonrisa de desvaneció un poco al ver que ella no se veía tan contenta como él. Sujetó su mentón con dos dedos e hizo que ella la miraba.
-Vamos, Em. Es una noticia… ¡grandiosa! ¡Seremos padres!- casi chilló.
Emily suspiro y desvió la mirada.
-Sí, pero tú sabes que yo quería esperar un poco, esto es… inesperado- admitió.- Y yo no sé nada de esto, no estoy preparada.
Se sintió estúpida. Cualquier mujer de su edad se sentiría preparada para aquello, ya no era una niña. Era una mujer con todas sus letras, con todas las capacidades necesarias para criar un bebe.
Era una mujer… embarazada.
Hotch buscó su mirada con la de él, obligándole a mirarlo.
-Hey, pequeña. Está bien que estés asustada, lo comprendo. Pero… ¿qué podría salir mal? Si, es inesperado tienes razón, pero acaso dime ¿Lo nuestro era esperado? No, solo nació. Y esto es igual, ¿quién dice que debía esperarse algo así? Solo llega y es… es simplemente genial. El hecho de que no haya sido planeado lo hace aún más emocionante- le animó sonriendo.
Emily lo quedó mirando, lo miró y lo miró. Mientras pensaba…
Él tenía razón. Nada de lo que había estado pasando los últimos meses era esperado. Primero lo que había pasado entre ellos, aquella noche, sin siquiera ser… nada. Luego lo de conocerse mejor… luego el noviazgo oficial, cada momento compartido era increíble, y ahora estaban casi viviendo juntos.
Y finalmente esto. Esto sí que superaba cualquier cosa que ella podría no esperar… pero aquí estaba, con Hotch abrazándola en el baño, sosteniendo en sus manos dos test con unas gigantes y chillonas rayas rojas que le gritaban que se pondría como una bola en los próximos meses, y que no podría beber, y que se cansaría al andar… que no podría perseguir malos cuando estuviera muy gorda… y que cambiarían muchas cosas. Entre ellas, su independencia, lo que más valoraba.
También estaba el factor miedo. Ella ya había sufrido una perdida, no quería arriesgarse a otra. ¿Y si pasaba de nuevo? Nadie le aseguraba que no…
-¿Quieres decirme qué estás pensando?
Emily nuevamente se mordió el labio. Estaba pensando muchas cosas, pero su estomago habló primero que ella, sonó fuertemente, haciéndola sentir un poco avergonzada.
-Estoy pensando en que tengo hambre- dijo, omitiendo todo lo que pensaba en ese momento.
Hotchner sonrió y le dio un beso rápido en los labios.
-Vamos a almorzar, ya conversaremos- sentenció con voz tierna mientras la guiaba hacia el comedor, con una mano en la parte baja de su espalda.
Emily no dijo nada, solo caminó.
Y luego solo almorzó, manteniendo su silencio, siguiendo sin realizar ningún gesto.
Hotchner estaba comenzando a desesperarse. Llevaba demasiado tiempo escuchando nada, solo oía el sonido del tenedor sobre el plato… el ruido de la calle, pero de Emily nada.
-Bien…- dijo una vez que ella terminó de comer y se quedó mirando el plato vacío.- ¿Hay algo que quieras comentar?- dijo en un tono bastante conciliador.
Ella no levantó la vista. Solo suspiró y comenzó a hablar.
-Cuando tenía 18 años perdí un bebe- soltó de pronto
Hotch la miró expectante. Quería hablar, pero ella continuó- Fue algo tan… horrible- dijo torciendo el gesto- Sentí que moriría yo también, pero… con Ian salimos adelante y me propuse olvidar. Enterré tan bien ese recuerdo que estaba prácticamente olvidado, y hoy… ahora, no dejo de pensar en eso. Tengo miedo- dijo esta última frase mirándolo a los ojos.- me da terror que vuelva a pasar.
Aarón se puso de pie para acercarse a ella, se puso en cuclillas a su lado, mirándola.
Él por supuesto no se esperaba algo así. ¿Por qué no se lo había dicho antes? Quiso regañarla un poco, pero no era el momento.
Tomó su mano y la puso entre las suyas.
-Em… lo siento, no sabía- dijo con voz suave, acariciando su mano.- Entiendo que eso te preocupe, pero, amor, que haya pasado una vez, no quiere decir que vuelva a pasar.- Agregó, sin saber muy bien que decir, se sentía tonto, no encontraba palabras.
-Supongo que tienes razón, pero no puedo evitarlo- admitió.
-Cariño, dentro de ti hay vida. ¿Sabes lo que significa eso? Es lo más hermoso que puede pasar, es algo así como un milagro, y es nuestro pequeño milagro. Una bendición. ¿Dimensionas lo que significa que dentro de ti hay un ser de quizá un centímetro o menos, creciendo a cada instante un poquito?- preguntó con ojos brillantes-… por favor no te mortifiques con cosas del pasado… yo sé que lo que te pasó fue algo difícil, doloroso y terriblemente triste, pero esta es una nueva oportunidad. ¿Si te das cuenta?
Emily no pudo evitar que sus ojos se humedecieran. Él acababa de decir que ella llevaba un milagro en su vientre, específicamente un milagro de ellos. Un pedacito de él y de ella. ¿Acaso no sonaba perfecto eso?
Si, efectivamente era muy pronto y quizá no estaba en sus planes estar en esta situación aún, pero si Aarón lo describía con esas palabras, la idea de cambiar un poco su estilo de vida no sonaba tan horrible.
Se agachó un poco y se abrazó a Hotch, quién la apretó en sus brazos fuertemente, escuchándola sollozar.
-Prométeme que no me dejaras sola, que me guiarás, que me dirás cuando esté haciendo algo mal… ¡cielos, no sé ser una madre!- se quejó entre su llanto.
-Hey, hey. No digas eso. Serás una madre perfecta, yo lo sé- la consoló- y claro que no te dejaré sola, boba.- dijo con dulzura.
-No puedes decir eso, ni yo lo sé- acusó ella separándose de él.
-Claro que puedo. Te he visto con Henry, como lo cuidas y lo mimas, lo quieres demasiado. Y también lo he visto con Jack- agregó sonriendo, mientras le limpiaba las lagrimas a su novia con la punta de sus dedos.- lo tratas tan bien que se me acelera el corazón cuando los veo juntos, solo el ver como lo miras, como lo escuchas… como juegas con él, Em, eso dice mucho.
-Pero será distinto, a ellos no los he criado yo.- dijo en un lamento- Ahora este bebe será mi total responsabilidad.
-Nuestra- la corrigió- nuestra responsabilidad.
-¡Dios mío! Esto es tan loco…- comentó ella, al fin con algo similar a una sonrisa.-
-Sí que lo es, pero a la vez es hermoso.
-¿Estás muy feliz, verdad?- preguntó acariciándole la barbilla a su novio.
Aarón sonrió ampliamente y asintió, como un niño al que le acababan de dar un premio.
Ella le devolvió la sonrisa. Era imposible no hacerlo, se veía tan contento… y en parte, dentro de todos los sentimientos encontrados que ella tenía en su interior, aquello la hacía sentir bien. Aarón estaba feliz y era ella quien le estaba brindando esa felicidad.
