Nota de la autora: ¡Hola! bien aquí traigo la continuación, espero como siempre que les guste y que me hagan saber qué es lo que piensan de la historia, que por cierto ya no le queda demasiado.
Y bueno, agradezco mucho sus comentarios, de verdad me encantan. ¡Un beso a mis lectoras lindas!
…
Y así fueron pasando más casos. Cada día uno más terrible, o sangriento, o uno más triste… o trágico. Nada nuevo. Y a Emily cada vez le permitían menos que fuera a terreno, sobre todo cuando sabían que el sujeto era de armas tomar. Viajaba con ellos, sí, entrevistaba a las familias, veía escenas de crímenes, revisaba evidencias y e general podía hacer todo lo que no la pusiera en riesgo… pero a la hora de enfrentarse con el asesino, la dejaban fuera.
Pero ella ya no refutaba, sabía que era por su bien y por el de su "bolita" cómo le llamaba Derek.
Y el embarazo ya iba en su segundo trimestre y el bebe se hacía notar en la barriga de Emily. No era exageradamente grande, pero de que se notaba, se notaba. Y todos en la UAC babeaban cada vez que la veían, pues se veía encantadora luciendo su pancita de 20 semanas.
Personalmente Emily estaba feliz. Las nauseas habían desaparecido casi por completo y ella estaba tan agradecida por eso que hasta se notaba en su ánimo.
Para aquél día lunes, tenía fichada la que sería su tercera ecografía, la correspondiente al segundo periodo del embarazo. Estaban muy contentos porque verían a su bebé… pero la felicidad se esfumó un poco porque Hotchner no puso asistir. Les había llegado uno de aquellos casos que él al ser el supervisor… no podía dejar de atender.
Emily por supuesto que lo entendió. Ella más que nadie sabía cómo era el trabajo de ellos, así es que con la mejor sonrisa que le pudo ofrecer le dijo que no se preocupara y que le tendría la grabación y las imágenes cuando llegara a casa, y que si por fin se mostraba… también le haría saber si era niño o niña.
Él por su parte, guardándose toda la culpabilidad y frustración que sentía le sonrió tristemente y estuvo de acuerdo.
…
Un escalofrío recorrió el cuerpo de Emily cuando su doctora le aplicó el gel para comenzar con el ultrasonido. Estaba frío.
-Podría ser que en esta eco si se muestre el sexo del bebé. ¿Quieres saberlo?- le preguntó la doctora mientras encendía el monitor.
Emily sonrió abiertamente y asintió con la cabeza. ¡Claro que quería saber! ¿Por qué esperar más? Si con la sola espera del nacimiento ya se estaba volviendo loca de ansiedad…
-Me encantaría- afirmó.
-Veamos entonces…- dijo la doctora, comenzando a mover el pequeño aparato por sobre la pancita.
…
Luego de la visita al doctor, Emily intentó comunicarse con Hotch para comentarle como le había ido con la eco, pero lamentablemente Aaron no había podido responder, así es que se rindió, además por un lado era mejor, pues así le daba la sorpresa cuando lo viera.
Por la tarde asistió a sus clases de Yoga. Los días lunes, desde hace un mes los tenía libres, para dedicarse a sus cosas y poder hacer ejercicio, cómo le había sugerido su doctora.
Después de ir al gimnasio, se dirigió al centro comercial y fue directamente a la tienda que tenía en mente, aquella por la que habían pasado una vez con Hotch, pero solo para mirar… pues no querían comprar nada hasta que supieran el sexo del bebé.
Pero ella ya lo sabía… y sabía que Hotch estaría feliz, pues aunque no se lo había dicho directamente, ella lo conocía bastante bien como para adivinar que era lo que prefería que fuera su bebe. Decidió comprar unas prendas para darle una pista a su novio del color de ropa que tendrían que comprar.
…
Afortunadamente para Hotch, y sin dejar de ser increíble para todos… el caso que se suponía ser uno de los más difíciles, de aquellos que pasarían quizás días trabajando en el, había terminado esa misma tarde, todo gracias a un error que había cometido el sospechoso.
Así es que llegó a casa a eso de las 7 de la tarde. Pero para su desgracia… Emily no estaba. Se apresuró en llamarla por teléfono mientras se sentaba en el sofá.
-Hola hermosa- saludó en cuanto ella atendió- ¿Dónde estás?
-Hola… ¿ya estás en casa?- preguntó, sin dar respuesta a su interrogante.
En ese momento golpearon la puerta y Hotch se paró a abrir, a la vez que se soltaba la corbata.
-Si… ya estoy en casa. ¿Y tú dón….?- dejó la pregunta inconclusa. Pues cuando abrió la puerta era ella quien estaba parada en la entrada.
Se miraron, se sonrieron y ambos colgaron la llamada al mismo tiempo. Se dieron un pequeño beso en los labios y Aaron dio un paso atrás para que ella entrase al hogar que ambos compartían oficialmente hace ya casi tres meses, cuando ella le había confirmado que se quedaría definitivamente.
Caminaron hasta el living sin decir nada, hasta que Hotchner ya no aguantaba más ¡quería las noticias de una vez!
-¿Ya me puedes decir cómo te fue?- ella lo miró sonriente mientras se arrodillaba en frente del televisor para poner el DVD de la ecografía.
-Toma asiento, apurón- le ordenó.
Él rodó los ojos y obedeció.
Luego de unos segundos, sus ojos ya se llenaron de lágrimas cuando apenas apareció la imagen de su bebé en la pantalla. ¡Estaba enorme!
-¡Se está chupando el dedo!- chilló emocionado. Emily se sentó a su lado, asintiendo.
-Todo está perfectamente bien- le habló mientras él seguía con los ojos clavados en el televisor- mide 21 centímetros y está pesando 273 gramos- le informó.
Hotch solo asintió con una boba sonrisa instalada en su rostro. Emily no dijo nada más, hasta que el video terminó y finalmente él se volteó a mirarla.
-¿Y ya sabemos qué es?- preguntó con ojos grandes.
-Pues… mira- dijo agachándose un poco para alcanzar la bolsa que había dejado en el suelo junto al sofá.
Hotch recibió la bolsita, mirándola con curiosidad, y con un gesto de parte de Emily que lo instó a que lo abriera, él procedió.
Su sonrisa fue aún mayor cuando de la bolsita sacó dos… vestiditos rosados.
-¡es una niña!- chilló nuevamente con lágrimas en los ojos-
-Felicidades, papá. Esperas una bella damita- dijo ella.
Hotch la abrazó con toda la efusividad y el amor que había en él, mientras seguía sosteniendo las pequeñas prendas de niña entre sus manos. ¡Definitivamente era el hombre más feliz del mundo!
Emily no pudo evitar contagiarse de la emotividad de Hotch, era la tercera vez que lo veía emocionarse hasta las lágrimas y nuevamente su bebé era el motivo. ¿Qué tan adorable podría ser eso?
…
Era una mañana tranquila en la oficina de la UAC. JJ y García estaban a la espera de nuevos casos en la oficina de la hacker, para luego entre las dos elegir cuál tratarían primero e informarle a los demás para ponerse manos a la obra.
El resto del equipo estaba cada uno en sus respectivos escritorios en el bullpen, a excepción de Hotch, quien estaba en la pequeña área de la cocina preparando un té para Emily.
Spencer no estaba feliz. Llevaba un tiempo teniendo problemas con Cindy y pues… aquella mañana al despertar, ella lo había abandonado, pues según decía en una nota que le dejó, necesitaba tiempo. Y él estaba destrozado.
Emily estaba apoyada en su escritorio junto a él, acariciándole la espalda en señal de apoyo, ¡cómo odiaba ver a su amigo así!
-No entiendo… - susurró de repente, luego de estar en silencio unos cuantos minutos, solo sintiendo el apoyo de su amiga-
-Spence, estas cosas pasan a veces, quizá de verdad necesitan un tiempo, y cuando este pase, verás como todo vuelve a ser igual que antes- le animó.
-Emily, sinceramente pienso que lo del tiempo es una estupidez- dijo ausentemente- si de verdad me quisiera intentaría solucionar las cosas conmigo, no alejándose de mí. ¿Sabes qué es lo que me dijo anoche cuando discutimos?
-¿Qué te dijo?- preguntó la morena sobándose la panza, su bebé estaba pateando como nunca.
-Que "mi maldito trabajo" tenía la culpa de todo lo que estaba pasando- dijo frunciendo el ceño.
Emily procesó sus palabras un momento antes de contestar algo, pues sabía que aquél problema era típico entre los trabajadores de la FBI. Por los horarios y la dedicación que demandaba, muchas veces las relaciones fallaban porque las parejas no lograban aceptar lo poco que se podía entregar al tener un ritmo de vida como el de ellos, Emily se sintió afortunada de que Hotch y ella pudieran entenderse tan bien en ese sentido. Y sinceramente no sabía qué decirle a su amigo…
-Mira, si te dijo eso es porque… quizá no era la indicada- dijo despacio, sin querer dañarlo.
-Pero la quiero- admitió Reid, levantando la vista para mirarla a los ojos.
-Spence…- dijo ella mientras lo abrazaba. En serio le dolía tanto verlo sufrir.
Reid reprimió sus lágrimas cerrando los ojos con fuerza, no iba a llorar en frente de todos. Suspiró, se separó de Emily, le dio una sonrisa triste y se alejó de ella, dirigiéndose al baño o a cualquier lugar en dónde pudiera estar solo con su tristeza.
Emily quedó con su vista fija en dirección al pasillo por el cual Spencer había desaparecido, de verdad que él no se merecía eso.
-¿Pasa algo?- preguntó Hotch cuando llegó a su lado.
Emily lo miró rápidamente y medio le sonrió. No iba a contarle lo que su amigo le había confiado solo a ella, pues él debía encontrar el momento de contárselo a los demás si así lo quería, no era asunto suyo.
-Nada- dijo encogiéndose un poco cuando recibió otra patada dentro de su vientre- mira dame tu mano-
Hotch le tendió la mano y ella la llevó hasta su barriga, y sonrió abiertamente cuando sintió la patadita.
-Está muy inquieta- comentó Emily.
-Ya veo- dijo riendo cuando sintió otra más- ¡guau!
-Al parecer si le gustará jugar a la pelota con Jack- dijo mientras Aarón le tendía la taza de té- gracias.
-Por nada- le respondió- pues creo que aunque no sea niño como él quería, mientras patee un balón, el será feliz.
-¿Interrumpo?- preguntó Derek llegando junto a ellos-
-No, bruto- le respondió Emily sonriendo
-¿Cómo está la bolita?- preguntó apuntando el vientre de Emily, Hotch seguía con su mano allí, pues la bebe seguía haciéndose notar.
-Pateando- respondió Hotch con una sonrisa de lado.
-¿Puedo tocar?- pidió.
Emily asintió y Morgan también llevó sus manos sobre la panza.
-No siento nada- confesó.
-Es aquí, mira- dijo Hotch moviendo un poco su mano para darle la oportunidad a Derek de tocar.-
-¡vaya!- chilló- ¡será karateka!- dijo, haciendo reír a Emily y Hotch- ¿No te duele?- preguntó con curiosidad.
-No, nada. Se siente raro, pero no duele- respondió una sonriente Emily bebiendo de su té, mientras que su barriga estaba rodeada de manos.
-¿Por qué toquetean tanto a la muñeca?- preguntó Penélope, quien llegaba al lugar en compañía de JJ.
-La bolita está haciéndose notar- informó Morgan.
-¿Puedo tocar?- preguntó deseosa la hacker. Emily nuevamente asintió.
Y Ya eran tres manos distintas que tenía sobre la panza.
-¡Qué belleza!- dijo eufórica- me dan ganas de embarazarme- bromeó.
-¡mi turno de tocar!- exigió JJ, haciéndose espacio para también meter su mano- oye, las patadas de Henry a los cinco meses no eran nada en comparación con las de esta pequeña, ¡y está bien grande!- comentó.
-Es que no la alimento, la riego todos los días para que crezca sana y fuerte- bromeó, haciendo reír a todos los presentes.
…
-¿Y por qué la habitación tiene que ser rosa?- preguntó Jack, mirando el tarro de pintura que estaba delante de sus pies.
Aquél sábado, la misión era pintar un viejo cuarto que no se ocupaba en la casa, para transformarlo en el que sería el cuarto de la niña, para poder empezar a comprar los muebles y a decorar como correspondía.
-No me gusta este color- agregó metiendo un dedo en ella.
-Porque es color para una niña- respondió su padre, agachándose en frente de él.
-¿Emily, a ti te gusta el rosa?
-Pues… no es mi favorito, pero tu papá tiene razón, es un color muy apropiado para una niña- le respondió con simpatía.
-Pero el verde es más bonito- refutó Jack.
Emily y Hotch intercambiaron una mirada y una sonrisa, Jack nunca estaría de acuerdo con el color, así que era preferible cambiar el tema.
-Bueno, es por eso que tu cuarto si es verde. ¿Empezamos a pintar?- le dijo a su hijo.
-¡Sip!- chilló el niño tomando una brocha y untándola en la pintura.
-Emily, tú por mientras… ¿podrías preparar algo muy delicioso para comer?- preguntó con una encantadora sonrisa.
-Muy buena idea, Jack- le apoyó su padre.
-¿No puedo ayudar a pintar?- preguntó con una risa irónica.
-No- respondió Jack con sinceridad- la pintura puede hacerle mal a mi hermanita, así es que no puedes- agregó naturalmente.
Emily abrió la boca anonadada. El pequeño estaba muy informado.
-Bien, supongo que en ese caso, iré a preparar algo para comer- dijo mirando a Hotch con desentendimiento. Él le guiñó un ojo y Emily dejó el cuarto.
-Gracias, pequeñín- le dijo a Jack.
Pues Hotch, a pesar de haber comprado la pintura más sana y de mejor calidad, anteriormente le había pedido a su hijo que le dijera algo así a Emily para que ella no estuviera respirando el olor de la pintura, pues era obvio que a él mismo no le haría caso, así es que acudió a Jack, explicándole que podía ser dañino. Jack comprendió de inmediato y no dudó en hacerle aquél favor a su padre.
-¡de nada papi, ahora a pintar!- dijo corriendo hasta la pared en dónde se ubicaba la ventana.
…
-¡Me encanta esta!- dijo con emoción Penélope, tomando una camiseta blanca con corazoncitos-
-Es muy bonita- estuvo de acuerdo Emily.
-Entonces la llevamos- agregó con obviedad JJ.
Las tres amigas andaban haciendo compras en el centro comercial, se supone que comprarían cosas para ellas, pero habían acabado metiéndose en más tiendas de bebés que de mujeres y zapaterías cómo solían hacerlo antes.
-Chicas, creo que ya llevamos suficiente.
-Créeme, guapa- habló JJ con seriedad- con un bebé, la ropa nunca es suficiente. ¡Se cambian como mínimo tres veces al día!
-¿Tantas?- preguntó Penélope mientras tomaba un enterito verde claro.
-Sí, si no es porque se pasan de pipí, pues se vomitan, se mojan con leche… o cualquier cosa. Siempre pasa algo. –respondió con experticia.
-Bueno, entonces si es así… creo que llevaré esos vestiditos de allí también- dijo Emily dirigiéndose a ellos. ¡Eran preciosos!
…
Emily llegó a casa cargada de bolsas. Muchísimas bolsas. Tantas que no pudo abrir con su propia llave la puerta, tuvo que golpear… con el pie. Hotch no tardó en ir a abrir y la miró algo molesto cuando la vio tan cargada, e inmediatamente se las quitó.
-No te enojes, no pesan nada- se excusó.
-Si pesan, para ti si pesan.- la regañó mientras se adentraban en la casa.
-Ay que gruñón- se quejó.
-Ay que porfiada- dijo imitando su tono de fastidio.
Mientras Emily se sentaba en el sofá para quitarse las botas, Hotch dejó las bolsas en el sofá pequeño y luego se sentó junto a ella.
-Quiero que te cuides- dijo en tono conciliador.
-Lo hago, Aaron- respondió rodando los ojos, mientras subía los pies encima de la mesa de centro.
-Pero…
-Pero nada. Ya déjame- le dijo sin ánimos de discutir.
Pues ella sabía muy bien que se estaba cuidando lo más que podía, y también sabía de sobra que Hotch era demasiado sobre protector y exagerado. Así es que no llegarían a ningún lado con la discusión.
-¿Por qué no mejor me preguntas cómo lo pasé y qué es lo que compré?- sugirió con una sonrisa angelical.
Aaron suspiró y la abrazó por la barriga.
-Bien, ¿cómo lo pasaste y qué compraste?- preguntó besándola en la coronilla.
-La pasé muy bien con las chicas, y compramos mucha ropa para la princesa- respondió entusiasmada- de hecho… ¡muchísima!- agregó gesticulando exageradamente con los brazos.
-¿Y para ti nada?- preguntó incrédulo.
-Pues… para mí, si. Pero más bien es para los dos- dijo mirándolo con una sonrisa traviesa.
Él la miró de la misma forma.
-Me lo pondré en la noche… allí me dices si te gusta o no- agregó mordisqueando el lóbulo de su oreja… para luego buscar sus labios.
-Me encantará verte con cualquier cosa puesta, y más me gustará quitártelo- le respondió antes de profundizar su beso.
Pero Emily separó sus labios de los de él pronto para mirarlo de cerca, sonriéndole.
-Si me das un beso así… no veo por qué debo esperarme hasta la noche- dijo enarcando una ceja
-Pues entonces no te beso más hasta la noche- advirtió tocándole los labios con la punta de sus dedos.
-Eres cruel. ¿Sabías?- dijo mordiéndole un dedo despacio.- no puedes seducirme y luego retractarte-
-Si que puedo- dijo divertida- Pero… ya te dije, en la noche.- repitió poniéndose de pie- ahora voy a ir a guardar todas estas cosas maravillosas que traigo- dijo haciendo ademán de tomar las bolsas, pero Hotch por supuesto que no se lo permitió, y las tomó él para llevarlas al cuarto de su hija. Emily lo siguió, cabreada de que no la dejara hacer nada.
Llegaron a la habitación color rosa pastel y Aarón dejó las compras sobre el sofá que estaba cerca de la cuna, para que Emily no tuviese que agacharse para sacar lo que había comprado.
-Bueno, te ayudaría a ordenar, pero necesito ir a llenar unos documentos que me pidió Strauss que le mandara- se quejó.
-¿Tampoco te deja descansar los feriados?- preguntó con sarcasmo.
-Ya ves- respondió encogiéndose de hombros- te amo, luego me muestras todo, ¿sí?
-Claro- dijo antes de besarlo suavemente en los labios- también te amo.
Hotch dejó el cuarto y caminó en dirección a su despacho. Tenía para unas dos horas allí.
Emily encantada se puso a sacar todas las pequeñas prendas que había comprado ella y que le habían regalado sus amigas para su bebe. Eran adorables, tanto la ropita, cómo sus amigas.
Comenzó doblar cuidadosamente cada vestidito, cada camiseta, chalequito, gorro… y todo, para guardarlo en el closet.
Estaba demasiado ensimismada en su tarea, hasta que sonó su celular, pero no el tono de llamada, sino que el pitido de un correo electrónico.
Sacó su teléfono del bolsillo trasero de su pantalón y se sentó en el sofá para leerlo.
Era Ian… otra vez.
Desde que había recibido aquél correo la otra vez, él seguía enviándole mensajes constantemente, aunque ella aún no le respondía ninguno, pues no sabía que decirle.
Emily.
Primero que todo quiero decirte que te ves preciosa con tu pancita, ¿qué como lo sé? Te vi en el centro comercial hace unas horas, no quise acercarme porque estabas con tus amigas, pero que no te quepa la menor duda que luché con todas mis fuerzas para no hacerlo.
Entonces… quería decirte que me alegro bastante por ti, y que esta vez tu embarazo vaya bien, porque te vi feliz, y radiante, estás hermosa.
¿Te imaginas cómo serían las cosas si nuestro bebé si hubiera nacido? Pienso que ahora ya sería una señorita de quince años, o un caballero quizá… sería precioso y todo sería tan distinto.
En fin, Emily, de corazón espero que todo salga bien, sé sin duda alguna que serás la mejor madre del mundo, te deseo lo mejor con tu bebé.
No pierdo la esperanza de que alguna vez me respondas un correo, y por favor no olvides que eres importante para mí.
Un beso.
I.D
Por más que intentó, no pudo detener que las lagrimas invadieran sus ojos luego de leer el e-mail. Si, aparte de seguir sensible por su propio embarazo… Ian le había recordado a su bebé perdido, y ese tema siempre iba a romperle el corazón. Siempre, y de cierta forma, ella sabía que a Ian también.
