Todos los personajes y lugares pertenecen a JK Rowling, sin ánimo de lucro.
Capítulo II
Roto
Si hay algo que tienen en común el mundo mágico y el mundo muggle es una sencilla cosa: No importa cuántos años pasen, cuantos errores se cometan, cuanto cambien los pensamientos humanos, la luz siempre existirá en sus corazones, gane o pierda la batalla al igual que la oscuridad, no importa cuántas veces pierda o gane, siempre estará allí esperando, aguardando para salir, para atacar nuevamente con más fuerza y empezar una nueva batalla entre el bien y el mal, pues mientras existan los humanos, ya sean mágicos o comunes, la guerra nunca va a terminar.
Harry abrió sus ojos, levantándose de golpe sintiendo el sudor frío recorrer sus mejillas y respirando desesperadamente, no era la primera vez que soñaba con eso y seguramente no sería la última vez. Tomó sus gafas para observar el reloj que marcaba pasadas las 3. Inconscientemente volteó para ver a su esposa de reluciente cabello rojizo que dormía tranquilamente en la cama, dio un largo suspiro y se levantó de la cama, ya no podría dormir eso era seguro así que sencillamente se limitaría a dar un paseo por el amplio jardín de su casa.
Hace muchos años que Ginni había dejado de preocuparse de los sueños recurrentes de Harry, era tan normal en él que ella simplemente se había cansado, después de años de matrimonio el amor adolescente la admiración por aquel héroe había cambiado para sólo encontrarse con un simple humano tan común como ella o cualquier otro, en pocas palabras el encanto se había terminado.
Harry por otro lado había perdido la esperanza de que un amor forzado fuera a salvarle de aquellas pesadillas, de aquellos momentos amargos que se repetían en su cabeza y si en algo se había equivocado era en creer que un matrimonio y unos hijos le iban a devolver la familia que perdió y el amor que siempre había anhelado de niño ¡Vaya estupidez! Ni si quiera cuando su hijo Sirius nació pudo sentir verdadera felicidad y fue allí cuando lo entendió, pero era demasiado tarde, muy tarde para él, y él era demasiado bueno como para dañar a otros, él había decidido ese camino y así lo llevaría, su destino pudo ser otro tal vez, sin embargo así es como todo ocurrió, como la vida te golpea una y otra vez, a pesar de los años y las buenas acciones que hayas hecho en el pasado.
El frío de la madrugada era algo delicioso después de una pesadilla, eso lo había comprendido con el pasar de las noches, después de caminar un par de metros se sentó en un banquillo cerca del árbol preferido de su hija donde solía columpiarse en el verano. Harry suspiró de nuevo, dejando escapar un fragmento de vida en cada suspiro. Cualquiera que conociera a Harry podría sentir pena al ver sus ojos, ¿Cómo era posible que un personaje como él, un héroe en todos los sentidos haya terminado así? Sentado en un banco frío y solitario a las 3 de la madrugada, sin calor ni afecto o un solo ápice de preocupación de alguien. Claro él era Harry, el salvador ¿Por qué alguien tan importante como él necesitaría ayuda? Era eso lo que pensaba su familia, su nombre y su pasado era tan grande que nadie notaría que él verdaderamente estaba roto.
Y lo estaba, completamente roto. Sus pesadillas eran la prueba irrefutable de aquello pero nadie le tomaba importancia, ni si quiera su esposa con quien compartía la cama, sus hijos mucho menos cada uno estaba preocupado en sus asuntos o sus estudios y la única persona real que alguna vez se preocupó por aquellas pesadillas ya no estaba a su lado y siendo él un hombre mayor, casado por su puesto no podría contarle nada de aquello.
Otro suspiro escapó de sus labios, después de unos minutos dudando de hacerlo o no, sacó la barita de su bata pronunciando ligeramente -Accio- Una foto apareció entre sus dedos, una foto algo arrugada de tanto agarrarla y si se pudiera degastar de ser vista hace ya algún tiempo estaría vieja y carcomida. Allí estaba él de 14 años, rodeado de todos sus amigos y entre ellos estaba esa persona que se preocupó por él durante tantos años, persona que ahora sólo era una foto que se movía con sonrisas. La foto memoraba sus compañeros de Hogwarts en el torneo de los tres magos, incluyendo a Victor, Fleur y Cedric.
Cedric, este último captó sus ojos cambiando de persona donde estaba aquella que amaba por clavar su mirada en Cedric, en la foto se veía tan vivo como si el tiempo nunca hubiera pasado por él, como si él siguiera vivo, pero él estaba irremediablemente muerto.
-Sí, muerto- Harry sintió un fuerte dolor en el pecho y un pánico aterrador en su corazón, los recuerdos tomaban forma de las fotos y aquel recuerdo se hacía presente nuevamente, los ojos vividos de Cedric que salían en la foto chocaban con flashes de los ojos muertos del cuerpo inerte que dejó el cementerio y el transportador. Si tan sólo no hubiera dejado a Cedric tocar la copa, sin tan sólo lo hubiera dejado inconsciente con un hechizo, sin tan sólo, si tan sólo…
Sus manos temblaban, sus ojos lloraban, su alma gritaba y el mundo sentía la pena de él. La noche, la soledad y el dolor lo acompañaban en sus recuerdos, sólo estos sentimientos estaban a su lado, la única compañía que él podía tener, eso destrozaba a cualquiera y Harry Potter estaba roto, pero nadie, ni una sola persona en el mundo mágico y muggle se daba cuenta.
El bosque chillaba como si supiera que entre sus árboles había algo indeseado, como si algo infecto caminara entre sus raíces y no estuviera de acuerdo con ello.
-Él está perdiendo la cordura- Dijo una sombra que veía a Harry a través de un hechizo de búsqueda y seguimiento
-Eso es lo que estamos esperando- Dijo otra voz, una voz aterradora que veía con un brillo sádico en sus ojos al héroe deteriorado
-¿Y qué estamos esperando?- Continuó la primera voz con intriga
-Que se termine de romper- Pasó sus viejos y arrugados dedos por el agua estancada que mostraba el reflejo de Harry -Y cuando eso pase el señor tenebroso regresará una vez más en el cuerpo del gran Harry Potter- Dio una vuelta dando la espalda y encaminándose hacía el bosque -Por eso estamos aquí, por eso regresamos, los últimos mortífagos venceremos al niño que sobrevivió-
Su acompañante rio satisfecho ante aquellas palabras -¿Quién diría que tú odiarías tanto a Harry Potter?-
-Ese Harry debe desaparecer, es una vergüenza para el mundo mágico, él no debería existir y yo me encargaré de borrarlo- Un montón de ojos llenos de malicia aparecieron al asomarse la luna brevemente detrás de las nubes negras, mortífagos que debieron desaparecer hace años estaban reunidos allí en el bosque, observando al hombre de la cicatriz de rayo, esperando para darle fin. Una nueva guerra mágica estaba a punto de comenzar. Una guerra más sádica y más cruel, una guerra que ni el gran Harry Potter, el niño que sobrevivió, el héroe aclamado podría evitar.
