- ¿Y te despidieron de tu trabajo ?
- No, les dije que había un chico que te estaba acosando.
- ¿Acosar?¿No pudiste haber dicho molestar?
- Es la palabra que se usa- arrugo el ceño
- ¿Cuántos años tienes? Pareces un anciano
- Tengo 18 y un te lo agradezco hubiese sido suficiente- dijo con una sonrisa sarcástica.
- Gracias- sonreí a medias.
Como ha pasado el tiempo... Habíamos sido amigos de infancia hasta que nos peleamos por una tontera. No recuerdo por qué fue pero al día siguiente nos prometimos nunca más hablarnos y esas palabras que en ese entonces, no sabíamos su ponderación, nos habían sentenciado. Después, de que mi mama murió me rehusé a verlo a pesar de que sus padres nos visitaron varias veces. No quería verlo ni a él ni a nadie más.
- Oye...
Le mire
- Me hubiese encantado haber arreglado esa pelea que tuvimos
- ¿Qué pelea?- pregunté a pesar de saber a lo que se refería
- Cuando éramos pequeños- se sentó tocando la punta de su rodilla contra mi muslo.
- Fue hace tanto tiempo- lo dije en un bostezo, me rasque la cabeza
-A mí también- saque un cigarrillo y lo encendí-. Pero ya no se puede hacer nada.
- Es malo fumar te mata- miraba mi cigarrillo.
- Muchas cosas me han matado y sigo vivo.
- Pero, esto literal te matará
- No me interesa. Me calma
- ¿Evitas drogas en cambio del cigarro?
- Esto es un tipo de droga- sentencié.
- Pero hablo de drogas ilegales
- Algo así
- ¿Por qué?
- Porque mi papá me mata si se enterará.
- ¿Y sabe sobre lo del cigarrillo?
- No lo sé, pero creo que sospecha
- ¿Por qué lo haces?
- Para olvidar
- ¿Olvidar qué?
- Todo
Una gran parte de mi deseaba que él siga preguntando, pero la otra parte deseaba que se callara. La herida con puntos se abría y dolía el doble y no quería que siga doliendo. Me hacía pequeño. No importaba el tiempo que pasaba el dolor seguía ahí sin importar nada.
Como supuse no dijo nada. Seguí fumando sacando el humo de mi boca lentamente disfrutando cada calada.
Nos quedamos en silencio mirando algún punto de la pared blanca mientras sentí sus ojos en mi cigarrillo o quizás en mí. No me atreví a girar el rostro y de repente me puse nervioso.
Ahí sentados pensando en que sabe qué nos quedamos hasta la hora del receso. No sabía por qué me acompañaba si era alguien tan atareado, pero no le pregunte. Me estaba empezando a gustar su compañía ese pequeño agujero que sentí de niño, cuando nos habíamos peleado, ahora volvía a estar como antes, los años parecían que no habían pasado. Mi yo de niño dentro de mí se abrazaba junto a su mejor amigo y esa pelea tonta se convirtió en un nada como se supone que tuve que haber sido en ese entonces.
- Me alegra que sigamos siendo amigos.
- Si - sonrío a medias, pero con los ojos como estrellas - a mí también.
