Abrí los ojos, la luz del cuarto estaba encendida. Sentí el peso de alguien en la cama.
- ¿Carlos? ¿papá? –pregunte con voz rasposa.
- Arthur- una voz femenina pronunció mi nombre tiernamente.
- ¿Mamá?- pero cuando voltee a ver a aparecer el mismo rostro ensangrentado y abotargado de su nariz, boca y oídos se derramaba sangre por la hemorragia interna que había sufrido en el fatal accidente. Era casi irreconocible.
Grite a todo pulmón.
- No tengas miedo soy yo- se acercó con una sonrisa tétrica levantando su mano tembloroso en mi dirección.
- ¡Suéltame!- la empuje y empecé a correr en busca de papá, pero el pasillo se hacía más oscuro, más largo no podía alcanzar su puerta y tocarla. Mi voz no alcanzaba a gritar como si mis cuerdas vocales de repente habían sido arrancadas. Escuchaba sus pisadas acercarse sentía que ya estaba atrás mío su aliento lo sentía acariciar mi cuello, una mano gélida me apretó el hombro obligándome a girar. Trague en seco.
Me levanté de golpe sudando con el corazón latiéndome a mil por hora.
- ¿Adrián? ¿qué ocurrió?- Carlos entró prendiendo la luz con los ojos achinados.
Mire perdido alrededor de la habitación y luego a él desconcertado.
- ¿Qué ocurrió?- volvió a preguntar. No encontraba mi voz para responderle.
Comencé a temblar y rompí a llorar.
¿P- por qué no r-respondías?
Carlos se acercó y me abrazó sin decir nada, sin preguntar más. Sólo colocó los brazos alrededor de mi cuerpo. Lo apreté con fuerza como aquella vez que me aviso sobre la noticia.
Me sobaba la espalda de arriba abajo y esa fue una de las pocas veces en las que Carlos y yo nos comportábamos como padre e hijo era como si el recuerdo de mamá nos reunía de la peor manera, estando de luto siempre en ese círculo vicioso que no podíamos escapar.
Cada vez que cerraba los ojos volvía a ver la figura de mama mirándome. Me estremecía.
Esa noche durmió conmigo. Fue la única manera en la que pude estar tranquilo pero no pude conciliar el sueño.
Paso su mano por mi cabello, estaba despierto.
Me removí el dejó de acariciarme.
- ¿Estás despierto?
- Sí
- No puedo dormir
No le dije nada
- ¿Tuviste una pesadilla?- al ver que no respondía cambio la pregunta- ¿qué soñaste?
- Con mamá.
Tome aire. Hablar de ella me hacía recordar esa imagen.
- Estaba sangrando como cuando...
- Ya, ya no hay necesidad de que lo digas - se sentó y cogió el vaso que estaba en la mesita de noche y lo oí tragar.
- ¿Desde cuando llevas soñando con eso?
- No sé
- ¿Es reciente?- su tono de voz había cambiado.
- No, tres veces al año me ocurre creo. La primera vez fue...
- Cuando tenías quince me dijiste que habías soñado con un monstruo que te perseguía. ¿Ese monstruo era ella?
- ¿Por qué nunca me lo dijiste?- escuche como pasaba su mano por su quijada.
- Creí que sólo sería una vez
- Pero no fue así, Arthur.- repuso.- Llevas soñando con lo mismo desde los quince. Quince años- dijo entre sorprendido y desesperado.- Tu madre murió hace 3 años,
- Yo sé- era la primera vez que hablábamos de ella, pero nunca me imaginé que un sueño conllevaría a esto.- ¿Que querías que haga? Tu nunca estás aquí y las pocas veces que estas pasas en el celular o con esa mujer.
- No metas excusas.
- Es la verdad.- susurré.
No me dijo nada. Sabía que yo tenía razón. Sabía que desde ese día toda esta familia se había ido a la mierda y él no hizo nada para recuperarla se dejó vencer y yo me hundí junto a él.
- Conseguiré un psicólogo para que te ayude
- No necesito ir a un loquero
- No es un loquero. Te hará bien se esa manera dejarás de tener esas pesadillas.
- No son pesadillas- casi susurre al darme cuenta de la estupidez que estaba diciendo.
- Llevas soñando con eso desde hace mucho y no es normal. Quieras o no irás al psicólogo- dijo firmemente.
No necesito de ningún psicólogo.- pensé
- No me puedes obligar.
Río con sarcasmo.
- Soy tu padre y hagas lo que hagas irás.
Dicho esto me dio la espalda.
Pude notar que estaba amaneciendo por los rayos amarillos que apuñalaban la malla de la ventana y cerré los ojos otra vez.
Carlos no entiende. Nadie entiende que son el simple hecho contarle mis pesadillas a un desconocido se acabarán con un par de pastillas. No. Lo único que arreglará este caos es evitar el maldito choque. Sin embargo, eso era cambiar el pasado, adentrarse en los imposible y ninguna pastilla, ningún psicólogo o doctor podía ser capaz de lograrlo.
