Queria pedir perdon por haber creado una confusion en cuanto a los nombres de los personajes. Ya revise y cambie todo... aqui les dejo este capitulo y espero que les guste.


El fluido ácido rozaba mi garganta, y el líquido transparente salía de mi boca, mientras mi estómago se contraía.

Me agarraba del retrete como si mi vida dependiera de ello.

- Mi- mierda, mierda, mierda!

Lancé varios puños en cada insultada y el dolor voló por mis venas en forma de grito.

- No puedes seguir así ¡Maldita sea! ¡Deja de ser tan débil!

Una marca de sangre quedo en el suelo. Las voces retumbaban con las preguntas de siempre: ¿por qué? ¿Por qué sientes tanto coraje, impotencia, tristeza? Y yo no era capaz de responder

- Eres un cobarde- el monstruo me susurró al oído- cobarde, siempre llorando como la niñita de mami que eres. Ups, cierto no tienes mami JA JA JA JA. Corriendo siempre de los problemas como si ese fuese la solución. Cobarde un cobarde bastardo, bueno para nada tu padre te odia y desea que estés muerto ¿por qué sigues aquí? ¿Por qué no cumples su deseo?

- D- déjame en paz

- Cobarde, cobarde, cobarde, cobarde

El monstruo desapareció cuando sonó la puerta del baño.

- Joven Adrián su padre está en el teléfono.

- Dile que estoy dormido- baje la válvula y me puse mi abrigo.- No quiero hablar con él.

El monstruo seguía ahí con una sonrisa afilada esperando atacarme de nuevo.

Al día siguiente Lionel no me dejo faltar al colegio. Mientras caminaba por los pasillos en el receso Alfred me llamó para que comiera con él, pero la verdad no quería verlo, no quería que me pregunte nada, no quería escuchar su despreocupada vida, no quería.

Dios esto es una completa mierda.

- ¿Arthur? ¿Qué ocurre? - alce la mirada y él la sostuvo como si se tratase de una competencia tonta.

Le dio una mordida a su sanduche y con la punta de su pie toco mi pantorrilla.

- No tienes que ser tan serio - me dijo con una sonrisa tierna y los ojos achinados.

- ¿Y qué tiene?

- Das miedo pareces que quieres pegarle a alguien.- me toco la frente con su dedos índice.- Eres muy cejón- comentó para si mismo.

- Es que quiero pegarle a alguien- confesé.

- Me lo suponía - ahí va de nuevo esa expresión de soberbia. Me molestaba.- Tienes algo que hacer después del colegio?

Negué con la cabeza.

- Entonces, ¿quieres acompañarme al gimnasio?

Arrugue el ceño y me reí de solo imaginarme lo que haría ahí.

- Vamos, hay kickboxing - alzo las cejas y sus ojos azules brillaron.

- La verdad no tengo ganas

- Una vez

- No...

- Kirkland deja de ser cascarrabias y haz cosas nuevas.

Suspiré.

- No perderás nada intentándolo

- Esa frase es cliché

- Lo sé, pero siempre sirve.-tomo con la lengua el sorbete para acercarlo a sus labios rosados. - ¿Entonces?

- Está bien

Se dio cuenta de mis nudillos morados, mas no me dijo nada y siguió hablando a pesar de que no respondía y no prestaba atención.


No sabía que estaba haciendo en un gimnasio si apenas podía correr bien.

- Francis, este es el amigo que te conté ayer – un hombre alto con el cabello rubio cogido en una coleta y con orbes azul oscuro. Me sonrió amablemente y me dio un apretón de manos.

- Sí que eres delgaducho- puso su mano en mi hombro con algo de fuerza.- ¿Estas listo para dar algunos puños?

- Eso creo

Francis estaba detrás mío con sus manos en mis hombros. Mientras Alfred estaba haciendo otro ejercicio y nos estaba mirando.

Me sonrió.

- ¿Me estás prestando atención?

- ¡Sí!

- Imagina que el saco es la cosa que más odias, deja que la ira fluya por todo tu cuerpo déjate dominar.- pronuncio la ultima palabra cerca de mi odio provocándome un escalofrío.

Asentí, los guantes me pesaban, y la camisa sin mangas hacían notar más mi delgadez. Seguía sintiendo los ojos de Alfred en mí y por alguna razón me puse nervioso.

- Dale, cuando quieras.

Mire el saco y cerré los ojos y el monstruo automáticamente apareció.

Tú puedes solo relájate.

Y todo fue tan...¿refrescante? No. Fue como si por un momento todo esa roca que me aplasta contra el piso me dejará una rendija para respirar, para sentir que estaba vivo otra vez.

- ¡Arthur!

Lionel, mamá, Allistor y Dylan, el colegio, las notas, los profesores, las risas, los dedos apuntándome como si fuera un bicho, las burlas, los insultos, los gritos, y las miles de lágrimas. Lionel, mamá, los amigos de , el colegio,...

- ¡Kirkland!

¿Por qué me sentía tan bien? Quería pegar más, pegar más.

Así me sentí, como una maldita basura ¿Te gusta? ¿Ah? Así me siento todos los putos días.

- Oye, Arthur- me tomo de los hombros- detente te dañaras algún músculo.

Su voz era delicada, pero firme. Estaba demasiado cerca podía sentir su olor a sudor.

- Déjalo Francis. - de un salto Alfred estaba en la cancha- Es más fuerte de lo que parece.

Me miró y me volvió a sonreír, yo también sonreí a medias.

Había algo ahí que no sabía explica. Pero, esa mirada y esa sonrisa significaban algo, pero qué ¿Un empujón a seguir adelante, palabras de aliento o era más que eso? No podía evitar sonreír cada vez que nuestros ojos chocaban.

¿Que era esto?


- Gracias

- Te dije que sería divertido, ¿no? Le agradaste mucho a Francis

- Si,- gire los ojos-. ¿él es maricón?

Se río exageradamente.

- Sí, perdón si te incomodó solo que esa es su manera de coquetear.

- ¿Contigo también es igual?

- No, al parecer le gustan los delgaditos y enojones.

- Ja ja ja- lo empuje- Qué chistoso eres.

Se rió.

- No aguantaba la cara que ponías

- Pensaba que me iba a violar.

Se volvió a reír.

- No exageres Kirkland. Él es buena persona.

Alcé las cejas.

- No sólo por ser maricón te va a besar.

No dije nada y él siguió.

- ¿Acaso eres homofóbico?

- Eh... No - coloque mis manos en la nuca.- Me dan igual, pero no me gusta que me respiren en el oído y que un poco más me rocen su pene el culo ¿qué clase de seducción es esa?

- Eres exagerado.- dijo entre risas estridentes.

De repente, se quedó callado tenía sus manos guardada en el bolsillo.

- ¿Acaso, estás diciendo que te gustaría que te seduzcan de otra manera?

- Sí- arrugue el ceño y entendí por dónde venía la pregunta.

- ¿Espera qué? No! no lo sé. No sé qué estoy diciendo.- me golpee en la frente

Se rió.

- Estás rojo – río-. Eres raro.

Me miró de soslayo y no pude despegar su mirada de la mía y por alguna razón nos quedamos callados, estudiándonos tratando de descubrir lo que no lográbamos sacar de nuestros labios. Sentí el aliento de Alfred cerca de mi oído.

- Acaso,...

- ¿Acaso qué? - mi voz se escuchaba rara como en un murmullo seco. Me abrazo con fuerza agarrando mi espalda con algo de torpeza y un sentimiento de tristeza me invadió de la nada.

- ¿Qué ocurre Alfred? Ahora el raro eres tú.

Escuche que respiraba profundamente y me soltó.

- Perdón- bajo la mirada.- Por favor no mal interpretes...

Sonreí y le propine un codazo en las costillas.

- ¿Por qué esa cara larga? - sonreí y por alguna razón sabía de qué se trataba-. Tranquilo pase lo que pase y digan lo que digan no dejare de ser tu amigo.

Me sonrió con los ojos y eso fue suficiente para mí.

En el atardecer antes de separarnos para ir a nuestras casas Alfred me susurró un gracias en el oído que me provocó una pequeña taquicardia y en respuesta le murmuré un no hay de qué . Lo vi desvanecerse en el sueño del sol y por alguna razón me dieron ganas de volver a abrazarlo.


Pequeñas aclaracion Arthur no sufre de equizofrenia o alguna enfermedad que le hace creer alusiones sino que sufre de ansiedad y otros problemas que se veran en creo dos capitulos siguientes.

Como siempre si les aburrió la historio, el capitulo en si me avisan. Por favor o si hay alguna falta ya sea por nombres u ortografica tambien. Les mando un abrazo.