Capítulo VIII

Say goodbye, say hello

Suguru tomaba sorbos pequeños de su café por inercia. No podía creer lo que había hecho diez minutos antes. Su catatónico estado se debía tanto al shock como a la emoción que le embargaba, nunca antes había confesado sus secretos, ni siquiera a sus padres; y el hecho de que ahora su más recóndita y oscura verdad hubiera sido expuesta le ponía los cabellos de punta.

- ¿En qué demonios estaba pensando? – se preguntó, sintiendo que las manos comenzaban a sudarle excesivamente.

No había nada que pudiera hacer para remediar su "error". El único consuelo que le quedaba era pensar de forma positiva. Shuichi podría ser impulsivo y a veces un niño pequeño, pero no era un traidor ni un chismoso y le reconfortaba un poco el recordar la mirada decidida que el pelirrosa le había dedicado antes de decirle "Te daré la oportunidad de ser feliz, porque eres una excelente persona".

Nostálgico, recargó su frente sobre la mesa de la cafetería y pensó en cómo había llegado a sentirse como lo hacía ahora; sin embargo, la razón jamás apareció.

- Es horrible que un buen día te levantes pensando de forma agradable acerca de tu jefe y entonces te das cuenta de que algo hay de diferente…

- Al menos te diste cuenta y no te lo dijeron – le dijo una voz conocida detrás.

- ¿Sakuma-san?

- Olvidé esto – dijo, mientras le guiñaba un ojo y tomaba las gafas de sol que había dejado en el asiento.

Suguru se quedó observándolo un momento. Sakuma-san no parecía ser la misma persona que había visto horas atrás, antes de que Shuichi recibiera la llamada de Tatsuha, y luego los comentarios del cantante tampoco ayudaban a formar una mejor explicación para su conducta.

- ¿Es entrometido de mi parte si pregunto de dónde conoce a Tatsuha-san? – se atrevió a preguntar Suguru de forma tímida.

Ryuichi lo miró con sorpresa unos segundos e instantes después sus labios formaron una media sonrisa de melancolía.

- Es entrometido de tu parte – resolvió –, y tampoco puedo decirte de dónde lo conozco. Pero con tu pregunta me permitiste suponer que sospechas que me importa bastante.

Suguru asintió, sintiéndose de verdad perturbado por la actitud del cantante.

- ¿Qué puedo decirte? Forma parte de un pasado que me gustaría no tener presente, y lo peor es que él no lo recuerda. De alguna forma es mejor así, porque de ser todo lo contrario… la vergüenza me podría más – apuntó el peliverde, sonriendo con melancolía.

Suguru no supo qué decir; aquella sonrisa nostálgica en Sakuma-san le había hecho sentir una tristeza enorme en conjunto con sus palabras. Sí, él sabía lo doloroso que era que la persona que te más te importa en el mundo no recordara algo que la hacía ser tan especial ante tus ojos, ese pequeño detalle por el que jamás le olvidarías y por el cual siempre le querrías.

El suspiro de Ryuichi detuvo el flujo de sus dramáticos pensamientos.

- Pero ¿sabes algo, Suguru? Shuichi lo conseguirá para ti – aseguró el cantante, sonriendo esta vez con verdadera alegría –. ¿No te pasa que cuando estás a su lado su sola presencia te mete la idea de que puedes hacerlo todo?

- Sí…

- En ese caso espera a que abra tu oportunidad y no la desaproveches – le aconsejó, acercándose un poco a su rostro para mirarlo directamente a los ojos –. Conozco a Seguchi Tohma desde hace algún tiempo y si algo puedo decirte es de que no todo es tan gris como parece, Sugu-chan.

El mayor le revolvió el cabello de forma cariñosa y después se marchó, dejando a Fujisaki todavía más confundido de lo que estaba. ¿A qué se refería exactamente? Su corazón le gritaba la respuesta, pero su mente se negaba a encontrarle lógica y lo bloqueaba.

Se pasó, nervioso, una mano por el cabello. ¿Por qué las cosas de amor siempre incomodaban…?

Por su parte, Ryuichi avanzaba lentamente por la calle con las manos en los bolsillos, jugando con el conejo rosa que llevaba como llavero. En realidad no tenía nada qué hacer; se había apartado ese día para pasarlo con Shuichi y ver su progreso como Mister Match, pero sus planes habían sido interrumpidos con la llegada de Tatsuha y ahora se encontraba solo, aburrido y con un montón de pensamientos danzando en su caótica mente.

Volvió a dejar escapar un suspiro y cerró los ojos un momento en un vano intento de despejarse de todo lo que pasaba por su cabeza. Por eso, no se dio cuenta cuando su cara se estampó contra algo firme y suave a la vez. Al abrirlos se encontró con un muro negro al que muy pronto le encontró la forma de la espalda de una persona y al ver el cabello rubio de éste sintió que su estómago daba un vuelco de 360°.

- ¿E-eiri?

- Mhn… así que mis pensamientos no estaban tan equivocados – le dijo el rubio, quitándose las gafas de sol –, Sakuma Ryuichi está en Tokyo, me recuerda, y es nada más y nada menos que el cantante que siempre soñó ser.

Ryuichi adoptó una fría expresión para ocultar la sorpresa mostrada momentos antes y esbozó una sonrisa aviesa.

- Y Uesugi Eiri es el prestigioso abogado que nunca quiso ser – respondió.

El rubio levantó la ceja, eso había sido un golpe bajo y no pudo evitar dejar de lado su arrogancia para observar los cambios que doce años habían hecho en aquel peliverde. Evidentemente estaba más alto, pero las facciones infantiles aún permanecían a pesar de la mueca que tenía dibujada en el rostro y los ojos azules seguían emitiendo ese brillo curioso del que su hermano siempre hablaba cuando todavía eran niños. Se preguntaba cómo era posible que Tatsuha no lo reconociera en la fiesta…

- La vida da muchas vueltas – admitió el rubio, bajando ligeramente su posición a la defensiva –. En doce años pueden pasar muchas cosas.

Ryuichi también abandonó su máscara para relajar los hombros y asentir con suavidad.

- ¿Hace cuánto estás en la ciudad? – preguntó el ojiazul, intrigado.

- Regresé hace poco – respondió el otro, instándolo a seguir caminando al empezar a caminar –. Tu voz ya no se escucha como el aullido de un perro al anochecer.

Ryuichi bufó y se cruzó de brazos.

- Nunca sonó así, tú eras el único amargado al que jamás le han gustado las canciones con letra – refutó, mirando de vez en cuando al hombre más alto –. Me sorprendió verte en esa fiesta, especialmente me llamó la atención que estuvieras como invitado de uno de los hombres que más odias.

Eiri se tensó de pronto, cosa que no pasó desapercibida para Ryuichi, pero lejos de soltarle una respuesta mordaz o ser grosero (como era su costumbre), se detuvo y lo miró directamente a los ojos.

- Él no fue – aseveró el rubio, mirándolo tan penetrantemente que Ryuichi no tuvo duda alguna de que esa advertencia era en serio.

- Supongo que algún día me contarás cómo lo sabes – resolvió el peliverde, negando con suavidad –. ¿Qué haces por aquí cuando tienes una oficina enorme y con vista a toda la ciudad?

- Confirmando información – contestó escuetamente el abogado, colocándose de nuevo sus lentes –. ¿Por qué dejaste que pasara todo esto? Pudo ser muy fácil para ti deshacerte de ella antes de dejar que tomara ventaja.

El ojiazul sonrió ante lo dicho por Eiri, pensó que el rubio llegaría a la conclusión de que la fama le había robado el cerebro (como constantemente se lo recordaba cuando eran pequeños), pero con lo dicho había demostrado que confiaba todavía en la perspicacia que había mostrado tener desde niño.

- ¿Sabes qué he aprendido? – el rubio le cedió toda su atención con el simple gesto de mirarle de reojo –. Las personas como ella sufren más cuando piensan que están en la cima del mundo y ¡plop! Les das la vuelta en una sola jugada y se dan cuenta de que la estupidez robó su visión. No hay nada mejor que ver caer así a esa clase de gente.

Eiri sonrió aviesamente.

- Tu pasión por la música sólo se puede comparar con tu nivel de maldad – aseveró el mayor, divertido.

- Claro. Tú compartes mis razones después de todo, ¿no?

Eiri Uesugi no respondió nada, pero su corazón comenzaba a latir con rapidez ante aquella implicación oculta para los ojos de los jóvenes y de aquellos que querían hacer oídos sordos a los violentos crímenes ocurridos años atrás…

- Cumplí mi sueño de ser cantante gracias a tu familia y a ti, pero creo que no puedo decir lo mismo en cuanto a tu persona – soltó el ojiazul, mirándolo de reojo –. ¿Qué hay de ti, Eiri?

El rubio entendió la preocupación implícita en el tono que Ryuichi había usado y quería quedarse callado para no levantar angustias o dolor innecesario, mas por dentro bien sabía que no tenía caso porque si algo tenía Sakuma Ryuichi era obstinación para sacarle hasta el más pequeño trozo de verdad…

- Ya te dije, la vida da muchas vueltas. Al contrario de ti, mi memoria permanece intacta y es lo único que habla por mis acciones. Mi grandeza se debe a mi deseo de resolver pronto aquello que nos ha perseguido por tanto tiempo…

- El odio no puede ser lo único que lleves por dentro – aseguró el otro más que preguntar –. No creo que lo hayas descubierto, pero hay algo que ha cambiado en ti.

Eiri se quedó callado esta vez y ni siquiera lo miró, y en medio de su intento por dejar que su mirada continuara fija hacia el horizonte, se dio cuenta de que saliendo del centro comercial al otro lado de la Avenida iban su hermano y el idiota de Shuichi.

- Me sorprende que Tatsuha no te haya reconocido todavía – dijo el rubio, con toda la intención de herir al peliverde –. ¿No te es incómodo ser amigo de la persona que te ha robado su cariño y atención?

- No. Más bien creo que esa pregunta deberías hacértela tú.

Y antes de que Eiri pudiera discutir cualquier cosa, Ryuichi ya estaba bien alejado de él, caminando lo suficientemente aprisa para que la única forma de alcanzarlo fuera corriendo.

Frustrado, se detuvo a observar el cuadro que representaban Tatsuha y el pelirrosa. Su hermano lucía contento y divertido a lado de Shuichi, pero éste no parecía tan feliz. En definitiva la escena no era precisamente la imagen más viva del romance.

Indignado, se dio media vuelta y continuó su camino, lejos de la pareja que había observado antes.

-:-:-

- ¿Shuichi? – le llamó su novio, sacándolo de su trance.

- ¿Qué pasa? – preguntó con dulzura.

- No me estabas poniendo atención, ¿verdad…?

Shuichi abrió los ojos con sorpresa y luego desvió la mirada, sintiéndose sumamente avergonzado.

- Lo siento, es que estaba pensando en lo de Suguru y luego el caso. Tengo demasiadas cosas en la cabeza… lamento no ser la mejor compañía en estos momentos.

Tatsuha mentiría si dijera que eso no había sido como un balde de agua fría. Él mismo había usado esa frase años atrás para expresar su desinterés por la otra persona y ser considerado. Era evidente que Shuichi no lo hacía a propósito y eso fue todavía peor de saber, porque significaba que el pelirrosa estaba tratando de forzar sus sentimientos.

Suspiró. Le gustaba muchísimo, pero nada podía hacer si esa química entre ellos no existía. Por eso decidió facilitarle un poco las cosas.

El pelinegro, tomándolo de la mano, le guió al borde de una de las fuentes de la plaza, invitándolo a sentarse en ella. Todo esto bajo la atenta mirada del pelirrosa.

- Shuichi, sabes que me gustas mucho y que en este tiempo te he tomado muchísimo cariño – comenzó, provocando un sonrojo en el abogado –, pero, para mi desgracia, creo que tú sólo me ves como un amigo…

- Tatsuha… – intentó replicar, siendo acallado por los dedos de éste sobre sus labios y por una mirada que le pedía que no dijera nada.

- No quiero que fuerces tus sentimientos, Shuichi. Lo que más me gustó de ti al conocerte fue tu honestidad, así que mantente siempre así – dijo, retirando su mano –. No es culpa tuya que esto no funcionase del modo que yo quería y por ahí dicen que todo tiene una razón de ser; creo que la única que puedo encontrar aquí es la de haber encontrado a un amigo sincero y siempre dispuesto a ayudarme, ¿cierto?

Shuichi asintió, sintiendo la vista nublada.

- Eres increíble, Tatsuha – fue lo único que atinó a decirle antes de abrazarlo fuertemente.

Tatsuha sonrió. Dolía que hubiera sido rechazado, pero al mismo tiempo se sentía bien por haber hecho lo correcto con una persona que apreciaba.

- Es hora de que regreses a la oficina o Eiri volverá a reprenderte – señaló el pelinegro luego de que se separaran –. Vamos, te llevo.

Shuichi asintió y se dirigieron al estacionamiento. Un pelinegro resignado y satisfecho, y un pelirrosa aún apenado pero con el corazón hinchado de gusto al saber que Tatsuha no se alejaría de él. Para ambos ésa debió ser la señal del destino que dijera que habían nacido para ser amigos, y si algo tenían claro los dos era que un adiós no tenía que llevar siempre a una despedida sin un nuevo hola.

El destino era caprichoso y las situaciones con las que jugaba como si éstas fueran cartas estaban siendo movidas tan bien que nadie más se había dado cuenta de sus intenciones…

CONTINUARÁ...

n/a: Regresaré más pronto de lo que imaginan, i'm not dead (8)~