Hola hola simples mortales mundanos. Pues aquí estamos de nuevo

Disfrutenlo.


CAPITULO 2.

LUCY

Nos subimos al coche que aparentemente pertenece a Natsu, no quiero que se dé cuenta pero estoy un poco aliviada de no ser la única en esta situación, al menos creo que puedo confiar en él, quiero confiar en él.

Enciende el coche pero se ve extraño, está más asustado que yo, es obvio que no sabe hacia dónde ir, yo tampoco lo sé pero vamos por la opción más fácil.

-Enciende el GPS.- le digo mientras soy yo la estiro la mano para prenderlo. El estómago me da vueltas, ¿Cómo se para que sirve esta cosa? ¿Cómo se cosas tan básicas y no puedo recordar lo que de verdad quiero?

Cuando el GPS está listo para introducir destino miro a Natsu, creo que piensa lo mismo que yo.

-Sería demasiado fácil- dice introduciendo la palabra "Casa" en el aparato

Sostengo ambas manos sobre mi regazo y las aprieto con fuerza. El GPS lanza una dirección.

Ambos sonreímos un poco aliviados.

-Bien pues vamos ahí- le digo, no tengo idea de a lo que nos tengamos que enfrentar cuando estemos ahí pero seguro será mejor que estar en la escuela.

-No tienes en tu bolsa algo que no sea de utilidad- dice Natsu cuando ve que me aferro a la bolsa color coral con ambas manos –Algo que nos pueda dar una pista de lo que está pasando-

-Es cierto- susurro acordándome del teléfono. Abro la bolsa y lo tomo entre mis manos, no tiene una contraseña. ¿Por qué no tengo una contraseña? Es algo que no reconocería de mi misma ahora pero doy gracias por ello.

Comienzo con los mensajes del correo electrónico, algo debe haber que nos diga lo que pasa, el primer contacto es "Natsu"

-Eh creo que somos una pareja bastante empalagosa- digo sosteniendo el teléfono donde pueda verlo.

El último mensaje fue de anoche se despide de mi llamándome "Cosita" yo le digo cosas como "Amorcito" y "Pastelito" Agg de alguna forma me siento repulsiva.

Él solo se ríe.

El siguiente contacto dice "Padre" me quedo reflexionando un momento, o he estado hablando con un sacerdote o mi relación con mi papá no es del todo buena.

-Recibí tu mensaje y estoy bastante decepcionado de que pienses de esa manera, no puedo creer que enserio creas esas cosas de mi.

Y sobre todo no puedo creer que sigas viéndote con Natsu Dragneel, te dije muy claramente que él no es para ti, él y su padre solo son unos ladrones, te darás cuenta de ello pero no digas que no te lo advertí.

Trago saliva, al parecer no tengo permitido salir con Natsu. "Ladrones" a que se refiere, miro a Natsu de reojo, él no se ve que sea una mala persona, quiero creer eso.

-¿Qué pasa?- dice cuando se da cuenta que llevo un momento observándolo. – ¿Encontraste algo útil?-

-Eh, no en realidad.

Sigo rebuscando en el celular, tenemos un montón de fotos juntos, en muchos lugares, y en muchas poses el nombre de la carpeta se limita a un corazón y al final hay un video, se ve obscuro solo un montón de voces revoloteando, Natsu se detiene en ese momento y se acerca para ver el video conmigo.

-Vamos Natsu deja de grabar

Soy yo, me veo más joven pero puedo reconocer mi voz, se ve parte de mi silueta, estoy acostada en una cama, cuando presiento lo que sigue mi cara se pone completamente roja.

-Enserio bebé, es nuestra primera noche juntos y no tienes nada que decir.

Siento que Natsu se tensa a mi lado pero ninguno de los dos aparta la vista.

-que quieres que diga. Tonto.

La chica del video cambia de posición cuando la cámara por fin se enfoca está arriba de la persona que graba y susurra algo, ya no quiero saber lo que está diciendo. ¿Por qué demonios tengo este video aquí? ¿En un celular sin contraseña?

-¿Por qué te detuviste?- le digo a Natsu tratando de desviar la atención de lo que acabamos de ver.

-Llegamos a la dirección que marca el GPS- volteo la mirada y por fin me doy cuenta de que estamos en una zona residencial, la casa de Natsu es grande y por fuera se ve muy lujosa. Woo me pregunto si yo viviré cerca, es un lugar muy bello para vivir.

-Entonces deberíamos entrar, supongo- Natsu sale inmediatamente y se acerca a la casa, aun no soy consciente de que el cinturón no me ha dejado moverme, aun así logro bajarme de alguna manera

— ¿Estás seguro de que es tuya? —le pregunto.

Se encoje de hombros.

—No parece que nadie estuviera en casa —dice—. ¿Deberíamos entrar?

Asiento. No debería tener hambre, pero lo hago. Quiero ir a dentro y comer algo, tal vez investigar nuestros síntomas y ver si hemos contraído alguna bacteria come-cerebros que robó nuestros recuerdos. Una casa como esta debería tener un par de computadoras por ahí.

Encuentra una llave en el aro de sus llaves que abre la puerta delantera. Mientras permanezco a su espalda y espero, lo estudio. En su atuendo y cabello, lleva ese estilo relajado de un chico al que no le importa nada, pero carga sus hombros como si se preocupara demasiado. También huele como el exterior: a pasto, y pino, y rica suciedad oscura. Está a punto de girar el pomo.

— ¡Espera!

Se gira lentamente, a pesar de la urgencia en mi voz.

— ¿Y si hay alguien ahí dentro?

Sonríe, o tal vez es una mueca. —Tal vez puedan decirnos qué demonios está sucediendo…

Luego estamos dentro. Permanecemos inmóviles por un minuto, observando el lugar. Me oculto detrás de Natsu como una cobarde. No hace frío pero estoy temblando. Todo es pesado e impresionante —los muebles, el aire, mi bolso con los libros, que cuelga de mis hombros como un peso muerto. Natsu se mueve hacia adelante. Me aferro a la parte posterior de su camisa mientras bordeamos el salón y vamos a la sala de estar.

Recorremos los dormitorios… los baños.

Recogemos libros, leemos las etiquetas en botellas que encontramos en el cajón de las medicinas. Su madre conserva flores secas por toda la casa; dentro de los libros en su mesa de noche, en el cajón de su maquillaje, y alineadas en los estantes de la habitación. Toco cada una, susurrando sus nombres entre dientes. Recuerdo todos los nombres de las flores. Por alguna razón, eso me hace reír.

Natsu se detiene cuando entra en el baño de sus padres y me encuentra inclinada riendo.

—Lo siento —le digo—. Tuve un momento.

— ¿Qué clase de momento?

—Un momento en el que me di cuenta de que he olvidado todo acerca de mí, pero sé que es un Jacinto.

Asiente. —Sí. —Baja la mirada a sus manos, y se forman surcos en su frente.

— ¿Crees que debamos decirle a alguien? ¿Ir a un hospital, tal vez?

— ¿Crees que nos creerían? —pregunto. Nos miramos el uno al otro. Y contengo de nuevo la urgencia de preguntarle si esto es una broma. Esto no es una broma. Es demasiado real.

Continuamos hacia el estudio de su padre, rebuscando entre documentos y mirando los cajones. No hay nada que nos diga por qué estamos así, nada fuera de lo ordinario. Lo vigilo de cerca por la esquina de mi ojo. Si esto es una broma, es un muy buen actor. Tal vez es un experimento, pienso.

Soy parte de algún experimento psicológico del gobierno y voy a despertar en un laboratorio. Natsu también me observa. Veo que sus ojos se disparan hacia mí, preguntándose… evaluando. No hablamos mucho. Solo, "Mira esto". O, "¿Crees que esto signifique algo?"

Somos extraños y hay un par de palabras entre nosotros.

La habitación de Natsu es la última. Se aferra a mi mano cuando entramos y lo dejo porque comienzo a sentirme mareada otra vez. Lo primero que veo es una foto de nosotros es su escritorio. Llevo un traje —un tutú muy corto con estampado de leopardo y alas de ángel negras que se extiende con elegancia a mi espalda. Mis ojos están delineados con gruesas y brillantes pestañas.

Natsu está vestido todo de blanco, el ángel blanco con alas. Se ve guapo. Bien versus mal, pienso. ¿Es ese la clase de juego en el que vivimos? Me mira y arquea las cejas.

—Mala elección de traje. —Me encojo de hombros. Él libera una sonrisa y luego nos movemos a lados opuestos de la habitación.

Levanto la mirada hacia las paredes en donde hay fotos enmarcadas de gente: un hombre sin hogar encovado contra un muro, envuelto en una manta; una mujer sentada en un banco, llorando en sus manos. Una gitana, con las manos sujetando su cuello mientras mira la lente de la cámara con ojos vacíos. Las fotos son mórbidas. Me hacen querer alejarme, sentir pena. No entiendo por qué alguien querría tomar una foto de cosas tan mórbidamente tristes, sin mencionar colgarlas en su pared para mirarlas todos los días.

Y luego me giro y veo la costosa cámara apoyada en el escritorio. Está en un lugar de honor, sobre una pila de brillantes libros de fotografía. Echo un vistazo en dirección al lugar en donde Natsu también estudia las fotos. Un artista. ¿Este es su trabajo? ¿Está tratando de reconocerlo? No tiene sentido preguntarle. Sigo adelante, miro su ropa, miro en los cajones en el costoso escritorio de caoba.

Me siento tan cansada. Tengo la intensión de sentarme en la silla del escritorio pero de repente está animado, haciéndome señas.

—Mira esto —dice. Me levanto con lentitud y camino hasta él. Está mirando la cama deshecha. Sus ojos están brillantes, y debería decir… ¿conmocionados? Los sigo hasta las sábanas. Y luego mi sangre se congela.

—Oh, por Dios.

NATSU

Lanzo el edredón fuera del camino para obtener una mejor visión del lío a los pies de la cama.

Manchas de lodo se acumulan en las sábanas. Secas. Algunos pedazos se agrietan y ruedan lejos cuando estiro la sábana, hay además cientos de papeles con notas extrañas.

—Eso es… —Lucy deja de hablar y tira de la esquina superior de la sábana de mi mano, estirándola para obtener una mejor visión de la sábana ajustable debajo de ella—. ¿Eso es sangre?

Sigo sus ojos subiendo por la sábana, hacia la cabecera de la cama. Al lado de la almohada hay una mancha fantasmal de la huella de una mano. Inmediatamente miro hacia mis manos.

Nada. No hay rastros de sangre o barro en absoluto.

Me arrodillo junto a la cama y coloco mi mano derecha sobre la huella de la mano en el colchón. Es una concordancia perfecta. O imperfecta, dependiendo de cómo se mire. Echo un vistazo a Lucy y su mirada se desvía, casi como no queriendo saber si la huella de la mano me pertenece.

El hecho de que es mía se suma a las preguntas. Tenemos tantas preguntas apiladas hasta este punto, que se siente como si la pila se encontrara a punto de colapsar y enterrarnos en todo menos respuestas.

—Probablemente es mi propia sangre —le digo. O tal vez me lo digo a mí. Trato de descartar cualquier pensamiento que sé que se desarrolla en su cabeza—. Pude caerme afuera anoche.

Siento que doy excusas para alguien que no soy yo.

— ¿Dónde estuviste anoche?

No es una pregunta real, sólo algo que los dos pensamos. Agarro la sábana superior y el edredón, y los extiendo sobre la cama para ocultar el desorden. La evidencia. Las pistas. Sea lo que sea, sólo quiero ocultarlo.

— ¿Qué significa esto? —pregunta, volviéndose hacia mí. Sostiene una hoja de papel en específico. Camino hacia ella y la tomo de sus manos. Parece que fue doblada y desdoblada muchas veces, hay un pequeño agujero por el desgaste formándose en el centro de la misma. La oración a través de la página dice: Nunca detenerse. Nunca olvidar.

Dejo la hoja de papel sobre la mesa, con ganas de que esté fuera de mis manos. El papel también se siente como una evidencia. No quiero tocarlo. —No sé lo que significa.

Necesito agua. Es la única cosa de la que recuerdo el sabor. Tal vez porque el agua no tiene sabor.

— ¿Tú lo escribiste? —exige.

— ¿Cómo voy a saberlo? —No me gusta el tono de mi voz. Sueno agraviado. No quiero que piense que estoy enojado con ella.

Se da la vuelta y camina rápidamente hasta su mochila. Busca en el interior y saca un bolígrafo, luego camina hacia mí, empujándolo en mi mano. —Cópialo.

Es mandona. Miro hacia el bolígrafo, girándolo entre mis dedos. Paso mi pulgar por las palabras impresas en relieve al lado de la misma.

GRUPO FINANCIERO DRAGNEEL-HEARTFILIA.

—Ve si tu escritura coincide —dice. Voltea la página hacia el lado en blanco y la empuja hacia mí. Miro sus ojos, caigo en ellos un poco. Pero entonces me siento enojado.

No me gusta que piense estas cosas primero. Sostengo la pluma en la mano derecha. No se siente cómodo. Cambio la pluma a la mano izquierda y se ajusta mejor. Soy zurdo.

Escribo las palabras de memoria, y después de que consigo un buen vistazo de mi letra, le doy vuelta a la página de nuevo.

La letra es diferente. La mía es aguda, concisa. La otra es suelta y despreocupada. Ella toma la pluma y reescribe las palabras.

Coinciden a la perfección. Los dos miramos en silencio el papel, sin saber si eso siquiera significa algo. Podría no significar nada. Podría significar todo. La suciedad en mis sábanas podría significar todo. La huella de la mano manchada de sangre podría significar todo. El hecho de que podamos recordar cosas básicas, pero no a la gente podría significar todo

No sé qué catalogar en mi mente y qué ignorar. Tal vez si me duermo, mañana despertaré y seré completamente normal.

—Tengo hambre —dice.

Me mira; mechones de pelo se interponen, impidiéndome tener una vista completa de su cara. Es hermosa, pero de una manera avergonzada. Uno no está seguro de lo que tiene que apreciar.

Todo en ella es cautivante, como a consecuencia de una tormenta. No se supone que la gente obtenga placer de la destrucción que la madre naturaleza es capaz de hacer, pero queremos mirar de todos modos. Lucy es la devastación dejada a raíz de un tornado.

¿Cómo lo sé?

Ahora mismo parece estar calculando, mirándome de esa manera. Quiero agarrar mi cámara y tomar una foto de ella. Algo da vueltas en mi estómago como cintas, y no estoy seguro de si son nervios, el hambre o mi reacción a la chica de pie junto a mí.

—Vamos abajo —digo. Alcanzo su mochila y se la entrego. Cojo la cámara de la cómoda—. Comeremos mientras buscamos nuestras cosas.

Camina delante de mí, deteniéndose en cada imagen entre mi habitación y la parte inferior de la escalera. Con cada imagen que pasamos, pasa su dedo sobre mi rostro, y solo mi rostro.

Observo mientras silenciosamente trata de comprenderme por esa serie de fotografías. Quiero decirle que pierde su tiempo. El que aparece en esas imágenes no soy yo.

Tan pronto como llegamos a la parte inferior de las escaleras, escuchamos un pequeño grito.

Lucy se detiene repentinamente y choca contra su espalda. El grito pertenece a una mujer de pie en la puerta de la cocina.

Sus ojos son amplios, pasando de Lucy a mí, y lo repite dos o tres veces más.

Presiona su pecho, sobre el corazón, exhalando con alivio.

Es alta y de pelo blanco, tal vez de unos veinte años. Lleva un delantal rosa con holanes.

Su cabello se encuentra hacia atrás, pero quita algunos mechones sueltos, mientras exhala un suspiro calmante. — ¡Natsu pero que rayos haces! ¡Me has asustado casi hasta la muerte! —Gira y se adentra en la cocina—. Será mejor que vuelvas a la escuela antes de que tu padre se entere. No mentiré por ti.

Lucy sigue congelada en frente de mí, así que coloco una mano en su espalda baja y la empujo hacia adelante. Me mira por encima del hombro. —Conoces…

Niego con la cabeza, cortando su pregunta. Se encuentra a punto de preguntarme si conozco a la mujer en la cocina. La respuesta es no. No la conozco, no conozco a Lucy, no conozco a la familia en las fotos de la sala.

Lo que sí conozco es la cámara en mis manos. Bajo la mirada, preguntándome cómo puedo recordar todo lo que hay que saber sobre el funcionamiento de esta cámara, pero no puedo recordar cómo aprendí alguna de esas cosas.

Envuelvo la correa alrededor de mi cuello y permito que la cámara cuelgue contra mi pecho mientras sigo a Lucy hacia la cocina. Camina con propósito. Hasta ahora, he llegado a la conclusión de que todo lo que hace tiene un propósito.

Por eso la sigo cuando entra en la cocina. No estoy seguro de cuál es su objetivo en este momento. Es para obtener más información del ama de llaves o busca alimento.

Lucy reclama un asiento en la enorme barra y saca la silla a su lado y la acaricia sin mirar hacia mí. Tomo asiento y pongo mi cámara enfrente de mí. Deja caer su bolso sobre el mostrador y comienza a abrirla. —Mira, me muero de hambre. ¿Hay algo de comer?

Todo mi cuerpo gira hacia Lucy en el taburete, pero se siente como si mi estómago se encontrara hecho un nudo. ¿Cómo sabe su nombre?

Lucy me mira con un rápido movimiento de su cabeza. —Cálmate —sisea—. Está escrito justo allí. —Apunta hacia una lista —una lista de compras—, que hay frente a nosotros. Es un bloc rosa, personalizado, con gatitos que recubren la parte inferior de la página. En la parte superior del bloc personalizado se lee: Cosas que Mirajane necesita.

La mujer cierra un armario y se enfrenta a Lucy. — ¿Abriste apetito mientras te encontrabas arriba? Porque en caso de que no estuvieras al tanto, sirven el almuerzo en la escuela a la que ambos deberían estar yendo en este momento.

Levanto la mano y la paso a lo largo de la nuca de Lucy. Ella se estremece cuando la toco, pero se relaja casi inmediatamente cuando se da cuenta de que es parte de nuestro acto. Estamos enamorados, Lucy. ¿Recuerdas?

—Lucy no se ha sentido muy bien. La traje aquí para que pudiera dormir la siesta, pero no ha comido hoy. —Vuelvo mi atención a Mirajane y sonrío—. ¿Tienes algo para que mi chica se sienta mejor? ¿Alguna sopa o galletas saladas, tal vez?

La expresión de Mira se suaviza cuando ve el cariño que le muestro a Lucy. Toma una toalla de mano y la arroja por encima de su hombro. —Te diré algo, Lucy. ¿Qué tal si te preparo mi especialidad, emparedado de queso a la parrilla? Era tu favorito antes, cuando solías visitarnos.

Mi mano se tensa contra el cuello de Lucy. ¿Antes, cuando solías visitarnos? Los dos nos miramos, más preguntas nublando nuestros ojos. Lucy asiente. —Gracias, Mira —dice.

Mirajane cierra la puerta de la nevera con la cadera y comienza colocar ingredientes sobre el mostrador. Mantequilla. Mayonesa. Pan. Queso. Más queso. Queso parmesano. Coloca un sartén en la estufa y enciende la llama. —También te haré uno, Natsu —dice Mira—. Debes haberte contagiado de sea cual sea el virus que Lucy tiene, porque no me has hablado mucho desde que entraste en la pubertad. —Se ríe después de su comentario.

— ¿Por qué no te hablo?

Lucy golpea mi pierna y entrecierra los ojos. No debí preguntar eso.

Mirajane desliza el cuchillo en la mantequilla y toma un trozo de ella. La unta en el pan. Aunque realmente no me responde.

Mi mirada cae a la cámara delante de mí. La enciendo. Lucy empieza a rebuscar en su bolsa, inspeccionando artículo por artículo.

—Oh, oh —dice.

Sostiene un teléfono. Me inclino sobre su hombro y miro la pantalla con ella, justo cuando cambia el timbre a la posición de encendido. Hay siete llamadas perdidas e incluso más mensajes de textos, todos de "Mamá".

Abre el último mensaje de texto, enviado hace apenas tres minutos.

Tienes tres minutos para regresarme la llamada.

Supongo que no pensé en las consecuencias de saltarnos la escuela. Las consecuencias con los nuestros "padres" que ni siquiera recordamos. —Tenemos que irnos —le digo.

Los dos nos levantamos al mismo tiempo. Lanza su bolso sobre su hombro y agarro mi cámara.

—Espera —dice Mirajane—. El primer emparedado está casi listo. —Se acerca a la nevera y coge dos latas de refresco—. Esto ayudará a su estómago. —Me da ambos refrescos y luego envuelve el emparedado de queso a la parrilla en una servilleta de papel.

Lucy ya se encuentra esperando en la puerta principal. Justo cuando estoy a punto de alejarme de Mira, ella me aprieta la muñeca. Me doy la vuelta para ver su cara, y sus ojos se mueven de Lucy hacia mí—. Es bueno verla de nuevo aquí —dice Mirajane en voz baja—. He estado preocupada por cómo podría afectarlos a ustedes dos todo el asunto entre sus padres. Has amado a esa chica desde antes de que pudieras caminar.

La miro fijamente, no estoy seguro de cómo procesar toda la información que acabo de recibir. —Antes de que pudiera caminar, ¿eh?

Sonríe como si tuviera uno de mis secretos. Lo quiero de vuelta.

—Natsu —dice Lucy.

Disparo una rápida sonrisa a Mirajane y me dirijo hacia Lucy. Tan pronto como llego a la puerta principal, el timbre de su teléfono la sobresalta y se le cae de las manos, directamente al suelo.

Se arrodilla para recogerlo. —Es ella —dice, levantándose—. ¿Qué debería hacer?

Abro la puerta y le insto a salir tomándola por el codo. Una vez que la puerta se cierra, la enfrento de nuevo. El teléfono está en su tercera llamada—Deberías responder.

Mira fijamente el teléfono, sus dedos agarrándolo con fuerza. No responde, así que lo alcanzo y pulso directamente contestar. Arruga su nariz y me mira cuando lo llevo a su oreja. — ¿Hola?

Comenzamos a caminar hacia el auto, pero escucho en silencio las frases entrecortadas que vienen a través de su teléfono: "Lo sabes bien", "saltarse la escuela" y "¿cómo pudiste?" Las palabras continúan saliendo de su teléfono, hasta que ambos nos hallamos sentados en el auto con las puertas cerradas. Enciendo el auto y la voz de la mujer se queda en silencio durante varios segundos.

Pongo los refrescos y el emparedado en la consola central y empiezo a salir de la calzada. Lucy todavía no ha tenido la oportunidad de responderle a su madre, pero rueda los ojos cuando la miro.

—Mamá —dice Lucy rotundamente, intentando interrumpirla—. Mamá, estoy de camino a casa. Natsu me lleva a mi auto.

Un largo silencio sigue a las palabras de Lucy y, de alguna manera, su madre es mucho más intimidante cuando las palabras no salen gritadas a través del teléfono. Cuando comienza a hablar de nuevo, sus palabras salen lentas y sobre pronunciadas. —Por favor, dime que no permitiste que esa familia te comprara un auto.

Nuestros ojos se encuentran y Lucy gesticula la palabra mierda. —Yo… no. No, quiero decir que Natsu me lleva a casa. Llego allí en pocos minutos. —Lucy titubea con el teléfono en sus manos, tratando de retornar a la pantalla que le permitirá terminar la llamada. Presiono el botón para colgar por ella.

Inhala lentamente, volviéndose hacia su ventana. Cuando exhala, un pequeño círculo de niebla aparece en la ventana cerca de su boca. — ¿Natsu? —Se gira para enfrentarme y arquea una ceja—. Aun no conozco a mi madre y ya siento que le tengo mucho miedo.

Me río, pero no ofrezco ningún consuelo. Estoy de acuerdo con ella.

Ambos permanecemos en silencio durante varios kilómetros. Repito mi breve conversación con Mirajane una y otra vez en mi cabeza. Soy incapaz de alejar la escena de mi cabeza, y ella ni siquiera es mi madre.

No me puedo imaginar lo que Lucy debe sentir ahora mismo después de hablar con su verdadera madre. Creo que ambos lograremos tranquilizar nuestras mentes una vez que entremos en contacto con alguien tan cercano a nosotros como nuestros propios padres, esto activaría nuestra memoria. Puedo decir, por la reacción de Lucy, que no reconoció una sola cosa acerca de la mujer con la que habló por teléfono.

—No tengo auto —dice silenciosamente. Le echo un vistazo, dibuja con la punta de su dedo en la ventana empañada—. No tengo un auto cierto.

Tan pronto como menciona el auto, recuerdo que todavía conduzco en dirección a la escuela en vez de al sitio al que necesito llevarla. — ¿De casualidad sabes dónde vives, Lucy?

Su mirada se encuentra con la mía, y después de medio segundo de confusión que muestra su rostro, es cambiado por claridad. Es fascinante lo fácil que puedo leer ahora sus expresiones en comparación a esta mañana. Sus ojos son como dos libros abiertos y de repente quiero devorar cada página.

Saca el monedero de su mochila y lee la dirección de la licencia de conducir. —Si te detienes, podemos ingresarla en el GPS —dice.

Presiono los botones de navegación. —Estos coches son hechos en Londres. No tienes que detenerte para programar una dirección en el GPS. —Comienzo a introducir el número de su calle y la siento observarme. Ni siquiera tengo que ver sus ojos para saber que los inunda la sospecha.

Niego con la cabeza antes de que incluso haga la pregunta. —No, no sé cómo sabía eso.

Una vez que la dirección está programada, giro el coche y comienzo a dirigirme a la dirección de la casa. Nos hallamos a once kilómetros de distancia. Abre ambas sodas y parte el emparedado por la mitad, entregándome una de ellas. Conducimos nueve kilómetros sin hablar. Quiero estirarme y tomar su mano para consolarla. Quiero decirle algo para darle seguridad. Si esto fuera el día de ayer, estoy seguro de que lo habría hecho sin pensarlo dos veces. Pero no es ayer. Es hoy, y Lucy y yo somos completos extraños el día de hoy.


Dejen comentarios mortales que de su amor vivo x3.