Hola hola simples mortales mundanos bueno de alguna forma Kaede y yo pudimos ponernos deacuerdo xc espero pase mas seguido xD

Disfruten el capitulo


Capítulo 3.

NATSU.

En el último kilómetro, Lucy por fin habla, pero todo lo que dice es—: Ese fue un muy buen emparedado de queso a la parrilla. Asegúrate de decirle a Mirajane que me gustó mucho.

Bajo la velocidad. Conduzco bien abajo del límite de velocidad hasta que llegamos a su calle, y luego me detengo tan pronto como giro en el camino. Mira por la ventana, asimilando cada casa. Son pequeñas.

Casas de un piso, cada una con un estacionamiento. Cualquiera de estas casas podría encajar dentro de mi cocina.

— ¿Quieres que entre contigo?

Niega con la cabeza. —Probablemente no deberías. No creo que le agrades mucho a mi madre.

Tiene razón. Desearía saber a qué se refería su madre cuando dijo esa familia. Desearía saber a qué se refería Mira cuando mencionó a nuestros padres.

—Creo que es esa —dice, señalando una casa a un par de metros de distancia. Presiono el acelerador y avanzo hacia ella. Es por mucho, la más agradable de la calle, pero solo porque el césped del patio fue cortado recientemente, y la pintura en los marcos de las ventanas no se cae a pedazos.

Mi coche baja la velocidad y eventualmente se detiene delante de la casa. Ambos la miramos, silenciosamente aceptando la vasta distancia entre las vidas que vivimos.

Sin embargo, no es nada en comparación a la brecha que siento al saber que estamos a punto de separarnos durante el resto de la noche. Ella ha sido un buen amortiguador entre la realidad y yo.

—Hazme un favor —le digo mientras estaciono el auto—. Busca mi nombre en tu identificador de llamadas. Quiero ver si tengo un teléfono aquí.

Asiente y comienza a pasar entre sus contactos. Mueve el dedo por la pantalla y lleva su teléfono a su oído, mordiendo su labio inferior para ocultar lo que parece una sonrisa.

Justo cuando abro la boca para preguntarle qué la hizo sonreír, un sonido sofocado viene de la consola. La abro y busco dentro hasta que encuentro el teléfono. Cuando miro la pantalla, leo el contacto.

Lucy princesa.

Supongo que eso responde mi pregunta. También debe tener un apodo para mí. Deslizo contestar y llevo el teléfono a mi oído. —Hola, Lucy princesa.

Ríe, y lo escucho doble. Una vez a través del teléfono y de nuevo desde el asiento a mi lado.

—Parece que podríamos ser una pareja muy cursi, Natsu amorcito—dice.

—Eso parece. —Recorro con mi pulgar el volante, esperando que hable de nuevo. No lo hace. Todavía mira la casa desconocida.

—Llámame tan pronto como puedas, ¿de acuerdo?

—Lo haré —dice.

—Podrías tener un diario. Busca cualquier cosa que pueda ayudarnos.

—Lo haré —dice de nuevo.

Todavía sostenemos los teléfonos en nuestras orejas. No estoy seguro de si duda en bajarse porque teme lo que encontrará dentro o porque no quiere dejar a la única otra persona quien entiende su situación.

— ¿Le dirás a alguien? —pregunto.

Aleja el teléfono de su oído, presionando el botón para colgar. —No quiero que nadie crea que me estoy volviendo loca.

—No estás enloqueciendo —digo—. No si nos sucede a ambos.

Sus labios se presionan en una tensa y fina línea.

—Si estuviéramos atravesando esto solos, sería fácil simplemente decir que estoy loca. Pero no me encuentro sola. Ambos experimentamos esto, lo que significa que es algo completamente diferente. Eso me asusta.

Abre la puerta y sale. Bajo la ventana mientras cierra la puerta detrás de ella. Cruza los brazos sobre el borde de la ventana y se obliga a mostrar una sonrisa mientras señala sobre su hombro hacia la casa detrás de ella. —Supongo que es seguro decir que no tendré un ama de llaves que me cocine emparedados de queso a la parrilla.

Fuerzo una sonrisa en respuesta. —Sabes mi número. Solo llámame si necesitas que venga a rescatarte.

Su sonrisa falsa es consumida por un genuino ceño fruncido. —Como una damisela en apuros. —Pone los ojos en blanco. Extiende los brazos por la ventana y agarra su mochila—. Deséame suerte, Natsu amorcito. —La expresión de cariño está llena de sarcasmo, y de algún modo, lo odio.

LUCY

— ¿Mamá? —Mi voz es débil, un chillido. Me aclaro la garganta—. ¿Mamá? —Llamo de nuevo.

Ella viene a toda velocidad girando por la esquina, retrocedo dos pasos hasta que mi espalda está contra la puerta principal.

— ¿Qué hacías con ese chico? —Sisea.

—Yo… me trajo a casa de la escuela. —Arrugo la nariz y respiro por la boca. Ella está en todo mi espacio personal. Me estiro detrás de mi espalda y agarro el pomo de la puerta en caso de que necesite huir. Tenía la esperanza de sentir algo cuando la viera.

Casi esperaba una oleada de calor o recuerdos, cierta familiaridad. Me estremezco alejándome de la extraña frente a mí.

—Faltaste a la escuela. ¡Estabas con ese chico! ¿Te importaría explicarte?

Huele como si un bar acabara de vomitar sobre ella. —No me siento como… yo misma. Le pedí que me trajera a casa. —Retrocedo un paso—. ¿Por qué estás borracha en el medio del día?

Sus ojos se amplían y por un minuto creo que hay una gran posibilidad de que me golpee.

En el último momento, se tropieza y se desliza por la pared hasta caer sentada en el suelo. Las lágrimas invaden sus ojos y tengo que apartar la mirada.

Bueno, no esperaba esto.

Puedo lidiar con los gritos. El llanto me pone nerviosa. Especialmente cuando se trata de una completa desconocida y no sé qué decir. Camino despacio más allá de ella cuando entierra el rostro en sus manos y comienza a sollozar con fuerza. No estoy segura de si esto es normal para ella.

Dudo justo donde termina el vestíbulo y la sala de estar comienza. Al final, la dejo con sus lágrimas y decido encontrar mi dormitorio. No puedo ayudarla. Ni siquiera la conozco.

Quiero esconderme hasta que descifre algo. Como quién diablos soy. La casa es más pequeña de lo que pensaba. Justo después de donde está mi madre llorando en el suelo, hay una cocina y una pequeña sala.

Está todo desproporcionalmente bajo y ordenado, lleno al máximo con muebles que parecen que no formaran parte. Cosas caras en una casa que no es cara. Hay tres puertas.

La primera está abierta. Me asomo y veo una colcha a cuadros. ¿El dormitorio de mis padres? Sé por la colcha a cuadros que no es la mía. Me gustan las flores. Abro la segunda de las puertas: un baño. La tercera es otro dormitorio en el lado izquierdo del pasillo. Doy un paso dentro.

Cierro la puerta detrás de mí, hay una cama doble con un edredón púrpura y una impresión enmarcada en blanco y negro que cuelga en la pared sobre la cama.

Inmediatamente, sé que es algo que Natsu fotografió. Una puerta rota que se cierne sobre sus bisagras; enredaderas asfixiando su camino a través de las puntas oxidadas de metal no tan oscuro como las impresiones en su dormitorio, quizás más apropiado para mí. Hay una pila de libros en mi mesa de noche. Alcanzo uno para leer el título cuando mi teléfono suena.

Natsu: ¿Estás bien?

Yo: Creo que mi mamá es una alcohólica y está llorando.

Su respuesta llega unos pocos segundos más tarde.

Natsu: No sé qué decir. Esto es tan incómodo.

Me río y bajo mi teléfono. Quiero revisar más, a ver si puedo encontrar algo sospechoso. Mis cajones están ordenados. Debo tener algún trastorno con la organización. Arrojo los calcetines y ropa interior para ver si puedo encontrar algo más.

No hay nada en mis cajones, nada en mi mesita de noche. Encuentro una caja de condones metida en una cartera debajo de mi cama. Busco por un diario notas escritas por amigos no hay nada. Soy un ser humano estéril, aburrido si no fuera por esa impresión sobre mi cama. Una impresión que Natsu me dio, no una que yo misma escogí.

Mi madre está en la cocina. Puedo oírla sorbiendo por la nariz y preparándose algo de comer. Está borracha, pienso. Tal vez debería hacerle algunas preguntas y ella no recordará que las hice.

—Oye… eh… mamá —digo, parándome cerca de ella. Deja de preparar su tostada para mirarme con ojos llorosos. —Así que… ¿me comporté extraña anoche?

— ¿Anoche? —repite.

—Sí —digo—. Tú sabes… cuando llegue a casa.

Raspa el cuchillo sobre el pan hasta que está untado con mantequilla.

—Estabas sucia —arrastra las palabras—. Te dije que tomaras una ducha.

Pienso en la tierra y hojas en la cama de Natsu. Eso significa que probablemente estábamos juntos.

— ¿A qué hora llegué a casa? Mi teléfono estaba muerto. —Miento.

Entrecierra sus ojos. —Cerca de las diez.

— ¿Dije algo… inusual?

Ella se da la vuelta y se va al fregadero donde muerde su tostada y mira fijo al desagüe.

— ¡Mamá! Presta atención. Necesito que me respondas.

¿Por qué esto se siente familiar? Yo rogando, ella ignorando.

—No —dice simplemente. Entonces tengo un pensamiento: mi ropa de anoche. Junto a la cocina hay un pequeño armario con una lavadora y secadora apiladas en el interior del mismo. Abro la tapa de la lavadora y veo un pequeño montículo de ropas mojadas agrupadas en el fondo.

Las saco. Son mías podría apostarlo. Debo haberlas arrojado aquí anoche, traté de lavar la evidencia. ¿Evidencia de qué?

Abro los bolsillos de los vaqueros con mis dedos y busco dentro. Hay un montón de papel agrupado en un grueso y húmedo desastre. Dejo caer los pantalones y llevo el papel de regreso a mi habitación. Si trato de desdoblarlo, podría desmoronarse. Decido colocarlo en la ventana y esperar que se seque.

Le escribo a Natsu

Yo: ¿Dónde estás?

Espero unos pocos minutos y cuando no responde de vuelta, intento de nuevo.

Yo: ¡Natsu!

Me pregunto si siempre hago esto; acosarlo hasta que contesta.

Envío cinco más y luego lanzo mi teléfono a través del cuarto, enterrando mi rostro en la almohada de Lucy Heartfilia para llorar.

Lucy Heartfilia probablemente nunca lloraba. Ella no tiene personalidad por el aspecto de su dormitorio.

Desde el otro lado de la habitación mi teléfono me dice que tengo un mensaje. Doy un salto, pensando que es Natsu, sintiéndome de repente aliviada. Hay dos textos. Uno es de alguien llamada Juvia

-¡ ¿Dónde estás?!-

Y el otro es de un chico llamado Sting.

-Oye, te extrañé hoy. ¿Le dijiste?-

¿Él quien? Y, ¿decirle qué?

Bajo mi teléfono sin contestar a ninguno de ellos.

Encuentro un diario hurgando debajo de mi almohada tal vez esto pueda ayudar en algo.

Título: Podría necesitar frenillos pero somos demasiados pobres.

Me paso la lengua por los dientes. Sí, se sienten bastantes derechos.

Mis dientes están todos derechos y perfectos ahora pero recuerdo cuando debía usarlos Mamá dijo que iba a ver la financiación pero desde lo ocurrido con la compañía de papá no tenemos dinero para cosas normales. No me gusta llevar comida empacada a la escuela. ¡Me siento como una niña de pre-escolar!

Me brinco un par de hojas a la noche de ayer.

Me siento terrible odio llorar por Natsu debía romper conmigo—lo tendría merecido.

Así que ¿lloraba cuando llegué a casa anoche? Me acerco a la ventana donde el papel de mi bolsillo se ha secado un poco. Con cuidado, alisándolo, lo coloco sobre el escritorio que mi hermana y yo al parecer compartimos.

Parte de la tinta se ha lavado, pero parece un recibo. Le escribo a Natsu.

Yo: Natsu, necesito un aventón.

Espero de nuevo, volviéndome más irritada con su retraso en la respuesta. Soy impaciente, pienso.

Yo: Hay un tipo llamado Sting que me está escribiendo. Él es muy coqueto. Le puedo pedir un aventón si estás ocupado…

Mi teléfono suena un segundo más tarde.

Natsu: Diablos, no. ¡En camino!

Sonrío.

No debería ser un problema salir de la casa ya que mi madre se ha desmayado en el sofá. La observo por un momento, estudiando su rostro dormido, tratando desesperadamente de recordar.

Ella se ve como yo, sólo mayor. Antes de que salga a esperar a Natsu, la cubro con una manta y tomo un par de refrescos de la nevera casi vacía.

—Nos vemos, mamá —digo en voz baja.


Hasta aqui mortales dejen comentarios recuerden que de su amor vivo x3