No soy propietario/a ni creador/a de Avatar The Last Airbender (En español, Avatar: La Leyenda de Aang), estos títulos les corresponden respectivamente a Nicklodeon y Michael Dante DiMartino/Bryan Konietzo.

15/10/2014


—Otra vez volvemos a vernos, Avatar. Ahora verás que tanto autocontrol tengo—. El Almirante Zhao, en cuyos labios brillaba una sonrisa malévola, pronunció las palabras con sorna, complacido ante la escena que tenía ante sí.

El Avatar, maestro de todos los elementos y el principal obstáculo de la Nación del Fuego, se encontraba encadenado por sus cuatro extremidades a dos pilares de metal que se alzaban imponentes en el centro de la estancia, construida del mismo material y ubicada en las entrañas de un buque de guerra. Su cuerpo atlético, aunque con la talla y contextura de un chico de unos doce años, ya resentía la postura en la que se le mantenía desde al menos hacía unas ocho horas.

—Tus amigos han escapado por ahora Avatar. Pero he enviado tropas a capturarles, no deben estar lejos—. Nuevamente la sonrisa malévola apareció en los labios de Zhao. —Realmente no me interesa que den la voz de alarma a nuestra próxima presa

Aang, cansado y adolorido, no pudo evitar que un escalofrío recorriera todo su cuerpo al escuchar la última frase, aunque decidió no demostrarlo. No sabía el porqué, pero con cada minuto que pasaba su cuerpo se sentía más y más débil. Parecía como si todo su flujo de energía vital estuviera fuera de su control y sospechaba que en algo ayudaban las cadenas que le mantenían inmóvil.

Habían pasado ya muchas horas desde la última vez que Aang había visto a Sokka y Katara, cuando Zhao al mando de una formidable escuadra de buques de guerra los había atacado con bolas de fuego en su camino hacia el polo Norte. El Avatar había usado todas las técnicas que sabía sobre control del aire para defenderlos, pero fue imposible en medio del caos y el fragor de la contienda en la que los hermanos de la tribu del Agua del Sur resultaron heridos. Lo único que pudo hacer al final, fue lograr que Appa volara lo suficientemente lejos para salvar a sus amigos, ambos con algunas quemaduras y Katara inconsciente luego de golpearse contra el arnés del bisonte. Mientras veía como se alejaban sobre Appa, el maestro del aire se posó en uno de los barcos y se rindió ante sus enemigos para darles tiempo de alejarse y escapar. Aun se preguntaba que había sido de ellos cuando la voz de Zhao lo trajo de vuelta a la realidad.

—Aun tenemos por delante al menos catorce días de navegación hasta los límites de la Tribu Agua del Norte donde nos reuniremos con el resto de mi escuadra— le habló una vez más Zhao con voz amenazadora. Y en un tono de voz más bajo y siniestro, dirigido sólo al chico, le dijo: —Días en los que aprenderás a cumplir todos mis deseos Avatar, los deseos del gran Almirante Zhao, que será recordado por todos los tiempos no solo por haber capturado al Avatar sino por exterminar a la gran Tribu Agua del Norte.

—Sigue siendo tan soberbio como cuando peleamos en la ribera de ese río, Almirante Zhao…— le respondió Aang con actitud resuelta. —Además yo nunca traicionaría ni a mis amigos ni a mis antepasados. Puede hacer lo que quiera. Nunca me postraré ante usted, nunca me arrancará información alguna contra mi gente, ¡Nunca conseguirá que le implore!—, prosiguió con vehemencia, aunque el miedo que anidaba en su interior hacía que su corazón palpitara con tanta fuerza, que parecía que iba a salir de su pecho.

— ¿Eso crees Avatar?— respondió Zhao con un dejo de burla en su voz. —No sabes a lo que te enfrentas. En el pasado te subestimé por tu apariencia. ¡PERO ESO NO VOLVERÁ A PASAR!

Aang escuchó la última frase detrás de él justo antes que la ominosa sensación del primer latigazo de fuego restallara en su espalda, bloqueando cualquier otra percepción excepto el dolor puro, un dolor cortante que aumentaba en intensidad conforme se sucedían los latigazos, cada uno desgarrando profundamente la piel y dejando un rastro de sangre que corría libremente hacia el piso de metal de la estancia. La ferocidad y lo inesperado del ataque, hizo que las lágrimas saltaran de sus ojos al mismo tiempo que la estancia se llenaba de gritos, gritos que no reconoció al principio como propios hasta que escuchó nuevamente la cruel voz de Zhao.

— ¡Llora Avatar! ¡Grita para mí! —Las risas de Zhao resonaron de forma estentórea —Cuando lleguemos a la Tribu Agua y esos salvajes vean lo que ha sido de ti, su moral se desplomará y podremos aniquilarlos fácilmente. Pronto me rogarás que acabe con tu vida, pero eso no pasará… eres más valioso vivo que muerto.

El dolor causado por la lluvia de latigazos de fuego y la debilidad progresiva por la pérdida de sangre pronto dieron sus frutos, enviando misericordiosamente al chico a un estado de inconsciencia, momento en el cual Zhao decidió detenerse.

Sin embargo, de haber sabido Aang lo que Zhao tenía en mente para cuando despertase, probablemente habría rogado a los espíritus que le permitiesen morir allí en ese mismo instante….


El próximo capítulo está en proceso chicos, en unas 2 semanas lo tendrán publicado... agradecería que fuesen caritativos y me dejasen sus opiniones sobre este capítulo. Gracias.