Nuevamente, no soy propietaria ni creadora de Avatar The Last Airbender (En español, Avatar: La Leyenda de Aang), estos títulos les corresponden respectivamente a Nicklodeon y Michael Dante DiMartino/Bryan Konietzo.

**AVISO***: ¡Este capítulo es MUY FUERTE... SOLO PARA ADULTOS!Le recuerdo estimado lector lo que ya está escrito en la Introducción de esta historia y que si ud. es una persona sensible no es recomendable que lo siga leyendo. Está avisado. Gracias.

23/10/2014


Gracias a lupita leal y Plistintake 0.o por sus reviews y por su apoyo.

Para todos los demás que decidan leer el siguiente capítulo espero sus opiniones sobre el mismo. Gracias.


Dolor… angustia… cansancio… sed… hambre….MIEDO…

Un instante le tomó a Aang recordar su situación, luego de despertar en medio de la oscuridad más absoluta y el silencio más aterrador, solo roto por el sonido de la maquinaria del barco. No sabía cuánto tiempo había pasado, bien podían ser minutos u horas lo que para él parecía una eternidad. Todavía resonaba en su mente la risa cruel de Zhao. Ramalazos de dolor recorrían todo su cuerpo, una situación que empeoraba con cada segundo por la posición de las cadenas que sujetaban sus extremidades, hasta el punto en que casi ya no sentía ni sus brazos ni sus piernas. No tenía posibilidad alguna para llevar a cabo maniobras de control del aire o agua. Además de no contar con agua alguna a su disponibilidad, no tenía fuerza ninguna para hacerlo. De pronto recordó todo el discurso de Zhao y el destino que les esperaba a los habitantes de la Tribu del Norte y junto con ellos a sus amigos… a Katara. La tristeza, indefensión y rabia era abrumadoras.

Aang se preguntó por enésima vez qué mal había hecho en su corta vida para merecer esto. Si lo que decía Zhao era cierto, lo que había sucedido con los Nómadas del Aire volvería a repetirse con la Tribu Agua del Norte y nuevamente él no podría ayudar a sus amigos… su familia. En ese instante, Aang comenzó a llorar, recitando quedamente una oración a los Espíritus. Se prometió a si mismo que resistiría cualquier cosa que Zhao tuviera en mente hasta poder escapar o ser rescatado y cumplir con su deber de Avatar y de no ser esto posible, morir para permitir el renacimiento del Espíritu del Avatar en el siguiente ciclo y así dar una esperanza al mundo. Nadie volvería a sufrir por su debilidad si de él dependía.

Estaba sumido en sus cavilaciones cuando el sonido de pasos acercándose junto con la luz colándose por las rendijas de la puerta, rompieron el curso de sus pensamientos. La puerta se abrió y las antorchas en las paredes se encendieron, iluminando la estancia con una luz mortecina aunque lo suficientemente intensa como para que Aang reconociera a Zhao, escoltado por un grupo pequeño de seis soldados.

A un gesto del Almirante los soldados, sin intercambiar palabra alguna entre ellos, procedieron a cortar con cuchillos los jirones de ropa que aun cubrían al chico, hasta dejarlo completamente desnudo. Durante todo este tiempo, Aang decidió permanecer en silencio e inmóvil, con la cabeza baja y fija en un punto invisible del piso.

Aunque profundamente avergonzado por su propia desnudez, Aang había decidido refugiarse en el rincón más profundo de su mente para protegerse de los horrores que, intuía claramente, Zhao le tenía preparados. A diferencia de la primera vez, en esta ocasión ya estaba preparado para cualquier tortura que le infligieran… O eso pensaba.

Una vez terminada su tarea, los soldados se retiraron a sus posiciones de vigilancia, uno en cada esquina de la estancia y dos en la puerta de acceso. En ese momento Zhao se dirigió a Aang con su ahora siempre presente sonrisa malévola en los labios.

—Avatar, ahora reiniciaremos nuestra charla. ¿Pero a qué viene esa cara…extrañas a tus amigos o acaso a todo lo que has dejado atrás?

Cuando no hubo respuesta alguna por parte de su prisionero, la sonrisa de Zhao instantáneamente se convirtió en un gesto de disgusto. Se acercó al chico, al que agarró violentamente por el cuello usando una mano y obligándolo por la fuerza a subir la cabeza hasta establecer contacto visual con él, para comenzar a gritarle. — ¡Acostúmbrate desde ahora Avatar! Harás lo que yo diga y cualquier gesto de rebeldía será debidamente castigado. Ahora entiendo por qué el Señor del Fuego Sozin acabó con todos los malditos maestros aire, eran unos...

Zhao no pudo seguir hablando cuando una corriente de aire control huracanado, proveniente de los labios de Aang, lo levantó por los aires hasta estrellar su cuerpo contra la pared más próxima.

— ¡MI GENTE FUE ANIQUILADA A TRAICIÓN POR LA NACIÓN DEL FUEGO!... Eran unos cobardes asustados de un niño… y lo siguen siendo… ¡TÚ NO ERES UNA EXCEPCIÓN ZHAO!—, le gritó Aang con rabia, levantando el rostro por primera vez.

Zhao se levantó lentamente, su cuerpo adolorido por todos los golpes causados al estrellarse contra la pared y su rostro contraído en una mueca de odio e ira intensos, dirigidos hacia el chico, quien luego de la explosión de rabia contra él, aun se encontraba lo suficientemente airado y fuera de control para continuar gritándole.

— ¡Sólo un cobarde puede pensar en atacar a alguien que no puede defenderse, Jeong-Jeong ya…

El primer latigazo envuelto en llamas cruzó el pecho de Aang de extremo a extremo haciendo que la frase se interrumpiera con un grito desgarrador y provocando una herida sangrante y profunda; el segundo y el tercero cayeron en su brazo y torso del lado izquierdo a medida que Zhao, apretando los dientes y gruñendo ferozmente, se desplazaba a su alrededor restallando el látigo de fuego una y otra vez, cada restallido respondido por un grito de Aang.

La lluvia de latigazos, marcando cada rincón del torso y brazos del chico, continuó inmisericordemente hasta mucho después que sus gritos cesaron al caer semiinconsciente. Para ese momento, Aang ya no veía, escuchaba o sentía claramente. Sólo percibía vagamente el movimiento monótono de los brazos de Zhao con cada latigazo de fuego que creaba y caía sobre él hasta que…

El chorro de agua de mar lanzado por los soldados a su alrededor, le despertó completamente de su semiinconsciencia al igual que lavó parcialmente la sangre que cubría su cuerpo. Sin embargo con la recuperación de la consciencia, regresó todo el dolor en su estado más puro, cubriendo todo su cuerpo cuando la sal marina se introdujo en sus heridas abiertas. Aang apretó los dientes con fuerza para no gritar y evitar así brindar esa satisfacción a sus captores.

Justo en ese momento la figura de Zhao irrumpió en su campo visual, su cuerpo cubierto de salpicaduras de la sangre de su prisionero, las cuales resbalaban libremente por sus brazos hasta llegar a los dedos de sus manos y formaban grandes manchones en su ropa. Cuando se inclinó para quedar frente al rostro de Aang, su aliento acre y caliente hizo que el chico sintiera una oleada de náuseas, al tiempo que el miedo recorría todo su cuerpo.

— ¡Maldita sabandija! ... ¡NO, ERES, NADA, PARA, MÍ!… —, le gritó Zhao a voz en cuello.

Cuándo no hubo ninguna respuesta por parte de su prisionero, que mantenía firmemente su mirada en algún punto del suelo, Zhao volvió a agarrarlo por el cuello apretándolo hasta casi estrangularlo, al mismo tiempo que levantaba su rostro hasta quedar al nivel del suyo. La furia de Zhao iba en aumento y su mano comenzó a calentarse lentamente provocando una quemadura ardiente en el cuello de su víctima, que apretaba los dientes ferozmente para no gritar al mismo tiempo que mantenía tercamente sus ojos cerrados. Zhao vio esto y una idea perversa se formó en su mente.

—Verás Avatar— Zhao susurró lentamente al oído del chico. —Al principio sólo quería tenerte prisionero hasta la caída de la Tribu Agua del Norte y una vez esto sucediese, te enviaría al Señor del Fuego Ozai para que él decidiera tu destino—. Cuando no obtuvo respuesta adicional por parte de Aang, Zhao prosiguió. —Pero ahora, he decidido que sólo yo puedo domarte y que debes morir por mi mano para permitirme sobrepasar a Ozai. Para eso, te destruiré lentamente… comenzando con tu cuerpo, tu inocencia y tu espíritu… al final encontraré la manera de activar el estado Avatar de manera controlada y en ese momento, acabaré contigo para siempre…

Zhao, que reía a carcajadas, soltó de manera brusca el cuello del chico que respiraba con dificultad por el estrangulamiento, mientras caminaba hacia el fondo de la estancia. A su señal, todos los soldados salieron. Aang no podía verlo, pero sí escucharlo.

—Además Avatar— continuó Zhao mientras se liberaba de sus prendas hasta quedar completamente desnudo, aun fuera del campo visual de su prisionero. —Este uniforme que has manchado con tu sangre es uno de mis favoritos. Ahora tendré que cambiarme y ponerme otro. Y eso tendrá consecuencias.

Aang esperaba que una nueva lluvia de latigazos y quemaduras cayera sobre su cuerpo como hasta ahora. Podía sentir la sangre cayendo libremente desde su espalda hasta el piso, pasando por sus glúteos y muslos y veía como formaba diminutos charcos en el piso. Pero lo que sucedió a continuación hizo que el terror en su corazón alcanzara niveles insospechados.

Zhao se detuvo frente a él mientras frotaba y movía rítmicamente con su mano su miembro viril erecto. Al ver esto, Aang comprendió instintivamente lo que estaba a punto de suceder y no pudo evitar que el primer sollozo dejase su pecho. El sonido complació a Zhao, excitándolo aún más si cabe y, sin dejar de acariciar su miembro erecto, dio la vuelta caminando lentamente hasta quedar posicionado detrás del chico, manipulando sus cadenas de tal manera que su torso pudiese bajar un poco, agarrando una cadera con una mano y la nuca con la otra.

—Ahora Avatar, después de hoy ya no habrá ninguna esperanza ni lazo espiritual al cual puedas aferrarte. Después de hoy ya no habrá consuelo para ti. Eres un perdedor y lo sabes. No eres más que una prostituta y cómo tal te trataré de aquí en adelante… No te preocupes Avatar, como probablemente sea tu primera vez seré gentil contigo, además la sangre es ¡UN BUEN LUBRICANTE!—. Con la última de las palabras pronunciadas, Zhao empujó con fuerza y sin vacilaciones su miembro erecto contra Aang, penetrándolo salvajemente en toda su extensión. El chico que hasta ese momento sollozaba quedamente, emitió un grito desgarrador que reverberó en toda la estancia.

— ¡Llora perra… dime cuándo quieres que pare!—. Dicho esto, Zhao prosiguió con movimientos fuertes y rítmicos de entrada y salida de su pelvis. Los gritos y sollozos de Aang llenaron la estancia aunque sin acompañarse de ninguna frase, de ninguna palabra. Los minutos pasaban y Zhao aunque excitado por los sollozos y los gritos, aun no escuchaba nada que indicara que el chico iba a doblegarse y a rogarle que terminara con su sufrimiento. La sangre ya no solo manaba de las heridas en todo su torso, sino también desde la parte interna sus glúteos con cada empujón de Zhao, bajando por sus muslos y piernas para depositarse en varios charcos en el suelo.

—Sabes Avatar, tú primera vez es algo que no olvidas ¡NUNCA!...—. Con esto Zhao aceleró sus movimientos, los gritos del chico aumentando en intensidad hasta llegar súbitamente a un final, junto con la resistencia que hasta ese momento había sostenido su cuerpo. Fue entonces que Zhao cayó en la cuenta que su víctima se había desmayado, cosa que maldijo interiormente ya que estaba muy cerca de liberarse.

«Veamos si un poco de calor ayuda», pensó diabólicamente. Empezó a calentar hasta el punto de combustión sus manos y miembro viril aun dentro de Aang, provocando que este se despertara sobresaltado, gritando desesperadamente de dolor y llorando a lágrima viva. Esto provocó en Zhao una oleada de placer sin par, empujándolo a acelerar sus movimientos pélvicos hasta llegar al clímax. Sólo entonces se permitió liberar al chico, quien ya sin fuerzas colgaba de las cadenas que le sujetaban y lloraba silenciosamente.

—Cómo ya había dicho Avatar…. Llegará el momento en que me ruegues por tu vida, que acabe con tu existencia. Pero eso no sucederá porque entonces renacerías y el ciclo seguiría. Por ahora me conformo con tu sufrimiento sabiendo que esto es apenas el comienzo.

Zhao se vistió rápidamente y salió de la estancia dejando solo a su prisionero. Tras unos instantes la puerta se abrió dando paso al mismo grupo de soldados que, sin mediar palabra procedieron a brindarle agua, sin desencadenarle para evitar que hiciera agua-control. Al finalizar liberaron sus extremidades superiores momentáneamente antes de colocar unas esposas en sus muñecas y tobillos dejándoles desplomado en el piso, sin fuerzas de ningún tipo. Dejaron a su lado un cazón con algo que parecía una sopa de sobras de varios días junto con un pan negro y salieron de la estancia.

Sólo en ese momento, con Zhao y los soldados fuera, se permitió Aang sentir el dolor, la tristeza, la angustia, la humillación y la desesperación que atenazaban su alma por la pérdida de una de las cosas más sagradas para él: Su virginidad. Atesorada por los monjes como un regalo para compartir con la persona amada… siempre había pensado que sería con Katara. Ahora hasta eso le había sido arrebatado de la manera más cruel.

Zhao tenía razón, aquí y ahora lo único que el Avatar, lo único que Aang quería, era desaparecer de la faz de la tierra evitándoles así más sufrimientos a sus amigos de los que ya había traído. Allí en medio de la soledad de su celda, un chico de doce años se permitió por fin expresar todo su sufrimiento, su cuerpo inmóvil encogido en el piso frío de su celda. Un primer gemido se escapó de sus labios al mismo tiempo que sus mejillas se mojaban con el torrente de lágrimas que corrían por ellas. Pronto el gemido dio lugar a un sollozo y el sollozo al llanto abierto. Llanto que no se detuvo hasta que Aang se desmayó unas horas después luego de quedarse sin voz y sin lágrimas.