Nuevamente, no soy propietaria ni creadora de Avatar The Last Airbender (En español, Avatar: La Leyenda de Aang), estos títulos les corresponden respectivamente a Nicklodeon y Michael Dante DiMartino/Bryan Konietzo.
26/10/2014
Gracias a lupita leal y jezreelhernandez16 por sus reviews/comentarios y por su apoyo.
Para todos los demás que decidan leer el siguiente capítulo, espero sus opiniones sobre el mismo o sobre los anteriores si no lo han hecho. Gracias.
También me gustaría conocer la valiosa opinión de los lectores sobre el personaje de Zhao. Aunque yo ya tengo claro sobre lo qué pasará con él, me gustaría saber qué quieren los lectores que suceda (Ya he recibido una opinión al respecto pero me agradaría que fueran más).
El siguiente capítulo está en proceso, pero por razones de trabajo puede pasar un tiempo antes de publicarlo.
Iroh bebía un poco de té de jazmín sentado frente a su escritorio en su navío de guerra. Había aceptado unirse a Zhao en calidad de consejero de guerra unos días antes para ayudar a su sobrino con su misión, sólo por eso.
El General Iroh no confiaba en Zhao. Demasiada ambición, demasiada crueldad, no sólo hacia sus enemigos sino también para los subalternos que le rodeaban. Su falta de autocontrol había ocasionado, en múltiples ocasiones, la pérdida de batallas y valiosas vidas de soldados de la Nación del Fuego.
—General Iroh—. El Mayor Wang, uno de sus comandantes más fieles, se anunció luego de saludarle militarmente.
—Hemos realizado las labores de vigilancia concerniendo al Almirante Zhao. Tal como había ordenado, Señor.
—¿Y?—. Preguntó Iroh sin inmutarse.
—El Avatar ha sido capturado hace algunas horas Señor. Se encuentra en el buque del Almirante Zhao y sabemos que este le ha interrogado. Sobre la extensión y el resultado de este interrogatorio sin embargo, no tenemos detalles, por cuanto sólo unos pocos hombres tienen permitido el acceso al sitio donde se encuentra el prisionero y el resto de la tripulación se encuentra completamente aterrorizada por lo que Zhao pueda hacer si se entera que han hablado. Guardan silencio absoluto frente al tema.
Sólo entonces Iroh se levantó de la silla, fue a la pequeña hornilla en su habitación y con una maniobra de fuego control la encendió, permitiendo a la marmita con té que se encontraba en ella calentarse, para luego servir dos tazas de té y ofrecer una de ellas al comandante.
— ¿Qué se sabe de sus compañeros de viaje y del bisonte volador?—. Preguntó nuevamente Iroh sorbiendo su té.
—Han logrado escapar malheridos. No han logrado encontrarles. Se cree que se dirigen hacia el Polo Norte donde contactarán con la Tribu Agua del Norte en unos tres o cuatro días tomando en cuenta las circunstancias en las que escaparon, Señor.
Iroh analizó nuevamente la situación. Si Zuko se enteraba que el Avatar se encontraba prisionero en el buque de Zhao, bien podría cometer un gran error intentando secuestrarle para llevarle por su cuenta al Señor del Fuego Ozai con grandes posibilidades de que lo hiriesen o matasen. Por otra parte, con el ansia de poder de Zhao, dejar al Avatar prisionero a su disposición era un peligro latente para el futuro de la Nación del Fuego y por ende para su amado sobrino.
Era en estos momentos cuando Iroh más extrañaba a Lu Ten. Su heredero, su amigo, su compañero de armas, su cómplice, su hijo, lo único que le quedaba a Iroh de su amada esposa.
El dolor de su pérdida atenazaba su alma, aunque hacía mucho tiempo ya se había resignado a él. Al principio pensaba a diario, todo el tiempo, cómo serían las cosas de vivir Lu Ten…. Iroh sería el Señor del Fuego, su hijo sería el príncipe y él al menos intentaría llegar a algún acuerdo con las naciones restantes para que la paz volviese y así honrar a sus descendientes y a los ciudadanos de la Nación del Fuego.
Pero la vida se había encargado de arrebatarle la esperanza cuando le quitó a su único hijo y allí en ese mismo instante, Iroh había dejado de luchar. Ya no le importaba nada… ni su trono, ni su familia, ni su ejército ni su país. Sólo quería partir para encontrarse con su hijo muerto.
Ese era el orden de las cosas hasta que Ozai desafió a Zuko a un agni kai en el que mostró toda la crueldad posible contra su hijo mayor. En ese momento Iroh vio en un Zuko de sólo trece años, un niño recién entrando en la adolescencia, algo que sólo había visto en su hijo: Integridad. Integridad para oponerse a una estrategia absurda y cruel, integridad para aceptar cualquier reto y luchar justamente, integridad para respetar a su padre hasta el punto de no luchar contra él y soportar con entereza el injusto castigo impuesto por quien se suponía debía amarlo y protegerlo.
Desde entonces, Iroh había abrazado la misión, como deber hacia su hijo muerto y su nación, de guiar a Zuko para proteger esa integridad de la rabia y la desesperanza que consumía al príncipe desde que había sido exiliado. Y la esperanza llegó de la manera más inesperada cuando el Avatar despertó de su largo sopor de cien años.
No, Iroh no podía permitir que el Avatar desapareciera y con él, la chispa de la esperanza de Zuko y del mundo.
—Ni una palabra de esto al Príncipe Zuko. Es una orden.
—Sí mi General—. Dijo el comandante terminando el té y saliendo de la habitación.
