Nuevamente, no soy propietaria ni creadora de Avatar The Last Airbender (En español, Avatar: La Leyenda de Aang), estos títulos les corresponden respectivamente a Nicklodeon y Michael Dante DiMartino/Bryan Konietzo.

**AVISO***: Este capítulo es MUY FUERTE, Le recuerdo estimado lector lo que ya está escrito en la Introducción y en los avisos de esta historia y que si ud. es una persona sensible o es un menor de edad no le recomiendo que lo siga leyendo. Está avisado. Gracias.

07/11/014


Aang aun luchaba por recuperar la conciencia, cuando vio a Zhao frente a él.

—Hoy vamos a probar algo distinto que sé que te gustará Avatar. Espíritus, no vayas a aburrirte siempre con lo mismo—, la voz de Zhao rezumaba sarcasmo al tiempo que le colocaba una venda apretada cubriéndole los ojos, para después liberar sus brazos y tumbarlo de espaldas en el suelo, sus tobillos aun encadenados a los pilares.

Aang intentó permanecer impasible en el exterior, aunque sentía como su corazón latía desbocado dentro de su pecho. Nuevamente el terror asaltaba todos sus sentidos mientras las dolorosas heridas de su espalda causadas por el látigo de fuego, sangraban y escocían intensamente al roce con el suelo de metal. Además el dolor en sus entrañas le quemaba por dentro. Sumergido en la oscuridad de la venda que anulaba su visión, estaba seguro que lo que fuera que Zhao le había dado a inhalar había minado sus fuerzas aun más y que se encontraba total y completamente a merced de su torturador.

Para Aang, cada violación, cada sesión de tortura con Zhao, terminaba siempre con la sensación de ir perdiendo su alma de a trozos. Las «visitas» de Zhao podían prolongarse durante horas en las que el Almirante siempre encontraba nuevas maneras de hacerlo todo más doloroso y humillante. Cada hora de torturas de todo tipo minaba irremediablemente su fuerza… física, espiritual y mentalmente.

—Esta vez no seré solamente yo quien disfrute Avatar... — Zhao se escuchaba divertido y relajado. A estas alturas, Aang no sabía qué podía ser peor.

Entonces, sin previo aviso, Zhao apoyó sus rodillas entre los muslos de Aang, quien con todas sus fuerzas restantes trató de huir sin éxito. Pero Zhao apoyo una poderosa mano sobre su pecho inmovilizándole efectivamente, mientras con la otra formó un puño con el que le golpeó en la cara hasta hacerle sangrar profusamente.

—¡Quédate quieto, no he dicho que puedas moverte!—, vociferó el Almirante.

Aang, aturdido por la lluvia de golpes dejó momentáneamente de pelear y en ese momento, Zhao aprovechó y recostó todo su peso sobre su cuerpo, forzándole a mantener los brazos sobre la cabeza.

—¡No!... ¡No!... ¡No!— musitó Aang, que nuevamente comenzó a forcejear con intensa desesperación intentando liberarse de las garras de su verdugo, las lagrimas empapando la venda que cubría sus ojos, justo hasta el momento en que el hombre forzó su camino de manera brutal dentro de él.

El dolor en sus entrañas, que nuevamente se abrió paso como un cuchillo, fue tan sorpresivo e intenso que Aang nuevamente dejó de luchar y empezó a llorar desconsoladamente emitiendo gemidos incoherentes, música para el oído de Zhao que comenzó a moverse rítmicamente dentro de él con innegable satisfacción.

Entonces, el Almirante movió una de las manos que inmovilizaba los brazos del chico hasta llegar a su cuello donde comenzó a apretar lentamente. Su víctima intentó gritar, pero el sonido murió en sus labios cuando Zhao terminó de rodear su cuello con ambas manos y comenzó a estrangularlo, su boca abierta en un grito silencioso, todos sus esfuerzos concentrados en liberar sus pulmones del sello que les impedía respirar.

La desesperación pronto se tornó en terror cuando Zhao continuó el estrangulamiento con una mano para mover lentamente la otra a través de su torso y abdomen hasta llegar al miembro de Aang, donde comenzó a acariciarlo al mismo tiempo que seguía moviéndose con lentitud dentro de él.

Con la asfixia intensificándose segundo a segundo, Aang comenzó a sentir su sus manos y pies dormidos, sus esfuerzos para liberarse más débiles. A medida que los segundos se hacían eternos, con su cuerpo indefenso frente al violento ataque de Zhao y su conciencia desvaneciéndose lentamente, Aang pudo sentir el momento en que el dolor agonizante desapareció bajo la influencia de una sensación traicionera e involuntaria, algo extraño y molesto, una presión creciente entre sus piernas, que corría y salía de él, produciendo un líquido espeso y caliente que caía sobre su estómago mientras su espalda se arqueaba. Sólo entonces Zhao liberó su cuello intensificando sus propios movimientos de penetración, permitiendo que el aire entrase bruscamente a sus pulmones y provocando un orgasmo artificial en Aang, cuyo cuerpo convulsionaba con cada gemido agonizante que dejaba sus labios tras cada oleada de placer, lo que coincidió con el clímax de Zhao.

Sólo cuando Zhao apartó bruscamente su cuerpo, pudo Aang notar las lágrimas que ahora caían silenciosa y libremente por su rostro bajando hasta su nuca. Los gemidos de dolor que salían trabajosamente de sus labios y la respiración agónica y jadeante, eran testimonio del daño causado por su torturador.

Cuando Zhao no escuchó ninguna súplica de su prisionero, apretó los dientes con furia contenida, se vistió sin emitir sonido alguno y salió de la celda sin molestarse en volver a encadenarle ni en quitarle la venda de la cabeza.

Una vez a solas, tumbado en el piso de su celda, Aang empezó a sollozar, primero suavemente y luego con más fuerza. Su llanto sonaba apagado y su respiración aun era dificultosa por la inflamación en su cuello.

Esta vez no solo le asaltaba el vacío, la tristeza y desolación que aparecían después de cada visitade Zhao, sino también la vergüenza y la humillación por la manera en que había respondido su cuerpo a lo que su torturador le hacía. Involuntaria o no, esta reacción sólo probaba a los ojos de Aang que Zhao tenía razón en todo… que daba risa como maestro de los elementos y que a pesar de todo lo que hiciese, eventualmente él terminaría cediendo a cualquier requerimiento del Almirante, que toda resistencia era infructuosa.

Sabía que no podría volver a mirar a los ojos a sus amigos después de todo esto, mucho menos a Katara. Sencillamente porque nadie le creería que siendo él último maestro aire viviente y el Avatar, hubiese permitido que alguien como Zhao se aprovechara así de él.

Hasta ahora, Aang había pensado que el señor del Fuego era el ser más malvado sobre la faz de la tierra. Su error había sido el no contar con alguien como Zhao, quien parecía empeñado en ganar la competencia sobre quién era el peor.

Todo lo que había sentido hasta ahora no era nada, comparado con el odio atroz contra Zhao que había encontrado un lugar en su corazón. Era un sentimiento tan ajeno y extraño para sus creencias, que estaba seguro que de seguir creciendo incontrolado dentro de él, llegaría el momento en que terminaría por cambiarle irremediablemente para siempre, más de lo que todo lo que le había sucedido hasta ahora ya lo había hecho….


A MIS LECTORES: A la pregunta de por qué no escapa Aang, creo que está claro en este y los capítulos previos que Zhao ha tomado todas las precauciones para anular sus ataques, tanto como maestro aire como Avatar, así que lo único que queda es un chico indefenso a merced de una persona violenta y cruel… esta historia es ficción pero desgraciadamente no es sino leer las noticias para encontrar cosas peores que le pasan a chicos y chicas en la vida real alrededor del mundo y con esta historia lo que quiero en parte es que quien la lea se sensibilice (Sí, aun más) y se ponga del lado de las víctimas (Hasta ahora el consenso casi absoluto es que Zhao debe morir o si no desaparecer de la faz de la tierra). Eventualmente Aang será rescatado, pero todo a su debido tiempo. En cuanto a Katara, ya sabremos de ella y Sokka en los siguientes caps.

Si deciden seguir enganchados a esta historia, como siempre espero sus revisiones y comentarios. Gracias.

El siguiente capítulo está en proceso, pero por razones de mi trabajo puede pasar un tiempo antes de publicarlo.