No soy propietaria ni creadora de Avatar The Last Airbender (En español, Avatar: La Leyenda de Aang), estos títulos les corresponden respectivamente a Nicklodeon y Michael Dante DiMartino/Bryan Konietzo.
12/11/2014
Iroh había estado estudiando las alternativas que tenía frente a sí con respecto a su sobrino. La primera era enviarlo lejos del conflicto actual que involucraba al Avatar, mintiéndole sobre el paradero de éste y haciéndole creer que lo encontraría en otro sitio. La segunda era dormirle con alguna hierba y sacarlo del barco, sin detenerse hasta encontrar un sitio seguro. La tercera, conseguir su complicidad para liberar al Avatar con la promesa de una recaptura por su parte, para de esta manera recobrar su honor perdido.
Las dos primeras opciones seguramente harían que su sobrino se sintiese nuevamente traicionado por alguien querido y muy probablemente harían que se separase de él. La tercera, aunque reconocía era la más acertada, era la más difícil, habida cuenta el orgulloso carácter de su querido sobrino, que en ocasiones llegaba a convertirse en pura soberbia y vanidad, herencia de su padre seguramente.
Alcanzado este punto, Iroh ya sentía los primeros puntillazos del dolor de cabeza que siempre aparecía cuando pensaba en este asunto.
Ya no era solo que Zuko pudiese o no redimirse a los ojos de su padre al capturar al Avatar, sino que el futuro de la Nación del Fuego estaba más en peligro que nunca si él dejaba a Zhao que mantuviese prisionero al Avatar y exterminase a la Tribu Agua del Norte. Eso sin contar con que el futuro del mundo entero estaba en peligro si Zhao llevaba a cabo lo que le había dicho la noche anterior.
Iroh rememoró su encuentro con Zhao.
…
—Como estaba diciendo—, susurró Zhao, —Años atrás tropecé con un gran y poderoso secreto…. La identidad de la forma mortal del Espíritu de la Luna.
— ¿Qué?—, preguntó Iroh estupefacto.
Zhao no le contestó, en cambio siguió explicando a medida que rememoraba el episodio: —Yo era un joven teniente bajo las órdenes del General Shu en el Reino Tierra. Descubrí una biblioteca oculta, de hecho, bajo tierra y me dediqué a revisar pergamino tras pergamino. En uno de ellos descubrí una detallada ilustración y las palabras «luna» y «océano» Supe entonces que estos espíritus podrían encontrarse- y matarse.
— ¡No te atreverías Zhao!… ¡Con los Espíritus no se juega!—, exclamó Iroh horrorizado por lo que acababa de escuchar.
Zhao sonrió indulgentemente…. —Sí, sí, sé que temes a los Espíritus, Iroh. He escuchado los rumores sobre tu viaje al Mundo de los Espíritus. Pero el Océano y la Luna renunciaron a su inmortalidad para convertirse en parte de nuestro mundo… ¡Y ahora enfrentarán las consecuencias!...—pronto las carcajadas del almirante resonaron en toda la habitación.
…
Había que actuar rápidamente y Iroh decidió que definitivamente la mejor opción sería contar con Zuko como aliado.
Una vez tomada su decisión, decidió salir y buscar a su sobrino, pero antes siquiera de pararse de la silla, alguien tocó a su puerta.
—General Iroh. Permiso para entregar un mensaje del Almirante Zhao. ¡Señor!
«Qué raro». Pensó para sí Iroh. Zhao le había enfatizado que estaría ocupado y que no volverían a reunirse hasta dentro de cuatro días, momento en el que se les uniría el resto de la flota de invasión para posteriormente continuar la navegación hacia las costas de la Tribu Agua del Norte. Sin embargo, Iroh desechó esos pensamientos con un movimiento de cabeza.
—Permiso concedido. Adelante soldado— ordenó Iroh.
—Señor—, dijo el soldado con la voz entrecortada por la falta de aliento. —El Almirante Zhao me envía a buscarle para que se encuentre con él en su barco. En el área de celdas, Señor.
—Pues entonces no hagamos esperar al Almirante, soldado. No creo que desee estar en el lado equivocado del Comandante si llegamos a demorarnos. ¿Cierto?
El soldado tembló visiblemente y no pudo evitar tragar en seco con un sonoro «gulp» lo cual no pasó desapercibido para Iroh. Era la cuarta o quinta vez en dos días que una frase como esa conseguía despertar ese tipo de reacciones en los soldados cercanos al Almirante.
Iroh se preguntó con curiosidad, qué podía llegar a hacer alguien como Zhao para generar el tipo de miedo que puede someter a cualquier hombre, especialmente si dichos hombres eran soldados de la Nación del Fuego acostumbrados a ver de todo y a no amilanarse ni avergonzarse de nada en la guerra.
—Sí señ-… Sí General Iroh—. Entonó el soldado y dio media vuelta en dirección de la cubierta del buque, con Iroh caminando detrás de él.
Mientras caminaban por un estrecho pasillo, una de las puertas se abrió sigilosamente y un par de ojos enmarcados en un rostro juvenil con una cicatriz monstruosa, siguieron estrechamente al par hasta perderles de vista.
Zuko, con su disfraz de guardia, cerró entonces la puerta tras de sí y sin producir sonido alguno se deslizó por una escotilla cortando camino para llegar a la barcaza que habría de llevar a su tío al buque de Zhao.
N/A: como siempre gracias a mis lectores por sus reviews. Espero que me den a conocer sus opiniones sobre el capítulo. Saludos.
A/N: As always I'd like to thank to all my readers for all their reviews, I I hope your opinion of the chapter. Greetings.
FANATLA
