AVISO: No soy propietaria ni creadora de Avatar The Last Airbender (En español, Avatar: La Leyenda de Aang), estos títulos les corresponden respectivamente a Nicklodeon y Michael Dante DiMartino/Bryan Konietzo.
13/11/2014
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Pensar que Katara estaba indignada era poco para el torbellino de emociones que bullía en su interior.
Toda la odisea que habían vivido… Aang prisionero de la Nación del Fuego y quién sabe si aun vivo, Sokka y ella heridos…. para nada. Una vez las curanderas les ayudaron a recobrarse completamente, Katara pasó un par de días aprendiendo maniobras de sanación con ellas para luego presentarse ante los jefes de la Tribu, donde ella y Sokka contaron todo, enfatizando el hecho que había una armada completa de la Nación del Fuego allá fuera esperando destruirles, con lo que necesitarían a todos los maestros que practicaban agua control. Y ¿qué hacen los idiotas?... Decirles que no había nada de lo qué preocuparse y recordarles que los habitantes del Norte eran superiores en todo a los del Sur.
¿Y de la captura del Avatar qué?... en vez de planear un rescate rápido apenas supieron del mismo por los hermanos agua del Sur, los tontos habían decidido esperar a que Zhao atacara para intentarlo. ¿Pero que estaban pensando?!... ¿Qué Zhao les iba a entregar a Aang envuelto en papel regalo?!.
Pero lo que terminó de encender la mecha de la ira dentro de Katara fueron las ideas misóginas de los jefes. Cuando Katara había solicitado aprender agua control, Pakku se había negado rotundamente a ser su maestro alegando que las chicas no eran buenas para la batalla, sino para el hogar y el cuidado de los niños y los hombres. En ese momento, poco faltó para que los jefes se cayeran de las sillas, de tantas carcajadas que explotaron por toda la sala de reuniones con opiniones variadas sobre el tema o como dijo el maestro Pakku en ese momento —el lugar en el que las mujeres deben permanecer.
Y fue esta última frase el detonante que encendió el polvorín. Katara no pudo contenerse más y desafió a Pakku a un duelo.
—Niña, te recuerdo que no eres un guerrero y que por lo tanto luchar contra ti sería rebajar mi nivel. Dejémoslo ahí. Si quieres aprender algo útil en la vida puedes comenzar por regresar con las maestras de sanación de la tribu— Respondió Pakku cínicamente, a la vez que rechazaba un ataque de Katara.
— ¡Maestro Pakku, NO, ME, IRÉ, SIN, QUE, ME, ENSEÑE, EL, CONTROL, DEL, AGUA!—. Los bloques de hielo del suelo empezaron a quebrarse con el poder que inadvertidamente Katara liberaba por la furia que le consumía. La chica agua del Sur atacó a Pakku con una maniobra de agua control del pergamino que había robado a los piratas y que había practicado con Aang, mientras una parte de la tribu apreciaba la batalla y expresaba sus simpatías por ella, especialmente las mujeres.
Aunque Pakku rechazaba todos sus ataques, el maestro no pudo evitar pensar cómo era posible que alguien sin entrenamiento previo pudiese siquiera hacerle frente.
«Su control del agua es muy bueno para alguien que nunca ha sido entrenado apropiadamente», pensó asombrado el viejo maestro.
El contraataque de Pakku fue lo suficientemente poderoso para que Katara terminase prisionera en un bloque de hielo, aunque sin dañarla seriamente. Cuando el maestro se aproximó a ella para cerciorarse de lo último, se dio cuenta que Katara había dejado caer un objeto en el piso y cuál sería su sorpresa al recogerlo y contemplar frente a sí, el collar que sesenta años antes había hecho para su prometida.
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Katara pensaba en el encuentro con su maestro, cinco días antes, mientras practicaba una especialmente difícil forma de agua control, como éste le había indicado.
Pakku la había aceptado como su alumna luego de reconocer que sus creencias misóginas habían logrado dar al traste con la posibilidad de casarse con su abuela Kanna. Desde entonces, Katara no había hecho más nada sino aprender y practicar técnicas de agua control, adaptándose a las duras exigencias del maestro y logrando en cinco días lo que a muchos alumnos de su maestro les había costado años de duro entrenamiento.
Pero que Katara practicara agua control bajo la rigurosa tutela de Pakku, no fue obstáculo para que decidiera seguir el consejo de su maestro y aprendiera aun más sobre las técnicas de sanación con Yogoda, la líder de las curanderas de la tribu y amiga de su abuela. Cosas como los flujos de energía corporales, el manejo de heridas, el control del dolor y muchos otros temas más, le eran desconocidos hasta ahora, pero Katara hizo de su aprendizaje uno de sus mayores objetivos, con la idea de utilizarlos de ser necesario en el futuro.
Habían pasado ya diez días desde la captura de Aang y no pasaba ni un solo momento en el que Katara no se preocupase por él y no lo extrañase. Aun cuando el control del agua seguía siendo fascinante de aprender y practicar, no era ni la mitad de relajante como cuándo lo hacía con Aang. Aunque tenía a Sokka a su lado, Katara echaba de menos que alguien se preocupara por ella, así como que alguien se riera con ella y no de ella, de la manera que Aang lo hacía. Extrañaba esos ojos grises tan hermosos en los que se podía descubrir la chispa de la vida. Extrañaba de Aang… bueno, todo.
Katara sabía que no era la única que lo extrañaba. Aunque estaba bien cuidado en los establos, Appa permanecía inquieto bramando todo el tiempo. Momo no hacía sino dormir y cuando no dormía, había tomado la costumbre de sentarse durante horas en la cama de Katara a la espera de que ella volviera y como de costumbre, Aang volviera al lado de ella. Incluso Sokka, había dejado de adornar cada frase con términos sarcásticos o bromas ligeras.
La frustración de Katara ante la impotencia para liberarlo crecía minuto a minuto, una vez que Sokka y ella supieron con certeza que no tendrían el apoyo de la Tribu Agua del Norte. Era la segunda vez que Zhao le capturaba y ni ella ni Sokka guardaban esperanzas sobre su bienestar, porque por lo que les había contado Aang, el Almirante le guardaba una gran animadversión desde que el monje le había humillado no solo en una sino en dos ocasiones.
En esto reflexionaba Katara mientras veía la caída del astro rey desde la gran muralla de acceso a la ciudad.
«Resiste Aang…con o sin el apoyo de la Tribu Agua del Norte, Sokka y yo te rescataremos», pensó mientras miraba distraídamente al horizonte y las lágrimas asomaban por sus ojos.
N/A: como siempre gracias a mis leales lectores por sus reviews (Lupita Leal, jezreelhernandez16, el invitado desconocido que ha estado revisando desde el capítulo 3). Sin ustedes esta historia no sería tan entretenida de escribir. Espero que me den a conocer sus opiniones sobre el capítulo. Saludos.
A/N: As always I'd like to thank to all my loyal readers for all their reviews (Lupita Leal, jezreelhernandez16 and the unknown guest who has been reviewing from chapter 3). Without you this story wouldn't be too enjoyable to write. I I hope your opinion of the chapter. Greetings.
FANATLA
