No soy propietaria ni creadora de Avatar The Last Airbender (En español, Avatar: La Leyenda de Aang), estos títulos les corresponden respectivamente a Nicklodeon y Michael Dante DiMartino/Bryan Konietzo.

02/01/2017

A mis lectores: Pasaron muchas cosas desde la última vez que publiqué un capítulo de este mi primer fic y por una u otra razón (Algunos de ustedes saben a lo que me refiero), fui dejando pasar el tiempo sin actualizar. Pido disculpas por no hacerlo y espero poder retomar la historia para finalizarla. También si van a capítulos previos se darán cuenta que los he editado para adaptarlos a las reglas de la escritura en español, algo que no había hecho correctamente al principio por ser una novata en esto.

Por último, quiero agradecer a mis leales lectores por sus reviews (Lupita Leal, jezreelhernandez16, el invitado desconocido que ha estado revisando desde el capítulo 3 y Devil in my shoes), así como a los nuevos (Aurora Ishida, Betzy Johana 2016, Asteazkena y Sally). Sin ellos esta historia no sería tan entretenida de escribir. Espero que todos los que siguen la historia y aun no opinan me den a conocer sus opiniones sobre este capítulo o los previos. Un feliz año nuevo para todos y todas.


Era ya pasada la hora de dormir y la luna iluminaba tenuemente el paisaje polar fuera de la clínica. Yagoda se encontraba en compañía de Katara disfrutando de una agradable taza de té caliente y repasando los puntos de sanación de los flujos de energía espiritual del cuerpo.

Así como Pakku admiraba la destreza de la chica con el manejo del control del agua, también Yogoda lo hacía con los poderes de sanación de la chica.

Katara no había faltado ni un solo día a sus clases con ella, empeñada como estaba en aprender todo lo posible para tratar todo tipo de enfermedades y traumatismos, preparándose para la batalla final contra Ozai, su confianza en el Avatar era muy grande.

—Maestra. ¿Cree que alguna vez logre ser tan buena como usted?— le preguntó tímidamente Katara.

Yogoda levantó la vista del diagrama y en su rostro arrugado se dibujó una amplia sonrisa.

—Katara, ahora eres tan buena como yo. Lo único que te hace falta son unos sesenta años de experiencia...

Al principio, Katara no supo que decir, Yogoda siempre era tan seria que escucharla bromear era algo muy extraño. Pero la risa de su maestra era algo contagioso y pronto ambas no paraban de reír.

Mientras tanto en la soledad de la noche polar, dos hombres con una misión, comían en silencio mientras recuperaban las fuerzas para finalizarla. Wei, que tenía en sus manos un pequeño plato con una porción de sashimi recién pescado y preparado por el mayor de los dos hombres, destapó una pequeña botella escondida en el fondo falso de la canoa, lo que llamó la atención de su compañero.

— ¡Una bebida!... ¿Cómo supiste que estaba ahí Wei?— preguntó Li asombrado.

—No creas que por tener más experiencia puedes saberlo todo Li. Lo sabía porque fue una de las clases de inteligencia militar que me dieron en la Academia y que sólo han incorporado en los últimos años, probablemente por eso no te habías enterado—.Wei sonrió mientras probaba la bebida. —Mmmm... delicioso. Vino de algas, típico de la Tribu Agua del Norte—, acto seguido le pasó la botella a su compañero.

Mientras Wei comía, Li embelesado por el paisaje frente a ellos, le daba sorbos espaciados a la botella con la mirada perdida en el horizonte, donde la aurora boreal iluminaba con una paleta de colores cambiantes los grandes icebergs que poblaban la superficie del océano.

—Calculo que llegaremos al buque del General en unas cuatro o seis horas, teniendo en cuenta descansos y promedio de velocidad según las corrientes marinas actuales, en tanto no nos topemos con ningún enemigo en el camino— dijo de pronto Li, sin desviar la mirada ni moverse un ápice.

—Mmm...A esa cuenta le hace falta al menos una hora de tu historia Li...aun no la terminas y lo prometiste. — Replicó Wei con la boca llena mientras escanciaba algo del vino de algas. Li no le contestó, a cambio comenzó a masticar su comida intentando saborear cada bocado como si fuera el último.

Comieron en silencio hasta acabar con las viandas, momento que escogió Li para continuar con la historia. «Una promesa, es una promesa», pensó el viejo soldado mientras le indicaba a Wei que se acomodara.

—Bien mi querido amigo, aquí va el resto de la historia...

Li estaba en su camarote terminando de planificar los turnos de vigilancia de los siguientes siete días cuando un Chen, pálido y temblando como una hoja, entró por la puerta como una exhalación. El chico cerró la puerta con un sonoro portazo y sin mediar palabra corrió tambaleándose hasta llegar al otro extremo de la habitación, donde descargó en la papelera todo el contenido de su estómago.

—Pero... ¡Qué demonios te pasa Chen!... ¿Acaso quieres que te empapele por insubordinación con tus superiores?— le espetó furioso al chico, que continuaba agachado en el rincón aun vomitando entre arcadas. Sin embargo cuando vio los ojos de su soldado más joven llenos de lágrimas, el corazón del suboficial se ablandó un poco y en vez de continuar regañándole decidió acostarle en la cama para interrogarle sobre lo que pasaba. El chico continuaba temblando, pero al menos ya fijaba su mirada.

—Chen, ¿qué ha pasado para que estés así?... puedes confiar en mí...— Li no estaba seguro si el chico le contaría algo, pero al menos así podía calmarle un poco. El Avatar había sido capturado y Li no podía darse el lujo de tener bajo su mando a ningún hombre con problemas emocionales o mentales, menos con alguien como Zhao a cargo.

—L-Le -Le ha... Le ha...Le ha... lo destrozará... es solo un niño Li...es so-, so-, solo... como lo era mi hermano...— Li no sabía a qué se refería el chico, lo único que sabía es que no podía soportar verlo sollozar de esa manera.

Lo siguiente que supo Chen es que un par de brazos fuertes le abrazaron para consolarlo. La última persona que había hecho eso por él había sido su padre, antes que Ozai les arrebatara la felicidad. Poco a poco el llanto fue disminuyendo hasta cesar por completo. Entonces Li volvió a preguntarle sin miramientos.

—Ahora sí soldado... ¿Qué te ha pasado? ¡Habla para que yo no ponga en duda tu permanencia en esta unidad!

El joven lo miró entristecido antes de suspirar y hablar.

—Sabes Li... El Avatar... el último maestro aire, un guerrero legendario... nunca pensé que sería un chico menor que yo... ¡Espíritus! Podría ser menor que mi hermanito... y verlo encadenado de esa manera, no sé, no me pareció correcto...— otra vez las lágrimas aparecieron en los ojos del joven soldado, pero logró contenerse.

—P- P- Por eso... ¡Li!... el Almirante Zhao... cuando salió de la celda... ¡Es un monstruo!— Li vio que el muchacho comenzaba otra vez a agitarse y lo tomó por los hombros dándole una sacudida.

—Espera Li... puedo entender que el Almirante sea un hombre temible... pero de ahí a tratarlo así

—¡Prométeme!... ¡Prométeme Li que si algo me pasa enviarás un halcón a mi padre con un mensaje en el que le cuentes absolutamente todo!... ¡Promételo!

—Desgraciadamente, en ese momento no sabía que pronto tendría que enviar el maldito halcón— dijo Li repantigándose en la barca con la postura de alguien muy cansado.

Mientras tanto en un buque de la flota de invasión Zhao dio por terminada al fin la última reunión con sus contraalmirantes, en la que habían estudiado la estrategia final a seguir para acabar con la resistencia de la Tribu Agua del Norte una vez iniciaran el ataque, que estaba programado dentro de tres días.

Lo que no les había dicho es que una vez se iniciara la batalla, él y un grupo reducido de hombres entrarían furtivamente para llevar a cabo la parte más importante de su plan, la eliminación del espíritu de la Luna. De esa manera, desaparecería el control de los maestros agua sobre su elemento y su victoria estaría asegurada.

..

—Almirante Zhao…

—Mi señor del Fuego Ozai… mi señor.

El oficial, arrodillado frente al trono, esperó hasta que Ozai hiciera un gesto con la cabeza, señal de que podía levantarse y aproximarse a él.

— ¿Qué tienes que decir sobre el escape del Avatar con la ayuda de «El Espíritu Azul»?

—Mi señor pronto tendrá a su disposición al Avatar. Hay serios indicios sobre la dirección que planea tomar. Además el príncipe…

— ¡¿Qué con Zuko?! ¡Habla Zhao! ¡No tengo todo el día para tu palabrería!—Interrumpió Ozai impacientemente.

—Mi señor, pronto Zuko volverá a ti arrastrándose y pidiendo tu perdón, tal y como lo querías… y yo me encargaré de capturar al Avatar. Lo quebraré de tal manera que será le será imposible dominar los elementos…

—Y a cambio…

Zhao, que había levantado el rostro momentáneamente, vio como Ozai sonreía maliciosamente, lo que no hizo sino reforzar su confianza en sí mismo y lo impulsó a pronunciar su deseo.

—Quiero ser su yerno mi señor… quiero volver a tener a Azula.

—Si me traes al Avatar no solo te convertirás en el esposo de Azula y heredero al trono… sino que podrás tener a Zuko si aun lo quieres, Almirante.

Zhao estaba orgulloso de todo lo que había conseguido hasta este momento, todas sus fantasías de grandeza como conquistador y héroe de guerra proyectándose en su mente mientras echaba un último vistazo a los planos de ataque. Ahora lo único que tenía que hacer era volver a su barco y prepararse para la batalla. No estaba bromeando cuando le había dicho a su prisionero que lo exhibiría en lo alto del mástil de su nave.

El almirante se dirigió entonces al comandante de la embarcación en la que estaba: —Capitán, prepare el transporte de vuelta a mi navío.

Había decidido que se tomaría un merecido descanso antes de escoger a los hombres que le acompañarían en su misión secreta y luego dirigir el ataque a gran escala.

«Pero antes… tengo una visita que hacer… al Avatar» Pensó mientras sus labios se curvaban en una sonrisa diabólica.

En el momento que Zhao despachaba en la sala de juntas una serie de diligencias con la intención de volver presurosamente a su navío, dos soldados de la nación del Fuego seguían una conversación en una canoa en medio del océano.

— ¿Qué pasó entonces Li?...

—Luego de esa charla decidí por el bien de Chen y el de nuestra unidad, trasladarle a otro sitio donde no estuviese tan expuesto a sufrir por su pasado y su manera de ser, porque pensé que al fin y al cabo no era más que un niño en un conflicto de adultos. Mientras tanto no dejé que volviese a hacer guardia a la puerta de la celda del Avatar.

—Sin embargo no contaba con que el almirante Zhao asesinase a uno de sus propios hombres… Así que no tuve más remedio que incluir nuevamente a Chen en la rueda de guardias, porque el almirante me prohibió hacer cambios de forma tajante. Tú ya sabes lo que sucedió después…

Wei no dijo nada. Solo volvió a meter la mano en el compartimento de la canoa y sacó otra botella del licor de algas. Se volvió a su compañero y le pasó la botella retomando la conversación.

—No Li. Lo único que sabemos es que el almirante Zhao nos ordenó despojar a Chen de sus ropajes y dejarle a solas con el Avatar, clamando que él era un traidor. Después de eso ordenó que todos permaneciéramos afuera de la zona de celdas y a ti te ordenó permanecer ahí… ese mismo día más tarde tú confirmaste lo que ya temíamos… Que Chen había muerto a manos del Almirante.

El aludido destapó la botella y dio buena cuenta a largos sorbos de la mitad del contenido del licor. Luego se la devolvió a su compañero mientras juntaba fuerzas para decir la siguiente parte de la historia.

Hacia muchos días que el peso de lo que había sucedido ese día no dejaba su pecho porque, ¡diablos!, se suponía que él debía cuidar de sus hombres y sin embargo había perdido a Chen y otros cinco hombres a manos de nada más y nada menos que de su propia nación. Se sentía responsable y no podía evitarlo, por mucho que la lógica y la razón le dijeran lo contrario.

—Ese día Chen esperó hasta que el almirante salió de la celda, aprovechando para entrar y hablar con el Avatar… sólo quería darle unas frutas. Pero no contaba con que el desalmado de Zhao volviese antes… una vez que Zhao se quedó a solas con él y el Avatar, azotó inmisericordemente a Chen hasta que no quedó ningún sitio de su cuerpo libre de heridas, por último le enterró en el abdomen una de sus espadas y lo dejó desangrándose frente al Avatar. Cuando terminó… me- me- ordenó disponer del cuerpo… en la celda Chen agonizaba y el Avatar… solo sollozaba y musitaba una frase… una y otra vez…

« ¿Por qué?...»

—En ese momento pensé que Chen ya estaba muerto— Li se tomó un momento para secarse los ojos, no podía evitarlo. —Wei, no te imaginas lo que sentí al verlo en ese estado. Sin embargo al inclinarme para descolgarlo de la pared me di cuenta que aun respiraba…

—Iba a devolverme a buscar a un médico, cuando con lo que le quedaba de fuerzas, Chen me agarró de la túnica impidiéndome salir… y fue cuando me lo dijo…

«El… el a- al- almi- rante… va a mat- matarles al- al- termi- terminar… el… el at-… que… argh.. vales y… salva… al… Ava- Avatar»

—Me dijo que el almirante planeaba asesinar a lo que quedaba de nuestra unidad una vez terminara el ataque… Chen murió en mis brazos poco después y yo envié el halcón con un mensaje codificado para su padre, según instrucciones que Chen ya me había dado previamente, esa misma noche.

«Li… si alguna vez se encuentran en peligro y necesitan apoyo en la Nación del Fuego puedes pedir ayuda a mi padre. Es solo que pongas en el mensaje luego de este código los nombres de los hombres por quienes la solicitas y él se hará cargo del resto, de proteger a sus familias, sin preguntas.»

—Nunca se me pasó por la cabeza el convertirme en un rebelde, pero luego de la muerte de Chen ya había decidido hablar con ustedes para huir con el Avatar. Fue una suerte que el general Iroh llegase, porque con su apoyo habrá más posibilidades de que tengamos éxito. ¿Te das cuenta ahora el porqué no debemos tener dudas Wei?... Ya no solo somos nosotros sino que el futuro de nuestras familias y de la nación del Fuego depende de la suerte del Avatar… hoy me arrepiento de no haber hecho caso a Chen en su momento, quizás si yo-

—¡Ni se te ocurra decirlo cabo! Todos sabemos… ¡diablos hasta Chen lo sabía!... que esto no fue culpa tuya sino del señor del fuego Ozai y hombres como Zhao…

—Ahora comencemos a remar… que ya hemos demorado mucho para nuestra misión…

Wei le pasó un remo a Li mientras le ofrecía su mano. El otro lo miró un momento antes de responderle con un apretón de mano y una sonrisa de gratitud.

En silencio la canoa empezó a ganar velocidad con rumbo a la flota de invasión.

En ese mismo instante Iroh y Zuko, con la ayuda de los otros guardias ya habían asegurado a Aang en un barco pequeño. El resto de la tripulación del navío solo sabía que el General Iroh volvería al suyo al día siguiente y que esa pequeña embarcación partiría antes con algunos regalos que le había hecho el almirante Zhao. Ni en sus peores pesadillas hubieran sospechado que era precisamente Iroh quien rescataría al Avatar.

Una hora después regresaron Wei y Li, quienes se dirigieron a su comandante y le entregaron el mensaje de Pakku. Aun se encontraban en el camarote del General Iroh afinando los detalles de los posibles escenarios y de la ruta de escape, cuando fueron sorprendidos por la llegada inesperada de Zhao.

—Vaya, vaya, pero ¡qué tenemos aquí!— Zhao entró sin avisar al camarote y el ambiente se tensó instantáneamente. — ¿Todavía despierto mi estimado general Iroh? ¡Entonces tiene que comentarme cómo le fue con el Avatar mientras me acompaña a la cena!

Iroh, sin dejar ver su nerviosismo, ordenó a los hombres que fuesen a cumplir con su labor de vigilar al Avatar. Zhao vio como salían sus subordinados luego de intercambiar entre ellos una serie de miradas, lo que hizo que muy en el fondo de su cerebro se instalara la pequeña semilla de la desconfianza.

—Ahora bien antes de la cena ¿me acompañaría a hacerle una visita al Avatar General Iroh?

Zhao estaba poniendo al héroe de guerra a prueba, algo le decía que no debía bajar la guardia con ese viejo, que probablemente lo traicionaría. Casi esperaba que el viejo dijera algo para dilatar la visita o que no quisiera ir con él, algo que le daría motivos suficientes para prenderle por traición. Sin embargo se sorprendió cuando Iroh sonrió cruelmente antes de responderle con voz tranquila.

—Claro almirante Zhao. Será un placer volver a visitar la celda del Avatar en su compañía. Hay lecciones que es bueno aprender de alguien superior a ti y que deben ser grabadas a fuego en tu piel.

Mientras caminaban al encuentro con el Avatar luego de avisar a la tripulación que tardarían algún tiempo en acudir al comedor Zhao, quien nuevamente iba henchido de orgullo comentó cómo le había ido en la reunión, el general respondió a su vez que su reunión con el Avatar había sido muy provechosa, como pronto se daría cuenta el almirante.

Al llegar a la zona de celdas, Zhao no pudo evitar fijarse en que solo había un par de guardias vigilando la entrada.

«Es cierto… las bajas por tonterías han hecho que disminuyan los guardias. Mañana mismo me desharé de estos idiotas y solicitaré una nueva unidad completa. Aunque en el estado en el que se encuentra ese enano no hay manera que pueda hacerles frente en caso que quiera huir»

Los guardias se inclinaron respetuosamente y abrieron la puerta entrando después de él. Zhao no se dio cuenta sino hasta el último instante cuando la puerta se cerró tras de sí y sintió el puñetazo de Iroh en el rostro, de que la celda estaba vacía y que había sido engañado completamente.

— ¡Malditos traidores los mataré! —Aulló de rabia mientras se defendía lanzando bolas de fuego, una de las cuales alcanzó en el pecho a uno de los guardias quien cayó al piso inmóvil.

— ¡Li levántate!—exclamó frenético su compañero corriendo a socorrer a su compañero.

Justo cuando iba a rematarlos Iroh se interpuso enviando un gran ataque de fuego que lo tomó por sorpresa, con la fuerza suficiente para que sufriera quemaduras en torso y rostro, tanto así que no vio el siguiente golpe de Iroh con el pesado mango de una espada sobre su cabeza, lo que hizo que perdiera el conocimiento.