CAPÍTULO 21: UNA FORTALEZA PARA TU MENTE
Los deseos de Natsu por salir de su escondite fueron aplacados por una corazonada, si iba a morir no podía hacerlo así; tenía que ver por última vez aquellos ojos asesinos que la volvían loca; debía ser meticulosa, necesitaba sobrevivir para comprobar que lo que le mostraba su abuelo no era una vil mentira.
Su aliento se detuvo por completo cuando un cazador la sorprendió, habían encontrado su escondite.
así que aquí estabas pequeña, esto no va a ser tan divertido como lo esperaba— dijo apuntándole con su arma.
humm—
Natsu le dio una sonrisa helada, después de todo ella tampoco era cualquier cosa; tomo por la cabeza al cazador y lo metió en la cueva, enredo en unos segundos sus pies y con la fuerza de una fierra le retorció el cuello, el cazador disparo antes de morir, el ruido atrajo a los demás. Natsu tomo la escopeta cargo el gatillo y comenzó a disparar con una precisión increíble a todo el que se le acercaba; había despejado el camino y comenzaba a moverse entre la maleza.
Su vista se había recuperado del todo y pudo notar que lo que traía puesto no la ayudaba para nada, su traje estaba teñido con sangre, un detalle exagerado para marcar un blanco, pero era el estilo perfecto para su abuelo. Se quitó el incómodo overol y agradeció que por lo menos le hubieran dejado ropa interior; apenas pudo levantar la mirada cuando vio como otro cazador le disparaba, lo esquivo, tomo su arma y disparo a pesar de no dar en el blanco, comenzó a correr y trato de mezclarse entre la ramas de los arbustos, el bosque era perfecto porque era muy frondoso, lo que ciertamente ponía un poco de dificultad a la cacería.
Su piel está cubierta de rayones por las ramas, tenía que encontrar algo que la cubriera de inmediato, camino unos cuantos pasos cuando lo vio; apuntando con su arma estaba un cazador distraído, Natsu se acercó con cuidado, sabía que un disparo alertaría a los demás, reviso el área y cuando estuvo segura llego por detrás, tomo la escopeta y golpeo con todas sus fuerzas al hombre que se desplomo inmediatamente contra una roca.
No me gusta hacer esto, pero no tengo opción. — Dijo Natsu mientras le quitaba la ropa al cadáver.
Con el traje de casería fue más fácil movilizarse, camino por un sendero dispuesto para los cazadores hasta encontrar la salida del bosque; no podía creer lo que veía, frente a ella se encontraba un abandonado ¿pueblo?
La vista era fantasmagórica, las casas estaba destruidas y el olor a podredumbre era insoportable; mientras caminaba podía ver animales muertos en el camino, huesos, periódicos viejos y una gran cantidad de basura y residuos inidentificables, avanzo hasta que sintió que no estaba sola.
Los tejados se tambaleaban y el ruido se hacía cada vez más fuerte y claro; miro para todos lados buscando al culpable hasta que vio una manada hambrienta de lobos que estaban dispuestos a devorarla.
Sabía que la escopeta no le serviría, se le acabarían las balas antes de poder matarlos a todos, el ruido del disparo tampoco le sería útil, los lobos no se espantarían y los cazadores cambiarían su destino; recordó que el sobre de cuero que le había dado su abuelo con la identidad de BJ estaba manchado por su sangre, metió la mano entre la camisa y con cuidado saco los papeles, comenzó a mover el sobre para que la manada pensara que era un jugoso pedazo de carne; solo tenía una oportunidad.
Mientras los lobos seguían la tela pudo ver un pequeño espacio hacia la libertad; más adelante una enorme fabrica se erguía, las enormes puertas de hierro la protegerían de aquellas bestias; solo esperaba poder correr más rápido que aquellas bestias, lanzó el sobre y todos se abalanzaron, era su oportunidad. Corrió entre los filosos dientes que trataban de atraparla y el rugir infernal de la manada, su alivio fue enorme pues pudo escapar casi ilesa.
En un último momento uno de los lobos alcanzo a tomarla de la chaqueta, pensó que sería su fin pero pudo sacársela antes de que la tragaran con ella, por suerte los papeles estaban a salvo pues los había guardado rápidamente entre su pantalón.
Natsu corrió con desesperación por las calles del poblado, no pensó que llegaría a la fábrica, todas las puertas estaban cerradas y rápidamente se dio cuenta de que las casas no tenían ventanas ni puertas; solo era una trampa psicológica, una falsa esperanza de encontrar refugio en algún lugar.
Cuando entro a la fábrica con todas sus fuerzas cerró la puerta lo más que pudo, las feroces bocas aún trataban de alcanzarla con desesperación, pero el agujero era muy pequeño para que pasaran todos los lobos, los había contenido por el momento. Natsu estaba lastimada, no había sido tragada pero su hombro se había dislocado cuando el animal se llevó su chaqueta, como pudo se levantó y comenzó a correr tenía que salir rápido y encontrar un escondite, pero tan pronto como empezó a correr un chillido horrible le crispo los nervios.
Natsu se encontraba en un pasillo desierto de la abandonada fabrica; pero el paisaje era lo que menos le preocupaba; Natsu no pudo evitar soltar un grito de pavor cuando miles de ratas con los ojos rojos brillando contra la luz del sol, salieron a emboscarla, las ratas se le lanzaban despiadadamente, eran miles pero parecían ser un solo monstruo, Natsu solo pudo correr y gritar no quería ser la comida de esos asquerosos animales, las ratas la tenían atrapada.
De repente un silbido acallo por completo los chillidos de las ratas, sin saber cómo todas ellas se dispersaban velozmente, pero la pequeña calma que Natsu sintió no se comparó con el pánico que estaba a punto de vivir.
El mayor temor de Natsu se hacía presente, una hermosa y siniestra figura estaba a lo lejos, una capucha negra como la muerte y un traje rasgado que se movía majestuosamente con el viento eran lo único que veía, además del brilloso filo del cuchillo contra la luz del sol.
Las ratas aun huían despavoridas, el aire se congelo por completo, ella pudo sentirlo, era el frio infernal que anunciaba la muerte. La imponente figura se acercó lentamente ya no se veía ni siquiera su sombra; a medida que levantaba la cabeza se descubría un rostro pálido y cadavérico; no era sus amado BJ quien llegaba a rescatarla, era Reino el demonio en persona.
¡Valla! Me sorprendes cada vez más, honestamente no creí poder jugar contigo… ¿qué te pasa? ¿no dirás nada? ¿acaso… te comieron la lengua las ratas? — le dijo Reino con una sonrisa macabra.
Como si el tiempo se detuviera Natsu quedo congelada, no sabía que mágico poder tenía ese sujeto pero la hacía sentir algo que ni BJ podía; las largas y heladas manos la sujetaron del cuello y la arrastraron dentro de un conteiner, este era un pequeño cuarto decorado con flores azules, bolsas de cadáveres, lámparas y velas negras, y como atracción principal había una gran cama de piedra en forma de lápida, la roca estaba inclinada y sobre ella colgaba un elegante candelabro.
¿estas lista? Porque te hare ver las negras estrellas esta noche. —
Así que crees que puedes ¿dominarme? El hecho de que seas un secuas de mi abuelo no significa que puedas hacer lo que te plazca y menos cuando yo esté aquí. —
Humm… eso no me parece del todo cierto, yo sé todo sobre ti Natsu— le dijo lanzándola contra la gigantesca lápida y acercando su rostro. — Tú tienes un gran poder sobre los demás, si los humanos se equivocan o hacen travesuras se les perdona, pero a ti no porque tus travesuras van a otro nivel; por eso solo yo puedo ser tu verdugo. —
Natsu tembló ante las amenazantes palabras de aquel sujeto, sintió de nuevo el dolor en su muñeca cuando unas frías esposas de hierro la ataron nuevamente, estaba muy débil para tratar de forcejear, Reino no se hizo esperar, se inclinó y con una sonrisa traviesa y comenzó a besarla desenfrenadamente.
¡basta jum jum… no me dejas respirar! — Gritaba desesperada.
Pero nada contendría la ira y el deseo de Reino; había estado observando a Natsu hacía mucho tiempo, lo habían programado para que no deseara otra cosa en el universo.
Natsu estaba perdida, Reino era incontrolable, sintió como sus huesos se deshilachaban cuando las sudorosas manos de Reino pasaban por su cuerpo, la fricción le rompió la muñeca, el dolor era demasiado intenso para soportarlo; la vista se le nublo todo se perdía entre las tinieblas, ella, su alma llena de pecados y aquel sentimiento eterno y confuso que la invadía desde que conoció a Black Jack.
Jack… — añoraba con todas su fuerzas.
Jack… — era lo único en lo que pensaba en aquel momento
Jack… — salía de su boca entre sus últimos suspiros.
Jamás podría encerrar de nuevo sus pensamientos, él ya se había escapado de su cabeza entre sus suspiros. En un momento de delirio Natsu escuchaba su voz, Jack gritaba su nombre, entonces lo entendió todo, su corazón ya no la oprimía, el dolor ya no corría por sus venas, el ángel negro tenía su rostro lo entendía finalmente, ella amaba a la muerte, amaba a Jack Black.
Natsu… —
Natsu…—
Natsu…—
