The change is gonna come/El cambio está por venir.
Es una casa grande, y bonita. Una edificación antigua, probablemente hasta histórica y famosa. Se ve en la fachada y en la estructura. Probablemente, si su infancia no hubiera sido tan solitaria, si hubiera tenido hermanos, si sus papás no hubieran decidido que no querían seguir juntos, tal vez ahora tendría mejores recuerdos.
-¡Hermione! ¿Pero qué haces ahí parada? ¡Ven, entra!
Sale de sus pensamientos rápidamente y atraviesa la reja de medio metro que la introduce al jardín para abrazar a su madre Jean.
-Hola mamá
Trata con ganas de que no suene mal, o fría, o molesta.
-Hermione, ¿así le hablas a tu madre? Hace meses que no te veo.
Claro que la palabra clave fue tratar. Solo tratar.
-Es, solo que acabo de salir del último de clases, estoy algo cansada.
-Pues no quiero parecerte molesta hija, pero te ves muy pálida y delgada, ¿estas comiendo bien?
- Claro que si mamá, es solo que los exámenes finales fueron muy duros, es todo.
-Muy bien, muy bien. Pero entra ya Hermione, ¿no quieres saludar a tu padre?
De haber hablado tal como pensaba, la respuesta inmediata y sin tanto meditarlo hubiera sido: no. En lugar de eso se limita a asentir y forzar una sonrisa.
Cruzan la sala, observa con sorpresa que todo ha vuelto exactamente al lugar de hace muchos años atrás. Los cuadros, las carpetas de los muebles, la alfombra. Resulta hasta un poco abrumador. Se pregunta si su madre lo ha hecho a propósito, sabiendo lo poco que le agrada visitar esta casa desde que, según su acuerdo de divorcio, su padre se la cedió a su madre para que ella tuviera un buen lugar donde crecer. No sabían, ni saben, que ésta casa nunca volvió a ser su hogar desde aquel día.
Instintivamente su mirada se va hasta la amplia chimenea, y sin poderlo evitar, a un espacio preciso más arriba de la misma. Ahora hay una especie de adorno café cobrizo horrible, pero en antaño era el lugar de una foto familiar. Se obliga a no mirar hacia ese lugar otra vez, porque siente como si viera el cadáver de un asesinato.
-¡Hija! ¡Oh Hermione! Que gusto me da verte. ¿Cómo va todo?—su padre extiende los brazos y la atrapa.
-Hola papá, va todo bien en la escuela, no te preocupes.
-Ya sé que no debo hacerlo, siendo tan inteligente imagino que debes darle una buena sacudida a esos maestros de vez en cuando.
Algo tan peculiar como la risa de su padre es algo que no se puede pasar por alto ni queriendo. Por un segundo, se siente menos enferma por estar aquí.
-Seguro que sí. ¿Te acuerdas John, de la vez en que regaño al maestro de primaria por equivocarse sobre el tamaño del océano pacifico? Nunca he visto más colorado a un hombre.
Y esto. Cuando su mamá secunda a su padre en una anécdota. ¡Cielos! Cuanto emociones despiertan sus papás todavía. Justo cuando creía que todo estaba enterrado, algo sale y se burla de ella por la vida que perdió. ¿Qué estaría haciendo ahora si ese fuera un día típico de verano en su típica familia-aún-unida?
-Hermione, que gusto verte.
Es como una bofetada en medio de la mejilla.
-Hola Susan, ¿cómo éstas?—contesta cortésmente, disimulando el repentino trance feliz que tuvo.
-Bien, y a ti como te va en el colegio
-Excelente, nada de que quejarse, ya estoy preparándome para graduarme. ¿Ha venido Carol?
-Claro que sí, está en la comedor ayudando a poner la mesa—voltea hacia la estancia más próxima y grita-¡Carol! ¡Cari, ven aquí! Saluda a tu hermana.
Carol no es su hermana, no biológica a menos. Es la hija de la nueva esposa de su padre, Susan. No le desagradan para nada éstas personas, de hecho se divierte mucho jugando con Carol, la niña de 5 años que ahora es su hermanastra.
-¡Hermione!—exclama la niña apenas sale del comedor.
Se lanza con fuerza y es recibida por su "hermana mayor", como le dice.
-¿Sabes que hermana? ¡Papá me ha comprado un perro!—se emociona la niña.
Es curioso lo que siente con respecto a esta infante, porque en parte la disfruta como no hace con nadie—salvo con Ginny, claro—y al mismo tiempo le causa las emociones más nostálgicas y tristes que puede tener. Cuanto hubiera dado por ser así de feliz.
-¿Y cómo vas a ponerle?
-Mmm… no lo sé. Puedes ayudarme a buscar un nombre si tú quieres—dice tímida.
-Me encantaría.
Es curioso como los niños no necesitan tanto para sonreír a morir.
-Me gusta que se lleven tan bien chicas, pero es hora de cenar, o todo va a enfriarse.
Una hora. Dos horas. Todo marchando dentro de los estándares normales. En realidad, estaba resultando bastante tolerante, charlas ligeras y cotidianas. Una cena clásica, sencilla. Un poco de vino. Nada que no pudiera manejarse, apunto de sobrevivir.
Y luego… Bum. Otra cachetada en la mejilla, otro desastroso aterrizaje en el mundo de la realidad.
-Por eso he decidido que lo mejor es mudarme lejos de Londres.
Las palabras suenas huecas, carecen de sentido. ¿Qué ha pasado con su madre?
-y, bueno me importa mucho como lo tomes tú Hermione. Sé que te has vuelto independiente y todo, pero… me preocupas hija.
-¿y por qué habría de preocuparte? Estoy bien.
A quién trataba de engañar era un misterio. La molestia y el dolor estaban saliendo a flote por entre su voz, en forma de ira.
-Es solo que, pareces agotada todo el tiempo, y no sales nunca con nadie más que con tu amiga Ginny. Yo… creo que estas dejando ir tu juventud Hermione. Por eso me voy a América, quiero un nuevo comienzo, lejos de Londres. Vivir.
-¡Pues vete mamá! ¡Comienza de nuevo! Haz exactamente lo que hizo papá, consíguete otro esposo y otra hija. ¡Vete a disfrutar de vivir!, que no te importe lo que dejas aquí. Aquí ya no hay nada que puedas arreglar.
Se levanta ruidosamente, tirando a un lado servilleta que tenía en su regazo, desparramando el vino de su copa. Porque todo, otra vez, parece quebrado y volverá terminar sola.
Sube las escaleras hasta su habitación, esperando que todo el sueño acumulado por las recientes noches en vela estudiando le ayude a escapar al mundo de Morfeo, donde todo parece dolerle menos.
-Vas a decirme qué pasó anoche, o tengo que suponerlo todo solo por la cara que traes.
Ginny llego justo a tiempo en la mañana, 5 minutos antes de las 7 am, estaba en la entrada llamando a la puerta. Como no había dormido nada—ya sospechaba que pasaría—Hermione estuvo atenta ante cualquier ruido en la casa, sobre todo al peculiar sonido del timbre. Al escucharlo, corrió por las escaleras con una pequeña maleta de ropa y salió rápidamente sin despedirse de nadie.
No había dado más detalles a su amiga en todo el camino, ahora estaban viajando en el pequeño auto de Ginny a menos de medio kilómetro de la madriguera, pasando por paisajes agrestes hacia una región más natural y verde que la ciudad. Y ella se sentía bien, para variar, alejarse de todo.
-Mamá se va de Londres. Para eso la cena, era más una despedida—contesta mirando a través de la ventana de auto.
-¿Se va? ¿Por qué?
-Se va a "comenzar de nuevo a vivir"—responde irritada.
Ginny la observa de reojo, tratando de descubrir que es exactamente lo que siente su amiga.
-Y… ¿es algo malo que se valla?
-¡Por supuesto que es malo Ginny! Solo se va y ya, como si todo lo que tiene aquí ya no importara.
-Bueno Hermione, ¿y qué exactamente lo que tiene aquí?
Piensa un momento en la pregunta de su amiga, ¿Qué obliga a su madre a quedarse aquí? Nada. Pero aún así no cree que sea todo tan fácil.
-Tiene un trabajo, y su casa. ¡Toda una vida aquí, por dios!—y termina con un golpe en la guantera del auto.
La pelirroja frena tan bruscamente que hace sobresaltar a su copiloto, se orilla hábilmente cerca de un claro entre los espesos árboles que rodean la carretera y apaga el motor.
-No Hermione. Ella ya no tiene una vida aquí. Trabajo puede conseguir en Londres o China o donde quiera ir, al igual que una casa. Y para variar una que no le traiga tantos malos recuerdos como sé que te los trae a ti también.
-¿Sabes qué? No quiero hablar de eso. Ni que te pongas de su parte.
-¡Ah! Pues lo siento mucho amiga, porque no vamos a ninguna parte sin hablar de esto. No te voy a soportar así todas las vacaciones.
-¡Ginny!—se lamenta cubriéndose la cara con las manos.
-¡Hermione!—responde en una muy pasable imitación.
-¡Está bien! ¡De acuerdo! ¿Qué quieres que te cuente respecto a ello?
-Solo dime, ¿por qué te afecta tanto su decisión? Digo, sé que no es fácil tener a tu mamá lejos,y más si se va a otro continente, pero, ¿enojarte? ¿Por querer algo mejor para ella? No sé si es justo Hermione.
-¡Por supuesto que no es justo! Pero no es justo para mí. Qué bueno que quiera… no sé, buscar otra familia, casarse de nuevo como papá… lo que sea, pero ¿y yo? Ellos toman constantemente decisiones sobre sus vidas y se olvidan que yo también voy en el mismo paquete. Me dejan atrás siempre. ¡Nunca lo entienden!
Apresura las últimas palabras porque tiene un nudo en la garganta amenazando con no dejarla hablar más. Éste, de entre todos los temas de conversación que la molestan, es el que más odia.
-Yo más bien pienso—procura ser ella quien lleve el lado tranquilo—que quién no lo entiende eres tú.
-y seguramente tú lo entiendes a la perfección Ginny…
-No, pero si un poco más.
-¡Aggg!—hace un ademan de exasperación-¡Nunca piden mi opinión para nada, no me preguntan nada! "¿Tu que piensa es esto, Hermione? ¿Crees que es buena idea Hermione? ¿Destruiremos tu vida con esto Hermione?" ¡Nada! Mamá pudo haberme pedido ir con ella, al menos así no me hubiera sentido tan…
Otra vez el nudo en la garganta, y un sabor amargo.
-¿Y qué le hubieras respondido de haber preguntado?—insiste la otra, sabe que está a punto de dar en el clavo-¿Te irías a Londres?
No hace falta pensarlo mucho, jamás se iría.
-No—responde Ginny leyéndole la mente—No puedes irte, no porque no quieras hacerlo, eres de las personas que no echan muchas raíces donde están para que pueden arrancarlo todo e irse si lo necesitan.
Mira a fuera, los árboles. Vida vegetal con largar raíces, aferradas a montones de tierra y piedras. Ella no es uno de ellos, en eso su amiga tiene razón, de eso se ha encargado siempre. De no tener raíces que la aten demasiado.
-Pero… tu vida si ésta aquí Hermione—continúa—por ahora, bueno o malo, esto es lo que tienes. Y apenas está empezando. Tu madre lo sabe. Quizá un día, te sea fácil tomarlo todo y marcharte, pero ningún día cercano. Aún tengo mucho trabajo contigo… ya hablamos de ese chico para salir.
Ginny enciende el motor nuevamente, con una ligera sonrisa que logra ganarse una igual en Hermine. Revisa por el espejo retrovisor y luego al frente para checar si hay autos próximos. Nada. Pisa el acelerador suavemente y toman velocidad en la carretera.
-No te dejaría—le asegura la castaña hablando entre dientes y sin siquiera mirarla-¿lo sabes, no?
Ginny no contesta, pero se permite una sonrisa radiante para sí misma.
La madriguera por fin emerge de entre los árboles, aparcan enfrente del jardín y salen a estirar las piernas. Hermione saca del asiento trasero su práctica maleta y camina al lado de Ginny hasta la entrada, donde una señora que bien recuerda las recibe.
-¡Que alegría que ya estén aquí chicas! Espero que el camino no haya sido muy pesado.
-Para nada mamá—responde Ginny entre los brazos de su madre—nada de tráfico.
-Hermione, cuanto tiempo sin vernos, ¿cierto? Espero que todavía te acuerdes de mí.
-Seguro que sí señora Weasley, y me da mucho gusto verla de nuevo.
Antes de poder hacer algo más, la señora Weasley la atrae contra sí en un abrazo como pocos le han dado en su vida. Se sorprende un poco, por lo bien que se siente. Por el agradable cambio de humor que de pronto experimenta.
-A mí también me alegra que ahora si hayas venido con Ginny. ¡Pasen, pasen! Adentro ya están todos.
-¿Todos?—pregunta Ginny con sorpresa-¿Cuándo llegaron?
-Hace unos días, cielo. ¡Ah! La casa se siente tan bien con todos aquí.
Se adentran en la casa, no es lujosa como la suya, pero Hermione cree que es mil veces mejor. Todo parece tan cálido y familiar, la decoración tan variada, los figurines graciosos en los muebles, incluso la forma es genuina. Es sorprendente que algo así este en pie, varias plantas, todos de diferentes tamaños y unidas por una retorcida escalera que va de allá para acá sin ningún patrón aparente.
-¡Familia, Ginny está aquí!—grita a modo de anuncio la señora Weasley—y su amiga Hermione, claro.
Varios pares de ojos se concentran en ambas chicas tan rápidamente que Hermione se siente ligeramente avergonzada y nerviosa. Tanto que la maleta que cargaba en mano se estampa contra en suelo, sin embargo nadie oye el golpe, porque queda oculto entre el griterío, el rechinido de sillas contra el suelo y pasos aproximándose.
-Mucho gusto Hermione—un joven de cabello largo la saluda, no ha cambiado mucho según lo recuerda, o tal vez solo se debe a que el cabello tiene la misma longitud de entonces—Soy…
-Bill—le interrumpe—lo sé, me acuerdo de ti.
-¿Qué hay de mí?, No conocimos hace tiempo pero no demasiado—un joven ancho de hombros y muy simpático.
-Aparentemente no tanto Charlie—contesta satisfecha por recordarlo bien.
Mira de reojo a Ginny quién le hace un gesto de aprobación.
-He de suponer entonces, por la buena memoria de la que hace gala, que ya me conoce a mí también—habla pomposamente un joven maduro y bien vestido.
-Claro que si Percy, como olvidarte—mira un fugazmente a Ginny, que parece está apretando los labios para no reír.
-Prueba con nosotros—dice un chico alto y sonriente.
-A ver ¿quiénes somos?—completa su hermano, que es una copia exacta.
Éstos sí que le darán problema, porque aparte de la ropa, no hay nada diferente en sus rostros, al menos que ella pueda ver.
-Pues… son… Fred y George—dice evitando señalar con un nombre a cada uno—solo que no sé quién es quién.
Ríen tan fuerte que la asustan.
-No te preocupes, a veces ni mamá lo sabe—dice uno, el de suéter verde—soy Fred.
-Así que no te sientas mal—completa el otro, del suéter naranja—yo soy George—y luego añade susurrando—me reconocen porque soy el más guapo.
Es divertido, sí que lo es, dado que son tan iguales como un par de calcetines. ¿Cómo es que no lo recordaba? Olvidarse que estas personas existen en el mundo ahora le parece incorrecto. A penas se alejan lo suficiente cuando Ginny le habla bajito a su lado.
-Solo no te comas nada de lo que pase por sus manos primero, ¿de acuerdo? Les gustan las bromas.
Se mesura un poco y asiente con la cabeza, lo último que quiere es salir envenenada.
-Mm…y entonces estos son todos tus hermanos Ginny.
-Pues casi, solo falta…
-¿Cómo están familia?—habla por lo alto un señor de rostro afable y calva incipiente, trae bolsas en las manos según parecen del supermercado—y ¿cómo esta nuestra invitada?
-Excelente señor Weasley, gusto en verlo.
-El gusto es mío Hermione, ¿ya desayunaron?—pregunta a la pequeña multitud, los gemelos se apresuran a mover negativamente la cabeza—vamos al comedor entonces, adelante.
Se pregunta si así será siempre en la familia de Ginny, gente moviéndose de aquí a allá, voces de un lado a otro, un mar de brazos y cabezas. Es raro y genial a la vez. Como un desastre en orden.
Cada uno toma un plato del montón sobre la vitrina, y luego se dirigen a la barra donde la señora Weasley ha colocado tostadas, waffles y fruta para desayunar. Cuando todos parecen haber tomado el correspondiente desayuno, se dirige hasta allí con su plato en mano.
Coloca su mano en el cucharon de la fruta, pero en lugar de la frío metal, toca cálida piel. Se sobresalta al distinguir un dedo y luego toda una mano, y más tarde a todo un chico. Pelirrojo y de piel clara, igual que todos los demás en la mesa, con pecas tan pequeñas que si no fuera porque lo tiene a 30 centímetros de su cara seguramente no vería. Tiene ojos azules, lo que parece buen distintivo de sus hermanos. Ya que es obvio que es un Weasley. Su ropa advierte su aire desgarbado y descuidado, una playera naranja como su pelo donde se lee "Chudley Cannos" y unos desgastados jeans, todo una talla más grande de lo apropiado.
-¿Quién eres tú?—interroga no muy amable, en realidad, se ve más bien irritado.
-Eee…Hermione Granger—vacila su mano por un segundo, pero luego se levanta firme pretendiendo estrechar la suya.
-Ron Weasley—dice apresurado—pásame la jalea.
Ignorada y, sí, dolida por la humillación, agarra con fuerza el tarro detrás suyo y se lo estampa en la mano para darle a entender que no le importa si no la saluda, ella no va a hacerse menos ante tal grosería. Él no se inmuta y eso la desconcierta un poco más. ¿Este puede ser hermano de todos los chicos amables en la mesa?
Toma asiento junto a Ginny, quién mira furiosa hacia el asiento de enfrente, donde el tal Ron ha tomado asiento. Él bosteza sin ninguna pena ni prisa. Segundos después se percata de la insistente mirada de su hermana y se encoje de hombros provocando que ésta exhale con fuerza.
-No le hagas mucho caso a Ron, es el más molesto de mis hermanos—le susurra para que quede entre ellas.
-No te preocupes, estoy acostumbrada a lidiar con gente así en toda la escuela—dice con un gesto de simplicidad—lo que si me sorprende es que no recordaba a este hermano tuyo. Digo, ni vagamente.
-No tendrías por qué, Ron solía ser muy callado así que cuando viniste por última vez aquí, quizá ni siquiera notaste su presencia—coge una porción de waffle con el tenedor y se lo lleva a la boca.
-¿Pasar por alto una actitud así? Se me hace increíble. Soy muy observadora.
-Es que él no siempre es así, está pasando por…hum…problemas—dice dubitativa.
-¿Problemas con qué?—pregunta con interés disimulado con una cucharada de mermelada en sus waffles.
-Con una chica.
-¿Lo molesta una chica?
-No Hermione, Problemas de "chicas"—acentúa la última palabra—"de chicas".
-Oh, ya caigo—comprende y asiente lentamente mientras distraídamente lo mira.
No es de extrañar, puesto que, no todos se la viven unilateralmente en el estudio como ella. Y tampoco porque, ha de admitirlo, el chico no es del todo feo. De hecho no está nada mal. Así que de pronto se imagina cómo será ver la vida como él. O como Ginny. ¿Cómo sería su perspectiva si dejara espacio para relaciones de otro tipo más profundo? Tener en su vida a un chico que te espere a la salida de clases, o que te invite a comer o a tomar café, o simplemente que te cuente como fue su día.
Se olvida de disimular la mirada para clavar sus ojos en él, Ron Weasley. Ahí es cuando se para en seco, y a voz de la señora Weasley la despierta de su letargo.
-¿Ocurre algo querida? ¿Es que no te gustan los waffles?—la observa un poco extrañada.
-Claro que sí señora Weasley—sacude un poco la cabeza—solo me distraje pensando en otras cosas, no es nada. Todo está delicioso—asegura llevándose otro bocado a la boca.
Decide silenciosamente que todo lo que vivió ayer con su familia, la repentina noticia de su madre y todo lo que la preocupa de la universidad están jugándole una mala pasada. Eso debe ser, está confundida y tiene los sentimientos a flor de piel. Y es que no hay razón lógica para que, justo ahora, tenga esos intempestivos pensamientos. No. Pero para estar segura, hace una nota mental de no acercarse más de lo debido al joven sentado en frente. Solo para estar segura, claro.
