Make me lose control/Hazme perder el control.

-¿Quién diría que hoy se iba a caer el cielo? Había sol en la mañana.

Efectivamente, hace apenas unas horas que llegaron a la Madriguera y había sol brillante, cosa que contrasta por completo con la caudalosa lluvia de afuera. Por suerte la habitación de Ginny es bastante cálida. También es bonita y cómoda, y le recuerda tanto a Ginny que incuso sin haberle dicho cuál era, la habría reconocido al instante. Al parecer el verde es su color favorito, puesto que cubre todas las paredes. Y los marcos contiene fotos suyas con diferentes miembros de la familia. Tiene un televisor, un mueble parecido a un escritorio, un closet y un estante con unos cuantos libros, además de la cama por supuesto. Ya no recordaba la alcoba de Ginny puesto que la última vez que estuvo alli, fue varios años antes.

-Culpo al calentamiento global, provoca drástico cambio climático—responde Hermione atenta en la ventana.

Afuera el mundo es gris y húmedo, pero incluso así, le parece un mejor lugar que su casa.

-Ash!—se queja Ginny—yo tenía planes para ir al centro comercial. Tengo que ver a…-se calla al instante, pero es muy tarde. Hermione al ataque.

-¿Ver a quién Ginny?—pregunta recia.

-Si te lo digo… ¿vas a enojarte?

-Bueno pues si no me lo dices voy a enojarme y a preocuparme, así que tu decide—sentencia.

La mira un segundo con seriedad cómo si debatiera internamente sobre contarle o no. Aunque, más rápido de lo que esperaba, gana esa parte ansiosa de Ginny de contarlo todo y con ojos brillantes comienza.

-Veré a Harry, hoy, en el centro comercial, por la tarde, a Harry—y puede notar que se contiene para no dar saltitos en la cama donde están sentadas.

-No puedo creerlo Ginny, ¿aún lo ves?—cuestiona un poco sorprendida.

-Pero claro que sí Hermione. Te lo dije, él es el elegido.

Lo medita. Es verdad que ella no tiene tanto el derecho a opinar o acusar de falsedad a su relación. Al fin y al cabo, ¿ella que sabe de eso? Nada, o tanto como sabe de futbol, que es casi nada. Pero, al verla con cuidado, le despierta curiosidad y duda. Al menos ha visto películas, y según ellas, así luce alguien enamorado.

-Y no quiero que intentes detenerme, porque no lo lograras. Es el hombre de mis sueños, amiga. Debes apoyarme, sé que cuando lo conozcas me entenderás. Es tierno y gentil, y puedo hablar con él de cualquier cosa. Además nos entendemos mutuamente porque ambos seremos abogados un día. Es perfecto…

Ahí está otra vez esa cosa en sus ojos. Algo como agua al sol, algo como el sol a través del ventanal, algo así.

-Está bien, está bien—la interrumpe un abrazo de su amiga—iremos en cuanto la lluvia nos lo permita, y si es que nos lo permite—advierte.

-Gracias Hermione, no sabes cuánto significa que me apoyes en esto.

-Solo después de conocerlo, ¿de acuerdo? Veremos si el señor perfecto es para ti, y si no, yo me encargo.

Es suficiente para Ginny, que sonríe ampliamente.

-Ahora, ya no depende de mí—mira de nuevo la ventana, con hilos de agua bajando a través de ella.

-No te preocupes, ese chico es mi destino, no hay nada que pueda cambiarlo.

Ojala ella pudiera ver las cosas de ese modo, tan segura de ello. Pero si así fuera, se pregunta cuál sería SU destino, porque ahora su vida no le ofrece mucho. Recuerda la forma en que salió de su casa y a sus padres. Su vida antes de su divorcio, y lo mucho que cambió después. Le produce tanta melancolía que se ve en la necesidad de hacer algo para distraerse.

-Ginny, ¿Podríamos bajar y prepáranos un té o algo? Estoy comenzando a aburrirme y olvide mis libros de literatura en casa de mi madre.

-¿Por qué no bajas tú? ¡Es que no tengo idea de que ponerme!—expone como si fuera una situación sumamente preocupante—Sabes llegar a la cocina y mi casa es tu casa, siéntete libre de tomar lo que quieras.

Hermione estaba a punto de replicar, pero desistió al ver que su amiga ya estaba abriendo el closet y mirando todo con suma concentración.

-Ok, ya regreso—dijo saliendo de la habitación

-No te tardes, necesito tu opinión sobre esto—grito por encima de un par de jeans color vino.

Siguio escaleras abajo, el dormitorio de Ginny estaba en la tercera planta así que descendió con parsimonia observando las fotos y los cuadros a lo largo de las paredes de la escalera. Era curioso cómo con tanta gente en la casa no hubiera ni un solo ruido, aunque bien le había dicho Ginny que las lluvias las pasaban todos en su respectiva habitación, costumbre un tanto rara pero útil para meditar o descansar.

Eran una gran familia, justo como el tipo de familias que ella no creía capaz de existir. La foto que más le gusto fue una colocada hasta el final. Se paró en el último escalón y miro a todos los Weasley en un hermoso lago azul, sentados en la orilla despreocupadamente. Ni siquiera posaban, parecía más una de esas fotos inesperadas que capturan una extraña perfección. No era muy antigua, deseó con todas sus ganas haber estado ahí.

BAM.

Agradecía tener tan buenos reflejos porque de no ser así, su cabeza habría sido el blanco de tan infame proyectil. Se compuso lo suficiente del susto para voltear en todas direcciones en busca del culpable.

-¡Y ahora que rayos haces ahí parada!—grito alguien desde el umbral del comedor, pieza seguida de rellano de la escalera.

-¿Qué qué hago aquí? ¡¿Tu qué diablos haces tirando…-se inclinó un poco para distinguir que tipo de proyectil había roto el cristal de la foto que observaba segundos atrás—tirando…¿celulares?

-No te incumbe, esta es MI casa—contesto Ron, restando importancia al percance.

-Bueno, pues ésta es MI cabeza, y por poco le provocas una contusión

-Ah, bueno, no es como que nos perderíamos mucho.

Y ahora ¿Qué caramba acababa de pasar? No algo para quedarse pasiva.

-¿Quieres decirme que es lo que te hice? Me aborreciste desde que nos vimos por primera vez—afirmo Hermione.

-Uhm—se encoge de hombros—tal vez es que percibo a las chicas mandonas y controladoras como tú—se acerca para recoger del suelo el celular destartalado.

-Pues prefiero ser eso que lo que tú eres—exclama despectivamente.

-¿Y qué dices que soy? ¿Ah?—desafía estirándose frente suyo cuan largo es.

-Un inmaduro que se excusa de "males de chicas" para portarse como un salvaje

Era enojo puro lo que miraba en sus ojos azules, había dado en el clavo. Le había echado sal a la herida de tal manera que ya no estaba segura de cómo terminaría todo ahí.

A punto de emitir una réplica, la intención del chico se ve mermada por la interrupción de Ginny aproximándose a la planta baja.

-¡Hermione!, mira afuera ya no está…

Se congela en cuanto los distingue, parados uno frente a otro, lanzando miradas tan elocuentes e iracundas que si se pudiera matar con miradas así, acabarían fácilmente con un batallón entero entre los dos.

-…lloviendo—concluye al aire mientras los examina.

-¿Qué le has dicho sobre mí a tu "amiguita"?—subraya Ron con énfasis la última palabra.

-Nada que no sepa el mundo entero hermano—se defiende Ginny—y si vas a ponerte insoportable mejor nos vamos de una vez.

Se apresura a tomar a Hermione del brazo y la empuja para que camine hacia la salida.

-¿A dónde vas?—le pregunta notablemente sorprendido por el rumbo de la discusión.

-Al centro comercial, mis papás ya saben—y se aleja estas ves sin necesidad de empujar a su amiga, que camina por pie propio gustosa a la salida.

-¡Ginny!—las alcanza el chico cuando están abordando el coche—Y ya te dije que no te quiero ver por ahí con chicos—aunque suena a advertencia, Hermione no puede dejar pasar el tono preocupado y protector.

-Y ya te dije yo que entonces te cubras los ojos—contesta hábilmente la pelirroja mientras arranca el motor.

Se alejan dejando a Ron en la puerta de la cochera.

Por mucho que lo esté intentando, su humor no va a cambiar. Ron Weasley le ha sacado tanto de quicio que al menos por este día, no importa si va al centro comercial, o al cine, o al mismísimo fin del mundo: esta malhumorada. Ginny, que es mucho menos aprensiva que ella, ahora esta como si nada. Aunque puede que tenga que ver el hecho de que esperen al amor de su vida, Harry.

-Puedes olvidarlo ya, Hermione. Nos va echar a perder la tarde—ruega su amiga vigilando a todos rumbos desde la mesa donde toman un helado.

-No, es que ya me echo a perder el día, Ginny. Para ti es fácil porque nadie trato de matarte con un celular—responde en su defensa.

-¿Qué? ¿Quién? ¿Ron? Creí que solo estaban discutiendo—exclama incrédula.

-Y lo estábamos haciendo, pero después de que me lanzara su estúpido telefono a la cabeza—despotrica molesta—Suerte que pude esquivarlo a tiempo sino ahorita estaría malhumorada, y además, desorientada.

Ginny revuelve lentamente el vasito de helado de limón mientras piensa extrañada en lo dicho por su amiga.

-Tuvo que haber sido algo muy malo para que se ponga así—comenta concluyente.

-¿A qué te refieres?

-Pues a Ron y su "problema". A nadie le ha dicho ni una palabra de lo que paso, pero hasta hace unos días estaba bien, todo miel sobre hojuelas con Lavender.

-Laveder es su…

-Novia, sí. O eso era, no lo sé.

Abruptamente Hermione se imaginó a esa tal Lavender. Recién sabía de su existencia, pero se sorprendió adivinando que clase de atributos tendría que tener para atraer a un chico como Ron. Desecho la idea al instante, no podía dejar que estos inexplicables pensamientos siguieran colándose en su mente.

-Hablaban todo el tiempo, Ron no podía soltar el teléfono nunca si estaba en casa. Era molesto, en realidad—hizo una mueca exasperada y luego continuó—Pero según lo que he averiguado con mis hermanos, días antes de nuestra llegada a la Madriguera, todo se acabó. Se empezó a comportar tosco y no salía de su cuarto. El teléfono suena de vez en cuando, pero ya no contesta.

-Pues que mal por tu hermano, ¡pero eso no le da el derecho de ser así!—replico Hermione—al contrario, creo que es algo que termina pasando siempre, casi todas las relaciones terminan mal. Es cosa de lógica y un poco de ciencia, de hecho.

-Ya sé, ya sé lo que tú piensas sobre eso. Y nada justifica que se comporte como lo hace, pero si lo entiendo un poco, Hermione. Y no—se apresuró al ver la cara de la aludida—no es que lo defienda, pero mi hermano no es precisamente del tipo de personas que ande tirándole cosas a la gente. Si te soy sincera, es un buen muchacho, y a veces ese es el problema. Es demasiado bueno. Me apuesto las cejas a que no fue él quien arruino la relación.

-Mira no lo sé, pero entre eso y aquello, a mí me está volviendo loca con sus ataques—zanjo.

Esperaron otros 10 minutos sentadas en la mesa del local de helados, viendo pasar a la gente. Unos con bolsas de diversas tiendas, otros caminando distraídamente y unas cuantas parejas tomadas de la mano. Finalmente ambas dejaron la conversación que mantenían sobre la mejor manera de estudiar para sus exámenes recepcionales el próximo año, y se mantuvieron en silencio. Ginny se removía en su asiento mirando su reloj de muñeca constantemente.

-Ginny, tengo que ir a la librería. ¿Estás segura que te dijo a las 5? Son las 5 y 30

-Claro que sí, ya no debe tardar. No te puedes ir Hermione ¡debes conocerlo!—insiste

-Es que ya llevamos aquí sentadas dos horas—se queja—además te prometo que no voy a tardar nada. Los encuentro aquí, ¿sí?—acuerda levantándose de su lugar.

-De acuerdo, pero ¡no tardes!—suplica la chica aún sentada.

-No lo hare—le promete mientras se aleja.

No conoce muy bien este centro comercial, pero cree haber visto la librería en su camino a la tienda de helados, por lo que asume no debe ser complicado llegar. Trata de reconstruir el camino que transito con su amiga anteriormente, baja por las escaleras eléctricas y observa con atención los lugares por donde pasa. Una estética, una dulcería, do tiendas de ropa, una de aparatos para hacer ejercicio y ahí está. La librería, con los estantes a tope y aparadores repletos, una de sus visiones perfectas. Entra y se pierde en su pasatiempo más preciado.

-¿Puedo ayudarle en algo, señorita?—pregunta amable un empleado.

-Por ahora solo observo, gracias—responde sonriente.

Se absorbe tanto mirando las portadas y leyendo sus reseñas, eligiendo este y aquel libro, que no se da cuenta de en qué momento sucede pero cuando busca el mostrador para pagar los libros que tiene en las manos, se percata que la tienda está a reventar de gente. Hay fácil 30 personas más en la fila, que es tan larga que dobla en dos esquinas del local.

-¿sabe por qué hay tanta gente?—pregunta al empleado que la atendió hace unos minutos.

-Acaba de llegar una serie muy famosa de libros, ya sabe, de típico romance adolescente—dice con cara de fastidio y los brazos llenos de libros color rosa encendido—ahora seguro voy a salir tarde del trabajo, espero que se agoten enseguida—masculla mientras se aleja tambaleante.

Mira con más cuidado la fila para pagar y distingue que la mayoría son mujeres que dan gritillos de emoción, como si creyeran que los libros que sostienen fueran la cosa más emocionante del mundo. Bufa molesta porque ahora se demorara tanto que quién sabe a qué hora pueda salir de allí. ¡Y por libros de romance! Debe ser una broma. La pelirroja va a matarla.

Y no se equivoca, cuando está depositando los libros en el espacio junto a la caja registradora oye unos golpecitos en el vidrio del aparador de afuera. Es Ginny, desesperada y ¿sola? ¿Qué no iba a ver al tal Harry?

Paga lo más rápido posible, y luego, a empujoncitos se abre paso entre la multitud.

-¡Hermione Jean Granger, prometiste que ibas a regresar pronto!—consulta su reloj—y ya van a dar las 8 de la noche.

-¿En serio? Es tardísimo, tus padres estarán preocupados.

-No es eso lo que me molesta, quedamos que hoy conocerías a Harry.

-¿Y por qué no está contigo?—cuestiona.

-Porque tuvo una emergencia y se fue de prisa, pero te manda saludos y espera conocerte en otra ocasión.

-Mmm… pues me resulta bastante sospechoso Ginny, quizá por algo no quiere que yo lo conozca—sugiere ella.

-¡Oye, oye! La que no llego fuiste tú. Además ya después tendremos mucho tiempo para que se conozcan a la perfección—pero ya no la ve, tiene la mirada perdida y suspira tan melosamente que asusta.

-¿A-a que te refieres?—pregunta sin saber si quiere saberlo de verdad.

Ella ríe un poco y antes de saber que sucede, la lleva de la mano hasta un lugar más aislado cerca de la salida del centro comercial.

Levanta su mano extendida en dirección a Hermione y contiene un grito.

-Hermione, ¡Vamos a casarnos!—exclama emocionadísima.

La distingue, una fina argolla con una piedrecilla apenas visible en su dedo anular.

-¿Qué? ¡Estás loca Ginebra Weasley! ¿Cómo es que aceptas casarte? Eres muy joven y lo conoces apenas hace un mes. ¿Acaso quieres terminar como mis padres?—y lo dice en verdad porque de pronto le suena aterrador.

-Sabía que dirías justamente eso—confiesa triste—pero lo que tenemos Harry y yo es diferente.

-No, no es diferente. Todas las parejas piensan lo mismo pero al final terminan descubriendo que no se soportan.

-No todas Hermione, lo sabes, mis padres…

-Tus padres son una pareja en un millón. ¡Una en un millón!—repite enfáticamente.

-Pues entonces, nosotros también lo seremos. Confía en mí—se apresura a tomarla de la mano para que no se aleje dejándola hablando sola—Lo sé. Lo supe desde el momento en que nos conocimos. No tuve duda de a donde pertenecía.

-Suena muy bonito, en serio. Pero es difícil de creerlo—le dice conciliadora—Estoy preocupada de cómo resulte.

-No serías tú si no te preocuparas—sonríe—pero lo que necesito ahora es que me respondas que sí a lo que voy a preguntarte, ¿de acuerdo?

-¡Oh no!, eso suena a que me vas a enrollar en otra de tus locuras como haces siempre—recuerda cada una de ellas, todas con diferentes grados de falta de cordura.

-Sí, pero esta será una que me haga increíblemente feliz. ¿Serías mi dama de honor?

Respira profundo, sintiendo que está a punto de meterse en un lio.

-Hermione ya sé lo mucho que pido—continúa Ginny—Sé que va en contra de todo en lo que crees, porque no crees en el matrimonio ni en las almas gemelas ni en el amor de verdad, pero…crees en mí. Y yo creo en esto.

En su interior, sabe que no tiene alternativa. Si decide no apoyarla, se casara de todas formas. Así que decide que es mejor quedarse a su lado y vivir lo que tenga que vivir. Decide que quiere creer con todas sus fuerzas en su amiga y en que sabe lo que hace. Porque en el fondo, se reprocharía por el resto de su vida no estar ahí para ella.

-Está bien. Si—se resigna y se deja embargar por la felicidad y el abrazo de Ginny—Después de todo, ¿Qué más podría hacer?—dice con la barbilla sobre su hombro.

-Gracias Hermione. Es lo que me faltaba para ser feliz—se sincera—bueno, esto y mi familia claro. Aunque tengo la impresión de que ellos van a ser más complicados que tú.

-¿Vas a decirles hoy? Porque mi cabeza soporta un límite de asuntos por día—se asusta la castaña pensando en el reciente percance con Ron.

-No, hoy no. Harry quiere esperar a estar graduado oficialmente para presentarse con ellos y dar la noticia—aclara—pero si por mi fuera, hoy mismo me casaría.

-¡Hay Ginny! Creo que es mejor regresar a la madriguera, en serio necesito descansar—se pasa una mano por el rostro. Ha sido un extraño día.

Acto seguido su amiga le pasa un brazo por el hombro y caminan juntas hasta el lugar donde aparcaron el coche, dirigidas hasta la madriguera.