Save me/ Sálvame

¿Qué es esa sombra? ¿Está muerta? Quizá.

¿Qué es lo que siente en su cintura? ¿Una mano?

Algo está llevándola arriba, a la superficie. Así que no, no está muerta. Aunque no está del todo consiente tampoco. Alguien la carga, y luego siente la áspera y rasposa tierra en la orilla. Dicen su nombre con agitación, no una, dos personas. Abre los ojos a intervalos cortos, porque la luz del atardecer le da directo en la cara.

Lo primero que ve son ojos azules, y piensa que son los más bonitos que ha visto en su vida. Cabello rojo y unas cuantas pecas. Luego el conjunto toma sentido y logra ubicar la cara de Ron, y parece exaltado o ¿preocupado?

No puede evitar el ir y venir de su conciencia. Recoge solo trozos de información. Es una imagen y luego un fundido a negro.

-¡Hermione!, ¿puedes oírme? ¡Hermione!—es Ginny quien le habla dándole pequeñas cachetaditas.

-¡Están locos! ¿Qué rayos les pasa? ¡Pudieron haberla matado! Son unos…-ahí esta Ron de nuevo ¿a quién le grita?

-Ya está bien Ron !Cálmate!—le dicta su hermana—ella está bien. Vamos llevarla a casa.

Otra vez la toman en brazos. Firmes y fuertes brazos que la depositan en el liso tapiz del asiento trasero de un auto. Es el auto de Ginny, por su posición puede ver afuera del parabrisas por entre los asientos delanteros. Los hermanos platican algo que no entiende completamente.

-Yo la llevo a casa—propone ella—tu quédate, invéntales una excusa a nuestros padres y asegúrate de que Fred y George no digan nada.

-¿Por qué?

-No quiero que esto se haga más grande de lo que fue, ella está bien solo necesita descanso—explica—imagínate como se pondría mamá.

-De acuerdo, sí, pero yo quiero ir contigo—protesta él mirando a la chica en el auto—te ayudare a sacarla del auto y llevarla a la cama.

-¡No! Te necesito aquí Ron—dice y baja la voz tanto que apenas puede escucharlos—Tengo que averiguar que rayos acaba de pasar.

-¿Cómo que qué acaba de pasar? Los tontos de Fred y George casi hacen que se ahogue cuando la tiraron del bote—responde con obviedad.

-Es que no fue tan simple—niega con la cabeza—No era una gran caída, ni era gran distancia o profundidad.

Continúa al ver la cara de incomprensión de Ron.

-Hermione sabe nadar. Y bastante bien, la he visto—la examina con la mirada detenidamente, puede sentirlo incluso con los ojos cerrados—Ella solo… no lo hizo.

-¿Acaso crees…

-No sé, por eso quiero tener un momento a solas.

-Bueno, pero ve con cuidado—dice finalmente Ron, observándola con angustia.

-Te mantengo informado, no te preocupes.

Luego otro momento a negro. Hubiera jurado que solo pasaron 5 segundos, pero cuando abre los ojos de nuevo, ya es de noche y no se ha movido del auto de Ginny, aunque al parecer el auto sí, porque están enfrente de la Madriguera. Ginny la observa con mucha cautela desde el asiento delantero.

-¿Ya regresamos?—pregunta incorporándose lentamente.

-Sí—contesta sin perderle de vista-¿Cómo te sientes?

-Bien, solo estaba muy cansada—se talla los ojos y descubre que su amiga la ha envuelto con una manta.

-¿Y recuerdas que paso? ¿Recuerdas con exactitud qué pasó?

-Me caí al agua y… bueno… me hundí—responde titubeante. Evita mirarla a los ojos porque es el detector de mentiras de Ginny.

-Y dime, ¿Cómo es que te hundiste?—insiste su amiga.

-Bueno, pues estaba fría el agua y había maleza bajo mis pies, no sé.

-Ron no vio maleza abajo de ti cuando entro a sacarte—explica.

-¿Ron?—le produce nuevamente un hoyo en el estómago saber eso.

-Pues sí. Fue el primero que se dio cuenta que no salías del agua—responde con simpleza—estaba furioso con nosotros. Yo no sé a quién tratan de engañar ustedes dos—compone una ligera sonrisa—haciéndose los desentendidos y enojados con el otro. Pero bueno… tus pies estaban libres, tus manos también, Hermione quiero saber ¿qué diantres pasó en el agua?

-Yo…yo…-la información y la insinuación que Ginny acaba de hacer la desequilibra un poco, y solo hace que hablar se vuelca mucho más complicado—no sé.

-¡Mírame!—le obliga—Hermione sé que estás pasando por malos momentos. Te oí discutir con tu madre por teléfono—confiesa—Y sé que también es mi culpa porque me he distraído mucho con Harry las últimas semanas. Te he dejado de lado.

-Esto no es nada tu culpa Ginny—le contradice—es verdad que no hemos hablado como lo hacíamos de un tiempo para acá, pero ha sido porque yo no quiero hablar. Ese es mi problema, evito las cosas que me asustan hasta que son más granes que yo.

-Entonces ¿es verdad?—se alarma-¿Te rendiste?

El agua. La sensación de estar en el agua regresa a sus terminales nerviosas.

-Cuando estaba en el agua, pensé… en lo que tengo y quisiera que fuera mucho, pero no. Tengo un cajón lleno de papeles y diplomas que dicen que soy brillante pero mírame, una sola amiga y una familia rota. Seguir viviendo es difícil si no tienes mucho porque hacerlo—explica—así que era más fácil parar… y pare. Deje de nadar.

Describir la expresión de Ginny sería más que complicado. Es como si alguien viera un animal herido, y a la vez, a uno muy valiente. Mezcla de compasión y admiración. Y luego, algo más, cariño.

-Tu vales la pena Hermione, y tu vida también. Yo sé que no es lo que se dice fácil, pero nunca estas sola—su voz es segura—jamás lo estarás. Así que vive por mí, sigue por mí. Nos faltan muchísimas cosas que hacer—dice sonriente y esperanzada—vas a ir a mi boda y conocerás a mis hijos, y luego yo haré lo mismo contigo. Trabajaremos juntas como abogadas y cada fin de semana nos iremos de fiesta. Y tomaremos el café todas las mañanas, yo me quejare de nuestro jefe y tú me regañaras. Incluso nos enterraran una junto a la otra, luego de unos 70 años más, claro. Seniles, viejas y malolientes, pero lo habremos hecho todo. Así será nuestra vida.

Ambas ríen, suena bien ese plan. Cada detalle tan preciso le hace imaginarse esa vida.

-¿Y seremos muy felices?—pregunta anhelante.

-Seremos muy felices—confirma Ginny—pero tienes que vivir.

La abraza fuerte, porque Ginny es todo lo que una niña solitaria y aislada desearía tener, lo mejor que le pudo pasar.

-Lo haré—responde sobre su hombro.

Cuando el abrazo termina es Ginny quién habla.

-Ahora entremos a la casa antes que lleguen mis padres—aconseja saliendo del auto.

Están en los escalones de la entrada a punto de abrir la puerta, cuando tiene una duda nueva acerca de algo que dijo su amiga.

-¿Así que me escuchaste hablar con mi mamá anoche?

-Si, bueno, es que no fuiste exactamente silenciosa cuando le gritabas—responde—y tampoco cuando bajaste a la cocina—termina rápidamente y apagando la voz.

-¿Tú…tú me seguiste?—pregunta atónita deteniéndose a unos pasos de la puerta.

-Pero solo porque estaba preocupada, aunque vi que no estabas tan…sola—sonríe a medias pasando el umbral.

Puede sentir su cara encenderse sin control. Cuanto ha subestimado a su amiga.

-Ahí—señala Ginny su sonrosada cara—no entiendo porque piensan que pueden engañarnos.

-No significo nada. Solo tomamos leche—dice atropelladamente persiguiéndola adentro—y eso solo lo sabes porque eres demasiado curiosa.

-Y porque soy humana y tengo ojos—dice con obviedad.

-¿Y lo de hoy también fue tu idea? ¿Tú le dijiste a tu papá que nos llevara al lago?—cuestiona para armar la historia completa.

-No—responde segura de ello—pero si no me equivoco, sé quién si lo hizo.

No puede llegar a formular la siguiente pregunta, los demás acaban de entrar e inmediatamente los señores Weasley piden una explicación.

-¿Qué ha pasado?—dice Molly—Ronald dijo que tuvieron que irse.

Detrás de esta, los ojos de Ron no dejan de mirarla, cómo si apenas creyeran que está viva. La examina tan concentrado que el rubor amenaza con subir de nuevo a sus mejillas.

-Me dolía… la cabeza—responde Hermione un poco insegura.

-Fue el sol, no está acostumbrada al campo abierto. No les dijimos nada para no preocuparlos. La estaban pasando genial—y otra vez, Ginny sorprende con una habilidad casi nata para mentir—por eso Ron no se los dijo enseguida.

-Si…si, habrían querido volver y se habría estropeado el paseo—apoya Ron.

Sus padres los observan alternativamente, la señora Weasley estudia con precisión y detenimiento cada una de sus caras, como si algo no estuviera del todo bien. Ahora ya sabe de dónde saco Ginny ese sexto sentido.

-Muy bien, pues espero que estés bien Hermione—habla al fin Arthur—pero la próxima vez no nos mantengan al margen de lo que les pase, no importa qué. ¿De acuerdo?

Los tres asienten y todos regresan a lo suyo. Los gemelos, al pasar junto a ella para subir hasta su habitación, le dedican una mirada de elocuente disculpa y ella sonríe para indicarles que todo está bien. Al parecer, para ellos fue solo un desafortunado suceso.

Se escuchan sus últimos pasos en la escalera y es entonces que nota que sus únicos acompañantes son Ginny, y un renuente a quitarle la mirada de encima Ron. Nerviosa, su mente se dispara a pensar en cualquier excusa que la saque de ahí. Pero para su mala suerte, la mente astuta de Ginny ha pensado eso primero.

-Yo creo que tengo muchas cosas que arreglar arriba Hermione, te espero allá—y antes de terminar ya está subiendo la escalera sonriente y sin pena.

-¿Arreglar que?—le cuestiona aún más nerviosa e incrédula.

-Cosas—grita un piso arriba.

Luego se miran sin mirarse. Es decir, sin llegar al punto crítico de sus rostros. Ron tiene la ropa todavía húmeda, igual que el cabello. Ella se frota las manos poniendo muchas más de la atención necesaria en ello.

-¿Cómo estás?—pregunta Ron al fin.

-Bien—es todo lo que contesta.

-Qué bueno—dice igual de escaso.

Hermione debe arrancarse las palabras a pesar de tener un nudo en la garganta, sino lo dice ahora, no podrá vivir con ello.

-Muchas gracias por sacarme del agua.

Ron la mira directo a los ojos por primera vez para responder.

-No fue gran cosa—minimiza—yo lamento haberte dicho…lo que te dije antes—seguramente está costándole el mismo trabajo que a ella—lo de que estas sola y vacía. No es verdad.

Es difícil saber que decir ante un chico como Ron disculpándose.

-No te preocupes por eso. No es del todo mentira y yo…

-Es todo mentira—responde convencido—Todo. Si algo de eso te hizo… bueno… hacer lo que sea que hayas querido hacer…

-No tiene nada que ver—le interrumpe—no del todo. Estoy pasando… un mal momento. Además yo te provoque, así que regresa a ser mi culpa.

-Mis problemas son estúpidos en comparación con los tuyos—admite él—pero nada tan grave para no tener solución. Yo en lo particular disfruto lanzar cosas cuando todo me sobrepasa—sonríe divertido, haciendo alusión a su atípica forma de empezar a tratarse.

-Creo que ese consejo ya lo veía venir—asegura ella riendo.

-¿A sí?—finge— ¿Y te he dicho que los celulares son mis preferidos para un buen tiro?

-Casualmente ya lo descubrí.

Le hace reír tanto y de tal forma, que siente a la risa genuina. Después de todo no es algo que practica muy a menudo. Él ríe también de la broma, y le despierta una sensación de querer oírlo una y otra vez. Su risa le sienta tan bien cómo un té caliente.

-Pero… hablando en serio—Ron se controla para no reír más—no hagas nada cómo eso otra vez—termina serio, directo a sus ojos.

-¿Por qué la próxima vez no vendrás a salvarme?—pregunta aún con broma para amortiguar el efecto del azul de sus ojos en los suyos.

-No, porque no quiero que nada te suceda.

Las palabras recorren su cuerpo, su cerebro y sacuden todo dentro de ella. Le importa a Ron Weasley, y en el fondo saberlo le hace muy feliz. Pero, ¿y luego qué?

-Ya me tengo que ir… a dormir—suelta Hermione de pronto, y mira en los ojos de Ron que algo se hace pequeño.

-¡Oh! Sí, yo estoy agotado igual—dice un poco decepcionado.

Sube lo más certeramente posible que sus tambaleantes pasos le permiten. Evitando a toda costa mirar al chico, que está revolviendo sus pensamientos, mantenerse parado a mitad del recibidor sin perderla de vista ni por un momento.