Hola a todos! Siento el retraso de este capítulo, tengo a mi pequeña monstruo enfermita y no me da todo el tiempo que me gustaría para escribir. Pero aquí os dejo la continuación, con un poco más de lemon y un poco más de drama, mis temáticas favoritas! Seguid dejando vuestros comentarios que me gusta leerlos ^^ Y sin más, os dejo para que leáis. Espero que os guste!
...
- Hoy no vas a dormir, Salamander, pero porque yo no te voy a dejar.
Lucy estaba de pie frente a él con gesto enfadado. Acababa de cerrar de un portazo y le miraba desafiante. Natsu no sabía qué hacer, la había molestado tanto? Tenía que disculparse enseguida, pero no pensaba retractarse de sus palabras. Era lo que sentía y ya estaba bien de intentar negarlo.
- Lo siento, Lucy. Yo...
La chica se abalanzó sobre él y le besó desesperada. Lo había añorado tanto... su contacto, su sabor, su calor... Se apretó contra él todo lo que pudo, absorbiendo tanto de su ser como le fuera posible, enredado sus brazos en el cuello para que no escapara nunca de ellos. Él se atrevió a abrazarla con manos temblorosas, y cuando notó el estremecimiento de ella por el roce, se desataron todos los sentimientos que había estado intentando ignorar y la estrechó con fuerza. Pronto la tumbó en la cama y se echó sobre ella mientras se quitaba la ropa. La chica también se estaba desnudando. El ansia podía con ellos, sus cuerpos desnudos ardían de pasión al tacto del otro mientras se besaban con deseo, pero cuando él apartó la cara para buscar el cuello de la muchacha, ésta le dijo en un reproche:
- Por qué te haces tanto de rogar?
Él se detuvo en un momento y la miró.
- No me volveré a hacer de rogar para ti. Cuando me digas que vaya, yo iré.
- Pues ven ahora mismo, Salamander.
Al oír estas palabras cargadas de erotismo, Natsu dio una certera embestida y entró de un solo empujón dentro de Lucy. Ésta se retorció de placer y empezó a mover sus caderas para animar al chico en su tarea, que gimió complacido. Pronto los dos eran la misma persona, la misma alma. Se amaron con deseo, se exploraron con deleite, se disfrutaron con locura... una y otra vez. No se aburrían el uno del otro. Cada beso era más dulce que el anterior y cada orgasmo era más intenso. Al llegar el alba los dos yacían abrazados y agotados en la cama, sonrientes y empapados en sudor. Él jugaba con los mechones de pelo rubio que caían por el cuello de su chica, mientras ella soñaba apaciblemente. No podía ser más feliz. Entonces, Lucy en sueños murmuró algo.
- ...Gray...
El corazón del dragon slayer se paró. Su cuerpo se enfrió de golpe y sintió náuseas. Después de todo, no era suficiente para ella. Se levantó sin cuidado de la cama y se asomó por la ventana. Volvió a mirar a la chica, parecía agitada.
"Pero qué clase de sueño estás teniendo?"
Estaba enfadado, estaba dolido. No pudo soportarlo más y salió de la habitación. Todo este tiempo, toda esta noche, había estado haciendo el tonto.
Mientras Natsu se marchaba Lucy seguía soñando en la soledad de su habitación, retorciéndose y murmurando de vez en cuando.
*SUEÑO DE LUCY*
Natsu estaba atado de pies y manos en una especie de pedestal. Unas sombras le estaban absorbiendo el poder mágico y pretendían matarlo. Ella estaba allí, tirada en el suelo, tras haber luchado con todas sus fuerzas para rescatarle. Agotada, miró a la sombra que parecía dirigirlo todo, y de repente reconoció al mago de hielo.
- ...Gray...
Éste volvió a extraer poder mágico del muchacho mientras se reía maléficamente, mientras otras dos sombras la sujetaban a ella para que dejara de forcejear. De repente, Natsu desapareció, y Lucy dio un tremendo grito.
*FIN DEL SUEÑO*
Se despertó en la cama del hotel, sola, temblando, y con los ojos llenos de lágrimas. Buscó a su lado pero su chico no estaba.
- Natsu? -le llamó con la voz entre cortada, esperando que apareciera de algún rincón oscuro.
De nuevo, silencio. Un punzante dolor en el pecho le hizo darse cuenta de que, por segunda vez, pasar la noche con ella no había sido suficiente para que amanecieran juntos. Pero esta vez, no pudo contener sus sentimientos y rompió a llorar abrazándose a la almohada que aún olía a él.
La mañana había llegado. Juvia y Gray bajaron al bar a desayunar, esperando ver a la otra pareja feliz tras su reencuentro, pero solo vieron a Happy preocupado en la barra.
- Lucy no vino anoche a su habitación a dormir. Le habrá pasado algo?
- Esperemos que sí -comentó Gray con complicidad.- Creo... que debería ir a llamar a Natsu a su cuarto.
- Juvia te esperará aquí, Gray-sama. -Y tras decir ésto le dio un tierno beso en los labios.
Cuando el chico llamó a la puerta esperando encontrar a la pareja sumida en arrumacos, se sorprendió cuando le abrió una deprimida Lucy, despeinada y con los ojos hinchados.
- Lucy! Qué ha pasado? Dónde está Natsu?
- No... no lo sé -dijo arrancando a llorar.- Me desperté esta mañana y ya no estaba. Es la segunda vez que me lo hace. Gray, me siento tan... miserable... Creí... creí que realmente podíamos...
El llanto no la dejó seguir hablando. El chico la abrazó preocupado. Qué podía haber salido mal?
- Tranquila, no dejes que esto te consuma. Eres una gran mujer y si él no se quiere dar cuenta de ello es porque es más tonto de lo que pensamos. -Ella le miró por debajo de sus pestañas húmedas, agradeciendo las palabras de ánimo.- Venga, vamos a desayunar algo. Acabemos cuanto antes con este trabajo y volvamos a casa.
La muchacha se adecentó un poco antes de salir. Gray bajó primero para darle las novedades a Juvia, y poder quejarse a gusto del inutil de su amigo. Cuando la maga de espíritus estelares apareció por la puerta del bar lo primero que vio fue una actitud muy cariñosa entre sus dos compañeros. Sin decir nada, se alegró por ellos a la vez que sentía cierta envidia sana.
- Lucy! -gritó Happy- Aquí! Te he pedido pescado para desayunar!
No pudo evitar sonreír.
- Quién desayuna pescado? -respondió fingiendo enfado- No me lo pienso comer. Voy a pedir otra cosa.
- Jo... tendré que comérmelo yo!
Todos rieron. Así le resultaría más fácil sobrellevar el desengaño.
Ya casi terminaban el desayuno cuando Natsu aparecía por la puerta. Happy le llamó contento de verle, pero por la espina dorsal de la chica rubia pasó un escalofrío que la dejó muy mal cuerpo.
"No... tranquila... no te dejes llevar... No lo pienses... Lo de anoche nunca pasó. Nunca te dijo..."
Las lágrimas amenazaban con volver a sus ojos, pero Juvia rápidamente se las quitó.
- Lucy-san no debe mostrar debilidad.
Sus palabras tenían tanta determinación y tanta fuerza que consiguieron reponer un poco el alma rota de la chica, y pudo darse la vuelta para enfrentarse a su dolor cara a cara.
- Dónde estabas? -le preguntó Gray a su compañero.
- Fui a la granja del tipo del trabajo. -contestó algo irascible.- No quiero quedarme demasiado tiempo en este sitio.
Sus palabras iban afiladas, pero la mirada que le echó a su amigo era más fría que la magia de éste. Tanto que tuvo que retroceder un paso.
- Qué... qué te pasa? -logró preguntar.
- Nada. Terminemos cuanto antes.
El trabajo consistía en un mantenimiento de la granja. El temporal que acababa de pasar por la zona había dejado bastantes destrozos, y era el momento de la recolecta de varios de sus cultivos. El hombre no podía encargarse de todo, pero si le quitaban las tareas más urgentes de reparaciones todo estaría salvado. Natsu había estado retirando escombros a primera hora, y ahora se repartieron las distintas tareas entre los cinco. Happy se subió al tejado para arrancar las tejas rotas, Lucy fue a dar de comer a los animales y a recoger los huevos de las gallinas, Juvia preparaba la comida para todos y los chicos se dedicaban a amontonar estiércol. A la menor tontería, Natsu saltaba sobre Gray con furia y se peleaban, revolcándose en la mierda durante un rato, literalmente. Allá por la quinta vez que se soltaron los puños, el gato bajó preocupado a donde estaban las chicas y les dijo:
- Hoy se están peleando demasiado, no?
- Creo que sí... -respondió Lucy.- Qué les pasará?
Antes de comer, el anciano obligó a los chicos a darse una ducha, por el bien de todos. Pues discutiendo se fueron hasta la ducha. No hacían más que picarse y a los demás ya les empezaba a cansar. Cuando todos se sentaron a comer frente al oloroso plato de estofado que llevaba toda la mañana al fuego, uno por uno fueron alucinando con las habilidades culinarias de Juvia.
- Increíble! No sabía que un estofado pudiera saber tan bien! -admiró Lucy.
- Es el mejor estofado que he comido en mi vida... -murmuró Gray lleno de orgullo.
- Tu comida no está tan buena Lucy! -apuntó el gato.
- Guau Juvia, esto está delicioso. -dijo Natsu con la boca llena.
- Serás una gran esposa, jovencita.
El comentario del abuelete hizo sonrojarse a la cocinera y al mago de hielo, quien desde hacía un rato ya se estaba imaginando comer así todos los días. Lo que en principio fue dejarse llevar por la locura del momento se estaba convirtiendo cada vez en algo más serio y peligroso. Podría llegar a enamorarse de la chica? Acaso lo estaba haciendo ya? La miró un momento entre bocado y bocado, y sonrió al verla con esa expresión tímida y ruborizada por los cumplidos. Era tan bonita... No creía que pudiera separarse de ella al volver a Magnolia. Sus pensamientos divagaban sin ser consciente de la mirada asesina de su compañero, que no dejaba de echarle en cara en secreto que se hubiese interpuesto entre Lucy y él. Al menos, eso era lo que creía.
Después de descansar un poco tras la comida, volvieron al trabajo, unos de mejor humor que otros. Los chicos se subieron al tejado para repararlo juntos, con algo de ayuda de Happy. Mientras, Juvia y Lucy ayudaban a recolectar los frutos de la cosecha. Natsu trataba de tirar a Gray del tejado con toda la discreción que le caracterizaba, y cuando éste se hartó de sus tonterías, congeló la zona donde el otro estaba de pie, haciendo que se resbalara hasta el suelo. Las chicas lo vieron desde lejos y sonrieron.
- Parece que Gray y tú estáis muy unidos últimamente, no? -preguntó la rubia animada.
- Bueno... unidos... Juvia... eto... -cada vez más colorada intentaba no tartamudear.
- Os he visto abrazados en el bar del hotel. Gray no te suelta ni a sol ni a sombra cuando estáis juntos y siempre que te mira lo hace con una expresión muy tierna.
- Bueno... Gray-sama... Juvia... eto... -estaba a punto de colapsar.
- Me alegro mucho por vosotros. Y... me dais algo de envidia... -dijo con pena. Juvia volvió en sí.
- Envidia?
- Sí, bueno, parece que estáis tan bien juntos... que me gustaría poder tener algo como lo vuestro. -La imagen del dragon slayer le vino a la cabeza con sus últimas palabras.
- Lucy-san no debe tener envidia de Juvia -dijo agarrándole ambas manos- porque Lucy-san también puede llegar a tener esto. Es sólo que Juvia no entiende por qué Natsu-san se niega a reconocer sus sentimientos.
- Natsu? -Preguntó sorprendida- Qué sabes de eso?
- Eto... -un poco avergonzada le acabó confesando- Gray-sama y Juvia piensan que Lucy y Natsu se quieren, y han venido a este trabajo intentando ayudarles a darse cuenta de ello.
Lucy se puso roja como un tomate. Tanto se le notaba? Espera, que Natsu también la quería a ella?
- Creo que os equivocáis. No creo gustarle a Natsu, al menos tanto como para que se llegue a quedar una noche entera conmigo.
- Eso es mentira. Juvia lo sabe, Natsu-san ama a Lucy.
Cada vez estaba más incómoda con la conversación, y cada vez más dolida porque las palabras que Juvia afirmaba con el alma en la mano no cuadraban con la realidad que estaba viviendo. Pero ese sermón le hizo pensar en algo. Después de todo lo que habían pasado, al menos se merecían una conversación para aclarar sus sentimientos e intenciones. Y en cuanto pudiera, la tendrían.
