Staring at the end/Mirando hacia el Fin

Con un poco más de dos semanas de inicio de clases, el colegio estaba resultando mucho más arduo de lo que les hizo cree la primera semana. Para Ginny y Hermione, era su último semestre de la carrera de derecho, lo que les significaba una gran cantidad de detalles burocráticos que arreglar para su próxima graduación y nombramiento.

Hermione, por su parte, estaba inmersa en el ritmo estresante de la escuela, la desesperante situación con sus padres y la inminente boda de su mejor amiga. Constantemente se sorprendía deseando que el tiempo pasara lo más pronto posible, que todo se estabilizara pronto; pero también sabía que las cosas ya no serían nunca como lo eran ahora, y una parte de ella se aferraba a sus últimos momentos de joven estudiante.

El viernes por la tarde preparo su maleta con ropa suficiente para pasar un fin de semana largo en casa de su madre. No creía que estuvieran haciendo muchos progresos en su relación de padres-hija, puesto que cada vez que se veían terminaban hablando de cualquier cosa, menos sus problemas, incluso cuando ella los sacaba a la conversación.

-Ginny—llaman entrando a la habitación que comparten—ya me voy, nos vemos el… ¿te sientes bien?

Esta recostada sobre su cama, se le ve algo pálida y cansada. Aunque no sería algo muy extraño en días como los que tienen ahora, no es normal para la inagotable energía de Ginny.

-Sí, solo me siento cansada. Deben ser los benditos exámenes—se queja, y así se parece un poco más a ella—se debería poner una ley que nos prohíba ser explotados con tal cantidad de deberes.

-Tranquila, exagerada—se burla Hermione—solo se me hizo extraño verte acostada un viernes por la tarde.

-No es nada, seguro voy a resfriarme solamente.

-Bueno, pues te dejo porque mi padre mando un chofer a recogerme—rueda los ojos hacia atrás—como si no pudiera irme en autobús.

-Deberías aceptar que te compre un auto, si fuera yo no lo despresaría—comenta levantándose con parsimonia.

-Me comprare un auto cuando tenga MI dinero para comprarme un auto, hasta entonces puedo sobrevivir en el transporte público.

-Ok, ok, no te exaltes. Ya sé cómo piensas, yo soy la cómoda que busca la vida fácil—bromea—Pero date prisa, entonces.

-Nos vemos el lunes. ¡No hagas nada loco el fin de semana!

-¿Yo? Cómo si no me conocieras—dice ofendida

-Precisamente por eso te lo digo—y sale del cuarto divertida por la broma.

A las 6 en punto, ella y el chofer, que resultó ser un hombre de mediana edad bastante amable, llegaron al aparcadero de la casa de su madre. Entro por la puerta trasera que conecta a la cocina con el jardín e inmediatamente dio con su madre.

-Qué bueno que ya llegaste hija, ¿Qué tal el viaje hasta aquí?—pregunta dándole un beso y un abrazo.

-Bien mamá, el chofer se portó muy bien.

-¡Ah! Es verdad, tu padre dijo que mandaría a alguien por ti—y luego rueda los ojos un poco—le dije que podías venir en autobús.

-¡Lo mismo pensé yo!—confiesa riendo.

Había olvidado lo mucho que se parece a su mamá.

-¿Quieres ayudarme con la cena?—le ofrece.

-Claro, ¿Qué preparas?—responde gustosa

-Cordero en salsa dulce, arroz blanco y una ensalada.

-Bien, dime con que te ayudo—asiente colocándose el delantal que su madre le ofrece.

A veces, cuando está profundamente triste o se siente decaída, suelen aparecer en su mente recuerdos de su madre cocinando, algo que, desde que ella tiene memoria, le gusta hacer. Recuerda sobre todo los olores que desprendía la cocina, y le gustaba mucho más la cena porque al dar las 7 de la noche su padre regresaba a casa de la empresa dental, abrazaba a ambas y se sentaban juntos a cenar. Porque sí, antes de separarse, sus padres eran una pareja normal. Se querían.

-La cena va estar de lujo esta noche—exclaman en el umbral de la puerta.

-Llegas temprano—dice su madre a manera de saludo-¿poco trabajo?

-Más bien, ganas de ver a mi hija—corrige John Granger sonriendo.

-Hola papá—lo abraza.

Esta es su actitud desde hace un mes, cada vez que se reúnen, juegan a pretender que todo está bien. Como si los últimos 15 años no hubieran pasado y se tratara de un día común y corriente.

Una vez lista, su madre sirve la cena y así transcurre el resto de la tarde y la noche, entre pláticas y el ruido de los cubiertos contra la vajilla. Al menos hasta que el teléfono de la casa timbra haciendo que su madre se levante para contestar.

-Hermione—llama desde la sala.

Deja la conversación que mantiene con su padre y se levanta para ir hasta su mamá.

-¿Sí?

-Es para ti—le pasa el teléfono—es tu amiga Ginny, y no suena muy bien. Tarda lo que necesites.

Quizá si se ha enfermado, es lo que primero que piensa antes de contestar por la bocina

-¿Ginny? ¿Qué sucede?

-Hermione, disculpa que te moleste es que… no sabía que hacer, necesitaba hablar con alguien

Definitivamente no se oye bien, pero no porque este congestionada por una gripe, como creyó por el comentario de su mamá, sino porque esta triste y puede decir que hasta sollozando.

-No me molestas para nada, dime que te pasa. Suenas triste.

-Harry se fue—solloza

-¡¿Qué?! ¿Cómo que se fue?—está sorprendida.

-Pues… hoy vino y dijo que tenía que salir del país… porque tiene que arreglar asuntos de su familia

-¿Y eso es todo lo que te dijo? ¿Esa es su excusa?

-Bueno, es que se veía muy afectado, creo que estaba indeciso. Le pedí más explicaciones, pero solo dijo que no podía arrastrarme con sus problemas—concluye entre sollozos.

-Pero… no puede solo hacerlo así… ¿Cuándo regresa?—se atreve a preguntar.

Escucha como Ginny lucha por mantenerse calmada, porque la voz le salga de la garganta.

-No lo sé—responde débil—solo dijo que no podía llevarme—se recompone un poco, según por cómo se oye, trata de limpiar su nariz y dejar de llorar sin tanto éxito—pero me prometió que va a volver. Lo hizo Hermione… y luego nos casaremos.

Para este punto, ya no sabe que pensar del tal Harry, todo esto es tan sospechoso. ¿Y qué si solo quería divertirse con Ginny? No sería tan extraño.

-Ginny…-empieza a explicarle con calma, tomando asiento en un sofá de la sala—lo que tienes que hacer es tranquilizarte y… tal vez… dejarlo ir.

-¿Y por qué tendría que hacerlo?—responde a la defensiva.

-Porque no se deja solo botada a la gente que se quiere—dice intentando dejar la idea clara- ¿y que si no regresa? Sé que esto va a ser muy doloroso para ti, pero… quizá sea lo mejor.

-No, Hermione—dice suplicante—no quiero dejarlo ir, quiero confiar en que vendrá… porque si puede volver ¿no?—pero del otro lado al silencio, del que habla más que las palabras—necesito que confíes conmigo.

-Es que lo que pides es difícil, todo es tan sospechoso. Se desaparece así sin más…

-¡Por favor, necesito que confíes!—se desespera—solo necesito que me lo digas, solo dilo porque estoy volviéndome loca—ha roto a llorar, puede oírlo a través del auricular.

-¿Sabes qué? Voy para allá, vamos a hablar tranquilamente.

-No…-hipa un poco—No necesito que vengas. No sí solo vas a venir con tus argumentos de lógica y superioridad, ¡no quiero eso de ti!—ahora está gritando—Cualquiera puede decirme que soy una tonta, que él está engañándome… yo necesito a MI amiga, y si no puedes serlo ahora, ¡no te quiero aquí!

Y luego nada, solo el ruido continuo del teléfono que indica que ha colgado. Lo que más temía que pasara, ya pasó. Se siente muy mal por Ginny, aunque haya tenido razón en cuanto a que esa relación era inestable, lo daría todo porque no fuera así.

La imagen de una pelirroja derrotado y llorando le viene a la mente, haciéndola sentir culpable por su reacción. Ginny tenía razón en ello, Hermione debía ser la amiga que le dijera que todo iba a estar bien, que la consolara, que la apoyara; y en su lugar le dijo lo que todos le echaran en cara, lo obvio.

Pero, es que cómo iba a mentirle y a darle esperanzas cuando en realidad ella no creía que el tal Harry regresara. Estaba claro que solo fueron palabras, o ¿no? ¿Cuántas posibilidades había de que Harry fuera la excepción entre el millón? Esas, precisamente, una a un millón.

Decide que lo mejor es darle espacio a su dolida amiga, el lunes arreglara las cosas. Por tanto, se limita a regresar al comedor y terminar de cenar con sus papás.

Luego de un domingo más bien aburrido en casa de su madre, el lunes Hermione se levantó temprano. Quería pasar a su departamento antes de las clases, porque su plática por teléfono con Ginny le dejo pensativa y muy preocupada, esperaba que para entonces, Ginny hubiera entendido con más claridad su situación y pudiera darle la razón.

Bajo a desayunar cerca de las 7 de la mañana, su madre estaba a punto de salir al trabajo.

-Buenos días hija, te dejo porque tengo reunión antes de ir al consultorio—su madre era dentista—pero quiero que desayunes bien—le advierte.

-Si mamá—era bueno saber que algunas costumbres nunca cambiarían.

Se sentó a la mesa con pan tostado, un poco de mermelada de fresa y un vaso de leche. Oyó el sonido de la puerta que indicaba que su madre ya había partido, y se dio prisa para no retrasarse en su plan.

Cinco minutos más tarde tomo su mochila y se dirigió a la puerta repasando mentalmente si llevaba todas sus cosas. Se dio una palmada en la frente cuando recordó que su reloj de pulsera aún estaba arriba en su cuarto. Tenía un pie en la escalera cuando escucho el timbre de la puerta.

Probablemente era su madre, que habría olvidado las llaves o algo así. Pero luego lo pensó mejor, no era muy usual aquello.

-¿Ginny?—y su sorpresa no puede ser más grande.

Frente a su puerta, una joven pálida como la nieve y con una expresión de verdadero terror en el rostro le devolvía la mirada.

-Hermione…Harry se fue y…

-Lo sé, y déjame decirte que tuviste razón en enojarte conmigo. Yo debí ser más comprensiva y apoyarte, de verdad lo lamento—dice anticipadamente.

-Eso… ya no importa… en realidad…-habla pausadamente, como si le costara mucho.

-Ginny ¿te sientes bien? Te ves enferma.

-No, no lo estoy, yo… Hermione, Harry se fue y yo…

-Ya sé, y sé que va a ser complicado que lo superes pero con el tiempo… vas a esta bien—le asegura.

Sin embargo, su amiga no luce mejor por estas palabras, de hecho, parece más desesperada y ansiosa que nunca. Ahora que la ve con detenimiento, viste la misma ropa con la que a dejo el viernes pasado, y parece que no ha dormido nada bien y llorado mucho. Trae las llevas del auto en la mano, y un sobre blanco en la otra.

-¿Ginny?—dice pidiéndole una explicación.

La chica respira profundo y da la impresión de que reprime el llanto.

-Harry se fue y… Hermione…

-¿Qué?—apremia ella.

-Estoy embarazada.

El peso del mundo entero comienza a hacer presión sobre ambas muchachas, con efecto inmediato. Todo parece cambiar con el golpe de simples palabras, lo saben. Hoy, todo va a ser diferente para siempre.

-Hermione—Ginny comienza a quebrarse lentamente—Estoy embarazada… y Harry se fue… ¿Qué voy a hacer ahora?

Y es una de las pocas ocasiones en que la brillante Hermione Granger no puede contestar inmediatamente a una pregunta.