With or Without you/ Con o Sin ti.

La tetera silba con fuerza y llena de ruido el apartamento. Hermione corre a retirarla del fuego, vierte el agua en una taza y le coloca un sobre de té dentro. Tiene suerte de atinar con los terrones de azúcar al recipiente sin derramar el líquido, porque honestamente, tiene toda su concentración en otra parte.

Entra a la habitación, donde una Ginny fuera de sí está sentada con los pies extendidos sobre la cama. Tiene la mirada perdida y apariencia pensativa.

Hace un rato que regresaron de la casa de su madre, Hermione manejo puesto que su amiga no estaba en condiciones. Casi tuvo que obligarla para que se diera un baño, durante el cual, ella aprovecho para echarle un vistazo a los exámenes de laboratorio que Ginny se había hecho. No había duda. Seis semanas.

Después la arropo con una bata y la dejo en la cama, dónde no ha movido ni un dedo. Le pone la taza de té en la mano, insiste en que tomarlo le hará bien y como recompensa Ginny sorbe dos traguitos.

-Deberías irte a la escuela—le sugiere después de beber, casi en automático.

-No, está bien. Le pedí a Neville que trajera mis deberes para ponernos al corriente luego.

Otro silencio y dos traguitos más.

-Estoy lista para tu sermón Hermione—otra vez en automático, sin mirarla.

-No voy a darte ningún sermón Ginny—dice comprensiva, intenta animarla—no porque no te lo merezcas, sino porque ya sabes lo que diría.

-Si ya sé—y aparece casi una curva en sus labios a manera de sonrisa—"¿Qué estabas pensando? ¿Cómo es que se te ocurrió tal irresponsabilidad? ¿No aprendiste nada de la clase de sexualidad?" y cosas así.

-Pues si—admite más aliviada porque esa es la Ginny de siempre—algo así pero con más… energía.

-¡Ah! Claro, esa parte es importante para tus sermones, lo sé—remueve el té con la cuchara, pensativa otra vez—lo que no sé es que va a pasar ahora.

La pregunta del millón ¿Qué viene después?

-¿Ya intentaste comunicarte con Harry?—si alguien debe saberlo, es él.

-Ya, no responde. Lo que es lógico en parte, se fue a otro continente.

-Pero debe haber una forma de que le hagas saber—insiste.

Ginny baja la mirada.

-Creo que a esto te referías con que nos movimos muy rápido—acepta—yo no tengo otra información de él, se llama Harry James Potter, es abogado, nació en Norteamérica y un número telefónico que ahora ya nadie contesta.

-¡No es posible!—exclama asombrada— ¿es todo?

-Que nos sea útil, sí. No nos sirve que le gusta la música clásica, los perros, viajar en tren, que tiene ojos hermosos, y que es amable y…

-No, no nos sirve—interrumpe—a menos de que vayas a Norteamérica buscando por todas partes chicos de ojos verdes y que le gusten los perros.

Algo se hunde en el interior de la pelirroja, se ve en su mirada, en sus hombros.

-Lo que de verdad creo importante—continua Hermione—es decirle a tu familia.

-Y es lo que más miedo me da—confiesa—no van a entenderlo.

-Es que no es una noticia sencilla de asimilar, trae muchos líos Ginny. Estarán muy preocupados.

-Estarán molestos—corrige—de eso si puedo estar segura. No van a perdonarme esto jamás.

-Por supuesto que lo harán. Te quieren mucho, te adoran. Eres su niña, ¿Cómo no van a perdonarte?

-Precisamente por eso, voy a decepcionarlos tanto que no sé qué vallan a hacer conmigo.

Deja la taza vacía en la mesita junto a la cama, se frota las manos con nerviosismo.

-Iré contigo—ofrece Hermione—Iré a la madriguera a que hables con ellos.

La toma de las manos, evitando que siga poniéndose más ansiosa.

-¿Cuándo debería hacerlo?—pregunta igual que una niña indefensa.

Y Hermione sostiene con más fuerza.

-Cuando estés lista, Ginny.

Los días pasaron tan rápido que para cuando se habían dado cuenta, otra semana se había ido volando. Ginny, temeraria y decidida, acordó con Hermione que irían a la Madriguera, casa de sus padres, el día sábado pasado el mediodía.

Hermione no volvió a sacar el tema de Harry en toda esa semana, puesto que su amiga ya tenía bastante en que pensar. La situación era verdaderamente crítica, Ginny sería madre soltera si ese muchacho no aparecía nunca más, lo que ella consideraba era muy probable. Y de todas formas, si llegaba a aparecer de nuevo… ¿respondería por el bebé? Como pensó, era crítico lo que vivía.

-¿Estas lista?—pregunto Hermione a Ginny el sábado cerca de las 11 de la mañana.

-Aja—le sudan las manos un poco, se nota porque las frota en su pantalón—hay que hacer esto rápido.

-Va a salir bien—la reconforta, toma las llaves del departamento y palmea su espalda.

-Eso espero.

Sin embargo, contrario a lo que Hermione esperaba, la seguridad de Ginny fue en aumento conforme se acorta la distancia hasta la madriguera. Se ve mucho más concentrada, mucho más decidida. Ella ni siquiera le ha preguntado más al respecto en la última semana, aunque asume que Ginny está más que dispuesta a enfrentar a cualquiera para defender a Harry, y ahora, su embarazo. Sí, esa es exactamente su cara.

El viaje es silencioso de ambas partes, una expectante a lo que suceda en minutos, otra decidida a enfrentarlo. Hasta que llegan a la casa de los Weasley se mantiene calladas, salen con movimientos precisos y sin titubear entran. Su padre en la sala, con el periódico, se percata inmediatamente de su llegada, y se retira los lentes, inquisitivo.

-¿Ginny? No avisaste que venías, y menos que traías a Hermione—se levanta y extiende la mano a la castaña a manera de saludo.

-Fue de improviso papá, ¿Dónde está mamá?

-En la cocina, va a querer hacer de todo para la comida viendo a nuestra invitada—dice animado.

Y luego, Ginny hace el primer movimiento, directo y conciso.

-No creo que nos quedemos para comer. Necesito hablar con ustedes dos.

Su padre, seguramente por la experiencia con jóvenes problemáticos como los gemelos, intuye inmediatamente el rumbo de la situación.

-¿Qué sucede Ginny?—pregunta ya serio.

Esta le dirige a Hermione una mirada y un asentimiento, que significan "ahí voy, dame espacio". Y camina con su padre hasta la cocina, dejando a su amiga en la sala, pensativa.

Transcurren cinco, diez minutos y considera buena señal que no haya gritos aún. Tal como lo pensó, los padres de Ginny son personas razonables y le darán a su hija su apoyo, eso debe ser.

Tan abstraída se encuentra en sus pensamientos, que el ruido de la puerta hace que se sobresalte con ganas. Con una mano en el pecho, observa concentrada hacia el marco de la entrada para ver quién aparece por ahí. Comienza a preguntarse seriamente si su suerte será buena o mala cuando ve a Ron emerger, con su aire despreocupado y su cabello de fuego.

-¿Acaso estas siguiéndome a todos lados?

-¿Siguiéndote? Tú eres quien siempre me encuentra—lo acusa.

-O quizá eres tú la que se coloca donde yo pueda encontrarla—razona, ella sospecha que es solo para molestarla.

-Como si tuviera buenas razones para seguirte

-Ooo yo creo que hay muy buenas razones para seguirme, cualquier chica te las diría con gusto—se regodea con una mirada presuntuosa.

-¡Wow! Y yo que empezaba a creer que eras un chico agradable—está más bien divertida por su actitud, aunque intenta parecer molesta.

Ron sonríe y avanza para luego desplomarse en el otro lado del sillón donde ella se encuentra. Por un segundo, se distrae con la forma en que él sonríe, hasta que una voz en su cabeza la reprende y le obliga a mirar a otro lugar.

El chico se desabotona los puños de la camisa y un botón del cuello, visiblemente exhausto. Carraspea un poco, y se endereza en su lugar.

-Pero, ya enserio ¿Qué haces aquí? Yo vine a ver a mis padres, es mi casa y eso…digo, sin ofender ni nada—y luego pierde el control de su lengua—y no porque no quiera que estés aquí, o porque no me guste. Digo, tampoco es que me "guste" que estés aquí, porque no tendría que gustarme que tú…

-Vine con Ginny, solo eso—simplifica y reprime el impulso de reírse de como Ron a veces es el hombre que la salva de un acosador y otras es el torpe que se hace un lio cuando le habla.

-¿Ginny está aquí?

-En la cocina con tus padres—y luego recuerda que es lo que está pasando ahí—es que… es un asunto… complicado.

-¿De qué se trata? ¿Otra vez está en problemas? Siempre se anda metiendo en algo esa niña…

-Pues es algo como un problema pero… no tanto como eso, es más bien… problemático.

La cara de él no puede ser más confusa, preocupada y extrañada.

-Pero ¿de que estas…

-¡No tengo nada que pensar! ¡Ya lo he decidido, madre!—el grito de Ginny rompe el hilo de la naciente pregunta de Ron, y junto a ello, irrumpen escandalosamente.

-¡Es que es increíble Ginny!—responde igual su madre siguiéndola por la puerta del comedor hasta la sala—Creí que eres una jovencita inteligente, que sabía decir NO. Y ahora… no sabes nada de él, solo fue un barbaján que se aprovechó.

-Y lo peor es que te está echando a perder el futuro que tenías planeado—secunda su padre—Ginny puedes ser una profesionista exitosa.

-¡No, lo peor es que ella se lo permite!—su madre está perdiendo el control-¡Tú, con tu orgullo de salir adelante sola, vas a dejar que lo que te hizo él te destruya!

-¡YA BASTA!—pocas veces se ve como ahora-¡Aún puedo ser una profesionista y trabajar, y salir adelante! ¡Puedo hacerlo con o sin ayuda de Harry! ¡Incluso sin ayuda de ustedes!

-¡Es que criar a un niño no es algo que se haga solo para probar que puedes hacerlo!—intenta razonar su padre—Solo piensa que hay personas que si pueden ofrecerle algo mejor, que sea mejor para ambos.

Ron y Hermione, espectadores hasta el momento, tratan de recomponerse de la sorpresa. Él de llegar a la conclusión del meollo de a discusión, y ella de la inflexible postura de los padres de Ginny. ¿Escucha bien? ¿Están insistiéndole para que recurra a dar en adopción?

-Ya sabía que no iban a entenderlo—dice con resentimiento ella—pero creía que al menos harían un esfuerzo.

-Y nosotros creímos tener una hija responsable y muy inteligente con sus decisiones, y ya ves… todos nos llevamos una horrible decepción aquí—responde Arthur.

Y es ahí cuando algo en el ambiente cambia. Ginny mira a sus padres con tanto dolor, rencor y enojo que asusta un poco, incluso a Hermione, que siente lo mismo hacía sus padres a veces. Son sus palabras, y la forma en que las dice lo que no deja lugar a duda alguna en ellas.

-Ustedes son mis padres, nunca dejaran de serlo—comienza Ginny—pero a partir de ahora me declaro independiente de todo lo suyo. No quiero más nada de este lugar, ni su dinero ni su casa.

Su serenidad, la firmeza de su voz, sería suficiente para retractar a cualquier padre de sus intenciones, pero no a Molly ni a Arthur, que no dan un paso atrás. Tal vez porque si algo caracteriza a esta familia es su férreo carácter, tal vez porque de verdad creen tener la razón.

-Así que hasta que no puedan aceptar que voy a quedarme a este bebé porque creo firmemente en que Harry regresara y las cosas van a ponerse mejor… hasta que no crean en mí… no quiero ser su hija.

Y les da la espalda decidida a no voltear, porque lo que acaba de hacer es firmar una sentencia. Es quebrar una parte de su familia.

-Ginny—llama su madre, como en un pequeño momento de debilidad—Cuando te des cuenta de que ese infeliz no regresara, y que todo se te complique, regresaras y nos darás la razón—asegura recomponiendo la postura estricta.

-Y entonces…—agrega su padre—solo entonces arreglaremos las cosas.

La chica, que se quedó pasmada ante el repentino llamado de su padre, gira un poco la cabeza para que solo vean su perfil.

-No en esta vida.

Y sale por la puerta ruidosamente. Hermione se mantiene un momento en la misma posición, tratando de procesar lo que ha pasado, y luego, sobresaltada sale inmediatamente tras de su amiga sin despedirse de nadie.

La alcanza ya en el auto justo cuando intenta sin exito insertar la llave para arrancar, sube rápidamente y la llama por su nombre varías veces pero no responde. Demasiado ocupada en no errar de nuevo con la llave. El ruido de la puerta de la Madriguera hace que Hermione mira hacía esa dirección, Ron camina hasta el auto con cientos de palabras atoradas en su boca, según puede notar en su expresión. Pero no es tan rápido como la mano de Ginny, que acaba de girar la llave y mover la palanca de velocidades.

Lo último que ve al volverse en su asiento, es a Ron a través de la ventana trasera, confundido y con los hombros caídos quedándose atrás conforme ganan velocidad. Las manos de Ginny aprietan con tanta fuerza el volante que sus dedos están blancos, y parece a punto del colapso.

-Ginny—llama con un susurro.

Sus ojos no quitan su mirada de enfrente.

-Ginny—esta vez lo dice con más fuerza—tienes que parar.

Pero nuevamente su intento es fallido.

-¡Ginny orilla el auto ahora!—ordena sin reprimir, enérgica.

Para su sorpresa, el auto se detiene lentamente hacia la orilla. Hermione aprovecha para salir, rodear el vehículo y abrir la puerta del conductor.

-¡Muévete!—ya no dará pie a que le ignore de nuevo—Yo voy a conducir.

Ginny se recorre al asiento del copiloto con parsimonia, pero con la mandíbula apretada y expresión dura. Hermione decide enfocarse en manejar solamente, media hora más tarde están llegando al apartamento.

-¿Quieres que te prepare el baño?—le ofrece la castaña.

Ginny niega con la cabeza.

-¿Quieres un té?

Otra negativa.

-¿Quieres hablar?—intenta de nuevo.

Ginny la mira directamente, y sus ojos comienzan a cristalizarse. Vuelve a negar con la cabeza y rompe en llanto, por fin.

Hermione la abrazo lo más fuerte que puede, y siente como poco a poco, Ginny se va debilitando hasta caer sobre sus rodillas. Porque al fin se ha roto. Porque las palabras de sus padres ya surtieron efecto, y Hermione se equivocó: los señores Weasley resultaron como todas las demás personas que tanto intenta mantener a raya, dañinos.

-Hermione—para de llorar y se seca las lágrimas—voy a irme del departamento, buscare otro lugar porque no quiero que nadie de mi familia me encuentre—solloza apenas—y bueno…porque ya no voy a poder pagarlo.

-No vas a ningún lado—la contradice.

-Tengo que hacerlo, porque… ahora necesito trabajar así que pediré mi baja de la facultad al menos por un año, y así poder reunir algún dinero por sí Harry… no regresa pronto, yo—está comenzando a desmoronarse otra vez—necesitare comenzar a planear como voy a traer a este bebé al mundo.

Hermione busca su mirada y le sonríe para darle ánimo. Esto es algo que ha rondado en su cabeza todos los días desde que Ginny le contó.

-No pensaras que vas a hacerlo sola, ¿o sí? Ya lo tenemos bajo control.

-¿Tenemos?—repite con una lagrima en la mejilla.

-Pues sí. No mudaremos, eso sí. Necesitamos un lugar a la mitad de precio de este para que mi mitad aquí, lo cubra todo allá.

La cara de Ginny cambia por completo, y reconoce que es lo que tiene. Esperanza.

-Y trabajaremos medio tiempo, tú hasta que puedas claro, porque no solo hay que ahorrar para pagar el hospital y todo eso, sino que voy a llevarte a un doctor. Para asegurarnos que todo vaya bien—continúa.

-No tienes que…

-¡Oye! Estamos juntas en esto. Lo acepte desde el principio, así que no digas nada más. Mañana iré al banco, tengo una cuenta de ahorro y no es mucho pero nos sirve para el enganche de otro departamento.

-Tus ahorros no, Hermione…

-Sí. Todos mis otros planes tendrán que esperar, no son tan importantes como tú.

-Pero…

-Ginny, no se habla más—dice severa, y le seca la última lágrima con el pulgar—solo una cosa extra.

-Lo que quieras—concede ligeramente abrumada por la repentina rectitud.

-Yo seré la tía buena onda, ¿sí?—tiene el asomo de una sonrisa, cada vez más notoria.

Ginny, pasmada por un segundo, la mira y deja escapar el llanto nuevamente, esta vez mezclado con su risa. Responde con otro abrazo, firme y fuerte. Con más certeza de lo que va a pasar. Con mucho cariño hacia su amiga.

Porque no, no está sola.