Hola a todos! Espero que queráis leer lemon, porque no sé qué me ha pasado en este capítulo que... bueno, creo que se me ha ido la mano ^^U sólo, disfrutadlo y luego me comentáis qué os ha parecido. La verdad es que yo me lo he pasado muy bien escribiendo estas escenas (?) Os dejo con el dilema Nocte!

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Disclaimer: Ni Fairy Tail ni sus personajes me corresponden, puesto que pertenecen a Hiro Mashima. Esta historia está hecha sin fines lucrativos.

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Los chicos no se entusiasmaron tanto al conocerle. Veían claramente un enemigo potencial en aquel que no dejaba de adular a sus chicas. A ellas la verdad es que parecía gustarles la presencia del individuo, y eso les hacía ponerse más nerviosos. Cuando a mitad de la tarde vieron a las muchachas con los ojos como platos mirando sin perder detalle al chaval que se había quitado la camiseta, empezaron a refunfuñar entre ellos.

- Será cabrón! -se quejó Natsu- A ver si voy a tener que bajarle los humos a guantazos...

- Cómo se le ocurre quitarse la ropa delante de las mujeres de otros? -dijo Gray, en bóxer.

- No tiene vergüenza ninguna -apoyó el que llevaba siempre el pecho al descubierto.

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Cuando llegaron al hotel por la noche las niñas no hablaban de otra cosa que del apuesto nieto del granjero. Los chicos seguían molestos, pero como buenos hombres que eran, no sabían meterle mano al asunto y hablarlo con ellas. Pero después de la cena tuvieron la oportunidad de hacer sus movimientos. Por un lado, Juvia entró en el cuarto que compartía con Gray aún en un estado de atontamiento, pero éste la esperaba con su arma cargada. Había subido antes al cuarto y ya lo había preparado todo. Cuando ella entró, se encontró la habitación a oscuras, con velas dentro de estructuras de hielo que proyectaban hermosas sombras en las paredes, y una alfombra de copos de nieve que conducía hasta el baño. En aquella sala se encontró esculturas de hielo con forma de jarrones de flores adornando cada rincón, más velas y unas guirnaldas del mismo material por las paredes. La bañera estaba llena y perfumada, justo con el aroma de Juvia. Ésta se quedó de hielo al ver la preparación, y unas sensuales manos la abrazaron por la cintura desde su espalda, notando de pronto el cuerpo de su chico pegado al suyo propio.

- Ha sido un día duro, creo que te mereces un descanso.

- Pe... pero... -se dio la vuelta para mirarle- Gray-sama!

El muchacho estaba vestido de mayordomo. O más bien, medio vestido de tal. Llevaba una pajarita al cuello, un chaleco abierto y unos calzoncillos negros que le sentaban de muerte.

- Shhh... adelante, Juvia-sama. Hoy estoy para servirla.

Roja como un tomate, su pulso se aceleró hasta no sabía qué punto. Su mayordomo particular empezó a quitarle la ropa con suaves caricias y dulces besos, y cuando estuvo desnuda y excitada la acompañó hasta la bañera, donde la hizo entrar al reconfortante calor del agua. Una vez dentro, él se sentó detrás y empezó a masajearle los hombros con auténtico erotismo. La espalda, los pechos, y fue bajando hasta su centro de placer. Con una mano lo masajeaba mientras que con la otra frotaba uno de sus pezones. Introdujo un dedo curioso en la abertura y empezó a jugar con él dentro de la chica, entrando y saliendo, haciendo círculos, apretando, acariciando. Ella se empezó a revolver en el agua disfrutando de un placer inimaginado, hasta que la consumió y se dejó ir en manos de su amado hombre de hielo.

- Y ahora, Juvia-sama, la dejo que se relaje. Lo necesitará para lo que viene a continuación...

Salió del baño triunfal dejando a la chica extasiada, y mandando un pensamiento de apoyo para su compañero de penurias.

"Va uno, bien. Espero que a Natsu le esté yendo igual de bien... ánimo, mechero con patas."

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Pero en el cuarto del principio del pasillo las cosas no estaban yendo exáctamente igual de bien... Tras despedirse de Juvia en la puerta, Lucy dudó un momento en si entrar en el cuarto de Natsu o en el suyo propio. La verdad es que no habían hablado de ello, pero se moría de ganas de pasar la noche con él. Como no quiso dar nada por sentado se fue directa a su cuarto. Al abrir la puerta escuchó la voz del pequeño gato azul desde la cama que le decía:

- Puerta equivocada! Prueba detrás de la número 1.

Extrañada, cerró la puerta y dejó la habitación para el exceed, dudando si la idea había sido del uno o del otro. Cuando entró en la habitación de Natsu las luces estaban encendidas y el chico daba vueltas de un lado a otro nervioso, pensando en qué hacer. La vio entrar y el mundo se paró. Allí estaba ella, y él ni siquiera había sido capaz de pensar en cómo abordar el tema que le estaba sacando de quicio.

- Happy me dijo que viniera aquí.

- Eh? Ah sí, claro claro. -respondió él como ido.

- Si te molesto me voy a otro lado, no importa.

- Por qué me vas a molestar? No no, quédate.

- Es que... -dijo ella dudosa- No habíamos hablado de... bueno, e volver a pasar una noche juntos y... no sé.

- Hay que hablarlo? -preguntó inocentemente.- Si quieres te vienes y si no, pues no te vengas.

- Pero y lo que tú pienses? -empezaba a ofuscarse.

- Cómo que lo que yo pienso?

- Sí, que si a ti te apetece o no te apetece que pasemos una noche juntos, tendré que tenerlo en cuenta, no?

- A mí me da igual. -dijo llano y simple.

- Cómo que te da igual? -Lucy se acababa de encender.

- Quiero decir, que puedes pasar la Nocte con quien quieras. -y al final su subconsciente le traicionó y dejó escapar el nombre que le estaba aterrando.

- Espera, qué acabas de decir?

- Empecemos otra vez, vale? -intentó a la desesperada.- No debería haber ido así.

- Empezar el qué? Natsu, por favor, qué es lo que intentas decirme?

El chico empezó a titubear, y apenas se le podían entender palabras sueltas.

- Eto... yo... a ver, quiero... bueno no quiero... bueno, ese tío... es que... parece que os lleváis tan bien...

- El nieto del granjero? Si le acabo de conocer.

- Ya pero... y le mirabas... y yo... y bueno, él... y entonces...

- No entiendo lo que me quieres decir con todo esto.

Natsu respiró hondo, la miró muy serio y calmado, y dijo claramente:

- Te quiero, Lucy.

La muchacha se quedó de piedra. No se esperaba eso ni en sueños. Esa misma mañana había dicho hasta delante de Happy que le gustaba, pero esto eran palabras mayores. Su corazón se desbocó y hasta sintió un leve mareo de la emoción. Se agarró las manos junto al pecho porque notó que le empezaban a temblar, y agachó la mirada emitiendo apenas un susurro.

- Natsu ...

El chico dio tres zancadas hasta ella, le agarró con una mano la cara y la levantó para que le mirara a los ojos. Ahora no podía dejar esto a medias.

- Estoy enamorado de ti desde el primer día que te vi. Nunca he querido admitirlo porque siempre he pensado que te merecías alguien mejor que yo. Y cuando ha llegado ese chico y he visto que quizás era la persona adecuada para ti, he tenido miedo de perderte. Éste es mi último cartucho, no tengo nada más que ofrecerte. Sólo yo, y unos sentimientos que me hacen arder por dentro más que la magia que me enseñó Igneel.

Una lágrima chivata se escapó de uno de los ojos de la muchacha, que sentía cómo ese ardor se extendía también dentro de ella.

- Dímelo otra vez.

Natsu dibujó una media sonrisa y repitió las palabras que habían tocado el corazón de la maga estelar.

- Te quiero, Lucy.

Ella se le tiró al cuello besándole con ganas, introduciendo su lengua fuertemente en la boca del muchacho que trataba de coger el ritmo para no perder la batalla. Se abrazaron mientras se besaban de pie en la habitación, y por muy pegados que estuvieran sus cuerpos les parecían kilómetros de distancia. Necesitaban estar más cerca el uno del otro, hasta casi fusionarse.

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Juvia salió del baño tan sólo con una pequeña toalla alrededor del cuerpo. Su mayordomo particular estaba esperándola en el cuarto, al pie de la cama.

- Permítame que la ayude, Juvia-sama. -dijo tendiendo una mano hacia ella.

Cada vez que le escuchaba llamarla así sentía un escalofrío de excitación. Le tomó la mano y fue con él hasta la cama, dónde la tumbó boca abajo para quitarle la toalla y empezar a darle un masaje con aceites. Sus manos pasaron por toda su espalda, brazos, piernas, cuello, sin dejarse una zona por calentar, además del efecto calor en la chica. La dio la vuelta para encargarse más concienzudamente de sus piernas. O esa era la excusa. Se metió entre ellas para masajear uno de sus muslos, pero cuando se quiso dar cuenta sus manos no tocaban sus piernas para nada. Se habían centrado en sus ingles, su pubis y su abdomen, y había empezado a rozar con la lengua de vez en cuando sus pliegues. Jugó con ellos, los lamió, los succionó, y cuando su clítoris estaba hinchado por el deseo lo mordisqueó torturándolo para después besarlo tiernamente. Al borde del abismo de nuevo, Gray sujetó sus caderas desde debajo y las alzó para tener mejor posición con la boca, y con un nuevo arrebato logró que se corriera por segunda vez.

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Natsu no quería tocar a Lucy por si se rompía, pero ellas seguía besándole con una pasión que no sabía capaz de salir de ella. Le condujo a trompicones hacia la cama y le tiró sobre ella, quedándose de pie para deleitarse mientras le arrancaba los pantalones de cuajo. Le abrió las piernas y se arrodilló entre ellas, pasando una de sus manos por el vientre del chico, desde el pecho hasta su virilidad que ya estaba despertando. La acarició suavemente primero, abrazándola con los dedos. Empezó a mover la mano de arriba a abajo mientras veía al chico arquearse en la cama. Posó os labios en su vientre y lo regó de besos mientras su mano seguía trabajando por debajo de ella. Notó cómo la piel del muchacho se había erizado por completo, y al alzar la vista le vio agarrado con ambas manos a la sábana, con los ojos cerrados y la boca apretada por el placer. Eso la dio fuerzas y dio el siguiente paso. Acercó la boca a su miembro encarcelado entre los barrotes de su mano y le paso la lengua desde la base hasta la punta. Un espasmo recorrió el cuerpo del chico que se sintió morir. Ella siguió con la tortura un poco más, haciendo el mismo movimiento, y acabando algunas veces con un beso en la punta, hasta que en una de estas no fue beso lo que recibió. Abrió la boca y se metió en ella un buen trozo. Succionó con fuerza mientras su mano subía y bajaba, y la otra trataba de sujetar la inquieta cadera del dragon slayer, que se llevó algún que otro arañazo. Chupó, lamió y se recreó en las zonas más erógenas que iba encontrando, todo sin dejar quieta su mano que seguía trabajando con ritmo variable, ajustándose a lo que su boca estaba haciendo.

- No aguanto más... -gimió el chico.

Lucy saltó sobre él y se colocó dentro aquel juguete con el que estaba disfrutando tanto. Empezó a moverse con rapidez mientras arqueaba su cuerpo hacia atrás. Enseguida pudo notar como Natsu se derramaba dentro de ella con unos temblores y unos gritos que no había tenido nunca. El morbo del momento fue tal que la chica no pudo evitar acompañarle en su descenso a la locura, escapándosele unas palabras que más que una confesión, fueron una plegaria.

- Te quiero, Natsu Dragneel.

Él no dijo nada, se limitó a besarla una y otra vez, acariciando su cabello y abrazándola como si se le fuera a perder en cuanto la soltara. Pero ella no estaba dispuesta a dejar las cosas así, y tras unos minutos de arrumacos y caricias sin haberse desconectado, empezó a moverse de nuevo hasta que logró espabilar a su hombre. Sin salir de ella, se incorporó para quedar sentado en la cama abrazado al dulce cuerpo de la invocadora, y volvieron a comenzar un baile en el que al final los dos acabarían agotados.