Disclaimer: Ni Fairy Tail ni sus personajes me pertenecen.
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Varios meses después...
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El salón del gremio de Fairy Tail lucía totalmente engalanado para la ocasión. Había flores y guirnaldas repartidas por doquier, y una pancarta enorme sobre la barra que rezaba "FELICIDADES". En un rincón, una de las mesas había sido confinada para guardar una montaña de regalos de todas clases, envueltos en variopintos paquetes. Todo el mundo estaba muy emocionado, y aunque sólo hacía una hora que la fiesta había empezado, ya se veían los primeros perjudicados.
La mayoría de los invitados estaban allí, pero increíblemente los protagonistas no habían llegado, y ya a esas alturas la gente empezaba a preguntarse por ellos.
- Yo creo que se han quedado disfrutando de sus últimos momentos de soltería... -rió con picardía un Laxus vestido con un sencillo pantalón vaquero y una chaqueta americana sobre la camiseta.
- Pero si acaban de anunciar el compromiso! No es como si se fueran a casar mañana! -respondió una preciosa Erza ataviada con un vestido hasta los pies y con la espalda al aire, un poco abochornada por el pensamiento de sus amigos haciendo... cosas.
- Ara ara, -comenzó la atractiva camarera del gremio que lucía un precioso vestido rojo por debajo de las rodillas y los hombros descubiertos- no sé si os habéis dado cuenta, pero también falta otra pareja...
Todos miraros en derredor pasando lista con la vista. Cuando cayeron en a quienes se refería soltaron un bufido.
- Bueno, pero en ellos es normal. Desde que empezaron a salir juntos no se han separado el uno del otro. Son bastante pegajosos... -dijo fingiendo molestia el usuario de magia de hielo, mientras tenía metida una mano por debajo de la blusa de Juvia y la sobeteaba a la vista de todo el mundo. Iban vestidos de una manera muy similar. Él llevaba una camisa azul oscuro con los primeros botones desabrochados, y ella un traje compuesto de una vaporosa blusa y una falda del mismo color. Como complemento ella lucía en su dedo un precioso anillo con una piedra de hielo que brillaba más que ningún diamante.
El resto del grupo los miró y trató de ignorarlos. No había pareja más empalagosa que ellos dos en todo Fairy Tail. Parecía que Gray se moría si no estaba tocando la piel de su chica en algún momento, y ella encantada y abrumada, simplemente se dejaba hacer. A lo lejos justo en ese momento vieron a Happy sentado en una mesa, comiendo un pescado y hablando con Charle. Mirajane se acercó para preguntar por sus compañeros.
- Me fui antes porque Lucy tardaba mucho. -Respondió el gatito con franqueza-. Cuando salí Natsu esperaba aún.
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No demasiado lejos de allí, en la casita del Dragon Slayer, la pareja se recomponía la ropa entre sofocos y jadeos en mitad del salón.
- No me puedes hacer esto cada vez que vayamos a salir de casa, Natsu! -Se quejó la rubia- Llegamos tardísimo!.
- Si no me incitaras de esa forma no me lanzaría sobre ti… -contestó él con la cara apoyada en sus manos, y los codos sobre la mesa de café.
- Que yo te incito?
- Mírate! -La chica ahora se colocaba un vestido de un color oscuro y estilo chino, corto y con dos rajas en los muslos que llegaban más arriba de lo que el muchacho había podido aguantar. Ella se sonrojó ante la acusación.- Cómo quieres que me contenga? Y más cuando ya has bajado mirándome así…
Sus últimas palabras fueron un ronroneo sugerente, y las adornó mordiéndose el labio inferior.
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Momentos antes…
- Lucy, baja ya o llegaremos tarde!
- Siempre tarda más de la cuenta! -Se quejó Happy- Y yo he quedado con Charle, es muy importante que llegue a tiempo!
- Pues si tan importante es vete tú solo! -se oyó una voz desde la habitación arriba de las escaleras.
- Natsu! -lloró el exceed mirando a su amigo.
- Es lo que hay Happy. -Le dijo resignado- Ahora iremos nosotros.
- Jo…
El pequeño gatito salió de casa con la cabeza gacha. A los pocos minutos la muchacha empezó a bajar las escaleras mientras se ponía los pendientes.
- Ya voy, ya v…
Al ver a su chico esperando al pie de la escalera, vestido con ese pantalón de pinza y esa camisa morada, con una corbata floja y su bufanda en la mano, se le paró el corazón. Contuvo la respiración durante un momento porque su cerebro no se acordaba de cómo continuar, y notó cómo el calor se extendía en oleadas desde su vientre hacia el resto de su cuerpo. En seguida se dio cuenta de que la mirada del chico se había centrado en sus muslos descubiertos, y su expresión había cambiado por una de auténtico deseo. Ella terminó de bajar las escaleras hasta su posición, totalmente embelesada por la atracción que estaba sintiendo, y que al parecer él también estaba notando, y cuando se puso a su altura no logró sino lanzarse hacia su boca para devorarla con auténtica pasión. Perdió las manos entre el revuelto pelo rosa de su novio, algo que le encantaba hacer. Él contestó plantando las manos en sus nalgas y dando un tirón de ellas hasta cogerla en vilo. Lucy notó el impacto de su espalda contra la pared, pero estaba demasiado excitada como para quejarse por ello. Cuando notó la mano de Natsu rozar el interior de sus muslos buscando el punto más caliente, tuvo que dejar el delicioso beso para soltar un gemido contra su boca, que para él fue como combustible y le hizo encenderse aún más. Un mordisco en un lugar clave, unos dedos curiosos, una lengua pasando por donde no debía… No tenían conciencia de nada más que de la persona que estaba gimiendo en sus brazos. La muchacha estaba tan receptiva que cuando él se introdujo de lleno se sintió ahogarse en su propio placer. Con pocas embestidas logró que ambos llegaran a un clímax tan explosivo que les pareció casi doloroso. Las piernas del mago de fuego empezaron a temblar, mezcla del esfuerzo de sostener a su maga celestial contra la pared y de la pérdida de casi todas sus fuerzas con ese orgasmo, así que empezó a escurrirse poco a poco hasta quedar los dos sentados en el suelo, aún contra la pared, resoplando y abrazados, respirando los jadeos del otro, poniendo sus pulsos en consonancia.
- Natsu por favor deja de mirarme así o no saldremos nunca de casa… -confesó la chica acalorada.
El chico se acercó a su pareja y la abrazó por detrás, dándole un pequeño beso en el cuello.
- Últimamente estás muy encendida, no?
Ella escondió el rostro avergonzada.
- Qué pasa, que no puedo? Sólo puedes ser tú quien vaya detrás de mí a todas horas?
- Tranquila, no tengo ningún problema… -y volvió a hundir la cara en el cuello de su chica, poniéndola taquicárdica en un segundo.
- Creo que hoy no vamos a la fiesta de compromiso… -suspiró dejándose llevar.
Y gracias a la ayuda del aparador de la entrada, ambos se volvieron locos de nuevo y se expresaron con sus calientes cuerpos cuánto se amaban.
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Los protagonistas de la noche llegaron. Tarde pero llegaron. Y ese retraso les costó tener que enfrentarse a miradas y comentarios subidos de tono. Gray se burló del muchacho aprovechando la ocasión.
- Pobre, está tan rojo que creo que se le van a fundir los piercing!
- No sea malo, Gray-sama -le regañó su chica, para luego poner un gesto ensoñador- Es un amor precioso el suyo!
Gajeel y Levy trataron de zafarse todo lo que pudieron de sus compañeros, y llegaron a la barra aún envueltos en un aura de dulce bochorno.
- Mira! -gritó el Dragon Slayer de hierro- Ponme una cerveza, y que a mi preciosa reina no le falte bebida hoy… -su tono era muy provocativo y su sonrisa pícara. -Que luego voy a tener que ajustar cuentas con ella por hacerme llegar tarde…
Todos alrededor gritaron y brindaron por la pareja feliz. Hacía poco tiempo, y contra todo pronóstico, Gajeel le pidió matrimonio a Levy en un arrebato delante de todo el gremio. Ella, enamorada, se le tiró al cuello aceptando a voces, bajo la atónita mirada del resto de sus compañeros, y las lágrimas del equipo Shadow Gear. No hacía mucho que estaban juntos. En realidad había ido todo muy rápido, pero ellos lo tenían claro desde hacía mucho tiempo. Las miradas, las sonrisas, los tropiezos delante del otro por el nerviosismo, los tartamudeos… todo había ido creando unos cimientos que cuando Levy dio el paso y acorraló al hombre de hierro para pedirle que actuara de una vez, no les hizo falta nada más. Empezaron a salir y parecían los dos más tontos del mundo, hasta que hacía poco el equipo de Levy salió a una misión que se les complicó y tardaron más de una semana en volver. Gajeel no lo soportaba, y cuando llegaron no se lo pensó un momento y se le declaró. En ese momento Lucy había mirado de reojo a su propio Dragon Slayer para observar su reacción frente a una boda, pero no notó cambios en él. Poco a poco le empezó a molestar que Natsu no tuviera intención de dar el siguiente paso en su relación, pero realmente, cuando lo pensó en frío, descubrió que no era tan traumático. Mientras estuvieran juntos todo estaría bien, aunque sí que es verdad que soñaba con su vestido de novia.
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La fiesta se alargó hasta la madrugada. Lucy y Natsu, que tras dos apasionados encuentros habían llegado hora y media tarde a la fiesta, ahora estaban sentados en una de las mesas con Erza, Gray y Juvia. Esta última se levantó para ir a por bebidas a la barra, y cual lapa, el usuario de magia de hielo la siguió. Pero la pobre no logró llegar a su destino, pues fue interceptada y llevada a un rincón oscuro, donde ambos se perdieron un buen rato. Erza miraba bailar a sus amigos recién comprometidos. Se sentía feliz por ellos, y no pudo evitar comentar en voz alta con un aire de ensoñación:
- Entonces ahora Levy pasará a ser Levy Redfox. -La pelirroja llevaba un rato haciendo cábalas sobre las bodas, y cuando se le pasó por la cabeza su propio nombre con el apellido de Jellal perdió el control de sus fantasías.
- Ne Lucy -empezó a decir Natsu con la cara medio escondida entre sus brazos, apoyado en la mesa, y con toda la tranquilidad del mundo- Y tú cuándo vas a pasar a ser Lucy Dragneel?
La aludida se llevó el susto de su vida. No se esperaba esa pregunta por parte del cabezota de su novio, y notó cómo el rubor se hacía presa de sus mejillas mientras intentaba responder, de forma demasiado ruidosa.
- C-c-c-cómo que cuándo…? Primero tendríamos que casarnos para eso!
El muchacho la miró seriamente.
"Sí! Sí! Sí! Aquí está! Me lo va a pedir por fin!"
- Tss… No me interesa una boda. Estamos bien así, para qué organizar tal jaleo?
Lucy notó cómo una bañera le caía justo en la cabeza, se rompía y toda el agua helada que tenía dentro la empapaba. No podía haberse decepcionado más. Erza despertó de su mundo al momento.
- Entonces no piensas pedirle matrimonio nunca a Lucy? -preguntó con los ojos muy abiertos. La verdad, no se lo esperaba conociendo la relación de los dos.
- No sabría cómo hacerlo. -contestó sin darle importancia.
- Y si te lo pide ella? -Las palabras de la Titania volvieron a traer a la rubia a la tierra tras el shock.
- Hombre, si me lo pidiera ella me lo pensaría.
Y con todo el enfado que se iba cociendo a fuego lento en sus entrañas, la maga estelar le contestó con cinismo mientras se levantaba ofuscada.
- Pues entonces tú pasarías a ser Natsu Heartfilia, capullo.
- Pero... Lucy!
No le sirvió de nada llamarla. La chica huyó del lugar como un huracán, dejando una estela aterradora tras de sí. El mago de fuego volvió la vista para mirar a los protagonistas de la fiesta y sintió una punzada en el pecho. Es cierto que llevaba semanas, incluso meses soñando con convertir a Lucy en su esposa, para que todo el mundo, fuera de donde fuera, tuviera bien claro que era suya, que nada los iba a separar. Pero le daba miedo. Y si se lo pedía y le rechazaba? Después de todo, no llevaban demasiado tiempo como pareja. Al enterarse de la noticia de los dos tortolitos pensó que quizá no era tan descabellada la idea de una boda tan temprana, pero sus dudas y miedos habían vuelto el día que recibió el anillo que le había encargado. De repente no veía nada claro, y decidió guardar el anillo a buen recaudo sin decírselo a nadie siquiera. No sabía si había hecho bien o mal, pero sabía que algo más tenía que hacer si quería arreglar el enfado que acababa de causarle a su chica.
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Lucy atravesó a toda prisa el gremio para salir por la puerta y perderse en la noche. Lissana, quien en cierto modo nunca pudo dejar a un lado el recelo que sentí por ella, se preocupó realmente al verla así, y decidió seguirla. La encontró en un banco sentada con la cara entre las manos y respirando pesadamente.
- Te encuentras bien?
La maga de espíritus estelares se recompuso en un momento para poder levantar la vista hacia su compañera.
- Sí, es sólo que... -no supo seguir.
- A veces Natsu puede llegar a ser un cabeza de alcornoque, no se lo tenga en cuenta. -Dijo la primera, con una fingida sonrisa amable.
- Cómo sabes que es por Natsu por lo que estoy así?
- Porque le conozco. -Ahora su sonrisa se ensanchó- Y sé cómo es y el tacto que puede llegar a tener a veces.
La rubia agachó la vista y se armó de valor para preguntarle algo.
- Tú... sientes algo por él, verdad?
- Lo cierto es que yo siempre he estado enamorada de él, pero por muy bien que nos hayamos llevado siempre, él nunca ha sentido lo mismo por mí. Fue algo que tuve que asumir. Pero cuando volví de Edoras y le vi contigo, se disipó toda duda. Tú eres realmente su chica. Así que ten paciencia con él. -La menor de los Strauss vio un brillo en los ojos de su compañera, del que quiso sacar partido con un pequeño empujón.- Pero si no la quieres tener y decides que quieres dejar esa relación, estaré más que encantada de hacerte el relevo!
- Gracias, Lissana. -sentenció Lucy con decisión.
Ésta sólo le respondió con una sonrisa. La presencia del susodicho Dragon Slayer de fuego las hizo mirar hacia atrás a las dos. La joven de cabellos albinos reprimió un suspiro al verle, y con toda la dignidad que tenía, se levantó y le hizo un gesto de ánimo a la rubia antes de marcharse.
-Puedo sentarme? -preguntó el muchacho. Ella se hizo a un lado en una silenciosa respuesta. Cuando tomó asiento, con la espalda totalmente tensa, se quedó mirándola durante un momento sin saber qué decir.
- Lo siento. -se adelantó la chica.- Siento haberme puesto así por una tontería. Me perdonas?
Salamander, estupefacto, sólo atinó a abrazar a su maga estelar. Le dio dulces besos en la cabeza mientras acariciaba sus brazos con ternura para transmitirle calma. Ella hundió la cara en su pecho y aspiró su aroma. Ese aroma que la tranquilizaba y a la ves la ponía tan nerviosa. Después de unos segundos tuvo que separarse de él.
- O dejas de tocarme así o acabaremos montando un espectáculo en público. -le dijo con una sonrisa pícara.
Él le acarició la cara con una mano mientras que la otra viajaba a uno de sus medio descubiertos muslos.
- Ahora mismo me da igual todo.
Y se lanzó a besarla con frenesí mientras sus manos volaban por su cuerpo. Empezó a subirle el vestido sin consideración ninguna cuando una voz les interrumpió.
- Iros a un hotel!
El adorable gatito azul les recriminaba su comportamiento desde pocos pasos por detrás suyo.
- Happy, hoy te toca dormir en la habitación de invitados, lo siento. -Bromeó la muchacha. El comentario encendió por completo a Natsu, que la cogió en volandas y olvidando la fiesta en la que estaban se la llevó a casa para hacerle el amor una y otra vez durante toda la noche.
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- Lucy! Vamos a llegar tarde por tu culpa! -Regañaba el exceed azul.
La muchacha llevaba un montón de rato encerrada en el baño y ninguno de los chicos sabía por qué estaba tardando tanto.
- Te encuentras bien? -preguntó Natsu preocupado.
- Te duele la barriga? -añadió Happy.
La puerta se abrió al poco y salió una pálida Lucy recolocándose el recogido y con un pañuelo en la mano.
- Estoy bien -dijo con una sonrisa- No os preocupéis. Ya nos podemos ir.
- Aye!
Pero el Dragon Slayer no se quedó del todo tranquilo. Estuvo siguiendo a la chica con la mirada durante todo el camino hasta la iglesia, y no se separó de ella ni un momento. Además, su olor le resultaba... algo extraño, no lo sabía explicar.
La ceremonia de la boda de Gajeel y Levy fue preciosa. Los dos estaban radiantes de felicidad y daban envidia a todo el que les miraba. La comida y la fiesta se hicieron, para variar, en el gremio. Tenían que encontrar un lugar que pudieran destrozar cuando se les empezara a ir la pinza y a pegarse todos con todos, así que decidieron no salir de casa y eso que se ahorraban. Además, todos estaban más cómodos. Ahora, horas después de la comida, todos se encontraban realmente en su salsa bebiendo y cantando por los novios.
Sólo había pasado un mes desde que anunciaran su compromiso, pocos días menos desde la fiesta que les organizaron. Todo había sido muy rápido pero viendo a la pareja que no dejaban de mirarse como dos tontos todo el tiempo, nadie se atrevería a decir que se habían apresurado demasiado.
"De esta noche no pasa..."
Natsu agarraba con fuerza la cajita que llevaba en el bolsillo mientras esperaba a que Lucy volviera del baño, por enésima vez. Lo tenía todo pensado: En cuanto llegara le ofrecería dar un paseo por los jardines. La llevaría al rincón que sabía que más le gustaba con la excusa de contemplar las estrellas, y cuando menos se lo esperara me deslizaría el anillo en el dedo. Estaba seguro de que se emocionaría, sobre todo porque el anillo que había escogido tiempo atrás era de un azul oscuro con puntitos brillantes que simulaban el cielo, y coronándolo tenía una talla de una preciosa estrella amarilla que brillaba hasta sin luz. Era perfecto para ella.
- Natsu, damos un paseo por los jardines?
La maga de espíritus estelares sorprendió a su chico con la proposición. No la había visto llegar en medio de su ensoñación. Esto le hizo tambalear un poco, pero seguía entrando dentro de sus planes, así que recuperó la compostura y asintió mientras se levantaba y le tendía una caballerosa mano. Poco a poco la fue dirigiendo hasta el banco que había pensado, muy nervioso, pero aguantando el tipo. Ella estaba de más de silenciosa, pero ni se dio cuenta. Cuando llegaron Gray y Juvia estaban acaramelados allí mientras miraban las estrellas entre beso y beso. Al Dragon Slayer se le cayó la mandíbula al suelo al ver eso. Sus planes al garete!
- Eh! Cerebro de hielo! Qué hac...! -Lucy le tapó la boca y se disculpó por los dos.
- Lo siento, lo siento! No queríamos interrumpir. Seguid con lo que estabais haciendo. -Y cuando se alejaron un poco le reprochó- No puedes ir cortando el royo de esa manera a la gente!
- Pero ese es tu lugar favorito del jardín y yo quería llevarte allí.
- No te preocupes, hay más rincones bonitos. Mira, aquél de allí por ejemplo. Es muy tranquilo, y no hay gente. Podemos sentarnos si te apetece.
No era su plan original, pero le serviría. Se acercaron al banco y tomaron asiento. Natsu pasó un brazo por el hombro de la muchacha, mientras que con la otra mano buscaba el anillo en su bolsillo. Estaba todo preparado, sólo tenía que lanzarse y colocárselo.
- Tenemos que hablar... -la interrupción de la muchacha le hizo detenerse en seco. Tragó con dificultad. Esas palabras nunca traían nada bueno.
- Tú dirás.
- Sabes lo mucho que te quiero, verdad? -el chico asintió. Cada vez tenía peor pinta esto.- Y yo sé que estamos bien como estamos. Pero hay veces que las cosas... inevitablemente tienen que cambiar. Es... bueno, ley de vida.
Volvió a tragar con dificultad. No llegaba a comprender por dónde iban los tiros, pero parecía que se avecinaba un cambio drástico. Se habría cansado de esperarle y habría decidido ella tomar las riendas y pedirle matrimonio a él?
- Lucy, sea lo que sea lo superaremos. Suéltalo ya.
La tomó de las manos con fuerza. Se miraron a los ojos, marrón chocolate contra verde jade. Sus corazones empezaron a sentir la ansiedad del otro y se aceleraron a la vez. Ninguno de los dos parecía dispuesto a continuar hablando, apenas respiraban siquiera. Entonces, sacando fuerzas de donde no las tenía, Lucy tomó aire y se preparó para soltarlo, mientras el muchacho se preparaba para recibirlo.
- Estoy embarazada.
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- Gray-sama... -intentó decir la mujer de agua mientras se zafaba de los besos de su amado- No cree que ya es hora de comunicarlo? La gente del gremio empieza a sospechar cuando mira la mano de Juvia.
El usuario de creación de hielo siguió dando dulces besos a su chica sin apenas inmutarse.
- Yo no tengo prisa por ser el centro de atención como ese tarado de metal. Pero si tu quieres, mañana les diremos a todo el mundo que nos casamos.
- Si Gray-sama no tiene prisa en decirlo, por qué le pidió a Juvia matrimonio hace tanto tiempo?
- Porque estoy harto de que Lyon siga queriendo conquistarte, y... bueno, egoístamente, quería asegurarme de que vayas a ser para mí.
La chica le miró enternecida.
- Juvia siempre ha sido sólo de Gray-sama.
Ambos se sonrieron acaramelados, cuando una especie de pequeña explosión sonó a pocos metros de ellos, iluminando la zona con unas llamas que pronto se extinguieron.
- Joder... Eh! Cerebro de lava! -gritó el muchacho.- Estás bien?
- Tranquilo Gray! -respondió Lucy desde el lugar de la explosión- No ha sido nada.
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Natsu estaba totalmente en shock. Aún tenía llamas rodeando su cuerpo después del fogonazo involuntario que había dado al enterarse de la noticia. No era capaz de hablar, de reaccionar, ni siquiera de respirar.
- Es... estás bien? -se atrevió a preguntar tras un momento. No hubo respuesta. Ni voluntaria ni involuntaria.- Natsu, me estás asustando. -Nada- Tan mal te parece esto que ni siquiera me vas a hablar?
Dolida por la reacción y con el ceño fruncido, se levantó de un salto decidida a marcharse a casa, cuando una mano la sujetó antes de que se alejara. El muchacho trataba de reaccionar. Sacudió varias veces la cabeza mientras sujetaba la mano de la chica con fuerza para que no se fuera. Cuando logró que su cerebro chamuscado despertara la miró con una sonrisa de oreja a oreja. Le puso la otra mano sobre la que estaba sujetando, para transmitirle apoyo con ese gesto, y tartamudeando empezó a hablar palabras sin sentido hasta que logró organizar una frase. Más o menos.
- Vamos a ser padres? -preguntó ilusionado mientras dejaba escapar un par de lágrimas contagiosas.
- Eso parece! -contestó la muchacha dejándose llevar por la emoción.
Entonces, y sin previo aviso, se levantó del banco y la estrechó entre sus brazos con tanta fuerza que la pobre tuvo que pedirle que aflojara para poder respirar. Le correspondió al abrazo colocando las manos en la firme espalda de su chico, cuando notó algo raro en la que había estado sujeta por él. La alzó por encima del hombro para mirarla y se dio cuenta de que tenía un precioso anillo colocado en el dedo en el que antes no había nada. Rompió a llorar sin contención mientras volvía a apretarle todo lo que podía entre sus brazos, y repetía una y otra vez entre hipos "Sí quiero, sí quiero".
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Fin.
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Vuestros deseos son órdenes para mí! Vosotros habéis pedido, y yo os he dado. Espero que os haya gustado el epílogo, y que os haya dejado un poco más asentados con respecto al futuro de los personajes en esta historia. Me ha costado un poco escribirlo pero cuando la inspiración ha llegado he disfrutado muchísimo de ello.
Muchas gracias a todos los que la habéis seguido, tanto los que están desde el primer día como los que se han ido uniendo sobre la marcha, y en especial a los que me habéis apoyado con vuestros comentarios. Me encanta escribir, pero más me gusta saber que os gusta lo que escribo. La mitad de esta historia es por vosotros.
Nos volveremos a leer! ^^
Hanako.
