MISTAKE

Lore-chan


CAPITULO 2: EL DESPECHO


-Mimi Tachikawa-

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No iba a llorar. No iba a llorar. No iba a llorar.

Me decía a mí misma una y otra vez que no iba a llorar.

Apreté el acelerador y creo que me comí más de 2 semáforos en rojo a una peligrosa velocidad antes de llegar al departamento.

No lo podía creer. Si alguien me lo hubiese dicho, me habría reído en su cara. Taichi era incapaz de engañarme bajo ninguna circunstancia. ¡Qué equivocada estaba! ¡Tonta! ¡Era una completa idiota!

Le había preparado un maldito bento al imbécil de mi novio porque, pobrecito de él que toda la semana se había tenido que quedar hasta tarde trabajando para armar una presentación de una importante reunión en la embajada. ¡Sí, claro! ¡Reunión de sostenes gigantes tenía el muy…!

¡Y con ella!, con esa rubia grotesca… ¡Lo sabía!, ¡Siempre lo supe! El cómo lo miraba, el cómo lo recorría de pies a cabeza comiéndoselo con los ojos, obviando que yo estaba ahí… ¡ahí… a un lado!. Descarada. Cualquiera. Pero sé que la culpa no es sólo de ella, de hecho el porcentaje mayor se lo lleva mi novio, porque si el realmente me amara jamás me habría engañado. Manchó 5 años de relación por una aventura con su secretaria… quizás durante cuantos meses me estuvieron viendo la cara.

La imagen se venía una y otra vez a mi mente. Sus manos en sus senos, ella besando sus pectorales desnuda de la cintura hacia arriba… esos pectorales que yo misma besaba en las noches. Sus pantalones en el suelo…. Sólo agradecía no haber llegado 10 minutos más tarde si no los habría pillado pegados como dos perros y sabía… sabía que no habría podido responder de mis actos.

Ni yo logro entender cómo me contuve de hacer una escena ante lo que había visto.

Detuve el auto finalmente en el estacionamiento y cerré la puerta tan fuerte que por un segundo creí que la había dejado giratoria. Active la alarma y caminé lo más rápido que pude al ascensor repitiéndome una vez más…una y mil veces que no iba a llorar. No iba a llorar en la calle, ni en el estacionamiento. Esperaría a llegar a mi departamento y recién allí soltaría mi furia, mi frustración y mi profunda tristeza.

Apreté tantas veces el botón del ascensor que creí que en cualquier momento iba a salirse de su lugar. Estaba demorando demasiado y mis lágrimas se agolpaban en mis ojos rogando por su libertad.

Las puertas se abrieron al tiempo que mi teléfono celular comenzaba a sonar. No tenía la más mínima intención de contestarlo, lo más seguro era que se tratara del infiel de Taichi Yagami y lo último que quería en esos momentos era escuchar su voz siquiera. Sabía que si le contestaba iba a perder la compostura, compostura que tanto me había costado mantener.

Cuando la prostituta de su secretaria pasó por mi lado tuve ganas de agarrarla de los cabellos y barrer con ella por todo el piso, pero no lo hice. Porque a diferencia de ella yo si soy una dama. Así que preferí mantener la vista pegada en mi novio, aunque también era complicado observarlo en su deplorable estado porque las ganas de asesinarlo eran tan grandes como el dolor que apretada y estrujaba mi corazón.

Llegué a mi piso y mi teléfono continuaba piteando.

Abrí mi cartera para sacar las llaves y noté que quien llamaba no era Taichi.

-¿Yamato?

Mi ex novio.

Yamato Ishida había sido mi novio durante largos 8 años. Nos conocimos en la secundaria y comenzamos una relación a los 14 años que continuó durante la preparatoria y terminó luego que ambos nos graduáramos de la universidad. Fue una relación muy complicada, nuestras personalidades eran totalmente opuestas, pero por una extraña alineación de los astros nos llevábamos más bien que más mal. Más que novios en sí, éramos excelentes amigos, nos decíamos las cosas tal cual eran, sin filtro y sin morfina. Directo al hueso.

Lo apoyé siempre en su carrera de cantante y él a mí en mi aventura de ser decoradora de interiores. Pero su demandante carrera nos pasó la cuenta como novios y decidimos quedar como amigos. Lo cual era bastante lógico, ver a tu pareja una vez cada 2 meses no es lo mismo que llamar a tu amigo de vez en cuando para saber cómo está. Y para sorpresa de ambos, nos llevamos de maravilla en esta nueva etapa llamada "Amistad".

Cuando le conté que estaba comenzando a sentir "cosas" hacia el mejor amigo de mi compañera de trabajo, fue el primero que me instó a decirle lo que sentía. Y gracias a él me declaré y más adelante comencé una relación con Tai.

Mi amistad con Yamato me tenía muy contenta.

El único que no fue feliz ni estaba contento, ni en lo más mínimo, fue Taichi. Lo odiaba. Lo odiaba con todo su ser. Solo en cuatro ocasiones durante nuestros cinco años de noviazgo ambos se habían topado, y creo que con la primera vez ya fue necesario para Tai. Estábamos en el cumpleaños de Takeru Takaishi, el hermano de Yamato, a quien yo adoraba y quería (y quiero) como si fuera mi hermano pequeño. Los presenté tal cual: Yamato mi ex pareja y Taichi mi actual pareja. Nada de mentiras.

Yamato siempre fue relajado y cuando le pregunté si podía ir con mi novio no puso ningún problema. De hecho, en la fiesta estaba la actual novia de él, una linda chica de cabello corto azabache y ojos negros con la cual comencé a conversar amenamente. Me contó que se habían conocido gracias a que la chica era parte del staff de bailarines del grupo que teloneaba a la banda de mi ex.

En fin, todo iba muy bien hasta que la cabecita sicópata de Taichi creyó que la atención en demasía (según él) por parte de Yamato era porque aún estaba enamorado de mí. Que me abrazaba mucho… que conversaba demasiado conmigo… que demasiado roce… que demasiadas sonrisitas. Que demasiado todo. Y como yo no quería problemas con Tai me alejaba y como obviamente Yamato no se daba por enterado, me seguía. Y así fueron las siguientes 3 reuniones.

Le podía decir mil veces que entre el rubio y yo ya no habían sentimientos amorosos de por medio, pero era caso perdido.

Bueno ahora entiendo, las personas son desconfiadas porque ellas mismas no confían en sus actos. Y lo de hoy me lo dejó clarísimo… creía ver en mí lo que él hacía.

-Hola Mimi, ¿Cómo estás?

La voz de Yamato sonaba entusiasmada del otro lado de la línea. Y yo por mi parte solo quería llorar.

-bien – mentí cerrando la puerta del departamento tras de mí.

-No te escuchas "bien". ¿Pasó algo?

Después de todo 8 años no son en vano, ¿no?. Me conocía tan bien que con solo escucharme sabía que algo sucedía, pero no se lo quise decir por teléfono.

-Sí, estoy bien. Sólo cansada – contesté aclarándome la garganta que pedía soltar gritos de angustia.

Él se tomó un par de segundos en hablar. Estaba 100% segura de que no me había creído.

-¿Peleaste con el primate de tu novio?

No le pude contestar, las lágrimas comenzaron a caer y a caer y yo me tapé la boca ahogando mis sollozos. No conseguí aguantar más. Había sido fuerte y madura por demasiados minutos. Me deslicé por la pared a un costado de la puerta de entrada hasta quedar sentada en el suelo.

-¿Mimi?... Mimi me estas preocupando. ¿Qué ocurre?

¿Qué ocurría? ¡Encontré al maldito de Taichi a punto de cogerse a su secretaria en su oficina, sobre su escritorio! ¡Eso ocurría! Ocurría que tenía el corazón roto en mil pedazos, ocurría que mi pecho dolía de una manera que jamás pensé que podría doler.

Sollocé y ni mi mano tapándome la boca logró menguar el sonido.

-Mimi, estas llorando. ¿Qué demonios sucede? – Yamato sonaba afligido - Estoy en Tokio, dime si necesitas que vaya a verte y voy de inmediato. No importa que el simio de Taichi no me deje entrar… voy de todas formas.

Escuchar su nombre hizo que mi llanto aumentara y continuara más y más profundamente. Comenzaba a hipear y el aire me faltaba entre sollozos.

-Por favor… Yamato, por favor ven – logré decir.

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Yamato me encontró en la misma posición que había quedado cuando le corté el teléfono. Él tenía copia de mis llaves desde hace muchos años ya que cuando compré el departamento (con ayuda de mis padres) un año antes de graduarme, mi ex novio se quedaba seguido conmigo así que opté por entregarle una copia. Cuando terminamos, olvidé pedírsela y como habíamos puesto fin a nuestra relación de una forma tan civilizada no tuve problemas en que se la quedara ante alguna emergencia.

Escuché sus pasos, tras cerrar la puerta, y en menos de cinco segundos su cuerpo estaba pegado al mío, no dudé en echarle los brazos al cuello para continuar mi llanterío y el tenerlo conmigo provocó que la angustia fuera aun mayor y lloré con mucha más fuerza.

-¿Mimi qué te hizo ese imbécil? – preguntó con ternura mientras me acariciaba la espalda. Pero yo no logré armar ni una oración. Sólo salían palabras sueltas: Taichi, secretaria, infiel.

Yamato me tomó en brazos mientras yo escondía mi rostro con el maquillaje corrido en su pecho, manchando su camisa con el rímel negro. No lograba dejar de llorar y Yamato entendiendo que necesitaba contención se sentó en el sillón conmigo en sus piernas abrazándome con premura.

Después de quizás dos o tres horas recién pude explicarle bien a mi amigo lo que había pasado. No omití detalles. Le conté todo… desde que había llegado al departamento ese día, pasando por prepararle el puto bento a ese infiel de mierda, cuando llegué a la embajada, cuando lo encontré con las manos en las tetas de esa prostituta y él con los pantalones abajo, cuando me pasé los semáforos en rojo porque lo único que quería era llegar al departamento a llorar hasta que finalmente él había llegado.

A cada detalle de la infidelidad Yamato me apretada contra sí y besaba mi frente maldiciendo por lo bajo y jurando que cuando viera a Taichi le rompería cada hueso de su cuerpo.

Y la verdad quería que lo hiciera, quería que le rompiera sus huesos como a mí me había roto todo el corazón, pero al mismo tiempo en el fondo de mi ser no deseaba verlo mal… y eso era debido a que yo -para mal- estaba enamorada. Esa parte ilógica, sin orgullo y sin decencia quería ver entrar por esa puerta a Taichi pidiéndome perdón, rogando que no me alejara. Quería escucharle decir que sin mí no podía vivir… que me amaba.

Esa parte de mí… me reclamaba que lo perdonara.

Pero mi parte lógica y la que dominaba la situación estaba destrozada, estaba furiosa, llena de ira… tan llena de ira que deseaba quemar su ropa, cortar sus juegos de Xbox, tirar por el balcón todas sus pertenencias y gritar a los cuatro vientos que era un hijo de puta sin corazón.

Eso necesitaba hacer… ¡Eso iba a hacer!

Me levanté de un brinco separándome de Yamato que me miró preocupado. Me sequé las lágrimas violentamente dejando marcas de rímel en mis mejillas y caminé decidida, primero a la cocina para sacar varios rollos de bolsa de basura y luego, dando zancadas furiosas, llegué a nuestro dormitorio. Tomé la primera bolsa, la abrí y me fui al baño metiendo dentro todos sus artículos personales de aseo. No tuve cuidado con nada, tomaba productos con mis manos y los arrojaba al interior de la bolsa con la esperanza de que todo se rompiese dentro, una vez finiquitado ese lugar fui a la cama y tomé la fotografía que descansaba en la mesita de noche. La tiré dentro y sentí como se quebró el portarretrato, esbocé mi primera sonrisa de satisfacción… seguí con lo que había en el cajón de la mesa de noche y la primera bolsa ya estaba llena.

Con la segunda, me fui al armario y de un tirón saqué todos sus malditos trajes, trajes que yo misma le había ayudado a elegir comprar, aguanté la respiración ya que su ropa conservaba su penetrante aroma, ese aroma en el cual yo adoraba perderme. Ese aroma que yo besaba, lamía, mordía desde su cuerpo.

¿¡Por qué mierda me tuviste que engañar Taichi?!

¡¿Por qué te importó tan poco la hermosa relación que habíamos construido?!

¡5 años!

Saqué sus corbatas tirándolas una a una y arrojándolas en la tercera bolsa… sus colleras, sus camisas. Toda su ropa de trabajo. Quería hacer una fogata con todo aquello y bailar alrededor como una loca.

Iba por la séptima bolsa cuando noté que el armario ya estaba vacío de él, solo su perfume era el vestigio de que alguna vez hubieron cosas de Taichi allí. Yo por mi parte estaba respirando agitada, la rabia y el esfuerzo físico que había hecho durante todos esos minutos me tenían el pecho agitado. No debía verme muy bien… me sentía despeinaba, el maquillaje corrido y más encima con la respiración entrecortada.

Me vi rodeada de todas aquellas bolsas y la angustia volvió.

Se había acabado. Mi relación había acabado.

No tendría más a Taichi besándome por las mañanas, no me mandaría flores de la nada a mi trabajo, tampoco llegaría con rosas color rosa al departamento, no me explicaría que demonios significaba un corner, un offside, qué significaba estar adelantado porque me encantaba que a pesar de estar metido en un partido de football se daba el tiempo y, con paciencia y ternura, me explicaba 100 veces de ser necesario. Extrañaría su humor, su cariño, su entrega, su preocupación… extrañaría hacer el amor con él, que era el mejor sexo que había tenido en mi vida.

Pero él había decido hacerlo con otra persona… yo no le bastaba.

Mis ojos se volvían a llenar de lágrimas, busqué a Yamato y estaba en el umbral de la puerta observándome atentamente. No sé qué cara le habré puesto pero en dos zancadas llegó a mi lado otra vez y me envolvió en esos abrazos que solo Yamato sabía darme.

-¿Por qué? – sollocé. Quería saber porque.

-No pienses en eso – susurró besando mi frente.

-Es que necesito saber porque…

-A veces saber nos hace más daño.

-Yamato, yo necesito saber por qué – soné decidida entre lágrimas. Iba a ir en busca de mi celular para llamar a ese imbécil y exigirle una explicación.

Yamato notó mis intenciones y adelantándose a mí fue hasta la puerta y la cerró.

-No vas a salir de aquí. Vas a acostarte y vas a descansar. No es momento de que ambos hablen. Estás alterada, tómate el tiempo de pensar tranquilamente qué es lo que vas a hacer. ¿Lo vas a perdonar? ¿Vas a terminar con él? Aun ni siquiera sabes eso.

-No lo voy a perdonar – solté ofendida. ¿Cómo iba a perdonarlo después de lo que me hizo?

-Entonces no lo llames. Deja que las cosas se enfríen y piensa a corto plazo. ¿Qué vas a hacer ahora?

¿Ahora?

Ahora quería matarlo. Y luego besarlo… y perdonarlo y… ¡no! ¡No iba a perdonarlo jamás!

Me tomé la cabeza con ambas manos y me detuve a pensar.

Piensa Mimi, piensa…

Miré las bolsas y de repente me iluminé. No iba a quemar sus cosas, ni tirarlas por el balcón. Debía comportarme como la adulta que era. Adulta hecha mierda, pero adulta al fin y al cabo. Yamato tenía razón debía pensar con la cabeza fría y tranquila.

Caminé hasta mi mesita de noche y saque un sobre color rosa.

-¿Me puedes ayudar a llevar las bolsas a la bodega?

Yamato las llevó todas y yo me aseguré de dejar en el sobre una copia de la llave de la bodega y las llaves de la camioneta familiar. Iba a pasarle el Audi pero allí no iba a poder meter todas sus cosas, la camioneta era más espaciosa. Hasta estando con el corazón roto pensaba en el muy desgraciado.

Mi amigo aun no volvía del último viaje con la última bolsa, así que aproveché la espera y le robé un cigarro desde su cajetilla que había dejado sobre el mueble de la cocina. No era asidua al vicio pero después de ocho años con el rubio alguna mala maña de él había tomado.

Me terminé el cigarro y me fui a tirar a la cama. Tenía el cuerpo agotado de tanto llorar y mi cabeza seguía siendo un caos. Hace un rato había mirado mi celular y Taichi no había siquiera llamado… no le interesaba.

De nuevo el nudo en la garganta.

Sentí el colchón hundirse y noté que Yamato se había sentado dándome la espalda.

-Gracias… - susurré dejando caer más lágrimas.

-Debo irme, Mimi. ¿Estarás bien?

Lloré con desconsuelo. No quería quedarme sola. No iba a estar bien… me acababan de ser infiel… ¿Qué clase de pregunta es esa Yamato?

Estiré mi mano y cogí su camisa, él se dio vuelta y me miró. Por lo que pude atisbar en sus ojos creo que entendió que estar sola era una posibilidad peligrosa. No porque fuera a atentar contra mi vida ni nada por el estilo sino porque necesitaba contención y sin ella era capaz de hacer alguna tontera (menos atentar contra mi misma).

Me regaló una media sonrisa y se acomodó en la cama acostándose a mi lado. Me atrajo hacia él dejando pegada mi cabeza al espacio entre su cuello y su barbilla, él descansó su mejilla en mi cabello pasando uno de sus brazos por mi cintura. Yo me sentía protegida. Necesitaba sentirme así.

-Voy a quedarme hasta que te duermas – dijo al fin provocando que su aliento hiciera revolotear mi cabello.

-por favor quédate – subí mi rostro y nuestras miradas se encontraron a escasos centímetros. Su aliento ahora chocaba contra mi boca. Estábamos demasiado cerca. Peligrosamente cerca.

-No… puedo… - contestó en voz baja notando nuestra cercanía, mas no se alejó.

Continuábamos mirándonos. Suspiramos al mismo tiempo y un sentimiento de despecho se apoderó de mí. Era solo moverme medio centímetro y rozar sus labios… ¿eso iba a hacerme sentir mejor ante la infidelidad de Taichi?

-Mimi… esto no está bien. Ambos tenemos pareja – me dijo notando mis intenciones.

Me mordí el labio inferior.

Tenía razón, no debíamos… estaba mal. Pero entonces… ¿por qué no nos alejábamos?

-no, no está bien – repetí.

-Terminamos hace 6 años y decidimos quedar como amigos… - ¿por qué sentía que había duda y un poco de dolor en sus palabras?

-Yo aún estoy con Taichi y tú con Haruko – nuestras miradas brillaban.

Hubo un largo silencio hasta que sentí sus manos apretar aún más mi cintura. Era la señal.

-Quiero hacerte el amor – y esa era la confirmación.

-Entonces… házmelo – y ese fue mi permiso.

Finalmente me atrapó la boca, la mínima distancia al fin desaparecía. Sus besos eran exactamente como los recordaba, mentolados, profundos, apasionados. Demoré un par de segundos en acostumbrarme nuevamente a ellos, llevaba demasiados años acoplada a los labios de Taichi. Sus caricias precisas, los años que estuvimos juntos le permitieron conocerme tan bien que sabía qué lugar tocar para hacerme gemir.

Adiós ropa… hola despecho. Porque estaba haciendo esto y dejándome hacer esto por despecho. No había sentimientos de amor de pareja hacia Yamato ya, había mucho cariño… y deseo de hacer exactamente lo mismo que me hicieron a mí.

Me pregunté por unos instantes… ¿por qué lo estaba haciendo él?

Lo tenía desnudo sobre mí y me recorría el cuerpo con su boca y su lengua causaba estragos en mi interior. Sentí su erección cerca de mi entrepierna y sabía que no había vuelta atrás.

¿Así te sentiste Taichi? … bueno yo también quiero sentirlo.

Yamato entró en mí como si nunca hubiéramos dejado de hacerlo, mi intimidad se acopló de inmediato a su sexo y los recuerdos de todos nuestros encuentros pasados llegaron a mi mente. Comencé a mover mis caderas de la forma en que sabía que a él le gustaba provocando que de su boca saliera un gemido ronco de placer. Comenzamos el vaivén y curiosamente ninguno abrió los ojos durante todo el acto. Al menos yo, no quería abrirlos porque sabía que estaba haciendo mal, que me ponía en el mismo nivel de Taichi. Pero necesitaba esa recaída con mi ex. Y algo me decía que Yamato tampoco los abría porque se sentía culpable.

Las embestidas se volvieron más violentas y tuve que sujetarme de las sabanas para evitar terminar golpeándome con el respaldo dela cama.

-Esto… esta… mal… - jadeó Yamato entrando y saliendo como si su vida pendiera de ello.

No alcancé a contestarle, había llegado a la cima y como acto reflejo le clavé las uñas en su trasero. Eso se lo hacía siempre a Taichi cuando alcanzaba el orgasmo, tenía un trasero de ensueño, que me volvía loca. A los pocos segundos después Yamato se arqueó e hizo algo que sabía que era su acto reflejo: me comenzó a morder el cuello. Él jamás había hecho eso conmigo… lo más probable es que se lo hacía a su novia.

Se separó de mí, quedando de espaldas al colchón respirando con dificultad. Aún tenía sus ojos cerrados y para agregarle culpabilidad se tapó la cara con ambas manos.

-Nunca habíamos tenido una recaída - Yo me quedé callada y atiné a taparme con el edredón. Lo oí suspirar – hoy te llamé para contarte que… - guardó silencio y de la nada golpeó el colchón - ... le pedí matrimonio a Haruko.

-¡¿Te vas a casar?! – me senté en un solo movimiento y lo quedé mirando sin creerlo aun.

-¡te llame para que nos juntáramos y así entregarte la invitación!, me caso en 1 mes – al fin abrió sus ojos y en ellos vi la misma turbación que vi en los ojos de Taichi.

-Te vas a casar… - repetí y ahora comenzaba a molestarme con él – entonces porque… - ¿por qué me dijiste que querías hacerme el amor?, ¿por qué los hicimos?

-Hasta hace 3 horas me iba a casar – recalcó - después de colgarte ella me llamó y discutimos, Haruko está en estos momentos de Corea del Sur junto a su banda… comenzamos a pelear porque me pidió que postergáramos el matrimonio. ¿Sabes? Dejé de lado mi propia gira para ese momento y ella simplemente que dijo que no podía hacer lo mismo… no nos vemos hace 3 meses Mimi. Le dije que no se preocupara del estúpido matrimonio… que lo canceláramos y ella respondió que sí. Y cortó. Al parecer terminamos, no lo sé. Estoy en un maldito limbo en mi relación… al igual que tú. La amo como no tienes idea, pero… - giró hacia mí y extendió su mano para acariciar mi cabello – por eso no quería quedarme, sabía que esto podía pasar. Estoy tan vulnerable como tú y también demasiado ganoso… hace 3 meses que… ya sabes.

No dije nada. Lo entendía.

Yamato se levantó de la cama finalmente y comenzó a vestirse, yo por mi parte me puse mi pijama de seda… el que Taichi me había regalado la navidad pasada y volví a meterme a la cama…ahora entre las sábanas.

Se acercó a mí y antes de irse besó mi frente.

-Esto fue un error. Por favor no dejemos que afecte nuestra amistad. Tú lo aceptaste por despecho y yo lo hice por una mezcla entre deseo y dolor.

-sí, fue un error – afirmé. No había segunda lectura. Estábamos enamorados de otras personas.

-Trata de dormir. Volveré mañana a ver como estas. Te quiero, Mimi.

Yo esbocé una sonrisa.

Me acurruqué en la cama y tomé el almohadón que usaba Taichi, me aferré a él tan fuerte como pude aspirando su exquisito aroma. En cuanto sentí la puerta del departamento cerrarse, volví a mi tristeza y comencé a llorar… ahora se sentía peor, más vacía.

No se siente bien Taichi… no entiendo por qué lo hiciste

Lloré tanto que no recuerdo en qué momento me quedé dormida, pero cuando abrí los ojos al día siguiente noté que había demasiada luz. Alcancé mi celular y vi que ya era casi mediodía. Tenía más de 10 llamadas perdidas de Sora, mi compañera de trabajo, muy buena amiga y la persona que me había presentado a Taichi Yagami.

¡El trabajo!

Me levanté de un brinco con celular en mano. Me dolía la cabeza y los ojos me ardían… los sentía hinchados. Iba camino al baño a lavarme la cara cuando sentí el timbre del departamento.

Taichi

Me quedé inmóvil en mi posición. Era él.

Mi teléfono comenzó a sonar nuevamente.

-¿Sora?

-¡Mimi! Al fin contestas – se escuchaba preocupada – me tenías con el corazón en vilo. No llegaste a la reunión con los proveedores - ¡Los proveedores, demonios! – estoy afuera de tu departamento y…

Dejé de escucharla, era ella, no Taichi. Llegué a la puerta y la abrí de golpe. Mi amiga estaba allí, aun con el celular pegado en la oreja. La vi abrir sus ojos asombrada al ver mi deplorable estado de "mujer engañada/mujer despechada" .

-¿Qué ocurrió?

Y yo hice clic de nuevo. Otra vez el llanto.

La hice pasar y le conté todo. Segunda vez que contaba todo. Sora negaba ante cada palabra que le decía no podía creer que su mejor amigo pudiese ser tan canalla. Ella misma, cuando me lo presentó, dijo que era un gran hombre. Lo llenó de elogios.

-Maldito bastardo – exclamó levantándose del sillón – ¡te juro, hoy mismo se la corto! ¡¿Cómo pudo ser tan imbécil?! Voy a tener una conversación muy seria con él, Mimi.

Yo ya no sabía que decir. Se volvió a acomodar a mi lado tomándome las manos.

-Tómate vacaciones si lo necesitas, sabes que hace tiempo las estas prorrogando por el contrato que tenemos con la decoración del nuevo hotel. Y no te preocupes por hoy, de todas formas la reunión fue un éxito.

Sonreí por cortesía.

Oímos la puerta del departamento abrirse y fue Sora quien se puso de inmediato a la defensiva creyendo que podría ser mi novio, pero yo sabía que no era así.

Bueno en el fondo de mi corazón quería que fuese él, pero le había quitado las llaves.

-Yamato – lo nombró mi amiga extrañada al ver a mi ex entrando con llave propia.

Sora lo conocía se lo había presentado muchos años atrás y de inmediato hubo muy buena onda entre ambos.

-Buenas Tardes – saludó cortésmente – lamento haber entrado así…

Mi amiga pelirroja se acercó a él y comenzaron a hablar despacio. No había que ser adivino para saber que hablaban de mí y de Taichi. Yamato le reclamaba lo poco hombre que había sido el amigo de Sora y Sora susurraba que iba a matarlo lentamente.

Mis ojos giraron cansados por la sala hasta que dieron con una bolsa de basura que ayer había olvidado. Estaba llena de juegos de Xbox de Taichi. Me recorrió la ira una vez más. No quería nada de él en mi departamento.

Tomé la bolsa y caminé hacia la puerta.

El corazón se me encogió cuando vi a mi novio tras ella.

-¿Qué hace aquí? – exigí mirándolo con odio. Aunque en el fondo deseaba abrazarlo. Estaba totalmente enamorada de este estúpido infiel.

-Vas a botar mis juegos – susurró y yo encolericé. ¡¿Le importaban sus putos juegos?! Lo pillé casi follandose a la prostituta de su secretaria y él preguntaba por sus ¡juegos!

-¿Qué haces aquí, Taichi? – volví a preguntar conteniendo las ganas de ahorcarlo.

-Necesito hablar contigo… - JA! ¿Hablar conmigo? NO. Aunque... Sí quería hablar con él… ah! no, Mimi, no. ¿Dónde está tu amor propio?, mándalo a la mierda.

-No.

-Mimi, te lo suplico… - un nudo en mi garganta. Debía ser fuerte.

-No, Taichi, No.

-Mimi, te amo. Me equivoqué, te juro que nunca había pasado nada entre ella y yo – ¿Taichi cree que soy estúpida? Es OBVIO que no era la primera vez.

-No.

-Te amo, te amo… Voy a demostrarte que… - ¿me amaba? Si tanto me amas ¿por qué no pensaste las cosas antes de hacerlas? ¿Antes de romperme el corazón? Ya no quería escucharlo más.

-¡No, Taichi, No! – grité. Iba a llorar en cualquier momento.

Escuché los pasos decididos de Yamato a mi espalda.

-¿Pasa algo?, ¿Estás bien Mimi? – preguntó mi ex.

Y de pronto, no supe cómo, Taichi me hizo a un lado y se fue sobre Yamato. Era como si supiera que algo había pasado entre nosotros anoche porque comenzó a golpearlo como desquiciado. Lo llamé, le grité… pero estaba poseído.

Sora se acercó desde la cocina y cruzamos miradas de preocupación.

Sólo la voz de su amiga lo trajo de vuelta a la realidad y fue cuando Yamato le pegó de vuelta. Creo que esa pelea tenia años y años de contención mutua.

Yo estaba indignada por mi parte, ¿Cómo se atrevía a hacer tamaño escándalo en la puerta de mi departamento?, ¿Con qué cara?.

-¡Quiero que te vayas en este instante de mi casa! – exigí harta de verlo. Lo miraba y las imágenes de él con la rubia me producían náuseas. Ayudé a mi amigo levantarse mientras los ojos de Taichi brillaban de tal forma que pensé que también iba a llorar en cualquier momento.

Sora había tomado su chaqueta y se acercó a mí.

-Me lo voy a llevar para que no te moleste más, Mimi. Cuentas conmigo. Y solo dime si quieres que se lo corte lentamente y lo haré gustosa – susurró con una sonrisa mientras acariciaba mi mejilla.

Luego de despidió de Yamato para después tomar a Taichi del brazo y arrastrarlo hacia afuera. Sus ojos que hasta hace unos segundos atrás mostraban tristeza se oscurecieron de odio al cruzarse con los de Yamato.

-Pobre de ti si las tocas… - siseó cargado de furia a medida que apretaba los puños. Oh dios, si Sora no lo tuviese del brazo en ese mismo instante se habría lanzado una vez más sobre el rubio.

La puerta se cerró y yo me quedé mirándola con el ceño arrugado… lo amaba, lo amaba demasiado. Pero tenía tanta decepción, tanta pena, tanto desconsuelo…

No quería que me dejara ir, pero al mismo tiempo sabía que perdonar algo de esta magnitud iba a ser terriblemente difícil.

¿Iba a estar dispuesta a darle otra oportunidad? O ¿simplemente lo nuestro con Taichi había acabado para siempre?

Tomara la decisión que tomara, en algún momento íbamos a tener que vernos las caras nuevamente.

Pero no hoy… no mañana.


Listo…

Saben qué? Jamás vuelvo a decir "el próximo capítulo es el último" porque me voy en vola' y mi imaginación vuela y las manos escriben solas :P

Bueno, Mimi fue más vivita… ella SI tuvo su encuentro completo, no como Taichi que fue a medias. Pero lo hizo por despecho.

Veamos si perdona al infiel arrepentido, ahora las cosas son distintas… Mimi hizo lo mismo, con otro significado, pero hizo lo mismo.