Linea 23: Movimientos II

Caballos marchando como uno, lanzas, espadas, arcos y escudos en sus posiciones ansiosos de chocar contra el enemigo, hombres de variedad buscaban reacios el horizonte con el destino fijo desde el momento en que abandonaron la seguridad de la muralla… Pelennor había sido dejada atrás hace tanto.

El tiempo pintaba tenebroso pues el sol aun con su esfuerzo no podía penetrar las oscuras nubes formadas por las humaredas de su vecino Morgoth, el viento soplaba anunciante de la calma antes de la tormenta, frio antinatural que revoloteaba en sus pieles… la adrenalina comenzando su camino por las venas.

La guerra era perdida desde el momento en que fue asignada, Faramir lo sabía pero aun a pesar de esto decidió acatar la orden de su padre al cual había decepcionado al no ser igual que Boromir, era un pensamiento que torturaba su mente cada vez que recordaba el último encuentro antes de esto.

Recordar a su hermano era una añoranza y perdida que golpeaba su ser, ¿Qué hubiera hecho el? Se cuestionaba en un lamento al saber que fue en su guardia que perdieron Osgiliath.

Boromir, el gran hijo predilecto de Denethor aunque siempre mostro su aprecio incondicional para Faramir, era de gran evidencia la diferencia que hacia su padre entre ambos, algo que nunca entendió y que el mayor trato de mitigar y defenderlo cuando podía.

Muerto en su deber, el gran hijo del senescal, cayendo en debilidad por una baratija, que a pesar del gran amor a su familia y patria, esta misma fue usada por este artilugio para traspasar debajo de su piel y doblegarlo hasta romperlo.

En honor a su hermano, moriría en el intento de recuperar la tierra perdida en manos del enemigo, demostraría a su padre que siempre fue digno de admirar como un igual al capitán de la torre blanca.

Mirando su entorno era obvio que todos los montaraces de Ithilien tenían en sus gestos una expresión a muerte pero aun asi lo seguirían, era algo por lo cual estaba agradecido y arrepentido.

-Ey no te quejes- una voz vino a sus espaldas sacándolo de su reflexión universal, mirando por encima de su hombro noto a los polizones en esa comitiva causándole un suspiro.

Desde el momento en que despertó Beregond, había sido una queja tras otra al saberse secuestrado y obligado a ir en contra de la voluntad del senescal a pesar de estar autorizado por el hijo del mismo, no era que le tuviera menos respeto a Faramir, pero la consciencia como guardia leal debía estar en conflicto por esto.

-Tu no entiendes- gruño Beregond que ahora era el principal jinete de ese caballo dando miradas cansadas al que iba detrás de el como compañero de transporte –esto puede afectar mi reputación-

-Fuiste secuestrado- puntualizo Allen con un fruncir de ceño –eso no afecta en nada tu reputación-

-Caer bajo el arma de un niño que según esto era mi responsabilidad vigilar que no escapara con tanta facilidad…- el guardia se detuvo al chistear los dientes –afecta por completo mi reputación como guardia… ¿verdad?- se dirigió a sus vecinos en cabalgata.

Allen bufo incrédulo, Faramir le tuvo que dar crédito al tema que parecía alivianar un poco la sensación de muerte, pero su guardia tenía un punto irremediable, pues aunque su gente acepto a los añadidos de última hora, todavía se mostraban incomodos por la juventud y extrañeza del joven además de su aparente inexperiencia en armas a pesar de las proezas que Gandalf argumenta.

-Me temo que Beregond tiene razón chico- aseguraron ambos hombres dando la verdad al colega de guardia –más cuando este niño parece escuálido- inquirieron con ojo crítico a la estructura aparentemente menuda debajo de ese traje extraño que portaba (exorcista).

-Luche al lado de los Ents- se quejó el peliblanco ofendido, puntualizando su aventura con orgullo aunque técnicamente fue su tío, pero era algo que no diría.

-Hasta no ver no creer- canturreo el guardia con incredibilidad, dando otro vistazo en general a la apariencia flacucha del joven polizón.

-Estamos hablando de su reputación no de mi- gruño Allen cansado de este tema que siempre parecía salir a flote, como era posible que al parecer su apariencia desmentía todo lo que había vivido, no es su culpa que sus músculos no sean exagerados como la mayoría de esos hombres o que su estructura sea delgada, por dios Cross siempre lo mataba con entrenamientos infernales.

Beregond arqueo la ceja ante el comentario tirado a la basura, aunque claramente tenía razón pues era su queja no la falta de físico del chico, pero considerando el dolor de cabeza este si era fuerte.

Faramir negó un poco, posiblemente era mejor estar atento hacia su destino que prontamente estará siendo visible para ellos, suspiro un poco pues al terminar el dia, ya tendrían un veredicto para todo esta misión suicida.

XXXXX

Los hombres del sur del bosque negro eran personas distantes al resto de habitantes del mismo, pues rara vez salían de su entorno y hasta los elfos nunca parecían toparse, pero hoy era un dia diferente pues lucharían por su territorio.

No esperarían un ataque, ellos golpearían primero con ayuda del resto de la comunidad elfica, puede que no tienen la resistencia, fuerza o agilidad de los elfos pero tenían la convicción y supervivencia para declarar la guerra y lucharla como se debe.

Hombres de gestos reacios, fornidos y con ropas para guerra, no tan preparados pero lo justo para defenderse, su líder era el que más resaltaba con una espada y arco adornando su espalda, callado pero a la vez con un aire de autoridad, no tanto como reyes de piedra pero lo suficiente para tener el respeto de toda su gente al mando.

Habían llegado justo después que el rey Thranduil, siendo saludados con respeto y puestos al tanto del proyecto además de planes para un ataque planeado al territorio enemigo.

Marchando en caballo, tomando sus armas y armándose de valor, cada hombre y elfo comenzaron su adentramiento al bosque en dirección donde las ruinas estaban esperando su llegada, no había pláticas entre ellos, solo el silencio y el crujir de la hierba a su paso, los caballos relinchando molestos a causa del ambiente oscuro que crecía conforme el tiempo pasaba.

A pesar de esto y las diferencias culturales, los hombres del bosque todavía veían con aprehensión a las mujeres que iban en ese variado grupo que marchaba a Dol Guldur.

La sabia elfo de nombre Galadriel, ellos sabían de su magia y presencia, más ahí cabalgando parecía irreal y omnipotente rodeada del resto de su propia especie, pero la que causaba algo de desconfianza era la otra mujer del grupo.

Aunque vestía como hombre y tenía un gesto duro, ella carecía de todas las ventajas de la raza inmortal… suspirando, el líder de los hombres se resignó pues si estaba ahí era por algo, pues todos los elfos parecían orbitar con respeto en su entorno.

XXXXX

El apochrypho observaba todo a una distancia prudente, ahí escondido entre las rocas de una ruina era testigo de la fiereza de la lucha en ese lugar, con su biblia en mano y pensativo, removió sus anteojos para dar otra apreciación del espectáculo.

Osgiliath era el nombre del actual lugar donde se encontraba, habían sido días que llego y estuvo al tanto de los movimientos de todas esas criaturas desagradables como horrendas a ojos de dios, pero no tenía motivos para buscar una pelea asi que con dedicación solo estuvo vigilante.

Hoy parecía ser otro día en el que leería su antiguo testamento con devoción en una tranquilidad que se desmentía por los gruñidos de los seres en esas ruinas, pero al parecer pensó mal… pues la presencia de Allen era cercana, aunque sin el corazón carecía de mucho interés por hacerse presente.

Empezando de manera rápida y asertiva, ese grupo que acompañaba al exorcista luchaban con ferocidad aunque claramente a ojos del sacerdote era una pelea perdida, pero le agradaba la convicción con la que se entregaban a pesar de esto… serian bueno creyentes si fuera necesario.

Con un aire reflexivo, la inocencia autónoma no parpadeaba al ver como cada vida de esos hombres comenzaba a apagarse muy a pesar de los esfuerzos de Allen y su inocencia, era hermoso como la retirada fue dicha y la puerta del arca se abría de improviso para salvar a todos los que se podían, mas el grito de un ser oscuro lleno los cielos apurando a los escapistas.

Suspirando con resignación, miro los cielos al jinete que lanzando un ataque desesperado para mínimo matar a alguien que atravesaba esa puerta del arca, el grito de un objetivo más esta entrada desapareció en el suelo sin dejar visto quien fue la víctima.

El silencio más gritos de furia del conocido como nazgul, el apocrypho se levantó sacudiéndose su túnica con esmero, mirando esas ruinas mientras como cuervos esas criaturas comenzaba a apilar los cuerpos humanos con crueles intenciones.

-No es de cristianos- razono el apocrypho con furia contenida al ver cómo eran deshonrados las victimas en mano de esas criaturas, bajando tal parsimonia e ignorando al jinete en los cielos después de todo era primero su misión de ayudar a los buenos en este mundo.

Abriéndose paso con las alas emplumadas en toda su longitud en una imagen celestial, acomodándose sus lentes con lentitud, dañando a todo ser oscuro en el camino, era momento de darle cristiana sepultura a esos hombres que ofrecieron sus vidas por defender sus creencias.

Aunque el mundo mereciera un nuevo inicio a manos de su dios, el daría sus respetos a esa gente que con valor dieron sus vidas, no permitiría que sufrieran un sacrilegio sus cuerpos mortales en su presencia, era su pago por el detalle que brindaron con sus acciones…. El corazón no estaba con ellos.

Lo sintió y puede dar fe de lo mismo, con una sonrisa desgarradora cruzando su rostro.

XXXXX

Klaud sintió un escalofrió en su espalda, mirando por encima de su hombro se encontró cruzando miradas con Thranduil que con un movimiento seco de cabeza continuo en la refriega, le daba un poco de envidia que a pesar de todo los inmortales solo se mostraban un poco despeinados y sucios, mas parecían en buenas condiciones tanto física como mentalmente.

La batalla había comenzado de manera contundente en el momento en que la fortaleza se dio a conocer a sus ojos, vieja y acabada Dol Guldur daba muestras de unas ruinas que alguna vez fueron hermosas ahora infectadas con todo ser oscuro.

-Cuidare tu espalda- la voz del rey elfo la saco de sus cavilaciones, aceptando al momento en que su espada bañada con la inocencia de su mascota daba fin a un huargo que se acercó de más.

Flechas volando, espadas chocando y gritos ahogados fue lo que en su mayoría adorno el campo muerto de esas tierras antes fértiles, era cansado y estaba segura que pronto sus piernas comenzarían a doler mientras barridas y ensartadas maestras daban muestra de su agilidad, sin saber que demostraba a muchos en ese grupo su validez como guerrera más siendo respaldada por el rey distante inmortal.

A sus espaldas Thranduil armado con dos hermosas espadas se movía con maestría en un ataque combinado con su compañera de armas escogida, Tauriel a la lejanía había hecho equipo con el líder de los hombres mientras que Celebor se abría paso para dar a su señora acceso al centro de la fortaleza.

-Thranduil hay que ir a apoyar a la dama Galadriel- aseguro severamente al dar un vistazo de reojo al inmortal que afirmo silencioso con la cabeza al darle fin a otro orco.

Caminando entre los cuerpos, Klaud apoyada por el rey, llenaban el piso con seres desafortunados que crecían en volumen, interminables tal vez pero al no ser guiados por nadie carecían de algún aspecto tomar ventaja de sus números… Algo bueno para los actuales atacantes de los pueblos libres.

-MATENLOS- gritaban en idiomas torcidos y a veces entendibles los que querían tomar la iniciativa de organizarlos, aunque elfos con buena puntería se encargaban de callarlos.

Maldijo un poco cuando en un descuido la mandíbula de un huargo que salió de la nada estuvo a punto de arrancarle el brazo, el dolor era insoportable pero con frialdad su espada había dado justo en el cuello del animal obligándolo a soltarla.

Thranduil le había dado final al ser infractor con una gracia envidiable, luego se agacho con prontitud donde la mujer estaba herida aunque asombrado por el rostro solo levemente torcido por el dolor y ningún grito en el momento, demostrando su fortaleza y experiencia en guerras –está usted bien- pidió con sus ojos traicionando su frialdad al mostrar preocupación.

Klaud sintiendo como la inocencia parecía vibrar con el mismo sentimiento que el inmortal –estaré bien- aseguro confiada al ponerse de pie, el brillo de su arma parecía aumentar y traspasar algo de calidez en su propia herida mitigando el dolor.

Eran por este tipo de cosas que la antes general no sabía el alcance de estas desconocidas habilidades que exploraba en la marcha, no quería pedir explicaciones a Neah, por su orgullo que no iría donde el conde seguramente disfrutaría de su petición e ignorancia.

El rey elfo arqueo la ceja por la anomalía de la nombrada inocencia pero no tuvieron más tiempo para el intercambio y ofrecer auxilio, pues en medio de un campo de batalla latente eso se podía dejar para después, siguiendo su camino ahora con más cuidado en su entorno para que esto no volviera a suceder.

Sonido de espadas, criaturas quemadas al contacto de la inocencia algunos ardiendo hasta los huesos, el número disminuía y conforme más se acercaban a las ruinas, se podía palpar el aire enfermizo además de la oscuridad envenenando cada piedra de manera permanente.

Entonces un grito ensordecedor hizo titubear a los hombres que apoyaron en la cruzada, mientras los elfos se encogían pero trataban de animar a continuar a los mortales paralizados… pues ahí con su magia negra, se encontraba uno de los nueve nazgul revoloteando y aterrizando justo en la entrada de las ruinas.

-Quien reta los dominios de Sauron- indico con mando y tintes peligrosos el jinete, con su criatura gruñendo a quienes estaban apartándose de su camino.

-El rey Thranduil- enaltecido y tomando como propio aquel reto, el alto eldar se levantó en grandeza con sus espadas brillando armoniosas con el aura peligrosa en el siempre calmado.

-General Klaud Nine- se agregó la mujer con orgullo y firmeza, expresando su apoyo aun a pesar de la protesta silenciosa del aunque elfo, hombre.

-Un elfo y una mujer- se burló el oscuro al descender de su corcel, las peleas se reanudaron con ferocidad pues los enemigos se sentían alentados con la presencia de uno de los nueve sin saber que ya solo eran ocho.

XXXXX

Sauron desconocía a que se debía, pero recientemente uno de sus nueve nazgul había regresado reportando algo serio que se topó en la lucha en Osgiliath, era parte de los recientes sentimientos que parecían golpear al traidor de Valinor, como si algo estuviera por ahí burlándose o retándolo de alguna manera.

No le gustaba eso, estar ignorante cuando se suponía que toda la sabiduría ya la había encontrado a través de su inmortalidad, que había entre esas tierras que parecían retarlo a que en verdad no se podía aprender todo.

Dando una mirada en aquel lugar que era la morada actual de su esencia, pues cuerpo físico aun no podía manifestarlo en su totalidad, la lava hirviendo bajo su mirada y el nazgul esperando alguna respuesta.

Había perdido a uno de los nueve, por más que buscaron una respuesta a tal acontecimiento, solo las túnicas de este caído fue la evidencia que el rey entre ellos pudo encontrar… en su propio territorio, una proeza que nadie podía adjudicarse a través de los años.

Había pasado por alto dicho evento, pues tenía prioridades pero ahora, con su súbdito habiendo sido prácticamente obligado a huir solo por el sentimiento de peligro que parecía expedir el único enemigo en aquel territorio que pertenecía ahora a los suyos, era ya suficiente de ignorarlo.

Eso sin contar que los hombres de Gondor habían escapado por métodos extraños, miro al horizonte con un sentimiento de incomodidad absoluta, era esto el pago por creerse intocable, debio haber prestado atención a las señales de que algo estaba por ahí eliminando a los que creía invencibles, como los nueve.

-Busquen en anillo… vigilen Minas de Tirith- ordeno al súbdito temeroso de su falla en Osgiliath, viendo como este se retiraba era momento de planear nuevamente sus acciones pues aunque su prioridad era tener al único consigo, más obvio que ese alguien al cual implanto la idea a Denethor de aliado tenía más respuestas de las que ahora conocía, puede que con la vigilia a ese reino conseguiría alguna pista

Por más que escarbo en la mente de Saruman o Denethor, no podía encontrar más que solo suposiciones o sospechas, había magia involucrada, un tipo que desconocía y estaba fuera de su alcance, más nada concreto aun.

Fue cuando la falta de algo parecía llenarlo, con abrumadora molestia su ojo se fijo donde el bosque negro estaba ubicado, había perdido otro nazgul y también territorio, era momento de adelantar todo si quería a esos tontos elfos caer bajo su dominio de nuevo.

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Denethor había perdido el color, de eso estaba seguro Gandalf al momento en que Faramir era puesto en la cama para ser atendido, el pobre hombre parecía muerto si no fuera por la intervención de Allen estaba seguro que seria dado como tal tan pronto fuera visto.

-Mi hijo…- gruño al dar un paso atrás, con la condena y el pesar siendo evidenten, al ser el motivo de tal resultado que había sido profetizado desde el inicio –mi casa esta en ruina…. Gondor caerá bajo mi mano- paso su mano por el cabello hasta casi arrancarlo.

El istari no sabia si era bueno que a causa de la situación el senescal olvidara que el prófugo que había reclamado días atrás estuviera ahí en libertad y velando por su hijo, además que la puerta del arca estaba ya pintando un numero frente al árbol del rey como su posición a ser abierta.

-Cálmate Denethor- aseguro el peregrino al tratar de bajar los ánimos pésimos del senescal, más una mirada desesperada cruzo por los gestos regios del siempre firme mayordomo.

-Es que eres ciego Peregrino…- mirándolo como si estuviera loco, Denethor se acercaba cada vez más a la puerta como escape de algo que parecía seguirlo –esto es un anuncio del quiebre de Gondor, todos moriremos como mi hijo lo hará en cualquier momento-

Imrahil simplemente respetaba el hecho, pues aunque observaba como ese acusado de ser aliado de Sauron parecía tan servicial para la casa de Denethor, suspiro un poco no era el momento de meter a los calabozos al chico, cuando tu cuñado esta perdiendo la razón.

-Ahora necesitamos un líder, razona que esto puede arreglarse con la llegada del rey- trato otra vez el anciano ante la mirada del príncipe de Dol Amroth ante la mención de algo que se creía nunca seria visto para la ciudad blanca.

-No digas insensateces peregrino…- su rasgo oscureció y a pesar de la pena todavía envenenaba su sentir, la furia de esta leyenda todavía lo podía calentar –Minas de tirith caerá sin rey- indico airadamente, dando un manotazo en la pared –mi casa caerá junto a este reino… o crees que tu montaraz podrá con todo esto… el solo vendrá a ver la ruina de esta ciudad al final de todo…- levanto la vista con furia ignorando a los sanadores presentes, solo centrándose en Gandalf –Tu no podrás evitarlo… - puntualizo –nadie aquí podrá hacer nada- grito.

-Vuelve a la cordura Denethor- Gandalf había perdido la paciencia, dando un paso enfrente para encarar al otro con presencia –no es momento para esto, tu ciudad está en peligro y solo estas lamentando cosas que no es el tiempo para tratar-

-TODOS MORIREMOS…- reclamo el senescal que con pisotones se dirigía a la ventana de un dia oscuro –esto es la señal, ellos son la señal…- indico las manchas crecientes de un ejército a la lejanía –para que resistir… huir todos los que puedan, ya he entregado este reino a la oscuridad- ahora se dirigio al peliblanco que al parecer no había pasado de incognito –o crees que este chico no fue notable con su presencia… es obvio que ya el enemigo está entre nosotros- rugió nuevamente en frustración.

Y era cierto, ese mismo día un Nazgul revoloteaba por encima de ellos más el ejército oscuro estaba cerca sin ninguna señal del apoyo de Rohan, era algo que pesaba en hombres que se quedaron al luchar.

Imrahil parpadeo un poco consternado, era la razón por la cual nadie trato de aprehender al chico, era porque Denethor ya se había rendido ante este sin siquiera saber si se tenía oportunidad o cuales eran sus intenciones, pues obviamente aliado oscuro no era.

Gandalf frunció el ceño preparando una réplica que por fin diera la luz al enloquecido senescal, pero no tuvo tiempo cuando en un movimiento rápido, Allen se había parado para darle un golpe justo en la mandíbula, obligando al mayordomo al suelo con una mueca de dolor y un diente tirado a su lado.

-Es suficiente señor- gruño severo el chico al cerrar sus puños con una mirada que podría encoger a cualquiera –regrese a sus cabales que ahora mismo no necesitamos a alguien tan negativo agregado a esta situación…- dio un paso enfrente, Imrahil iba a interceder pero el báculo del peregrino lo detuvo –su hijo no necesita la rendición cuando puede vivir… y yo no soy aliado de ningún ser oscuro… neah no cuenta- lo último dijo en susurro.

Para el antes exorcista era indignante y había mantenido callado solo por respeto, pero la actitud de ese hombre no ayudaba y era necesario hacérselo saber (o sentir), aun con el poco convivio desarrollo un sentimiento amistoso por el ahora tendido en la cama como para permitir que su padre… un hombre al cual describían como orgulloso y temible… estuviera lamentándose como niña en medio del campo de batalla a punto de estallar.

Denethor saboreaba su sangre –como te atreves- siseo peligrosamente, era algo bueno para Gandalf saberse que no era objetivo por primera vez de esa expresión en el tirado hombre –quien te crees que eres-

-Obviamente alguien que no perdió la razón ni se rindió tan fácil- gruño con el mismo tono Allen, era la primera vez para el istari observar tan molesto al siempre amable joven.

El senescal se levantó tan rápido como pudo, una agilidad que muchos hombres a su edad ya quisieran –si no eres un aliado oscuro, esta falta significa prisión- gruño al encarar al otro.

-Pero es una lástima que no sea el momento o ahora olvido que este reino está siendo sitiado- arqueo la ceja, Allen puntualizo viendo por la ventana

Denethor entrecerró sus ojos, un gesto que parecía amenazante en si mismo –no creas que olvidare esta falta- indico –y tampoco pienso dejar todo en las manos de un peregrino y un mocoso-

Era algo bueno tanto para Imrahil como Gandalf que la lucidez parecía venir en el mayordomo, parecía que la pérdida del diente había removido oscuridad en aquella mente siempre aguda, aunque claramente no observaron como la cruz de esa mano joven había dejado de brillar, siendo el culpable de aquella lucidez algo que Allen tampoco había notado.

-Pero antes de que comencemos los preparativos…- se encogió de hombros un poco pensativo el antes exorcista –Allen Walker a sus servicios- se inclinó en un saludo bastante tardío –estaré en su apoyo durante mi estancia en este lugar- se irguió con una sonrisa confiada.

El mayordomo resoplo un poco, pero acepto –necesitaremos toda la ayuda que podamos conseguir- índico observando la cama de su hijo con preocupación más cuerda.

–más apoyo podría venir si se necesita, aunque Rohan está fuera de cuestión ya que seguramente no se encuentran en Edoras- indico Allen.

-Es muy tarde para pedir auxilio de algún vecino- indico Imrahil con severidad –además Rohan seguramente tardara en llegar- suspiro.

-Es la razón de mi encierro, al parecer- el exorcista se encogió –mi misión es abrir una puerta para conectar Gondor con los otros pueblos libres…- puntualizo lo último –nada de magia negra- entrecerró sus ojos al senescal.

Denethor no le gustaba el chico, su actitud y todo su aspecto era tan diferente a lo conocido por el en esas tierras sureñas –bueno, ya hiciste parte de ese trabajo- gruño con desaprobación –solo nos queda ver que otra sorpresa tienes en mente- inquirió no queriendo darse a vencer ahora que veía todo más claro.

Allen se abstuvo de voltear los ojos, solo porque ya había roto la etiqueta de respeto, pero es que ese señor tiene la presencia de Kanda que le era imposible no saltar a la defensiva ahora que ya tenia confianza –En estos momentos el bosque negro y Lorien deben estar cansados con su lucha… -se dirigió a Gandalf –ellos ahora irán a apoyar a Erebor que está siendo sitiada- informo para asombro de los presentes por lo informado que estaba el chico.

-Entonces todo ha comenzado alrededor nuestro- afirmo amargo Denethor, aunque algo aliviado de saberse no el único en esas condiciones oscuras.

-Eso me temo- apoyo Gandalf amargamente, en esos momentos quisiera estar en la comarca con un monton de hobbits despreocupados.

-Como sabes tanto- pidió curioso Imrahil, al momento en que Gandalf explicaba generalmente todo el asunto del arca y conexiones (golem) a los dos ignorantes presentes.

-El apoyo de Rivendel puede estar esperando confirmación- índico un poco pensativo –puede que los propios de los puertos grises estén también listos- se atraganto un poco ya que estaba a punto de mencionar a Aragorn y su apoyo, pero sabiendo que era delicado el tema como para sacarlo ahora que Denethor se veía tan lucido, era peligroso.

Esos lugares de leyenda eran mencionados durante su mandato, puede que su tiempo como mayordomo no esté tan maldito, aunque la idea era algo extraña si se le preguntaba.

-Elfos en estas tierras- pidió Gandalf con una sonrisa, Denethor no se veía muy contento mientras el príncipe de Dol Amroth parecía con una emoción contenida.

-Imrahil príncipe de Dol Amroth- se presentó el otro hombre presente al exorcista al momento de salir, pues no era el lugar para hacer todo lo que tenían planeado.

El exorcista sonrió un poco en afirmación, pero ahora tenía que buscar información y por algún extraño motivo se sentía incómodo…. Su tío estaba muy quieto en el arca.

Pero la batalla de Pelennor estaba en la puerta como para preocuparse por Neah.

XXXXX

Fin del capitulo

Otro doble, ahora si me dio la inspiración para tanto y avanzar algo en la trama dejando un poco de lado la guerra de la inocencia y el conde.

Neah20 fuera…