Segundo capítulo. X'3 Gracias a todos los que se han tomado el tiempo de leer, ojalá puedan comentar. Siempre se valora una crítica.
Shingeki no Kyojin y todos sus personajes pertenecen a Hajime Isayama. El único propósito del fic es entretener a quién lo lea y sacarme la maldita idea de la cabeza.
El trato.
1.
"El mundo es de los valientes", le había dicho Marco y él pensó que lo decía simplemente porque no había nada mejor qué decir. Sin embargo, el pecoso regresó al siguiente día tras el incidente de la fiesta, regresó con comida para compartir con él y con Jean. Eren sabía que Marco lo hacía por Jean, la forma en que miraba al cara de caballo era demasiado evidente, demasiado amorosa. A Eren le daban ganas de golpear a su primo ¿cómo diablos no se daba cuenta?
—¿y bien? ¿Cómo fue que se cagó la fiesta? Vagamente recuerdo las cosas— Comentó Jean, con comida en la boca. Eren sonrío con malicia y estuvo a punto de responder, pero Marco se le adelantó.
—Pues, llamaron a la puerta y tu abriste, todos los que estábamos cerca empujamos la puerta para cerrarla casi de inmediato y antes que ellos pasaran, amenazaron con derribarla varias veces y la tensión que había aquí era terrible. No faltó el idiota que dijo que saltaría por la ventana para huir, pero estamos en un octavo piso. Algunos escaparon por la escalera de servicio. Apagamos la música y cuando amenazaron con lanzarnos gas lacrimógeno, Armin los enfrentó y dijo que eso sería tomado como ofensa para nuestras familias, dio los apellidos y la violencia desapareció. Los malditos volvieron a pedir que abriéramos, lo hicimos porque nadie quería pensar en el gas. Nos dieron un sermón y dejaron ir a todos los demás.
—¿Y ya?
—Pues sí, cabeza de caballo, ¿qué más esperabas?. Llamaron a mi padre, pero no les contestó y el tuyo anda en Europa. Así que lo dejaron pasar.
— Ya no somos unos bebitos como para que llamen a nuestros padres— Se quejó Jean.
—No, pero tampoco somos libres y soberanos de nuestra vida. Menos tú y yo. Además, supongo debemos estar agradecidos que no nos cargasen a ninguno.
—Creo que bebí demasiado, apenas recuerdo algunas cosas de todo lo que pasó.
—¿Entonces no recuerdas que besaste a Marco antes de que llegase la policía?
Al escuchar aquello, Jean palideció y después toda la sangre le subió de golpe al rostro. Marco fingió demencia, sabía que Eren intentaba "ayudar", aunque también sospechaba que intentaba fastidiar a Jean. Vivían juntos, pero no eran precisamente cordiales entre ellos.
—Yo….lo siento Marco, ¿en verdad pasó? De verdad lo siento si fue así.
'El mundo es de los valientes' repitió Eren en su cabeza. No podía dejar de ver a Marco y a Jean. A su gusto, los dos eran unos cobardes. Marco estaba terriblemente enamorado de su primo, pero no actuaba; Jean ni siquiera se daba cuenta de sus propios sentimientos.
—Tranquilo, Jean. No pasa nada…no fue desagradable, pero preferiría que no lo hagas si estás alcoholizado.
Jean se sonrojó aún más y Eren sonrío complacido ante las palabras de Marco. Lo vio estirar su mano para tocar la del caballo tartamudo. Aquello pareció tranquilizarlo. Los dos intercambiaron una mirada, Eren tuvo que desviar la cara para no reírse.
—Discúlpame, Marco; de verdad. Es que no sé….no sé qué pensaba.
—Mira Jean, no pasa nada. Bajo los efectos del alcohol un beso no cuenta como eso, ni como nada. Pudimos hasta haber tenido sexo y no cuenta, el alcohol nos nubla la razón, saca de nosotros nuestros instintos más bajos y perdemos el dominio de lo que somos. Yo sólo quisiera que esto te sirva de lección y pienses dos veces antes de embriagarte así de nuevo. Conmigo no hay problema, pero ¿qué hubiese pasado si no hubiese sido yo?
Jean sonrío apenado, bajo la mirada y balbuceó incoherencias para Marco. Eren los miraba como si se tratasen de dos niños de secundaria. Jean siempre actuaba como un bebito con la persona que le gustaba. Terminaron de desayunar y decidieron que verían una película de terror. Nadie estaba de ánimos para limpiar el destrozo de departamento que tenían.
Sin embargo, Eren estaba demasiado pensativo. Analizaba una y otra vez las acciones de Marco hacía unos momentos. No iba rápido con Jean, pero tampoco le escondía lo que sentía. No se había arrojado a sus brazos diciéndole que lo amaba, ni lo negaba rotundamente como quinceañera. Al principio pensó que quizá Marco era demasiado pasivo para su propia salud, pero entre más los miraba más caía en la cuenta de que Marco parecía pensarse mucho sus actos o palabras, parecía pensarse todo. Marco deseaba que Jean lo mirase. Eren aún tenía mucho que aprender de la vida.
Entonces lo decidió, se puso de pie y se encaminó a la puerta de salida. Marco y Jean lo miraban, esperado que fuera al baño o dijera algo. Eren ni siquiera les dedicó na mirada. Salió del departamento sin explicar más.
—Anda muy raro— Dijo Jean, volviendo la mirada a Marco. —Ayer ustedes dos salieron un buen rato, ¿te dijo algo?
Marco negó con la cabeza y no pudo evitar una risita, mientras le dedicaba una mirada traviesa a Jean.
—¿Qué? ¿De qué te ríes?
—¿Cómo es que no recuerdas que me besaste pero sí que salí con Eren?
Jean se sonrojó y volvió la mirada a la película. A decir verdad, recordaba casi todo…incluso que deseó ser de los que escapasen por la escalera de servicio, pero se vomitó una vez que puso un pie en el primer peldaño metálico. Marco le seguía e intentaba convencerlo de regresar, incluso se quedó un poco más para ayudarlo a limpiarse y a cambiarse de ropa. Recordaba que ya en su cama, jaló de la ropa a su amigo, intentó besarlo nuevamente pero no se animaba y Marco no retrocedía…no retrocedió cuando le confesó que le gustaba, pero tampoco dijo nada. Se rascó la nuca, no sabía que decir al respecto. ¿De verdad le gustaba Marco o todo había sido producto del Alcohol?
—Recuerdo que los vi salir, pero todo es confuso después. Supongo no estaba tan borracho cuando se fueron. Seguro después hice muchas idioteces, me disculpo por todo lo que hice y dije…espero no haberte ofendido— Le confesó a su amigo, Marco sólo se sonrío.
—No te preocupes, no pasó nada. Podemos fingir que sólo te vi bailar ridículamente sobre la barra — Se burló Marco, sin poder dejar de sonreír. Jean se sonrío también y se sonrojó, le daba pena que Marco lo hubiese visto en un momento tan penoso que sabía era cierto, había estado moviéndose como una víbora a la que han bañado en ácido. Gracias a Dios los dos llegaron antes de que hiciera algo mucho más penoso.
2.
Estaba limpiado su pulcro departamento cuando llamaron a la puerta. Suspiró pesadamente y se encaminó a ver de quién se trataba. No esperaba visitas, pero tampoco le sorprendía que alguien llamase a la puerta. A veces la vecina del sexto piso subía a pedirle cosas con tal de verlo. Era una idiota, ¿qué no se daba cuenta de que había días en que otro hombre pasaba la noche en su casa?
Se asomó por la mirilla y fue ahí cuando le sorprendió ver a un muchacho castaño del piso de arriba. Si había ido a reclamar, se iba meter en serios problemas. Abrió la puerta y encaró a su visitante, quién le sonrío amablemente.
—Profesor Rivaille, buenos días.
—Buenos días— Contestó. —¿Qué quieres?
—Yo…vengo a disculparme por lo que ocurrió el día de ayer. Creo que nos excedimos un poco con el ruido.
Aquello sorprendió a Rivaille, aunque no demasiado. Finalmente se trataba de otro bien educado hijo de papi como Erwin.
—No es la primera vez que hacen un escándalo del demonio. También existimos los que trabajamos todo el día y necesitamos descansar durante la noche. Hasta cierto punto comprendo que sean jóvenes y estúpidos, pero eso no les justifica que puedan hacer todo lo que les place — Dijo, con cierta irritación. El muchacho de ojos verdes lo miraba fijamente, tan fijamente que parecía que deseaba comérselo. De alguna manera, le incomodaba.
Rivaille estaba acostumbrado a tratar con universitarios, conocía bastante bien cómo actuaban y pensaban…pero reconocía que aquella mirada nunca la vio en algún alumno suyo. A veces creía verla en Erwin… a veces.
—De verdad lo lamento…yo, quisiera negociar con usted— Le dijo, metiéndose las manos a la bonita chamarra de piel color marrón que había usado la noche anterior —Lo invitaría a pasar a mi departamento para hablar y tomar un café, pero no hemos tenido tiempo de limpiar.
Levi chasqueó la lengua y se apartó de la puerta para invitar al joven a pasar. Le hizo un ademán con la mano para que tomase asiento en los sillones de su recibidor. Eren obedeció, mirando el departamento con curiosidad. Muchas veces lo había imaginado, pero no se parecía en nada a sus fantasías. Abrió la boca para hablar, aunque Levi intervino.
—De beber sólo te puedo ofrecer refresco y agua. No tengo ánimos ni tiempo de preparar nada más.
—Agua está bien.
Levi se encaminó a la cocina, sirvió un vaso de agua y se lo llevó al muchacho. El otro joven lo recibió, rozando su mano con la punta de sus dedos. Levi creyó verlo sonrojarse y se sintió aterrado. No quería otro admirador como la chica del sexto piso. Menos uno al que seguramente le llevaba 10 años o más.
—¿Qué quieres negociar?
—El asunto de las fiestas— Dijo Eren, sonriendo. Estaba nervioso. Nunca había dialogado con aquél profesor. — Anoche me quedé pensando muchas cosas…por un lado nosotros queremos divertirnos, pero no deseamos ser una molestia tampoco. Entonces quiero saber, ¿qué le parece si nos toca a la puerta o nos llama cuando considere que estamos siendo demasiado escandalosos? No lo culpo ni le reclamo por llamar a la policía, pero le ofrezco que bajaremos el volumen si nos informa que es molesto.
Levi suspiró pesadamente, mirando al muchacho; apoyó los brazos en el respaldo de uno de los cuatro sillones individuales que había dispuesto alrededor de una pequeña mesa redonda para recibir a las visitas que no deseaba tener en su sala. No se había molestado en sentarse pues esperaba despachar rápido al menor. Sin embargo, algo en sus palabras o su forma de verlo le invitó a recordar las palabras de Erwin. Él también había sido joven, había sido desenfrenado, le había importado poco a quién se llevaba entre los pies en su relajo. Suspiró pesadamente.
—Bien, lo haré. Llamaré a la puerta o les llamaré por teléfono si no puedo subir. Necesito su número.
Eren sonrío de oreja a oreja. Cualquiera de las dos opciones le venía bien. Si él subía, iba a tener que separarse de su rubio amante para ir a callarlos…si le llamaba, obtendría su número. Aunque había una nueva oportunidad. Sacó su celular y miró fijamente al hombre de ojos azules.
—Si me da su número, puedo marcarle y así se quedará registrado mi número. Generalmente no consumo alcohol, así que puede contar con que estaré sobrio.
—Dame el maldito aparato. — Exigió Rivaille y Eren obedeció. Se sentía en la gloria por verlo teclear un número y marcar. Después colgó y le regresó al joven el celular.
—Ahí se quedó mi número.
—Gracias.
—Ahora vete, tengo mucho que limpiar.
Eren se tomó el agua que Levi le había servido y se puso de pie para ser encaminado a la puerta. Estaba intentando no sonreír como idiota por lo bien que había ido todo.
—Una cosa más, Profesor… he notado que a veces no acude a las juntas de vecinos y hay cosas importantes que se dicen. Sin intención de molestar ¿podría mandarle un mensaje con el resumen de lo que se hable?
Rivaille abrió más los ojos, sorprendido. ¿Por qué carajos el maldito mocoso estaba siendo tan agradable y buen vecino? Su actitud lo hacía sentir como un viejo del siglo pasado que juzgó mal a un grupo de buenos chicos que sólo festejaban el fin de una estresante semana.
—Me da igual. Haz lo que quieras— Espetó. No quería ser rudo, pero no sabía ser amable.
—Gracias.
Eren quería decir muchas cosas más, deseaba platicar de cualquier cosa con el mayor, deseaba conocerlo y que lo conociera. Incluso pasar sólo unos minutos más a su lado, en silencio. Sin embargo, debía ir paso a paso, como su amigo Marco. Si lo pensaba bien, aquella era la primera vez que se veían cara a cara el profesor y él.
—Por cierto, mocoso— Dijo Rivaille, mientras Eren se encaminaba a la escalera para subir a su piso. — No sé tu nombre.
—Eren Jaeger.
—Espero que nuestro acuerdo no te signifique hacer una maldita fiesta cada semana, Jaeger.
Eren sonrío al escuchar su apellido pronunciado por la masculina voz de Rivaille. Negó con la cabeza, sonriente. Las mariposas habían infestado sus entrañas y temía que si abría la boca saldrían disparadas, como en las películas de terror.
Rivaille, por su parte, sonrío de una manera socarrona y le dio la espalda al joven. Cerró la puerta a sus espaldas. Eren Jaeger… así se llamaba el maldito mocoso que vivía en el piso superior con un amigo, amante o algo. No es que le importase su nombre ni lo que hacía, pero al menos ya sabía a quién podría maldecir en caso de que su techo y sus paredes volvieran a sacudirse como si hubiese un terremoto.
3.
Las horas pasaron y Levi por fin terminó su rutina de limpieza. Se acostó en su cama para leer una novela que llevaba días intentando retomar. Se perdió en la lectura e incluso se olvidó que Erwin había prometido escribirle. Cuando anocheció, tomó su teléfono y revisó los mensajes. Tenía dos llamadas perdidas: una de Erwin y la otra de un número que no conocía…recordó la visita del muchacho y decidió guardar el número. "Mocoso de arriba" nombró al contacto. No necesitaba más para referirse a él y estaba seguro que no olvidaría su nombre. Incluso había guardado el contacto de Erwin con la etiqueta de "Cejón". Con algunas personas, Levi prefería usar motes.
Sonrío y marcó el número de su amante, esperando que el idiota no quisiera ir a su casa a esas horas. Tres timbrazos y Erwin contestó, con esa voz sensual que solía susurrarle indecencias al oído.
—Pensaba que no ibas a llamar— Dijo Erwin, al otro lado de la línea.
—Estaba leyendo.
—…Quiero verte de nuevo, Levi.
—Ya sabes dónde vivo, Erwin— Le contestó, altanero y burlón. ¿Verlo? Lo que Erwin quería era tener sexo. Cuando estaban juntos, era lo que hacían.
—No puedo ir, quedé con mi madre que esta noche iba a cenar con ella.
—Es una pena. Hoy no hay ninguna fiesta en el piso de arriba que me ponga de malas.
Erwin se rio al otro lado de la línea, mientras Rivaille sonreía. Tenía una risa agradable, le gustaba oírla.
—Puedo ir a media noche.
—Ya voy a estar dormido.
—No actúes como un anciano.
—Y tú no seas como un adolescente. Nos veremos mañana para desayunar.
—¿Y si pasamos el domingo juntos? Puedo dejarte dormir hasta tarde, incluso prepararte el desayuno.
A Levi le sorprendió aquello por parte de su amante. Vaya, eso sería un paso nuevo en la relación: follar, dormir y desayunar juntos. Meditó sus opciones…
—Olvídalo. Estoy muy cansado hoy como para levantarme a abrirte la puerta.
—Olvidas que tengo una copia de tu llave.
—Recuérdame cambiar la chapa.
—Entonces ¿qué dices?
—Estoy cansado, Erwin. Nos veremos mañana para desayunar.
—Bien. Si cambias de opinión espero me lo hagas saber.
Erwin colgó. En cuanto lo hizo, Levi se arrepintió. Pasar el domingo juntos era algo que nunca habían hecho, al menos no en el año que llevaban saliendo. Volvió a tomar su teléfono y escribió un mensaje para el rubio.
'Buenas noches, cejón'. Le escribió. El rubio contestó un par de minutos más tarde, un simple "ok", seguramente molesto porque su amante le había arruinado su pretexto perfecto para follarlo otra vez.
Levi suspiró pesadamente y se tapó los ojos con el brazo. Deseaba enamorarse de Erwin, sentir que su corazón se aceleraba con la simple idea de que él fuese a verlo. Recordó cuando lo conoció, cuando lo sedujo y lo empujó a ser infiel. Él tenía una vida antes de conocerlo, ¿no lo hacía eso responsable? Dejó el libro sobre la mesilla de noche y apagó la lámpara, pensó en intentar dormirse.
Ni siquiera entendía por qué había elegido a Erwin entre todos los malditos solteros disponibles. Quizá porque Erwin era guapo, sensual, tenía un aire de misterio y le gustaba la mirada penetrante que le dedicaba. Era como si sus ojos lo devorasen vivo y él quería sentirse abrasado por el fuego de esa mirada. Como amante no era el mejor. Parecía que toda su creatividad se enfocaba en llevarlo a la cama, nada más.
Y aún así, era culpa suya estar en esa relación que tenía como punto de partida la carnalidad. Ansioso al pensar en ello, volvió a tomar su teléfono para escribirle al rubio.
'Está bien, puberto. Pasemos juntos el domingo'. Escribió y suspiró pesadamente. Tenía que enfrentar su realidad: si quería enamorarse de Erwin, debía conocerlo más…y si no, de todas maneras ¿qué podía perder? Nada.
Erwin no contestó el mensaje, tampoco acudió esa noche. Levi se sentía decepcionado. Quizá debió aceptarle la invitación al cejón cuando hablaron por teléfono.
4.
Una semana. Había pasado una semana desde el día en que estuvo en el interior del departamento de Levi y muchas cosas habían cambiado. Cada que Eren y Levi se encontraban, lo saludaba y el pelinegro le respondía. Nunca pensó que un simple "Buenos días, Jaeger" bastaría para hacerlo sentir feliz todo el día. Recordaba su nombre, lo que suponía que ya no era sencillamente un simple fantasma con el que hablaba ocasionalmente.
Aunque no sólo era eso, sino que Erwin no había visitado a su amante aquella semana y tampoco había visto a Levi salir durante las noches. Eso significaba que no se habían visto. ¿Qué clase de amante dejaría a Levi tanto tiempo solo? Eren no se lo explicaba. Quizá hubiesen peleado, había escuchado mencionar a la vecina del quinto piso que Levi se veía muy de malas, aunque Eren no había notado algún rasgo excepcional en el humor del mayor.
Sea como fuere, Eren estaba complacido. Aquél lunes se despertó temprano, tomó un licuado y se colocó la ropa deportiva de la universidad. Bajo las escaleras a las 4:58 y el universo le sorprendió cuando se encontró a Levi saliendo de su apartamento. ¿Qué hacía el profesor saliendo tan temprano?
—Buenos días, Rivaille. — Le saludó. Había omitido llamarle "profesor" por petición del mismo Levi. Finalmente, no le daba clases.
—Buenos días, Jaeger— respondió, mirándole con curiosidad. Se había despertado temprano para ir a correr pues tenía mucho que pensar y correr lo relajaba, aunque no se imaginó que se encontraría con el mocoso tan temprano.
—¿Va a salir a correr? Nunca lo había visto tan temprano
—No lo hago seguido— Dijo, acercándose al elevador —¿Vas a salir tú también?
—Sí, pero bajaré las escaleras. Un poco de calentamiento previo.
Levi levantó las cejas y meditó las palabras del castaño, se encogió de hombros y volvió sus ojos en dirección del menor.
—Llevas una vida saludable. Salvo por tus fiestas.
Eren sonrío, encantado con el cumplido-reclamo. Parecía que la vida quería echarle una mano con eso de su enamoramiento, así que debía aprovechar esa oportunidad.
—Es bueno saber que no soy el único que acostumbra correr temprano…no sé, podríamos ir juntos. A veces me da un poco de pendiente ir solo.
—Sí …me parece buena idea. ¿Todos los días sales a las 5:00?
—Solía salir entre 5:30 y las 6:00 a.m, hoy adelanté media hora la rutina porque debo ir antes a la Facultad. Pero puedo modificar el horario de forma permanente. ¿Usted sale a esta hora?
—Cuando decida salir a correr, lo haré a estas horas. Bien, si vamos a ir juntos, bajemos entonces las escaleras…
Eren sonrío de oreja a oreja y le agradeció a la vida. Bajaron las escaleras en silencio. Al llegar al último piso, Eren notó que el mayor había disminuido el ritmo. Era obvio que no estaba acostumbrado, mientras que él sí. Eren le propuso conocer el camino que usualmente recorría a trote, Levi no se negó.
Estuvieron trotando juntos una hora en completo silencio. De vez en cuando intercambiaban alguna mirada, pero no más que eso. Eren se sentía en el cielo, Levi estaba complacido por la compañía del mocoso. Quizá verdaderamente lo había prejuzgado. Era un buen chico, aparentemente. Lo único que tensaba al mayor era la forma en que lo miraba, sus ojos verdes parecían un frondoso bosque que lo invitaba a perderse entre su maleza. Sacudió la cabeza ¿qué diablos estaba pensando?
—¿Qué edad tienes? — Preguntó el profesor cuando regresaban hacia el complejo departamental. Se había cansado del silencio entre los dos. Eren volvió los ojos hacia el otro hombre y se apartó un auricular del oído. Ni siquiera estaba escuchando nada, pero necesitaba parecer "normal"
—Cumplí 20 en marzo.
—Me imagino que estudias en la Universidad Sina. Creo que te he llegado a ver alguna vez…y estás usando el uniforme deportivo que llevan los alumnos.
—Sí, así es. De hecho estaba en la selección de básquet bol, pero tuve que dejarlo.
—¿Qué estudias?
—Ingeniería en biotecnología —Respondió Eren, sonriente y complacido por el hecho de que Levi le hubiese confesado que le llegó a ver. Eso era una buena señal.
—¿Por qué dejaste el deporte?
—Falta de tiempo. No podía acudir a los entrenamientos y estar cumpliendo horas en los laboratorios.
Levi sonrío y Eren lo imitó. Seguramente no iba a poder dormir esa noche por culpa de las emociones que estaba experimentando en esas primeras horas gracias al profesor. Parecía que el mundo conspiraba para hacerlo feliz.
—Yo también solía jugar básquetbol cuando estaba en la universidad. Tenía una beca que cuidar, una carrera que terminar y una selección a la que hacer ganar. Si de verdad te gusta el básquetbol, deberías buscarle el tiempo
Eren asintió, sonrojado por estar recibiendo un consejo del mayor. Sentía que su corazón iba a explotar. Le gustaba eso, le gustaba ir paso a paso aunque se muriese de ganas por besar a Levi, por perderse en el azul profundo de sus ojos.
—Lo haré…buscaré la manera.
—¿Siempre haces lo que otros te piden? — Se burló el pelinegro, mientras Eren se encogía de hombros.
—No… pero hay veces que me gusta obedecer.
Levi no pudo evitar sonreír por el comentario del universitario. Le agradaba, así que quizá no había sido mala idea aceptarle el trato de salir a correr con él y quizá no sería mala idea repetir la experienca. Entraron al vestíbulo del edificio y Levi sintió que su alma descansó. No tenía mala condición física, pero estaba cansado. No había dormido bien.
—Eren, voy a subir a mi piso usando el elevador. No quiero llegar agotado a la universidad, ya no tengo 20 años.
Eren soltó una risita que contagió a Levi. Había algo refrescante en esa risa y en la forma en que el muchacho parecía estar tenso y relajado al mismo tiempo. O quizá le parecía refrescante porque no eran expresiones que acostumbrase ver.
—Tendremos que entrenarlo entonces, Rivaille. ¿Nos vemos mañana?
—Hasta mañana, Jaeger.
— ¡Que pase un buen día!— Le deseó el menor y Rivaille se encogió de hombros mientras entraba al elevador y Eren se dirigía a las escaleras. Cuando estuvo a solas, esbozo una pequeña sonrisa. Checó su celular, no había mensajes de Erwin, ni de nadie más. Suspiró con fastidio y le escribió a una persona etiquetada como "cuatro ojos". Tenía que hablar con alguien.
5.
Cuando llegó a la Universidad, Levi checó su entrada en rectoría y se dirigió a la Facultad de Filosofía y Letras donde impartía clases. El campus universitario estaba compuesto por varias facultades y escuelas, así que era un sitio lo suficientemente amplio como para contar con varias cafeterías y lugares de esparcimiento. A Levi le gustaba eso.
A Medio día, aprovechó que tenía un par de horas libres para ir a la cafetería a tomar algún refrigerio. En el sitio se encontró con Hanji Zoe, a quién había mensajeado para pasar el rato. Los lunes era el único día en que coincidían sus horarios.
—¿Cómo va el romance de la historia? — Preguntó Hanji, pues ella había estado pendiente desde el inicio de la relación de Erwin y Levi. No es que fuese fan de la pareja, pero le daba gusto ver al chaparro un poco menos solo.
—Creo que Erwin está enojado
—¿Qué le hiciste?
—Debe pensar que lo evito. La semana pasada me rehusé a verlo en la noche del sábado, el miércoles cancelé nuestra cita y el viernes ni siquiera respondí sus llamadas. El fin de semana que acaba de pasar no me llamó ni una sola vez.
—Y tú tampoco, me imagino.
—Tenía que reordenar el armario y el estudio. Apenas tuve tiempo.
—Levi, así nunca vas a conseguir que ése hombre se enamore de ti. Así como le abres las piernas, deberías abrirte con él.
—No sé cómo.
—¿Por qué no tienen una cita? Es decir, no la típica cita dónde terminan follando en tu casa o la suya, sino una cita de verdad. Salir a platicar o algo, como amigos.
—Quizá debimos comenzar por eso, ahora es tarde. De alguna manera, toda cita que tenemos siempre termina igual: de la mesa a la cama o al sillón. Es nuestra rutina.
—Vas a acabar fastidiándote de eso o alejándolo a él. Cambia esa rutina, amante fálico.
Levi se encogió de hombros y pensó en las palabras de Hanji. Ya había cambiado su rutina lo suficiente por Erwin…¿tenía que ceder todavía más? Se encogió de hombros y tomó su celular para escribirle al cejón de mierda.
"Erwin, necesitamos hablar".
