Comprensión
Ilia estaba hecha una furia esperando a que Link terminara de llenar las alforjas que cargaba la pobre yegua.
Link, por petición expresa de la reina, duramente se había guardado la respuesta a la pregunta de Ilia.
-Ya puede haber un buen motivo para desposarte con esa en lugar de conmigo cuando apenas la conoces.
Guardó silencio.
-¿No vas a decir nada?
…
-Link, por el amor de Hylia, ayer me decías que me amabas y ahora te marchas para volver a saber cuándo.
Se sintió dolido y le dedico una mirada cargada de tristeza.
-Ilia-, cerró la última alforja y con paso firme se dirigió hacia la rubia, agarrándole el rostro con las manos-. Te amo a ti, y pienso volver en cuanto me sea posible.
Ella infló los mofletes en un acto infantil de rabia contenida.
-Más te vale.
-Vamos a casarnos, lo sabes.
-Eso si no te quedas con ella.
Link puso los ojos en blanco y la besó suavemente en los labios, en un acto de despedida.
-Si alguien mejor llega a tu vida, mi amor, no me esperes.
Ilia se echó a llorar mientras Link se daba la vuelta y tiraba de las riendas de Epona, camino al bosque y la dejaba allí, sola, al borde del berrinche.
Zelda lo aguardaba en las puertas del carruaje blanco, con un vestido fino, lleno de bordados, tal vez para recibir al consejo en palacio con urgencia para anunciar la inminente decisión.
Link se echó una ojeada.
Vestía sus mejores ropas, las ropas del héroe.
Pensó en la armadura mágica pero la vio demasiado ostentosa para la ocasión, de pronto se vio a si mismo ridículo. El vestido de Zelda, abultado y color hueso de finas gasas, vaporoso y lleno de ornamentos en hilo de oro y volantes caía como una nube iluminada por rayos dorados sobre su cuerpo, haciéndola si cabía, todavía más pálida.
¿Y él? Su ropa no era ni de lejos como la suya, su porte no era ni de lejos el de la regente.
Comenzó en ese punto a creer que no merecía nada de aquello.
Zelda se hizo a un lado, invitándolo a subir.
Link dejó a Epona en manos de Shad, quien encantado tomó las riendas de la Silver bay.
Cuando la procesión comenzó su regreso al castillo, Link, amargado, se había sentado en el carruaje, frente a la regente quien lo observaba suspicazmente mientras sostenía el diario con recelo y mimo entre sus delicadas y enguantadas manos.
-¿Vas a extrañarlo?
-Bueno, no sé, supongo que después de tanto tiempo sin salir de Ordon había llegado a estar algo aburrido. Me vendrá bien un cambio de aires.
Asintió aunque en el fondo se sentía dubitativa.
Suspiró, cansada.
-Me gustaría tanto a veces huir de mis obligaciones y descansar.
Link se sintió mal, porque sabía que la mitad de esas obligaciones eran cosa suya.
-Conmigo en palacio tendrás tiempo, Zelda.
Ella extendió una mano y le acarició el rostro.
A Link, por una extraña razón, se le terminó el aire.
Ella sonrió.
-Gracias, Link.
Se quedaron en silencio, Zelda aprovechó para observar el paisaje y, Link, como hechizado, se la quedó mirando…
Y es que la reina podía cambiar tanto de un momento a otro. A veces, lograba parecer un témpano de hielo, sabia, fría y recta, sin embargo, otras parecía una Hyliana más, una humana simple, alguien que realmente puede llegar a sentirse herida, alguien frágil, alguien que en realidad solo quiere ser lo que trata de esconder.
Zelda rompió el silencio, suspirando mientras los árboles se reflejaban en sus ojos zafiro con la luz del sol veraniega pegándoles de lleno.
-¿cómo debemos actuar ante el pueblo, Link?
Él negó con la cabeza.
-No lo sé.
-No quiero que piensen mal de ti, pero tampoco quiero que las malas lenguas digan cosas que no son ciertas.
-¿Qué clase de cosas?
Zelda suspiró por tercera vez y chasqueó la lengua seguidamente con fastidio, volviendo a ser humana y poniendo una mueca de desagrado en su rostro.
-A decir verdad, me han coronado, pero realmente hasta que no tenga un esposo no puedo reinar sin tener que estar bajo la supervisión del consejo y la aprobación de este mismo en cada decisión que tomo.
Es un fastidio el hecho de que tantos me hayan rechazado, pero es cierto que yo tampoco estaba en la posición de casarme, no sé, no me vi preparada…
-¿Rechazarte?
-Sí, no es la primera vez que intentan desposarme, Link. Y siempre termina igual, los hago enfadar porque una mujer no debe gobernar, una mujer debe ser sumisa.
-¿Crees que si ambos tomamos el trono eso no ocurrirá?
-Al menos, alguien tendrá que enseñarte a reinar, y prefiero que no sea nadie del consejo.
Link asintió, quedándose en silencio.
El camino era largo y el sol seguía su curso hacia el mediodía cuando la pradera de Hyrule comenzaba a divisarse próxima al cabo de largas horas en silencio, cuya única banda sonora era el crepitar del carro al andar y los cascos de los caballos golpear el suelo.
El carro se detuvo poco después de entrar en la pradera de pronto, extrañada, Zelda se inclinó por la ventanilla, inquirente.
Salma se acercó a ella.
-Si no le parece mal, Alteza, los caballos necesitan descansar y, ya que queda menos de la mitad del camino, podríamos detenernos aquí para comer algo, cerca de esa hermosa charca.
Salma señaló el pequeño afluente, que tranquilo, reflejaba descompuesta la luz blanca del sol, creando finos arcoíris.
Zelda miró a Link, pidiendo un mudo permiso y éste, como embobado asintió, reticente tal vez al hecho de poder imponer algo ante la reina.
Ella entonces miró a Salma y asintió positivamente y, abrió la puerta del carro, dispuesta a bajar.
Link la siguió, fijando la vista en cada movimiento del vestido de fina organza de ella, parecía centellear a cada movimiento.
Tragó saliva, tratando de ignorar su imaginación de como caería el cabello de la joven revuelto, como lo había visto aquella misma noche sobre la fina hechura del vestido que se ceñía sobre su cuerpo, y después, fino, como una cala caía ligeramente abultado hasta sus tobillos, adornado con distintos bordados finos en hilo dorado
Llevaba una capa que, curiosamente dejaba al descubierto sus hombros, observó lo etérea que era la caída ligera de la misma y volvió a pensar en cómo caería el cabello suelto de la joven sobre el fino tejido.
Pero esa no era su suerte, el pelo de la chica estaba recogido en una recta trenza, gruesa y de color canela.
Cuando la joven reina se volvió hacia él, éste trató de disimular, fijando su vista en los ojos de la chica, sintiendo vergüenza.
Zelda sonrió.
-¿Te gusta el vestido?
Link reparó entonces en la hechura del corpiño tan mágica, en la hermosura del cierre de la capa, que se cernía sobre el cuello de la joven, lleno de encajes, maravillado asintió.
-El diseño es increíblemente detallado.
-Lo he diseñado yo.
La miró a los ojos.
-Es una obra de arte… pero…
-¿Pero?
De pronto sintió que iba a soltar lo que llevaba un largo rato queriendo espantar de su cabeza.
-¡Oh! Nada, Zelda, mis gustos no son tan refinados como los tuyos.
Zelda guardó silencio, con miedo a preguntar y poco confiada.
El conductor del carro, se había dedicado a extender una manta sobre el pasto, apartada del resto para que, tal vez, ambos se sentaran a almorzar tranquilamente, cerca del agua.
Había una cesta con frutas y agua fresca en botellas de cristal.
Zelda se dejó caer, despreocupada sobre la gran manta extendida en el suelo, descalzándose sus botas finas sandalias en el acto.
-Odio cualquier zapato que no sean mis botas de cuero-, dijo, mirando a Link-. ¿Qué haces ahí parado? Ven a sentarte.
La gasa del vestido, desparramada, le daba al cuerpo de la joven un aire mágico.
Link con cuidado, se sentó a su lado y se recostó, dubitativo, tratando de no mirarla mucho.
Zelda volvía a parecer humana y joven.
Link suspiró, mirando a Zelda con cautela sin que ella se diera cuenta, deseando pedirle verla con el pelo suelto.
Desvió la mirada al cielo, atento a las nubes de pronto.
La chica conseguía hacer surgir preguntas en Link, cuestiones respecto a ella, a como era realmente y qué era lo que pensaba en cada momento.
El tutearse había obligado una cercanía, pero poco confiable, que comenzaba a arrastrarlos al miedo de poder dañarse mutuamente, al fin y al cabo, poco se conocían.
Zelda miró al joven fijamente mientras éste, mantenía la vista fija en el cielo azul.
-Sinceramente, envidio mucho a Ilia Link.
El chico entonces la miró, curioso.
-¿Porqué?
-Porque es muy afortunada al tener tu amor.
Link se sonrojó tantísimo que sentía sus mejillas arder.
-Bueno, ahora es ella la que te envidia a ti-. Rio link amargamente-. Al fin y al cabo eres tú la que ha de casarse conmigo si se da el caso.
Él, con una expresión triste, se sentó en la manta, Zelda lo siguió, mirando a lo lejos a Salma, que le hizo un gesto señalándole a lo lejos al chico con la mirada azul perdida en el horizonte, donde se vislumbraba cercana la ciudadela.
Entonces, se aclaró la garganta y clavó sus ojos en él, con un gesto dolido, le tocó el hombro.
-Sé que para ti nunca seré lo que es ella, pero si puedo hacer algo para que te sientas mejor, dímelo simplemente.
Link la miró, entonces tomó uno de los mechones que llevaba recogidos alrededor de su rostro y observó el complejo entramado que formaban los lazos que lo recogían.
Los ojos de Link, sinceros, se fijaron bien en los de ella.
Zelda se asustó. Nadie la miraba así, mucho menos siendo la reina, pero, por una extraña razón, viniendo de Link no le pareció tan mal.
-¿Cualquier cosa?
Zelda, tragando saliva, asintió.
Link sonrió, iluminando su rostro de una manera que a Zelda casi le pareció divina.
-¿Sería mucha molestia que te soltaras el cabello? Me gusta cómo te queda suelto.
Zelda, aliviada en el fondo, asintió, intentando borrar los nervios que sentía y comenzó, con cuidado a desatarse el pelo, deshaciendo las trenzas, la observó detenida mente y, aquellos movimientos se le hicieron familiarmente lejanos, como cercanos a otra vida y ajenos a la suya.
Cuando Zelda terminó, sacudió su pelo con sus dedos, mezclando los mechones y haciéndolo parecer más abultado.
-Te queda bien.
-Gracias.
Se estiró para coger una manzana de la cesta y tendérsela a él, pensando en lo muy real y sincero que se veía al tomarla de entre sus manos, con cierto sentimiento de libertad, mordiendo el fruto y desviando la mirada de ella.
Zelda deseó por un momento que Link no perdiera esa forma de ser tal y como ella lo había perdido.
-¿Cómo he de actuar ante el consejo, Zelda?
-Pues, no lo sé, pero siempre has de ser cauteloso a la hora de decir lo que piensas, pueden usarlo en tu contra.
Link asintió.
-Y… ante el pueblo… creo que…
-Sí, debemos actuar bien ante nuestros súbditos, Link. Y sobre todo, actuar como si fuéramos felices.
-¿Qué quieres decir?
Zelda se mordió el labio inferior nerviosa.
-Sé que es complicado para ti, pero… debemos actuar como si… estuviéramos enamorados de verdad.
Link bufó, preguntándose cómo podría él aparentar amar a alguien a quien apenas conocía.
Se miraron, siendo arrastrados por el silencio de la charla lejana de la resistencia, el crepitar de las ramas al chocar con el viento y el agua corriendo, intentando asimilar todo aquello.
-Créeme, no quiero que piensen mal de ti, no quiero que crean que te cases conmigo por interés.
Link desvió la mirada.
-Al fin y al cabo es lo que estoy haciendo, Zelda.
Ella estiró su enguantada mano y le acarició el rostro, alzándoselo, para obligarle a encontrarse con su mirada.
-Lo haces por tu bis abuelo.
-Y lo hago por ti, Zelda-, dijo él-. No quiero imaginar por todo por lo que has tenido que pasar… Siendo tan joven, sola, aceptando el trono…
Zelda, sin importarle nada ni nadie, con las lágrimas asomándose en sus ojos se lanzó al pecho de Link, callada y sabia, prudente pero herida por la mirada dolida de Link.
-Lo siento, Link, lo siento tantísimo.
El joven, siendo invadido por el sentimiento arcaico que lo inundaba cuando estaba con Zelda de aquella manera, se dejó llevar por aquel olor tan familiar que no había olvidado desde la primera vez que había conocido a la princesa, siendo él una bestia. Hundió los dedos en el cabello castaño de ella, absorbiendo bien su olor en una bocanada de aire.
-Te lo perdonaría todo, Zelda-. Soltó sin quererlo.
Ella se sonrojó contra su pecho, queriendo obviar que esas palabras eran solo para calmarla.
Se separaron, callados, sin decir más, comieron y, al rato, volvieron al carruaje sin mediar palabra.
Poco después habían llegado al palacio.
BUENO QUERIDOS, ESO FUE TODO POR ESTE TERCER CAP, SIENTO NO HABER PUESTO COMENTARIO EN EL CAP ANTERIOR PERO ME PILLÓ CON POCO TIEMPO PARA AÑADIRLO, LA VERDAD.
EN FIN, HE DE DECIR QUE ESTE CAPÍTULO HA SIDO SUPER TEDIOSO DE ESCRIBIR, UGH, LINK DESPIDIÉNDOSE DE ILIA Y LINK INTENTANDO ACEPTAR TODO LO QUE LE VIENE ENCIMA
(EN FIN, COSAS DE LA VIDA)
MUCHÍSIMAS GRACIAS A KAMILATANCHA06 Y A GHOSTAZ POR ANIMARME A CONTINUAR LA HISTORIA, HAN HECHO QUE NO TIRE LA TOALLA, MIL GRACIAS.
EN REALIDAD ESTOY DESEANDO DESARROLLARLA MÁS Y QUE HAYA ZELINK TOPE CHACHI PARA TODOS JAJAJAJA
EN FIN, SI LEÉIS ESTE FANFIC, PORFAVOOOOOR OS LO RUEGO, DEJARME UN REVIEW, ME GUSTA INTERACTUAR CON MIS LECTORES, AÚNQUE SEA MUY CORTITO Y ASÍ ME ANIMO MÁS A SEGUIR CON LA HISTORIA, ADEMÁS ES ALGO GRATIS Y NO CUESTA NADA DE NADA.
MUCHAS GRACIAS Y MUCHOS BESITOS!
YUMIVIGO
