Compañera Eterna
Link olía a bosque, a menta, a romero y a tomillo, también lo habían perfumado con aceites esenciales y a Zelda aquel olor le parecía una pérdida de sentidos.
Dibujaba con sus dedos en el cuerpo del joven, elegantemente vestido, como si su cuerpo fuera un lienzo en los que tanto le gustaba pintar cuando era más jovenzuela.
La besaba, acariciando descaradamente la tela del precioso vestido de novia que se ceñía al cuerpo de la reina, desesperado, queriendo mucho más.
Sus labios se separaron y se miraron a los ojos, respirando agitadamente y sonrojados.
-Link… yo…
El chico la interrumpió, agarrando su cuello y acariciando sus labios con los pulgares.
-Zelda…- susurró con voz grave, llevando una mano al cierre del vestido de la chica y jugueteando con este, mirándola a los ojos con las pupilas muy dilatadas.
La joven pensó en que jamás había visto aquella mirada en otra persona, profunda y fiera, pero dulce y herida.
-La primera vez que te vi, Zelda, observé una expresión tan triste en tus ojos, tan dolida, que se me encogió el corazón en el pecho… No sé, puede que pienses que es una locura, pero en el fondo de mi corazón me prometí a mí mismo que haría cambiar aquella expresión en tus ojos.
Zelda no dijo nada, solo se quedó callada, mirándole.
-No quiero que pienses que es mentira, Zel, te hablo de corazón… Poco a poco, cuando recuperaste tu reino, mientras estuve viviendo aquí aquella luz volvió a tus ojos. Pero poco después, cuando me fui para no regresar aquella luz volvió a marcharse…
No creas que no me he dado cuenta de eso, Zel. Por eso, necesito preguntarte, ¿Eres feliz estando aquí conmigo? ¿Eres feliz siendo mi esposa?
-Link-, profirió ella-. Yo… creo… que quiero pasar el resto de mis días a tu lado. No sé, te parecerá raro, pero… no quiero estar con otra persona que no seas tú. El resto de relaciones me parecen una pérdida de tiempo.
La miró sorprendido.
-¿Me quieres, Zel?
Ella le golpeó el hombro con la mano del revés, fingiendo enfado.
-Eres un necio, preguntándome eso-, soltó-. Te amo, Link. Eres mi amigo y mi compañero eterno y no quiero separarme de ti.
Link sonrió, robándole el aliento a Zelda.
-Quiero hacerte el amor.
-¿Ahora?
-Ahora.
Zelda, con la mente nublada lo besó desesperada, metiéndole las manos bajo aquellos ropajes que no hacían más que molestarla.
La piel de Link era suave y estaba marcada en arañazos, cicatrices y marcas de batalla. Zelda acarició cada pliegue, cada curva y cada hendidura, desesperando al chico que luchaba con su consciencia para mantenerse en la tierra.
Nadie nunca lo había tocado de esa manera, nadie jamás lo había besado así. Nunca le habían hecho sentir así.
¿Amigos? ¿Los amigos hacían eso?
Link tiró de la falda del vestido de Zelda hacia arriba y descubrió sus piernas debajo del voluptuoso cancán.
Eran dos columnas finas y firmes, que se estremecían ante el tacto de Link.
Zelda chasqueó los dedos y la ropa exterior de ambos desapareció.
Link se separó de su boca y la miró impresionado.
Ella arqueó una ceja con suficiencia.
-Mi mundo, mis reglas.
Link le agarró el trasero y estrujó las caderas de ella contra su construcción masculina, dejándole claras sus intenciones a la chica.
Ella, gimoteando, volvió a su boca, mordiéndole el labio inferior.
La ropa interior de Zelda consistía en un complejo corsé de encaje color crema que sujetaban sus pechos y cintura, unas finísimas braguitas del mismo tejido que, pobres, apenas dejaban a la imaginación de Link y unas medias que se sujetaban a unos ligueros, todo lleno de pedrería la hacía brillar deseable y arrebatadora.
El cabello castaño caía suelto y desordenado por su cuerpo.
Link sintió su miembro palpitar dentro de sus apretados calzones de algodón que comenzaban a molestarle.
Gruñó, besándola de nuevo y alzándola en peso sobre sus caderas.
Zelda arqueó la espalda entre los brazos de Link, y éste aprovechó el momento para comenzar a dejar un rastro de besos húmedos por la piel de su cuello y clavícula.
Clavó las uñas en la ancha espalda del chico, desesperada, buscando aire que creía faltarle.
-Dime que me quieres, Link-. Susurró ella.
Con delicadeza y entre besos, la tumbó en la cama y se posicionó sobre ella.
-Te quiero-, dijo, besándole el cuello, borracho en el suave olor de la reina.
Con manos delicadas, comenzó a desatar el complejo corsé, dejando un beso y un te amo sobre la piel que iba quedando poco a poco al descubierto.
Cuando abrió la entretelada tela sobre el pecho de ella, descubriendo su busto, se quedó maravillado observándola.
Aquella imagen era digna de una diosa, no de una mortal.
No la merecía.
Los amigos no hacían eso.
Los amigos no sentían eso.
Gruñó, apretando su hombría contra la encharcada braguita de ella y la besó sediento de su saliva.
Cuando se separaron la miró a los ojos y le acarició los cabellos que caían sobre su frente, ondulados, retirándoselos.
-Sé mi esposa-. Dijo, borracho en ella.
Ella rio atontada, perdida en la mirada opalina de él.
-Ya soy tu esposa.
-No me dejes jamás.
-Nunca.
Link la abrazó y tuvo la maravillosa sensación de estar piel a piel con ella. Suspiró, porque en su interior un sentimiento añejo despertó. Un sentimiento maravilloso que se revolvía.
No, eso definitivamente no lo hacían los amigos, pero no quería admitirlo.
Aquello no estaba bien tampoco, pero no quería admitirlo.
-¿Qué me estás haciendo?
Ella suspiró, acariciándole la espalda delicadamente, disfrutando de la deliciosa sensación.
-Ojalá pudiera darte todo lo que alguien como tu merece, Link.
La apretó más contra él, loco en desesperación por hacerla suya y tragando saliva, acariciando la espalda de la chica con las palmas abiertas, absorbiendo el olor de tu pelo.
-Soy un simple aldeano que no merece nada.
No la merecía, jamás sería merecedor de ella.
Pero quiso ser egoísta por una vez.
La volvió a recostar a su merced en la cama y comenzó a besarle el cuello, la clavícula, el pecho. Comenzó a morder los botones rosados que adornaban su busto suavemente, haciendo que la chica se retorciera de placer y pegara sus caderas a las de él.
Zelda calló un te amo mientras Link acariciaba su torso desnudo.
Se quedó quieta, agarrando las sábanas. Quería ceñirse a lo que le habían dicho las experimentadas doncellas que habían hablado con ella: "Su ahora majestad debe darle permiso para poder tocarle".
Link, con una punzada de culpabilidad, agarró las manos de la joven y las puso sobre la piel descubierta de su propio cuerpo.
-Te quiero mucho, Zelda, no te sientas obligada a seguir sus estúpidas reglas. Quiero que seas feliz.
Ella sonrió mirándole a los ojos.
-Estar contigo es lo que me da alegría, Link.
Los amigos sentían aquello, sí, eso sí.
Pero Los amigos no sentían unas irrefrenables ganas de besar a la persona que decía aquello. Al menos hasta donde Link entendía.
No se lo pensó mucho cuando entre besos, mordiscos y caricias le quitó las delicadas braguitas a Zelda, no se lo pensó mucho cuando comenzó a tocarla y ella se derramó sobre las sábanas revueltas, mojándolo todo.
Link no pensaba, solo sentía.
Sentía a Zelda derramándose en la sábanas, retorciéndose bajo su tacto, la sentía cerca, más cerca que nunca, pero no lo suficiente.
Link por supuesto había tenido algún tipo de contacto de ese estilo con su ex compañera antes, pero jamás había sobrepasado aquella línea. Nunca había sentido lo que ahora sentía.
De pronto en su mente realizó que ahora Ilia era su ex compañera, que ya no estaría con ella jamás, y que deseaba no volver a estarlo.
Qué cruel, pensó, ella lo estaba buscando y él con otra mujer.
No le importó.
Para Zelda todo, absolutamente todo era nuevo.
Bajo el contacto experto del joven se deshizo y llegó al clímax un par de veces, la primera fue suave. En la segunda, Link le había introducido los dedos y jugueteado con el botón de su feminidad. El orgasmo llegó brutal y empapó todo.
Se sentía húmeda y caliente.
Hablando de la intimidad de la regente podía deducirse que jamás había ensuciado su propia pureza (lo cual era obvio en una joven que jamás había estado interesada en chicos en aquella edad), pero se equivocaban. Zelda pensaba demasiado en Link y de una forma muy poco propia a veces. Despertaba sudada muchas noches entre las sábanas, imaginándose al rubio tocándola como lo estaba haciendo en aquel momento, llenándola con su cuerpo, haciendo que la joven se despertara sedienta de placer y obligándola a buscar maneras de calmar ese deseo carnal y pecaminoso. Pero no podía compararse a la sensación que sentía en aquel instante.
Ni los sueños ni su imaginación se le acercaba en absoluto.
Link entonces se quitó de encima y agarrándola de las caderas la puso sobre él.
Ella, frenética, empujaba su humedad contra el gran bulto que se formaba en los calzones del chico, mojándolos con su flujo.
Link le besaba el cuello a la joven, desesperado y ella correspondía mordiéndole el pescuezo delicadamente y tirándole del cabello al joven entre gemidos.
Link no podría soportarlo mucho más si seguían en ese ritmo.
Leyendo la mirada de Link, Zelda le quitó los calzones.
Se abrazó al cuerpo del chico, mareada e impresionada.
-No tengas miedo, Zel-. Dijo-, no voy a hacerte nada que no quieras.
Lo miró a los ojos.
Hinchó el pecho.
Ya estaba, no tenía nada más que perder.
Zelda se sentó sobre la construcción de Link, llenándose de él repentinamente.
Le dolió.
La sensación era nueva y extraña, sin embargo no se quejó ni un ápice.
Link se quedó quieto, callado y mirando al techo de la estancia, perdido en Zelda. Cerró los ojos.
Ella comenzó a moverse, acostumbrándose a la invasión de Link en su cuerpo, al rato dejó de sentir dolor y apretaba más las caderas contra el joven, quien solo atinaba a agarrarse a las húmedas sábanas y retorcerse bajo el contacto que había establecido con Zelda.
Salvajemente, tomó a Zelda de la cintura y le dio la vuelta a la situación.
Zelda gimoteó como un gatito pidiendo cariño.
Entonces él comenzó a moverse con mayor precisión dentro de ella, despacio y potente, invadiéndola por completo mientras se deshacía en caricias y besos sobre el cuerpo de la chica.
Una nueva sensación invadió a Zelda, una sensación arcana y lejana pero a la vez real, pues no solamente sentía un lazo carnal con Link, sino algo más potente, un lazo emocional y espiritual.
Los gemidos del chico eran delicias para los oídos de Zelda quien también le seguía la corriente. A veces había llegado a alzar la voz, tal vez gimiendo demasiado fuerte.
Link no pudo aguantar más el ritmo y comenzó a dar estocadas mucho más rápidas y fuertes, alzando las piernas de Zelda sobre sus hombros para llegar a lo más profundo de ella.
-Me voy a ir-, gimoteó él
Zelda lo agarró de las manos
-Yo también.
Y juntos se derramaron el uno en el otro, uniendo su esencia y su alma.
Link se desplomó junto a la chica al cabo de un rato y se abrazó a ella, besándole los hombros.
-Te quiero mucho, Link.
-Y yo a ti Zelda.
-¿Es tu primera vez?
Link se sonrojó ante la pregunta.
-Sí. ¿Y la tuya?-Preguntó en un hilo de voz.
Ella se echó a reír.
-Obviamente. Antes de tu llegada era gracioso escuchar a la gente de la ciudadela cotillear que me acostaba con mil hombres y que luego los largaba de mi castillo.
-Vaya pueblo.
-Yo solo podría entregarme a alguien a quien realmente apreciara de verdad.
-¿Y me aprecias?
Zelda, sonrojada, se volvió a mirarle.
Tragó saliva, quería confesarse.
-¿Crees que no lo hago?
Link la abrazó contra su pecho desnudo y divertido le revolvió el pelo.
-Yo lo hago, Zel. Yo te quiero muchísimo.
Ella se incorporó un poco para mirar al chico bien a los ojos, zafándose ligeramente de su agarre.
-Bésame.
Tiró de ella hasta apretar los labios de ella contra los suyos y comenzó a devorarlos de manera salvaje, jugando con la lengua en el interior de su boca, ahogándola en un sentimiento abrumador.
Cuando se separaron les faltaba el aire, se miraron a los ojos, sonrojados y abrazados, piel con piel.
-Estoy agotado pero te volvería a hacer el amor, Zelda.
Ella frunció el ceño.
-No ha sido hacer el amor, Link-. Soltó en un hilo de voz, apenada-. Ha sido tener sexo.
Él la miró a los ojos, confuso, porque sabía que en el fondo había comenzado a amarla desde el primer momento en que la vio.
-Creí que me querías, Zelda.
-No basta con querer, Link… Tienes que amar a una persona.
-¿Y tú no me amas, Zel?
Ella tragó saliva.
-¿Qué hay de ti, Link?
-Estoy confuso Zelda. Lo que siento por ti jamás lo había sentido por nadie. A penas nos hemos estado conociendo y, sin embargo, siento que algo me une a ti. Eres mi mejor amiga, siento que eres mi compañera eterna.
Se sonrojó y hundió la cara en el pecho de Link, haciendo que sus propios cabellos ocultaran la sonrisa que le producían tales palabras.
-Entonces, quédate siempre a mi lado, Link.
-Te lo prometo, Zelda.
BUENO CHICOS, ¿QUERÍAIS LEMON? PUES ALA, AHÍ TENÉIS.
SIENTO MIL Y UNA VECES NO HABER ACTUALIZADO ANTES, PERO ACABO DE COMENZAR LAS CLASES Y MI LINK Y YO ESTAMOS A TOPE CON LA ACTUACIÓN PARA EL CONCURSO DE COSPLAY (ESTOY TAAAAAAAAAN NERVIOSAAA)
BUENO. LE DEDICO ESTE CAP A MIS QUERIDAS GODESS ARTEMISS Y SHELFU.
Y COMO SIEMPRE GRACIAS POR EL APOYO A GHOSTAZ, SAKURA XD Y A KAMILATANCHA06. GRACIAS POR ANIMARME A SEGUIR ESCRIBIENDO.
¡TAMBIÉN GRACIAS A LEO2008 POR COMENTAR!
RECORDAD QUE ME ENCANTARÍA QUE ME DEJARAIS VUESTRA OPINIÓN EN LOS COMENTARIOS. QUE ME ANIMAN MIL A SEGUIR ESCRIBIENDO, Y QUE MUCHAS GRACIAS A TODOS LOS QUE LO HABÉIS HECHO DESDE EL PRINCIPIO!
SALUDOS Y BESITOS A TODOS:
YUMIVIGO
