El nombre de esta historia fue gracias a ValentinaRui
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. -indica cambio de escena.
—Indica el pasado. –
—indica tiempo actual-
—"Indica diálogo de bestia interna".-
"Indica pensamientos"
1
El gran demonio miraba a la chica al frente intentando recordar si le conocía pero no lo lograba, la azabache vestía muy indecente para él, no era normal mirar a una mujer enseñar mucho sus piernas, eso era clara señal de insinuación.
— ¿De donde vienes? -preguntó con desconfianza.
— Soy una sacerdotisa y he viajado desde muy lejos. -explicó ella.
— Si eres una sacerdotisa, ¿porque me has ayudado? Somos enemigos por naturaleza. -expresó el con algo de confusión.
Ella sonrió antes de contestarle—. Yo soy distinta a todas las demás sacerdotisas.
Él alzó una ceja en señal de duda.
— Mire general, yo sé que usted no es malo y, por lo tanto yo no tengo porque hacerle daño. -explicó con simpleza ella.
El gran general sonrió, la chica había ganado un punto a su favor.
— Eres una muchacha muy noble. -alagó.
— ¿Por qué estaba herido? -preguntó ella cambiando de manera brusca el tema.
El poderoso demonio agachó la mirada no quería recordar aquello.
— He salvado la vida de mi segundo hijo. -fue su respuesta a lo que la azabache abrió sus ojos como platos dejando así evidente su sorpresa.
— Pues ahora debería regresar con su familia. -habló girándose para quedar de espaldas al general.
"¿Qué me pasa?" se preguntaba ella una y otra vez.
El general siguió atento cada movimiento que realizó la chica—. Por el momento me quedaré lejos de ellos.
Esa respuesta extraño a Kagome haciendo que girara a verlo.
— Ahora que nos conocemos mejor, ¿podrías contarme más sobre tí?
Kagome lo pensó unos segundos y luego sonrió.
— ¿Qué es lo que quiere saber?
— Todo.
Kagome suspiró—. Mi nombre es Kagome Higurashi y tengo diecisiete años y soy una miko y la guardiana de la esfera de los cuatro espíritus.
El hombre frente a ella la miraba procesando cada palabra ahora sabía porque su aura era tan poderosa, ella era la legendaria miko guardiana de la poderosa joya.
— ¿Porque vistes así?
A pesar de haberle confiado muchas cosas había omitido el hecho de que venía del futuro.
— De donde vengo las mujeres visten de esta manera. -explicó.
El general sonrió algo de esa chica le atraía pero no lograba descifrar que era.
— Pues aquí esas ropas son clara señal de insinuación o de mujeres salidas de un harem. -trató de explicarle el porqué de su extrañeza al verla vestir tal ropa.
— Es verdad con el apuro de salvarle la vida me olvide de quitarme esto. -caminó hasta su mochila sacando un kimono que su madre le había regalado al cumplir los diecisiete.
— Eres una joven llena de sorpresas.
Kagome le sonrió con ternura.
— Iré a tomar un baño hay un manantial a tan solo unos minutos de aquí. -avisó a lo que el platinado asintió.
— Sería una molestia si te acompaño?
Los colores se le subieron al rostro a la azabache, no esperaba esto del yokai.
— No me malinterpretes yo no miraré solo estaré ahí por si ocurre algo.
La chica más tranquila asintió sabía por aprendizaje propio que los Inus eran testarudos y no aceptaban un "no" como respuesta.
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— No sé porque de donde vienes usan ropas tan feas, si esa que traes te hace lucir más hermosa.
— Hay General Taisho qué ocurrencias tiene. -ella negaba mientras se reía por las palabras del albino.
— Yo solo digo la verdad. -continuó él mientras una sonrisa se formaba en sus labios.
Ambos se miraron y rieron.
"Esta mujer me atrae" - habló de repente la bestia del mayor haciendo que su risa parara.
"¿Qué haces tú despierto?" -inquirió con molestia.
"Ella es la indicada, ¿es que acaso no te has dado cuenta?"
"Ni siquiera la conocemos bien"
"Pero para eso hay mucho tiempo" -fue lo último que dijo su bestia para después dormir de nuevo.
— ¿Se encuentra bien General? -preguntó Kagome preocupada.
— Perfecto Kagome. -contestó haciéndola sonreír.
Kagome le miró con detenimiento para después salir corriendo—. ¡No me alcanza! -gritó cual niña.
El Inu la miró divertido—. ¡Vuelve aquí! -corrió tras de ella.
Kagome corría entre los árboles sabía que el platinado la estaba siguiendo podía sentirlo detrás de ella, cada que podía intentaba aumentar su velocidad, iba riendo feliz disfrutando de aquel juego que tenía con el yokai.
Por fin la había alcanzado, él se encontraba sobre ella ambos reían divertidos, ambos se pusieron de pie sacudian sus ropas.
Iban caminando de regreso a la cueva ambos platicaban animadamente sobre cosas triviales que les habían sucedido a ambos. Una vez dentro de la cueva ella preparó la cena y se sentaron uno frente al otro a comer.
— Tus hijos no se parecen en nada a tí. -susurró Kagome para ella misma pero él la escuchó perfectamente.
— ¿Por qué dices eso? ¿Acaso los conoces? —inquirió con extrañeza—, ¿De donde vienes en realidad Kagome?
Esta vez sí había metido la pata, se acababa de meter en un serio problema.
¿Les gustó?
¿Ahora que hará Kagome?
No se olviden de dejar sus sugerencias y si encuentran algún error hacérmelo saber.
Sayonara RT.
