Disclaimer: Los personajes de Inuyasha no me pertenecen sino a Rumiko Takahashi.

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. -indica cambio de escena.

Indica el pasado.

—indica tiempo actual-

—"Indica diálogo de bestia interna".-

"Indica pensamientos"

7

Era un hermoso día, Kagome caminaba por los hermosos jardines del palacio del oeste acompañada por Rin, que no dejaba de saltar y cortar flores para trenzar y hacer una corona de flores.

El día de su boda ya había sido fijado para dentro de dos días y estaba sumamente nerviosa, no sabía porqué pero lo estaba, le gustaba pasar tiempo con él trío de inus que parecían un trío de niños pequeños e indisciplinados.

La labor de Kagome empeoraba cuando la hora de comer llegaba, eran de muy buen comer todos, en especial Inuyasha, era como un barril sin fondo. Tuvo que recurrir a comida de su época y grandes cantidades de comida, con eso conquistaba el estómago de los tres hambrientos machos y se ganaba su admiración.

Grande había sido la sorpresa de Kagome al vivir al lado de Sesshomaru y poder presenciar lo que, ni en sus más locos sueños, habría imaginado era todo lo contrario a cuando estaban fuera del castillo o con alguien distinto a su familia, esto la ponía feliz, ese era el Sesshomaru joven que conoció.

— Señorita Kagome. -llamó la pequeña sacándola de sus pensamientos.

— ¿Sí? -preguntó mientras se agachaba para estar a la misma altura.

— Si usted se casa con el abuelo ¿será mi abuela? -preguntó con curiosidad mientras un pequeño rubor se adueñaba de sus mejillas.

— Así es, ¿no te parece lindo? -preguntó con ternura.

— ¡Es fabuloso! -saltó la pequeña para colocarle la linda corona de flores que había terminado.

La pequeña Rin corrió alegre en el jardín al saberse parte de la familia.

— Es tan linda. -habló alguien al lado de Kagome.

Kagome miró a Sesshomaru a su lado, se veía tan relajado.

— En efecto, Rin me recuerda a mi cuando era niña. -rió mientras miraba a la niña.

— Si yo no supiera que es huérfana juraría que son madre e hija. -se burló el demonio- Solo espero que los hijos que tengas no sean tan traviesos.

Dicho esto llamó a Rin y se retiró dejando a Kagome en un estado de shock por sus palabras.

"¿Eso qué quiere decir?" -se preguntó a ella misma.

"Creo que es más que obvio" -le respondió su bestia.

Kagome no pudo evitar ruborizarse.

Minutos atrás llegó Toga y se llevó una alegre sorpresa al ver que su primogénito platicaba abiertamente con su futura esposa, él llegó al final de la conversación llevándose una grata sorpresa.

"Él espera más cachorros" –comentó feliz.

"Eso quiere decir que debemos darnos prisa" -alentó su bestia.

Inu Taisho dejó de lado la charla con su bestia y se aproximó a su amada.

— ¿En qué piensas, Kagome? -preguntó cuando llegó y le abrazó por sorpresa.

— Oh solo pensaba en cómo serían nuestros hijos, si es que quieres tener más. -habló algo cohibida.

— Kagome ¡Claro que quiero más! ーespetó con alegríaー, quiero tantos cuantos me des. -y finalizó aquello con un casto beso.

— Me haces tan feliz. -susurró la mujer entre el beso.

Ambos entraron tomados de las manos con una sonrisa, sonrisa que se rompió al ver a Inuyasha.

— ¡Kagome! -gritó él hanyō al verla entrar, venía hecho un desastre.

— ¡¿Qué estabas haciendo!? -preguntó furiosa.

Tōga no pudo evitar soltar una risotada cuando vio cómo estaba su hijo ante las palabras de Kagome.

— Yo… -el joven hanyō no pudo terminar de explicar porque fue mandado cara al suelo.

Esto hizo que Taisho mayor riera aún más.

— Inuyasha iras a bañarte ahora mismo y te quedarás sin cena. -ordenó furiosa.

Inu Taisho no pudo evitar dejar de reír su segundo hijo era todo un espectáculo. Y si así era ella con sus dos hijastros no quería saber cómo sería cuando tuviera los propios.

Cuando ella regresó a su lado estaba completamente calmada, como si nada hubiera pasado.

"Está mujer me va a volver loco"

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— ¡Se ve realmente espectacular! -exclamó Rin emocionada al ver a Kagome vestida de blanco, lista para la boda.

— Rin tiene toda la razón Kagome. -apoyó Sango que le daba los últimos toques a su peinado.

— No es para tanto. -sonrió ella restándole importancia a las halagadoras palabras de ambas mujeres.

Todas rieron ante aquel comentario de la yokai.

— Vamos Kagome que él te espera. -guiño el ojo mientras le tomaba de la mano para llevarla fuera del cuarto.

Rin traía una linda canasta con pétalos rosados y rojos que esparcirá en el jardín justo por previo camino de la novia.

Kagome iba del brazo, por petición de ella, de Sesshomaru; una enorme sonrisa adornaba sus labios.

Tōga estaba de espaldas a ella y, de tan emocionado que estaba ignoraba su presencia en el lugar. Kagome aprovechó el "elemento sorpresa" para acercarse al Taisho mayor. Una vez a su lado tuvo que tocarle el brazo a Tōga para que se diera cuenta de que ella ya estaba ahí.

La mirada del platinado brilló al mirar a su futura compañera, era hermosa.

"Sin duda es la correcta" -habló la bestia mientras él contemplaba a la mujer que se convertiría en su compañera.

"Hump" -Inu Taisho le dio la razón a su bestia.

— Sean bienvenidos el día de hoy todos ustedes, donde esta pareja de yōkais se unirán en un solo ser.

Comenzó a hablar un viejo demonio perteneciente a la gran corte de yōkais.

— Si alguien se opone a esta unión hablad ahora o callad para siempre. -habló otro yokai a su lado derecho.

— Llegó la hora, cada uno hará un corte sobre su mano derecha y dejará caer su sangre dentro de la copa que tienen al frente. -explicó un tercer yokai de la corte.

Kagome fue la primera en hacerlo, la pequeña copa de oro con una luna menguante en ella se llenó de su líquido vital, y después la tomó en sus delicadas manos para girarse hacia Tōga, con una linda sonrisa en sus labios.

— Cada uno ofrecerá su sangre.

Kagome aproximó la copa hasta el rostro del macho y lo mismo hizo Tōga. Ambas copas les rozaban los labios.

— ¡Bebedla! -ordenó el demonio más anciano de la corte.

Cada uno bebió la sangre del otro para al terminar sentir un palpitar en su cuerpo.

— ¡Os declaro emparejados!

Todos gritaron ante las palabras, pero tanto Kagome como Tōga sabían que aún no eran pareja del todo, este solo era el lazo de sangre.

Al instante Tōga besó a Kagome reclamando la como suya.

Un gran baile se hizo en honor al emparejamiento del Lord del Oeste, todos los lores del resto de los puntos cardinales asistieron. Todos quedaron encantados con la nueva lady, era todo lo contrario a las yōkais que se educan para ser pareja de algún lord.

— Es toda una joya. -elogió el Lord del este.

— En efecto, y resplandece cada vez más. -apoyó el Lord del sur.

— Muchas gracias por recordármelo, Daichi, Ryujo.

Todos miraron a Kagome que disfrutaba bailando con el pequeño Shippo en sus brazos.

"Ella quiere a ese cachorro" -habló la bestia de Taisho mayor.

"Quizá el pequeño quiera vivir aquí"

Caminó hasta posarse al lado de su mujer.

— Kagome, ¿Puedes permitirme hablar con él pequeño a solas?

Kagome sonrió y aceptó gustosa.

— Cariño Tōga quiere hablarte, regreso en un momento.

Y se fue dejando a ambos machos solos. Tōga le ofreció su mano al pequeño zorro, que aceptó con algo de miedo, Tōga de inmediato lo tomó en brazos y lo llevó al jardín trasero.

— Pequeño ¿qué relación hay entre tú y mi mujer? -preguntó.

El kitsune se puso nervioso ante aquella pregunta. — Yo… ella es mi mamá. -espetó con alegría el pequeño.

Tōga le sonrió de la manera más comprensiva.

— ¿Te gustaría vivir aquí, con nosotros?

A Shippo se le iluminó la mirada, es pregunta le había hecho feliz.

— ¡Sí! -respondió saltando a los brazos del Inu.

Ambos regresaron al gran salón de baile y se encontraron con Kagome bailando con Sesshomaru de la manera más galante.

"Se nota que él la quiere" la bestia estaba pendiente.

"Sí, jamás imaginé que mi frío hijo bailaría de esa manera con su madrastra"

Luego llegó Inuyasha y pidió la mano de Kagome a su hermano, ahora su segundo hijo bailaba con ella, se veían tan felices. Él comenzó a caminar hasta ellos para pedir la mano de ella y poder bailar con su esposa.

— Kagome. -susurro a la oreja para después morderla.

— Mmm… -fue lo único que salió de la boca de Ella al sentir la caricia.

— Te amo.

Ambos continuaron bailando por un largo rato.

La hora de despedir a todos los invitados había llegado y con ello la hora de dormir, había sido un día en extremo cansado.

— ¡Kyle! -llamó el general perro.

— ¿Si señor?

ー Prepara una habitación para Shippo que desde hoy vivirá con nosotros.

La sonrisa de Kagome se ensanchó y sus ojos brillaron ante tal noticia.

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Kagome comenzaba a desvestirse cuando una gran mano se posó sobre la suya.

Levantó la mirada y de inmediato chocó con la dora de él. Las palabras sobraban un beso era lo que ambos pedían en silencio. Sus alientos comenzaron a chocar, sus labios entreabiertos ansiando un beso.

Se miraron lo que parecieron horas, tanto que el deseo fue creciendo a tal grado que ella fue la que cortó la poca distancia entre ambos.

El beso fue lento al principio luego se convirtió en uno hambriento. Lento fueron recostándose sin romper el beso.

El deseo de sentirse más íntimamente se fue apoderando de sus cuerpos sacando sus más sentidos más animales, lo que sentían ahora no era solo pasional, era más allá. Lentamente las ropas fueron siendo quitadas y lanzadas por la habitación sin pudor alguno. Ambos estaban en una pequeña "burbuja" dónde solo ellos existían.

Los labios de Inu Taisho abandonaron los labios de ella para comenzar a descender por el cuello, lugar que fue preparando para llevar su marca, con una de sus manos se apoderó de uno de esos montículos de carne que se erguían para él, montículos del tamaño perfecto para agarrar entre sus manos, los apretó ligeramente para después capturar entre sus labios uno de los pequeños botones rosados que se erguían a él, al instante en que toco con su boca aquel lugar ella soltó un sonoro gemido que fue adorado por el platinado, continúo aventurándose en el cuerpo de su primeriza esposa dejando pequeñas marcas rojas hechas por su boca. Los gemidos de Kagome inundaban toda la habitación. Cada uno en respuesta a las mil sensaciones que el albino le producía.

Justo cuando él comenzó a invadir con sus dedos su zona más íntima le beso para callar el fuerte gemido de placer que la invadió en ese momento. Las caderas de ella comenzaron a menearse al mismo ritmo que los dedos del lord dentro de ella, ansiando más y por primera vez tocó el cielo, jadeante como pudo sacó fuerzas para girarlos y, así, ella quedar sobre él.

Con una sonrisa en sus labios contempló a su mujer que se mordía su labio haciéndola ver más sexy, haciendo movimientos circulares con sus caderas sus intimidades se rosaron haciendo que el macho soltara un gruñido, esto la animó a continuar con sus planes y con su lengua hizo un camino hasta llegar a su virilidad donde le miró de manera traviesa mientras con su lengua le tocaba la punta para después mostrarle que ella también podía hacer que él se sintiera como ella, y no tardó mucho cuando su semilla fue expulsada llenando su boca.

Acto seguido a gatas alcanzó los labios de él para después, con ayuda de una de sus manos, guiar el miembro a su entrada y comenzar a introducirlo de manera lenta. El Inu soltó un fuerte gemido al sentir tal contacto y como reflejó terminó de introducirse dentro de ella haciendo que ambos gimieran.

Era lo que ambos estaban esperando desde hace tiempo, la entrega de amor, y no cualquier amor, este es amor eterno, nunca desaparecerá.

Esa noche ninguno durmió experimentaron el amor en su más bajo escalón, parecían animales en celo, él se aseguró de que su semilla diera vida dentro del útero de ella, ansiaba tener más hijos, hijos que disfrutar de manera plena, darles lo que nunca pudo a los que ya tenía.

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Un mes después ella se encontraba dándose una ducha y estaba demasiado pensativa.

"Tengo un retraso" –pensó alarmada.

De manera rápida se alistó para ir a ver a la curandera, quería asegurarse de ese presentimiento que tenía.

— Lady ¿En qué puedo ayudarle? –preguntó la yōkai curandera al verla entrar.

— Necesito que me diga si estoy en cinta. –soltó de manera directa haciendo que la curandera sonriera y se acercara a tocar el vientre de su señora.

— Es oeste estará feliz de saber que usted traerá tres herederos más. –sonrió con ternura para después ser abrazada por sorpresa por parte de su señora.

Después de agradecer fue a buscar a todos y les dijo que a la hora de la cena daría un anuncio importante, todos en el palacio la veían más feliz de lo habitual, ese día había preparado un platillo nuevo para celebrar el acontecimiento.

Todos miraron extrañados a la mujer no tenían la menor idea de qué o quién la había hecho tan feliz, lo descubrirán a la hora de la cena.

A la mesa se encontraban todos esperando a que comenzaran a servir la cena, los tres inus miraban a la mujer llenos de incógnitas se veía muy distinta a cualquier otro día.

— Ya que estamos todos quisiera dar un anuncio muy importante. -comenzó a hablar.

— ¿Es lo que te tiene tan feliz, mami? - preguntó Shippo con extrema curiosidad.

— Sí. -afirmó.

— ¡Pues cuenta lo ya, Kagome! -espetó Inuyasha que ya estaba perdiendo la paciencia y ganándose una mirada desaprobatoria por parte de todos.

— Cuéntanos amor. -ánimo Tōga.

Kagome tomó aire— El oeste tiene tres descendientes nuevos. - al terminar de hablar de toco su vientre que aún estaba plano.

Todos estaban sorprendidos. Sesshomaru sonería e Inuyasha estaba con la mandíbula desfasada de la impresión.

Por otro lado Tōga había corrido a levantar en brazos a su mujer que ahora estaba en cinta y le daría no uno sino tres cachorros más.

Ese día todo habitante en el oeste se regocija al saber la gran noticia.

Los meses pasaban Kagome había sido enviada a estar en cama pues al traer tres cachorros en su vientre se agotaba demasiado rápido.

Ahora estaba en su último mes de gestación, al ser yōkais su tiempo era menor, Tōga se había vuelto loco con los cuidados hacia Kagome, tanto que ella había comenzado a cansarse de ello.

El sol terminaba de esconderse cuando un fuerte grito proveniente de la habitación del Lord resonó en todo el palacio, Tōga corrió alarmado seguido de sus dos hijos, temían lo peor.

Al entrar se encontraron con Kagome respirando entre cortado y sujetándose el muy abultado vientre.

— ¡Ashe! –gritó el platinado.

Una yōkai de edad avanzada entró a la habitación y comenzó a atender a su señora.

— Me temo que tendrán que esperar fuera. –informó Ashe.

Tres hembras más entraron a la habitación a ayudar. Sería un parto largo.

Habían pasado más de tres horas cuando por primera vez se escuchó un llanto, seguido de otros dos y cuando creían que todo había terminado un llanto más se escuchó. Kami les había bendecido con cuatro cachorros. A los minutos todas las yōkais salieron e informaron que ya podían pasar y que ella estaba demasiado agotada.

Tōga fue el primero en entrar llevándose una gran sorpresa su mujer amamantaba a uno de sus pequeños recién nacidos y los otros tres yacían felices a su lado en la enorme cama.

Se aproximó a ella y le tocó la cabeza estaba feliz.

— ¿Cómo estás?

— Demasiado agotada, ahora tenemos cuatro hijos. –le regaló una sonrisa.

— Sí y es el mejor regalo que me has hecho.

— ¿Cómo les llamaremos? –preguntó mientras miraba como el que estaba comiendo dejaba de lado su tarea y miraba a su papá llamándolo con sus bracitos.

— Yo escojo dos y tú escoges dos. –sugirió

Kagome sonrió y asintió de acuerdo.

— La pequeña que tengo en brazos se llamara Kagome como su madre.

— El pequeño que tengo en mis brazos se llamará Mitsuki. –agregó tomando en sus brazos a un pequeño con ojos dorados y una marca de luna con una estrella cruzada en su frente.

— Este otro pequeño será Takeshi. –sonrió mientras tomaba a su otro pequeño en brazos, era más parecido a su primer hijo.

— Y este otro pequeñín será Inu no Taisho porqué es idéntico a su papá.

La pareja estaba feliz tanto que no se dieron cuenta en qué momento entraron Inuyasha y Sesshomaru para felicitarles.

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Tres años habían pasado desde el nacimiento de los nuevos Taisho y todos estaban felices, Sesshomaru era el encargado de enseñarles lo básico de la lucha mientras que con Inuyasha practicaban todo lo que aprendían.

Kagome había resultado la más feliz de todas ella había hecho que la familia que conoció rota y con sentimientos de rencor se reconstruyera cuando ella por error fue al pasado y ahora estaba completamente reconstruida y con más miembros en ella. Esperaba que esa felicidad dure para siempre.

Fin