..::Deseo
Sus pies le hicieron tambalearse y casi precipitar por el suelo, si no hubiese sido por la pared que lo apoyaba de seguro habría caído en seco contra la alfombra.
Respiro entre cortadamente, sintió como las piernas le temblaban.
Seguidamente sintió la familiar mano tocar su hombro y cuando volteo a ver este ya se encontraba sosteniéndolo con cuidado. Automáticamente pego su cuerpo al de él y se tendió entre sus brazos.
"Argentine" suspiro con cierto tono de preocupación al dar cortos pasos hacia atrás, donde se encontraba la cama. A medida en que se arrastraba los cuerpos se rozaban, y Arshes pudo sentir la fricción entre su cuerpo y el de anormalmente caliente de Argentine.
Una vez cerca de la cama se sentó en el filo de esta, y acomodo al ojigris entre sus piernas.
Empezó a revisarlo; aparentemente tenía fiebre. Una muy alta fiebre.
El rubio se negaba a los cuidados del otro, los apartaba con manotazos y con quejas que parecían más jadeos. Finalmente consiguió lo que quería y termino arriba de Arshes, aprisionándolo entre sus brazos y la cama.
Una pequeña sonrisa traviesa asomo su rostro mientras que Arshes le reprimía que no era momento para aquello, pero Argentine se hizo oídos sordos y empezó a besarlo.
A buscar su boca que era lo que Arshes más le negaba. Al no conseguirla mordió su oreja, jugo con el arete que tenía y tiro débilmente del lóbulo.
En la pequeña pelea de ambos cuerpos la camisa de $150 dólares de Argentine había terminado rasgada; al parecer no le importaba, seguía restregando su cuerpo con el de Arshes. Juntando cadera con cadera, hundiendo su rostro en el cuello.
Arshes noto que la temperatura del otro cuerpo aumentaba, y quiso ponerle fin a todo ese manoseo para poder atenderlo. Pero una gota de sudor febril se derramo del cuello de Argentine, se vertió en sus labios, se coló por las comisuras y finalmente recorrió toda su lengua.
Abrió la boca en busca de aire que lo refrescara, y el calor rápidamente invadió su cuerpo.
Era fácil para Arshes dejarse seducir por algo tan simple; como le era difícil a Argentine que se le bajara la calentura.
Internamente el ojidorado se debatía entre el deseo y lo correcto mientras con gusto escuchaba su nombre en suspiros como premio por sus caricias.
