Disclaimer: Ni los personajes ni el FanFic me pertenecen. Solo tengo crédito por la traducción y adaptación al español.
Ver las notas finales para dirigirse al fic original en inglés y al blog de la autora.
Traducción realizada con permiso de la misma.
MUSICA USADA:
(1) Programa libre de Viktor: Notre Dame de Paris 19 - "Belle" ( Sub español)
NOTRE DAME DE PARIS - Bella (Español)
-recomiendo ver ambas versiones-
(2) Programa libre de Yuuri Olimpiadas:
DEAN FUJIOKA - HISTORY MAKER
Recuerden que las canciones de los programas son una parte muy importante de la historia a medida que se avanza. La autora las ha buscado con mucha dedicación. Por eso les recuerdo escucharlas si así lo desean.
La canción de Viktor esta vez es probablemente la única manera que tenemos de entrar un poco a su cabeza, recuerden que todo está escrito del punto de vista de Yuuri y al igual que en el anime lo que él piensa no es necesariamente la realidad. Con la canción de Viktor les recomiendo que al llegar a la rutina se den un momento despues de la misma para escuchar la canción completa, ya sea la versión subtitulada o la versión en español (aunque yo recomiendo escuchar y ver ambos videos) antes de proseguir con el resto del cap. Tal como las escribí arriba, así las pueden encontrar en YouTube.
No se van a arrepentir :)
Capitulo 8: A Kick in the Teeth Is Better For Some
Cuando Viktor finalmente hubo regresado al patinaje – casi un año después de que su lesión pública sucediera - Yuuri estaba esperando por él.
Los rumores acerca de la condición del patinador habían revoloteado desde el minuto en que había dejado el hielo, pero eventualmente una confirmación oficial vino por mano del entrenador de Viktor unos meses después del incidente, declarando públicamente que Viktor se encontraba en recuperación y ya preparándose para la próxima temporada. De acuerdo con los reportes, la lesión que había sufrido el ruso en la pierna era mala pero no debilitante a largo plazo, por lo que después de meses de una intensiva terapia física pudo regresar a su entrenar poco a poco. Viktor había trabajado duro para volver a estar en óptimas condiciones.
Yuuri se había sentido sorprendentemente aliviado al escuchar que su rival estaría devuelta para la siguiente temporada de patinaje. Durante un breve periodo de tiempo circularon varios rumores acerca del posible retiro de Viktor como patinador, pero felizmente estos habían resultado no ser correctos. Yuuri jamás perdonaría a Viktor si se retiraba antes de que él tuviera la oportunidad de derrotarlo. Yuuri aún estaba esperando por su gran oportunidad para destruir a Viktor en el hielo, e incluso si aún pudiera patinar contra otros de los mejores patinadores allí afuera, simplemente no había comparación alguna con vencer Viktor.
El patinaje y Viktor estaban irrevocablemente mezclados el uno con el otro dentro de su vida, y no podía ni imaginar uno de ellos existiendo sin el otro.
Durante la Serie del Grand Prix había tratado activamente de ignorar cualquier noticia sobre Viktor y sus rutinas, sabiendo que de otro modo solo terminaría psicoanalizando todo incluso antes de la competencia. Según los breves fragmentos de reportajes que había captado sin que fuera su intención, el patinador estaba de vuelta en su mejor condición y como si nunca se hubiera lastimado.
Yuuri sabía lo que las personas habían estado diciendo de él durante el último año. Sabía que sus medallas de oro, su éxito, todo por lo que había trabajado se lo estaban adjudicando a la ausencia de Viktor. La gente clamaba por el regreso de triunfal de su héroe, clamaba por verlo recuperar sus títulos y su posición en la cima del mundo. Yuuri no podía dejar que eso sucediera.
Temía que si no podía vencer a Viktor esta temporada, entonces nunca podría. El haber llegado a ser el Campeón del Mundo, el mejor de los mejores, solo para que una vez más todo le fuera arrebatado, lo destruiría completamente. Yuuri se encontraba al borde de sus veinte, en la cúspide de su carrera de patinaje. Tenía que lograrlo este año. Tenía demasiado que probarle al mundo, demasiadas cosas que aún quería hacer. Quería pararse en la cima del podio una vez más, finalmente valorado, finalmente querido, pero esta vez desde allí arriba quería ver a Viktor parado debajo de él y que el otro patinador finalmente se diera cuenta. Que finalmente reconociera su valor, que lo viera por lo que era realmente. Que lo viera y se arrepintiera.
Las competencias clasificatorias pasaron rápido y antes de que Yuuri lo supiera ya estaba parado en la arena, preparándose para el Grand Prix Final. Por supuesto, Viktor estaba allí también. Nunca hubo una duda real acerca de si llegaría a la final. Yuuri lo había estado evitando firmemente, solo pasando a su lado brevemente en medio de un concurrido corredor.
Le había brindado al ruso un breve y cortante asentimiento con la cabeza en reconocimiento. Yuuri notó como lo ojos del otro patinador se abrían con sorpresa ante el gesto, como volteó su cabeza al ver a Yuuri pasar caminando a su lado y desaparecer rápidamente entre la muchedumbre. Había sido un gesto breve y hecho por mera cortesía. Yuuri estaba complacido de que Viktor volviera a patinar, pero solo porque realmente deseaba verlo morder el polvo. Se rehusaba a reconocerlo como nada más que eso.
Yuuri sentía una amarga desesperación por obtener la victoria, y a medida que la competencia progresaba se empezaba a sentir como si todos se estuvieran preparando para el enfrentamiento final. La primera vez que Katsuki y Nikiforov se enfrentarían mano a mano ahora que ambos poseían un título de "Campeón del Mundo". El momento en que finalmente probaría si realmente estaba hecho para ser un ganador o si el año pasado simplemente había tenido suerte. Si realmente podía estar a la altura de la leyenda viviente del patinaje artístico. Los periódicos se carcomían ansiosos y los fans estaban más salvajes que nunca. Yuuri tenía unas ligeras ganas de vomitar.
Su programa corto fue bien, pero Yuuri podía sentir la preocupación creciendo con cada pirueta, cada salto. Este año le tocó patinar antes que Viktor, lo cual significaba que no tenía idea de contra que estaba compitiendo y de lo que debería hacer para superarlo. En el "Kiss and cry" su puntaje le fue asignado, no fue lo suficientemente alto como para romper su marca personal, pero sí estuvo satisfactoriamente cerca. Celestino lo felicitó con una sonrisa y una palmada de orgullo en su espalda, pero Yuuri no se podía permitir relajarse.
Cuando competía contra Viktor, absolutamente todo contaba. Cada pequeño error, cada milésima de punto. Eso le había quedado viciosamente claro a Yuuri el día en que perdió contra Viktor por un solo punto durante la última competencia en la que habían patinado juntos. Se rehusaba a bajar la guardia, se rehusaba a dar nada por sentado.
Para el momento en que Viktor se paró en el hielo, Yuuri difícilmente podía respirar. Lógicamente sabía que este no era el momento crucial de la competencia, que lo que realmente contaba era la presentación del programa libre al día siguiente. Pero no pudo detener el creciente miedo dentro de él al ver patinar a Viktor, quien realizó cada uno de sus movimientos sin falla alguna.
El programa corto de Viktor venció al de Yuuri por un buen puñado de puntos, convirtiendo el pánico de Yuuri en completo terror. Celestino tuvo que tranquilizarlo, recordándole que lo que realmente importaba era el programa libre, que aún tenía una gran posibilidad de repuntar y reclamar el primer lugar, tal como Viktor lo había hecho la última vez.
Sin embargo, sus palabras no le ayudaron en mucho.
En el programa libre, Yuuri patinaría de nuevo antes que Viktor debido a las posiciones en las que quedaron por sus programas cortos el día anterior. Eso todavía lo enervaba, pero al menos ahora tenía una idea de contra que se iba a enfrentar. Yendo en contra la decisión que tomó de evitar cualquier noticia del patinaje de Viktor antes de su programa corto, esta vez a fin de estar preparado para el programa libre de mañana, pasó toda la noche observando los videos del programa libre que Viktor presentó en las competencias clasificatorias, privándose del tan necesitado sueño para repetir las escenas que veía una y otra vez hasta que los movimientos quedaran grabados en su mente.
Viktor había empezado simple al inicio de la temporada, cambiando los componentes en los saltos a medida que avanzaba por los niveles de las competencias clasificatorias, elevando considerablemente el nivel de dificultad de la rutina. Aun si Viktor no hacía ningún cambio a su patinaje el día de mañana, Yuuri sabía que esa rutina superaría a la suya incluso si realizaba una presentación impecable. Solo la dificultad técnica del programa de Viktor ya era mucho más alta que la suya, y si era realizado tal cual estaba ahora, entonces la única oportunidad que Yuuri tenía de ganar era si Viktor cometía un error, y tenía que ser uno grande. Yuuri no se aferraría a la esperanza de un error para ganar.
Tendría que cambiar los componentes en los saltos de su rutina si realmente quería tener una oportunidad de vencer.
Ya afuera en el hielo Yuuri peleó consigo mismo para calmarse, forzándose a relajarse y a perderse en la rutina. Después de discutirlo con Celestino, Yuuri había pasado la mayoría de sus saltos a la segunda mitad para maximizar su puntaje, cambiando también su triple salchow por un quad y siendo ahora tres el número de quads en su rutina. Los otros dos siendo un par de quads toe loops, uno ejecutado en solitario y el otro en combo.
Sin embargo Yuuri no le había dicho nada a Celestino acerca del cambio final que planeaba hacer, sabiendo de antemano que su entrenador se lo prohibiría debido a la naturaleza altamente riesgosa de lo que tenía en mente.
A través del curso de su carrera como patinador, Yuuri siempre había tenido problemas con sus quads. Sus saltos nunca fueron el punto fuerte de sus programas y aunque actualmente ya podía realizar cuádruples toe lops y salchows en competencias, su repertorio de quads no era más extenso que eso. Normalmente ese hecho no le molestaba, pero ahora, con la desesperación de tener que competir contra el nivel de dificultad del programa de Viktor quemando en su pecho, la brecha entre sus habilidades de salto le parecía gigantesca.
El movimiento distintivo de Viktor era un cuádruple flip, un movimiento que Yuuri raramente había clavado en práctica, mucho menos en una competencia. Pero si quería ganar, tendría que realizar un salto de fe. Tenía que probarle al mundo que era tan bueno como Viktor, que podía hacer cualquiera de las cosas que Viktor podía. Realizaría un quad flip en su programa libre, lo clavaría perfectamente, y su rutina - una de las rutinas con mayor dificultad técnica que jamás hubiera intentado – superaría incluso la del propio Viktor.
Así tenía que ser.
Yuuri se deslizó por el primer minuto de su programa libre, enfocándose en nada más que la música y sus movimientos. Todo iba a la perfección. Cada salto, cada pirueta. Cuando finalmente la primera mitad de la rutina llegaba a su cierre, Yuuri tomó una respiración profunda. Preparándose a sí mismo.
Temblando ligeramente, se deslizó en la línea recta de preparación para el salto, con su pie libre levantado hacia el frente y su corazón latiendo a velocidad dentro de su pecho. Este era el momento. El momento en que se probaría a sí mismo ante Viktor y ante el mundo entero. Si era capaz de realizar el movimiento distintivo de Viktor, entonces nadie podría seguir negando su habilidad.
Usó la punta de la cuchilla de su pie derecho para impulsarse al giro final, Yuuri se tensó. Aquí estaba. Este era el momento.
Se empujó hacia atrás con su pie derecho, impulsándose hacia el salto y sintiendo el aire correr a su alrededor, no podía ver nada más que un borrón a medida que giraba. El tiempo pareció hacerse más lento y cada rotación le pareció una eternidad, a pesar de que para la multitud que lo observaba asombrada no debió ser ni un segundo. Uno, dos, tres, cuatro, cada giro empujando su adolorido cuerpo hasta su punto de quiebre.
Sintiendo el giro final pasar a través de su cuerpo aún suspendido en el aire, Yuuri sabía que lo había conseguido. Había completado las rotaciones suficientes para que el salto contara como un quad. Sin embargo sintió su estómago hundirse, sabía exactamente lo que iba a suceder incluso antes de aterrizar. Era lo mismo que le había pasado incontables veces antes, en cada sesión de práctica donde había caído desparramado sobre el hielo. Cerca, pero nunca lo suficientemente cerca.
Su pierna izquierda se torció torpemente al aterrizar, su balance completamente perdido, llevándolo a caer rodando a través del hielo. No fue una caída realmente mala, Yuuri fue capaz de levantarse inmediatamente e ignoró el dolor en sus extremidades a causa del duro impacto y continuó con la rutina, pero ya no era suficiente. El aterrizaje fallido le había costado los preciados puntos que había estado tan desesperado por obtener. Yuuri había necesitado que ese salto fuera perfecto y había fallado.
Durante el resto de la rutina Yuuri se enfocó como nunca lo había hecho antes. Sí, había echado a perder el cuádruple flip, pero incluso sin el aún podía lograrlo. El empujar la mayoría de sus saltos a la segunda mitad y añadir otro quad incrementaría considerablemente su puntuación, ya fuera un quad flip o no. Y si podía lograr que todo le saliera perfecto, entonces aún tendría oportunidad.
Yuuri presionó su cansado cuerpo a continuar, ignorando dolores tanto nuevos como viejos. Clavó cada salto que intentó en la segunda mitad, su cansancio creciendo con cada intento que realizaba, pero determinado a no desmayar. Finalmente llegó al final de la rutina, realizando su última pirueta en la pista antes de colapsar sobre sus rodillas, presionando su rostro caliente contra el confort del frío hielo bajo él, ambas manos cerradas en puños y sintiendo como sollozos ahogados abrumaban su pecho.
No había sido perfecto. Había fallado el quad flip, el movimiento que parecía nunca ser capaz de perfeccionar sin importar cuanto lo intentara. El movimiento que había visto realizar a Viktor con tanta gracia cuando este solo tenía quince años. La humillación le quemaba por dentro, pero se forzó a alejarla y a salir del hielo con la cabeza en alto. A pesar de su aterrizaje fallido su rutina había sido excelente, por lo que aún tenía una oportunidad. Todavía tenía una oportunidad.
Viktor lucía diferente cuando se encaminó hacia el hielo para realizar la última presentación.
Yuuri había pasado junto al otro patinador mientras se tambaleaba hacia el "kiss and cry" para esperar su puntuación. Viktor se había detenido, girándose para verlo marchar, una extraña mirada brillando en sus ojos. Yuuri estaba seguro de que lucía terrible, el sudor pegando su cabello a su frente, su cara brillantemente sonrojada debido al esfuerzo realizado. Le dio una fea mirada al otro chico, instándole internamente a que dejara de mirarlo, a que dejara de juzgar cada movimiento de Yuuri con esos brillantes y fríos ojos. Solo quería que lo dejaran en paz, y por supuesto no quería que Viktor añadiera la presión de su desprecio hacia Yuuri sobre todas las cosas. Después de todo, acababa de echar a perder un movimiento que Viktor había perfeccionado cuando era solo un niño. De seguro el otro patinador se reía de Yuuri internamente, solo que era demasiado educado para demostrarlo ante las cámaras.
Una vez que Yuuri recibió su puntuación y abandonó el "kiss and cry", Celestino y él se sentaron en las gradas para observar como el último programa tomaba lugar. Yuuri era un manojo de nervios, las uñas de sus dedos se clavaban dolorosamente en sus palmas y dejaban rojas y dolorosas hendiduras semicirculares mientras miraba a Viktor patinar hacia el hielo, completamente en control.
Normalmente, Viktor daría unas pocas vueltas alrededor de la pista en reconocimiento a la audiencia y elevando el frenesí de la misma, pero esta vez patinó directamente hasta el centro de la pista y se detuvo bruscamente, luciendo inusualmente serio.
Un silencio cayó sobre la audiencia y la atmosfera en la habitación se tornó eléctrica en un abrir y cerrar de ojos. Yuuri no sabía cómo, pero incluso él podía sentir la tensión que irradiaba a través del estadio; esa sensación de que algo importante estaba a punto suceder.
La (1)música resonó desde los parlantes y llenó toda la habitación, comenzando con una sola palabra dicha en un idioma desconocido para Yuuri, seguida rápidamente de las suaves notas de una melodía cuyo volumen aumentada a medida que pasaba el tiempo. Era una canción hermosa. Conmovedora. Que capturó completamente a la audiencia mientras el patinador en el hielo comenzaba a moverse con una gracia unida a un firme propósito.
Era diferente a todas las otras veces que Yuuri lo había visto patinar ese programa. Encorvado sobre la pequeña pantalla de su teléfono y observando la rutina a mitad de la noche. Viendo grabaciones de todos los ángulos posibles que pudiera encontrar. Se había obsesionado con la rutina, calculando y recalculando el puntaje técnico una y otra vez, analizando cada movimiento hasta conocerlo perfectamente. Había visto esa rutina tantas veces que incluso lo había perseguido en sueños.
Yuuri pensaba que conocía perfectamente la rutina. La realidad es que estaba muy equivocado.
El Viktor que patinaba en este momento parecía una persona completamente diferente del hombre que había estado viendo patinar toda la noche en la pantalla de su teléfono. Viktor había patinado esa rutina anteriormente con convicción, confiado y seguro de sí mismo. Esta vez había un nuevo propósito en sus movimientos, una cruda emoción que salía de cada poro de su cuerpo, cada movimiento de su mano, cada agraciado giro de sus piernas.
Viktor patinaba como si estuviera consumido por la rutina. Había un fuego en sus ojos que combinaba perfectamente con sus movimientos, cada uno de ellos perfectamente controlado y al mismo tiempo lleno de una cruda honestidad; un tortuoso torbellino de emociones que Yuuri no podía descifrar sin importar lo mucho que observaba, encantado por la escena que se presentaba ante sus ojos.
Viktor saltó, lanzándose de forma rápida y segura a un cuádruple flip y con ese movimiento Yuuri fue repentinamente empujado de vuelta a la realidad. Ese era el mismo movimiento que él había fallado en completar hace apenas unos minutos. La envidia creció en él de forma repentina y enfermiza, un amargo sentimiento que se arrastraba por su garganta. Por supuesto que Viktor haría perfectamente lo que Yuuri no pudo. Por supuesto que Viktor aún estaba tratando de superarlo, aumentando la dificultad de sus movimientos sin importar lo duro que Yuuri trató de sobrepasarlo.
Viktor terminó el salto con una fluida seguridad, deslizándose a través de la pista con sus ojos fijos en la audiencia, una fuerte llamarada ardiendo en la profundidad de sus ojos. Yuuri casi quiso apartar la mirada.
Viktor siguió deslizándose con una serie de piruetas y giros, cada uno tornándose cada vez más rápidos hasta que Viktor se convirtió en un mero borrón en el hielo, moviéndose más rápido de lo que el ojo humano podía captar. Yuuri se levantó de su asiento, ignorando la preocupada mirada que le envió Celestino. Las personas en la audiencia gruñeron y se quejaron mientras él bajaba por las gradas, irritados de que su visión de la fabulosa presentación estuviera siendo bloqueada, pero a Yuuri no le importaba. No le importaba lo que pensara ninguno de ellos.
Celestino hizo el intento de seguirlo pero Yuuri le indicó con la mano que no lo hiciera, instándolo a quedarse. No sería tan egoísta como para privar a Celestino del show.
Viktor bailaba en el hielo, sus ojos todavía buscando entre la audiencia, capturando la atención de la misma como nadie más podía. Pero Yuuri no se quedó para verlo. Él sabía perfectamente como terminaba este baile.
Viktor lo había vencido de nuevo. No había duda de ello. El programa que patinaba había estado lleno de emoción, lleno de una cruda belleza que quemaba profundamente en el alma de Yuuri. ¿Cómo era posible que esto pase de nuevo? ¿Por qué nunca nada de lo que hacía era suficiente? Cada vez que mejoraba su juego Viktor hacía lo mismo, superándolo fácilmente. Cada vez que Yuuri había salido del hielo, rebosando de orgullo y felicidad por sus logros, Viktor siempre llegaba para arruinarlo, para recordarle que nunca había sido el mejor y que nunca lo sería. Para recordarle que había tenido razón con lo que le dijo hace ya tantos años. Que Yuuri nunca sería lo suficientemente bueno en comparación con él.
Yuuri no se quedó a ver a Viktor terminar su rutina ni a que salieran los puntajes.
Él ya conocía los resultados.
Durante la ceremonia de premiación Yuuri apenas pudo parase en el podio. La medalla de plata brillaba preciosa bajo las luces, pero apenas y lo notaba. Él podía aceptar la derrota, lo hubiera soportado agraciadamente si se hubiera tratado de cualquier otro patinador. Pero era Viktor. Siempre era Viktor.
Distraídamente, Yuuri se preguntó si esta sería su suerte en la vida. Por siempre destinado a estar un paso atrás, un escalón abajo en el podio. Tendría mucho sentido para el enfermo y retorcido sentido del humor del mundo. Había admirado a Viktor toda su infancia. Tenía mucho sentido que ahora fuera físicamente obligado a verlo desde abajo, a mirar con envidia el lugar en el cual Viktor se paraba, arriba de él, sosteniendo su medalla de oro para que todo el mundo pudiera verla.
Con una seguridad que le retorcía el estómago, Yuuri sabía el tipo encabezados que vería en las noticias tan pronto como checara su teléfono esa noche. Extasiados titulares cotorreando acerca de la victoria de Viktor, elogiando el regreso de los buenos tiempos del patinaje sobre hielo en donde el campeón actual se paraba victorioso en el podio y su contrincante era puesto de regreso en el lugar que al que pertenecía. Como siempre debió ser.
Las redes sociales serían incluso peor. Muchos de los fans de Viktor realmente odiaban a Yuuri. Lo cual no era de sorprenderse considerando lo mal que había escondido su desagrado por el patinador favorito y el hecho de que siempre estaba un paso cada vez más cerca de destronar a Viktor. Serían viciosamente agresivos en mostrar su disgusto hacia él, burlándose y criticando su rutina, recalcando porque exactamente Viktor había logrado superarlo de nuevo, regocijándose al verlo derrotado luego de que hubiera barrido y triunfado en todas las competencias el año pasado. Yuuri no estaba seguro de que pudiera soportarlo.
Mirando hacia Viktor en el podio, Yuuri dejó que sus pensamientos lo consumieran, arrastrándolo cada vez más y más profundo en una espiral sin salida. El victorioso patinador sonría a las cámaras que brillaban delante de él, atrayendo la medalla hasta sus labios. Yuuri casi quería llorar. Quería quebrarse allí mismo en el podio, porque parecía que sin importar lo mucho que tratara nunca era suficiente. Su deseo de lograr que Viktor pagara por todo lo que le había hecho pasar a Yuuri durante tantos años, parecía ahora imposible de cumplir.
Quería derrotar a Viktor, regresarle las crueles palabras que se habían quedado adheridas a él durante el transcurso de su vida, clavando sus garras en su mente y rehusándose a irse, dictando cada uno de sus movimientos. Por la manera en que siempre parecía observar a Yuuri, recalcando cada una de sus faltas como aquel día en el baño, siempre pendiente de lo peor. Por el cómo sin importar lo que Yuuri hiciera, sin importar que tan duro trabajara, que tanto amor, sangre, sudor y lágrimas había puesto en entrenamiento, de todas formas Viktor siempre lo derrotaría. Siempre le demostraría al mundo que había estado en lo correcto durante su primer encuentro hace tantos años, que nunca vería a Yuuri como un compañero patinador cuyo talento se pudiera comparar con el del propio Viktor.
Yuuri deseaba eso con cada parte de su alma y su corazón, pero en la parte más oscura de su mente se dio cuenta de que tal vez era momento de finalmente dejar ir ese sueño.
Tan pronto como pudo escapar del podio, Yuuri se apresuró a volver a la parte reservada solo para los patinadores y cambiarse de ropa lo más pronto posible. Necesitaba salir de allí, alejarse de la presión, de la expectativa y del lugar donde había perdido no solo una medalla y un título, si no mucho más.
Luego de cambiarse apresuradamente, se encontró con Celestino fuera del vestidor y prácticamente arrastró al hombre por el corredor, jalando su equipaje tras del él.
En medio del alboroto y muchedumbre del estadio, Yuuri pudo marcharse sin ser relativamente notorio. Desde que había empezado a patinar profesionalmente se dio cuenta de que tan pronto como abandonaba la confianza que mostraba en sus presentaciones, se volvía completamente olvidable. Nada especial. Solo otro simple muchacho con gafas y cabello negro, difícilmente algo especial. Era poco probable que fuera reconocido.
A través del casi ensordecedor ruido de la multitud, Yuuri captó el vago sonido de lo que parecía ser alguien llamándolo por su nombre. Curiosamente se volteó hacia Celestino, pero el hombre estaba hablando por teléfono así que claramente no había sido la fuente del ruido, ni tampoco lo había notado. Culpando a su imaginación Yuuri dejó el estadio, tratando desesperadamente de dejar atrás su aplastante decepción atrapada en aquel maldito lugar donde había perdido otra oportunidad de triunfar.
Nikiforlove
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Nikiforlove: Vitya en el GPF aceptando su medalla de oro 3 #elcampeonhavuelto
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QueenV I Sabía que podría!
LotsaLutz Estoy tan orgullosa de él! Ganando aun cuando se lastimó el año pasado!
Viktor's-Bitches Finalmente! Katsuki era una mala imitación de Viktor, nunca mereció el título en primer lugar. Gracias a Dios Viktor está de regreso para obtener su título de vuelta. ( ᐛ )و
phichit+chu
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phichit+chu: Mi mejor amigo ganando otra medalla en el GPF #tanOrgulloso
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MariaMina Si! Viva Yuuri 333
DanniK Hubiera deseado que fuera de oro sin embargo (个_个)
No puedo creer que aún después de todo este tiempo Katsuki no sea capaz de vencer a Nikiforov. Que desperdicio
En la semana que siguió luego de su derrota Yuuri se hundió en sí mismo, retrayéndose del mundo. Sabía que estaba preocupando a Phichit y a Celestino, pero simplemente no podía lograr que eso le importara. En sus momentos más oscuros se preguntaba si tal vez debería retirarse. Era claro que había alcanzado su punto culminante, había llegado lo más alto que jamás podría llegar. Tal vez era momento de detenerse.
Después de lamentarse casi una semana entera, Celestino finalmente estalló.
Prácticamente forzó a Yuuri a salir de su habitación y lo arrastró hasta la pista de hielo, sentando al joven muchacho en una de las bancas y sentándose él en el lado opuesto. Yuuri se resignó a que le gritaran por su comportamiento durante los últimos días, pero Celestino permaneció callado por varios minutos, evaluando a Yuuri con la mirada más suave que este había visto nunca.
— ¿Qué es lo que deseas Yuuri? —le preguntó eventualmente y Yuuri lo observó sorprendido. Celestino permanecía imperturbable, todavía observándolo agudamente.
— ¿Qué quieres decir? —le preguntó Yuuri, confundido.
—Me refiero a ¿Qué es lo que realmente deseas? —Replicó Celestino en tono firme. —Ya has ganado un oro en el Grand Prix. Has ganado el oro en los Cuatro Continentes. Incluso has ganado un oro en el Campeonato Mundial. Así que dime ¿Que más hay que aún quieres?
—Yo…yo quiero vencer a Viktor —. Murmuró Yuuri, apartando la mirada. Celestino ya había sido su entrenador por mucho tiempo como para no saber acerca de esa meta en particular, pero incluso así, ese tema seguía siendo algo de lo que Yuuri estaba ligeramente avergonzado. Sonaba tan mezquino cuando decía esas palabras en voz alta. No había palabras, ni en inglés ni en japonés, que pudieran expresar plenamente lo que vencer a Viktor significaba para él. No era una simple victoria, sino mucho más.
—Sí. Quieres vencer a Viktor —. La mirada de Celestino era punzante. —Así que dime Yuuri, ¿Exactamente como planeas lograr eso encerrándote en tu habitación todo el día y sintiendo lastima por ti mismo?
Perplejo ante esas palabras, Yuuri le devolvió la mirada a su entrenador, sorprendido por la pasión que vio arder en los ojos del hombre.
—Eres un patinador talentoso Yuuri —. Continuó Celestino, su mirada aun intensamente fija en el rostro de Yuuri y forzándolo a mirarlo a los ojos —Eres uno de los mejores. Todo el mundo lo sabe, no importa lo que te digas a ti mismo. Es más, tienes el potencial para ser el mejor. Tienes la habilidad, tienes la determinación. Te he visto caer incontables veces pero siempre te levantaste sin importar que. Así que ¿Qué es lo que cambió? Has perdido tu motivación, has perdido la visión de tus metas. Piensas que nunca serás capaz de alcanzarlas así que simplemente te rendiste. Y sin esas metas simplemente te quedarás atascado en el mismo punto para siempre. Así que dime una vez más ¿Qué es lo que deseas?
—Quiero derrotar a Viktor —. Dijo Yuuri, esta vez su voz sonando firme, llena de la confianza que le había sido lentamente arrebatada con cada derrota consecutiva. Celestino tenía razón. Había estado tan asustado del regreso de Viktor al patinaje, tan aterrado de no estar a su nivel que había perdido la confianza en sí mismo. Y nunca podría ganar si no creía que podía hacerlo.
—Los Juegos Olímpicos son el próximo evento que tengo con Viktor —. Continuó Yuuri, su voz más fuerte ahora. —Quiero derrotarlo allí, en frente de todo el mundo. En el evento que más importa. Quiero probarle a todos aquellos que dudaron de mí que sí puedo hacerlo. Especialmente a él.
Celestino sonrió y esta vez era una sonrisa cálida y genuina. —Bien —. Respondió. —Bien. Ahora ve al hielo y muéstrame exactamente cómo vas a lograrlo.
No estaba haciendo tanto frío en Rusia como Yuuri había anticipado.
Durante su carrera como patinador había estado allí unas cuantas veces, pero todo el conocimiento que tenía del país estaba confinado a Moscú que era en donde se llevaba a cabo la Rostelecom Cup. Moscú siempre había estado helado cuando competía, por eso ahora le sorprendía darse cuenta que el país entero no estaba confinado al mismo congelante frío de Moscú.
Y el clima no fue lo único que le sorprendió de Rusia cuando arribó para las Olimpiadas. La atmosfera entera era completamente diferente a cualquiera que se hubiera encontrado antes. El mundo del patinaje artístico era pequeño, por lo que Yuuri estaba acostumbrado a reconocer a todos, aunque sea por sus rostros. Estar rodeado por cientos de atletas de diferentes disciplinas deportivas, más entrenadores, doctores y otro sin número de profesionales calificados, era un poco desconcertante.
Una vez más, desearía que Phichit hubiera podido venir con él. El otro muchacho había sido forzado a quedarse en Detroit y a pesar de que él y Yuuri hablaban por Skype regularmente, simplemente no era lo mismo.
Durante su última sesión de Skype, Phichit le había deseado buena suerte. Prometiendo que observaría todo en vivo por TV. Yuko, Takeshi, Minako y sus padres, le habían prometido todos lo mismo. Ninguno de ellos había tenido la posibilidad de obtener entradas o tener los fondos para venir a verlo personalmente, pero Yuuri se sentía un poco mejor al saber que había tantas personas observándolo desde lejos y deseando que tuviera éxito.
No eran ni de cerca tantos como los miles de fans de Viktor, quienes esperaban ver a su ídolo levantarse y reclamar el título por segunda vez consecutiva. Pero Yuuri trataba de no pensar en ello.
Así como él había prometido mirar, Phichit le había hecho prometer cosas a Yuuri también. De buenas maneras, el muchacho tailandés le había hecho prometer a Yuuri que no se estresaría demasiado, que encontraría un momento para relajarse y divertirse en medio del caos que eran los Juegos Olímpicos. Yuuri sabía que Celestino opinaba igual. Apenas y había tenido un día libre después de su derrota en el Grand Prix, trabajando durante largas horas para perfeccionar su presentación, y sabía que tanto su amigo como su entrenador esperaban que él disfrutara de su experiencia en los Juegos fuera y dentro de la competencia.
Sin embargo, Yuuri no estaba tan seguro de ello. Todo acerca de los juegos Olímpicos era demasiado ostentoso, desde las ceremonias oficiales hasta las fiestas salvajes que los atletas realizaban, las cuales parecían darse todas las noches en la pequeña villa olímpica. Ya antes de venir, Yuuri había escuchado acerca del hedonismo que ocurría a puertas cerradas durante las Olimpiadas. La gran cantidad de alcohol consumido por los atletas que competían, ya sea para celebrar o para hundirse en la pena. Las más íntimas implicaciones entre atletas por las que la Villa Olímpica era conocida.
Ninguna de esas opciones le sonaba a Yuuri como una buena idea para divertirse, ya que él prefería mantenerse alejado de las masas. Mantenerse en solitario y mentalmente preparase a sí mismo para lo que estaba por venir. Phichit había finalizado su último chat en Skype con impertinente "No hagas nada estúpido" y un guiño exagerado, a lo cual Yuuri había soltado un bufido. Sabía que Phichit estaba bromeando, Yuuri sería la última persona que verías haciendo algo loco y salvaje.
A pesar del caos de los eventos y la cantidad de atletas abarrotados en su solo espacio, Yuuri apenas y se había topado con Viktor. Aunque todos los competidores se mantenían en un domicilio cerrado, Yuuri había evitado cualquier interacción social con obstinada determinación, por lo que solo había al ruso a la distancia unas pocas veces.
En un punto Celestino había reprendido ligeramente a Yuuri por su comportamiento antisocial, pero Yuuri no tenía deseos de unirse a las celebraciones que se llevaban a cabo a su alrededor cada vez que un evento finalizaba.
Las fiestas no oficiales que tenían lugar cada vez que un nuevo grupo de competidores llegaba su último evento, eran siempre extravagantes. Los atletas involucrados siendo al fin libres de desahogarse en la forma que ellos mejor consideraran. Muchos de ellos se ponían muy, pero muy borrachos. Otros discretamente tomaban una pareja y se alejaban de la multitud, desapareciendo en sus habitaciones para no hacer acto de presencia, presumiblemente, hasta el amanecer.
Vagamente, Yuuri se preguntó si Viktor había llevado a alguien de esas reuniones hasta su habitación. A pesar de no haberlo visto cerca, Yuuri estaba seguro que debió haber asisto a un par de esos eventos. Viktor era famoso incluso entre los atletas de las demás divisiones, el mejor de lo mejor en su campo deportivo. Había muchas personas, tanto fans como profesionales, que matarían por acostarse con él. Viktor era joven, hermoso y exitoso, podía tener a quien él quisiera. Era lógico asumir que él también tomaba parte en aquellas actividades que la mayoría de los atletas parecían preferir para eliminar su estrés.
Por alguna razón, una vez que la idea llegó a su cabeza Yuuri no fue capaz de eliminarla. Suponía que era natural. Viktor era su más grande rival en el deporte, sus vidas profesionales estaban tan íntimamente mezcladas que tenía mucho sentido si Yuuri sentía curiosidad por conocer también su vida privada.
No era como si realmente le importara con quien dormía Viktor. Solo tenía un poco de curiosidad, eso era todo.
A pesar de toda la emoción y el espectáculo que habían acompañado el evento, patinar en las olimpiadas no era realmente tan diferente a patinar en cualquier otra competición. Un poco más intenso sí, pero el nivel de concentración de Yuuri se mantenía igual. Estaba preparado, mucho más preparado que nunca antes, y mucho más confiado también. Juntos, él y Celestino habían perfeccionado su programa, cambiando completamente lo que había sido durante el Grand Prix Final.
Ahora Yuuri podía ver en perfecta retrospectiva aquello que por el calor del momento no había podido notar, aquello que le faltó a su programa durante el Grand Prix Final. Después de que Viktor estuviera ausente por todo un año Yuuri había estado consumido por la expectativa de su regreso, por el deseo de probar que podía ser igual de bueno. Eso había sido su perdición, llevándolo a sacrificar todo aquello que hacía a su patinaje único para así imitar el de su ex-ídolo.
El cuádruple flip había sido el pináculo del asunto. Usar el movimiento distintivo de Viktor había sido una movida desesperada, una que al final le había jugado en contra. Yuuri no necesitaba quads flips en su programa para poder ganar. Su verdadero talento yacía en la interpretación, no en sus saltos. Las presentaciones donde realmente lograba resaltar, habían sido aquellas en las que patinó desde el fondo de su corazón. Donde la música y su tema de la temporada se fusionaban perfectamente con sus emociones, permitiéndose liberarlas en el hielo y tocar el corazón de cada persona observándolo. Eso era lo que planeaba explotar en su presentación. Eso sería lo que le ganaría el oro.
La competencia pasó volando, cada día pasaba más rápido que el anterior sin que pudiera hacer nada para detenerlo. Yuuri patinaba y patinaba hasta que sus pies sangraban y sentía que su corazón estaba a punto de explotar. Pero aun así continuaba patinando. No podía descansar, no podía tomarse ni el más mínimo respiro hasta que todo terminara, ya fuera para bien o para mal.
Observar a todos los patinadores realizar su último programa libre había sido el momento más desesperante en la carrera de Yuuri. Todos pertenecían a la élite, lo mejor de lo mejor alrededor del mundo. Cada presentación era única, una parte del alma de cada patinador siendo sacrificada por una oportunidad de llegar al podio.
Yuuri realizaría su programa libre de último, lo cual significaba que estaba obligado a sentarse y observar cada presentación anterior, observar a cada patinador llegar al hielo en medio del estruendoso aplauso de la audiencia, escuchar cada uno de los jadeos suspiros y gruñidos que soltaba la gente mientras sus compañeros competidores terminaban su rutina y realizaban su venia final antes de que se cerraran las cortinas. Las Olimpiadas de Invierno solo sucedían cada cuatro años y un título aquí era lo más valioso que un patinador pudiera conseguir, mucho más que el título de Campeón del Mundo. La mayoría de los patinadores solo tenían un par de oportunidades de competir en la olimpiadas en toda su carrera, y Yuuri sabía que esta era la última oportunidad de muchos de los patinadores que se encontraban allí peleando con uñas y dientes para ganar. Eso se notaba. Había una clara malicia bajo la superficie de la competencia que no estaba presente ni siquiera en el altamente competitivo Campeonato Mundial.
Viktor patinaría justo antes que Yuuri y el ruido que se alzó en el estadio cuando se paró en el hielo fue ensordecedor. Las personas gritaban y expresaban su apoyo, haciendo que los oídos de Yuuri dolieran a causa del ruido. Viktor era el campeón actual y además estaba patinando en casa. El apoyo que aquí le brindaban era inmensamente sobrecogedor.
Sin embargo, Viktor no parecía impresionado. Reconoció los elogios de la multitud con una sonrisa y un movimiento de su mano, causando que el ruido aumentara de volumen a medida que los fans rugían su aprobación. Inesperadamente, Yuuri sintió que su respiración se cortaba ligeramente al observar a Viktor en el hielo. A pesar de que el traje tenía un estilo muy diferente, la tela de color rojo oscuro en la parte superior del atuendo le trajo de vuelta ciertos recuerdos, unos que había tratado desesperadamente de borrar a través de los años. Su traidor corazón palpitó un poco más rápido ante la vista y Yuuri trató de regresarlo a la normalidad.
Su reacción era estúpida, y necesitaba calmarse si quería vencer a Viktor de una vez por todas.
Yuuri no vio la rutina de Viktor. Había mucho que necesitaba hacer antes de que fuera su turno de salir al hielo. Realizó unas flexiones y estiramientos de último minuto, una rápida rutina de calentamiento para asegurarse de estar en óptimas condiciones cuando se parara en la pista. Luego de ver a Viktor parado en el hielo, se había retirado para prepararse en esos últimos minutos. Determinado a hacer contar cada segundo.
Sin embargo, y a pesar de su mejor esfuerzo, nada podía bloquear el sonido de la audiencia, el rugido de la multitud coreando un solo nombre, una y otra vez. El ruido era ensordecedor y Yuuri tuvo que forzarse a respirar profundo e intentar calmarse, a no distraerse del modo en que siempre hacía.
En este momento no podía permitirse ninguna distracción. Tenía que ser perfecto, tenía que ser mucho más que perfecto
Celestino se paró junto a él, brindándole lo que Yuuri asumió era una charla motivacional. Pero el ruido la sepultó completamente, como olas golpeando contra una roca. Había muchas palabras presentes a su alrededor, pero Yuuri no podía captar ninguna de ellas, demasiado atrapado en su propia cabeza.
Una campana sonó, indicándole a Yuuri que se dirigiera hacia la pista. Tomó una respiración profunda y cerró sus ojos. Esto era todo.
Era el momento.
Yuuri se paró en el centro de la pista. No miró a la multitud. No miró a los jueces. Todo su enfoque estaba en sus adentros. Profundamente hundidos en el centro de su alma, en los lugares más recónditos de su ser.
Por primera vez en toda su carrera como patinador, Yuuri había producido la música para su programa libre. En todas sus presentaciones anteriores había conectado la música con sus emociones, feliz de patinar al ritmo de la canción de alguien más. Pero esta presentación era diferente. En esta presentación no patinaba solamente sus emociones. Estaba patinando sus sueños, sus esperanzas, su fe, los deseos más profundos de su corazón. Era la rutina más intensamente personal que había creado jamás, y el orgullo que sentía por ello iba más allá de simples palabras.
La (2)música floreció desde el alto parlante y Yuuri se movió con ella. Se enfocó internamente en las palabras de la canción, palabras que salían desde lo profundo de su corazón, como una cascada. La historia que contaba era suya y solamente suya, escrita para el momento en que saldría al hielo y probaría su valor ante todo el mundo.
Yuuri sentía que estaba volando. Cada movimiento salía sin esfuerzo, cada pirueta, cada salto siendo solo una parte más de la historia que contaba, no con su cuerpo, sino desde el fondo de su corazón. Se sentía completamente liviano, como si nada en el mundo lo pudiera arrastrar devuelta al suelo.
Esta era su canción. Su rutina. Su momento.
Había pasado mucho tiempo desde que este sueño había sido concebido dentro de la furiosa mente de un niño. Había crecido con ello, tejiéndolo junto con su vida. Había sobrevivido, había pasado cada falla, cada derrota, cada momento en que el que estuvo seguro que tendría que renunciar, cuando sentía que ya no podría seguir adelante. Su sueño, su deseo, había sobrevivido, y Yuuri había sobrevivido con él.
Y ahora estaba floreciendo. La rutina, la canción, ambas eran el punto culminante de todas las cosas que lo presionaron a seguir adelante una y otra vez a lo largo de todos esos años. El deseo, el conocimiento de que podía hacerlo. De que lograría hacerlo. Este preciso momento era la prueba de que el pequeño niño rechonchito que no había querido nada más que patinar en el mismo hielo que su héroe, ahora podía avanzar a través de las dificultades, que sin importar cuantas veces cayera aún se seguiría levantado, seguiría regresando por más. Le probaría su valor al mundo entero, y especialmente al hombre que nunca creyó que pudiera lograrlo.
Iba a vencer a Viktor. Lo derrotaría en la competencia más importante de la carrera de ambos. Vencería en el país de Viktor, en su propia casa y en enfrente de todos los que apoyaban al ruso.
Yuuri había perdido su fe en Viktor cuando solo era un niño. Pero ahora tenía algo mejor. Tenía Fe en sí mismo.
La canción llegó a sus notas finales. Yuuri realizó sus últimos giros para la pirueta final descansando finalmente en el hielo con una mano extendida en el aire, su cabeza en dirección al cielo. Su corazón latía a una gran velocidad, como queriendo salirse de su pecho, golpeando tan fuerte que estaba seguro que todo el estadio podía escucharlo.
La audiencia rompió en alaridos. Los elogios llovían de todas partes, los aplausos llenaban sus oídos y su corazón. Flores y objetos varios caían sobre el hielo a su alrededor. Las banderas ondeaban a través del estadio, el blanco y rojo de la bandera de su hogar llenando la primera línea de su visión.
Yuuri pudo sentir como sus ojos se llenaban de lágrimas, las emociones manando de su pecho fueron repentinamente demasiado fuertes para ser contenidas. Había desnudado su alma ante el mundo y eso era demasiado.
Caminando en aturdimiento, Yuuri se tambaleó fuera del hielo, apenas registrando el elogio lleno de éxtasis que vino de parte de Celestino. En lo único que podía pensar ahora era en el "kiss and cry", y en los puntajes que aún estaban siendo calculados por los jueces al otro lado de la pista de hielo.
Se sentó, prácticamente tambaleándose sobre la banca, aferrándose al borde para tener soporte y rezando porque sus esfuerzos hubieran sido suficientes.
Cuando abrió sus ojos pudo ver a Celestino sentado en la banca junto a él, a los jueces al otro lado del hielo y a Viktor, sentando en la gradas y observándolo con esos ojos azul verdoso que Yuuri conocía incluso mejor que los suyos propios.
Las puntaciones salieron. La multitud rompió en un ensordecedor rugido.
Yuuri observó, su corazón saltando en su pecho.
Había ganado.
La ceremonia que tomó lugar luego de que las posiciones fueran confirmadas se sintió muy irreal para Yuuri. Todo era como un sueño maravilloso, una fantasía de la que no quería despertar nunca. Estar parado en el podio y escuchar como el himno nacional de Japón era entonado, llenaba su pecho de orgullo. La música sonó a través del estadio y vibró hasta lo más profundo de sus huesos. Se preguntaba lo que su familia estaría pensando, lo que Yuko, Takeshi, Minako y Phichit veían al observarlo, parado finalmente en el podio.
Y la mejor parte, la parte más gloriosa de todo, la parte que había estado soñando durante muchos años. Viktor, finalmente miraba a Viktor desde la parte más alta del podio. Finalmente estaba por encima de él, finalmente lo había superado. La medalla de plata alrededor del cuello del otro hombre era del mismo color de su cabello, y perversamente Yuuri pensó que le sentaba bien.
Viktor merecía ser puesto en su lugar, merecía que finalmente le arrebataran el oro de su arrogante puño. Ocho años atrás, ese hombre había mirado a un niño que estaba lleno de esperanza, admiración y amor, y le había dicho que no valía nada, que nunca lograría nada. Y ahora, habiendo derramado sangre, sudor y lágrimas, ese niño había peleado con uñas y dientes, escalando hasta el punto más alto del podio. Superando incluso a Viktor Nikiforov, la leyenda viviente del Patinaje Artístico.
Yuuri quería llamar a Viktor, quería gritarle todas las cosas que había estado guardando por tantos años. "¿Puedes verme ahora?"·quería gritarle. "¿Puedes ver lo que he logrado? ¿En lo que me he convertido? ¿Puedes ver que ahora si tengo valor en un modo que tu jamás tuviste antes?"
Pero estaban en público, con miles de cámaras y millones de ojos posados en él. No importaba lo mucho que quisiera hacerlo, este no era el momento ni el lugar para dar lugar a la confrontación que había estado anhelando en su corazón durante tantos años.
Viktor miró en su dirección, apartando la mirada de los flashes de las cámaras para observar a Yuuri. Un sentimiento de satisfacción flameó en el pecho de Yuuri al notar la forma en que Viktor tuvo que levantar su cabeza ligeramente para poder verlo a los ojos, tuvo que mirar hacia arriba de la misma forma en que Yuuri había estado observando a Viktor durante años.
Había miles de ojos posados sobre ellos, pero Yuuri no pudo contenerse. La satisfacción de ver a Viktor debajo él y mirándolo hacia arriba, era demasiada.
— ¿Disfrutando la vista? —Le preguntó, sonando mezquino. Era muy mezquino recalcar el hecho de que Viktor estaba actualmente viendo el mundo desde un lugar más bajo del que estaba acostumbrado, pero Yuuri no se arrepentía de haberlo dicho. Había valido la pena el ver la cara de shock que puso Viktor, y Yuuri incluso pudo escuchar el sonido de una risa mal disimulada viniendo del lugar en el podio donde Giacometti estaba parado.
Parecía que Viktor quería responderle, pero Yuuri pudo ver la duda en sus ojos y como regresó la mirada a las cámaras aún enfocadas en ellos, evaluando la situación cuidadosamente. Pero antes de que nada pudiera resultar de la pequeña confrontación, el camarógrafo les pidió que se bajaran del podio para una foto grupal.
Yuuri se descolocó un poco por la petición. Estaba disfrutando de su lugar en el podio, incluso tal vez un poco más de lo que debería, y aunque aún se sentía en la cima del mundo, sí era un poco humillante tener que descender para quedar apretado entre los otros dos patinadores, siendo bastante consiente de los centímetros que estos dos le llevaban en altura.
El fotógrafo oficial parecía tenerle mucho cariño a las fotos grupales hechas desde muy cerca, por lo que forzó a los tres a pararse casi incómodamente cerca, presionándose el uno contra el otro. Yuuri estuvo muy seguro de haber sentido a Chris agarrar su trasero con la mano que estaba fuera de cámara. Pero lo que realmente lo hizo pegar un brinquillo de sorpresa, fue el brazo que Viktor había posado ligeramente sobre su hombro bajo de la dirección del camarógrafo.
Había pasado mucho tiempo desde la última vez que Yuuri había observado extasiado al patinaje de Viktor, desde aquella vez cuando se había despertado jadeando debido a un sueño que aún el día de hoy era incapaz de olvidar. Yuuri había empujado esas imágenes hacia la parte más recóndita de su mente, rehusándose a perderse en ellas. Pero aunque su mente se rehusaba, su cuerpo se revelaba contra eso. El latido de su corazón aumentó estrepitosamente al registrar la calidez en su hombro, al notar la forma en que Viktor estaba parado tan cerca del él, casi presionado a su lado.
Yuuri alejó ese sentimiento, furioso consigo mismo. Este era el momento de su victoria, el momento en que finalmente había vencido a Viktor. Finalmente le había probado al mundo que la determinación y la fuerza podrían llevarlo a la cima. No era momento para que su cuerpo reaccionara instintivamente a la tranquilizadora presencia de un fuerte brazo alrededor de sus hombros y un cuerpo cálido presionado al suyo.
Rompió el agarre tan pronto como pudo, alejándose de los otros dos. Las cámaras que los rodeaban se empezaron a dispersar, dando por finalizado el evento oficialmente. Yuuri finalmente sentía que se podía relajar, ya sin el temor de las cámaras captando cada movimiento. El estadio aún estaba lleno de miles de fans, pero finalmente tenía un poco de libertad para respirar sin que sus movimientos fueran seguidos de cerca.
Incluso después de aquel pequeño momento en el podio, Yuuri aún tenía muchas cosas que quería decir. Todas esas cosas que se había guardado tantos años. Desde aquel fatídico día durante el Junior Grand Prix Final, había imaginado una y otra vez las palabras exactas que le diría a Viktor cuando lo venciera. Y de nuevo, ese horrible día en el baño, cuando su lengua se había atascado frente al objeto de su resentimiento, había tenido que contener todas las maliciosas palabras que solo podían ser liberadas el día en que finalmente ganara el oro.
Pero ahora mismo, incluso con las cámaras fuera del camino, aún se encontraban rodeados de personas, y Yuuri no era tan estúpido como para empezar una disputa aquí. Esto era personal, algo que tenía que arreglarse solo entre Viktor y él, nadie más. Una íntima sección de la historia que había sido parte integral en la formación de su "yo" actual, y no era algo que estaba dispuesto a compartir con el mundo. Solo con Viktor.
Viktor lo estaba observando de nuevo, aún con el mismo escrutinio en su mirar que siempre tenía alrededor de Yuuri. Antes, Yuuri pensaba que Viktor lo estaba analizando, buscando sus debilidades, encontrando sus fallas. Pero ahora estaba seguro de que Viktor en realidad estaba tratando de descifrarlo, tratando de entender como alguien como Yuuri pudo haber vencido a alguien como él.
En un ataque de arrogancia que sorprendió al propio Yuuri, bajó la mirada hacia la medalla de oro que colgaba en su cuello y luego regresó a mirar a Viktor, levantando una ceja en forma desafío. Podía no ser capaz de comunicarse verbalmente ahora que estaban rodeados de un montón de personas, pero aún podía manifestar sus puntos de otras formas.
«Gané. Y tú perdiste. ¿Cómo te sientes al respecto Nikiforov?»
La boca de Viktor se abrió brevemente, quizá por la sorpresa o en un intento de responderle, Yuuri no estaba seguro de cuál. Pero antes de que algo más pasara, Giacometti se puso en medio de los dos, felicitando a Yuuri a su propia y extravagante manera. Yuuri manejó bien el elogio, irritado pero resignado. Chris era un buen patinador incluso si, muy seguido en realidad, le crispaba los Yuuri. Lo mínimo que se merecía el otro patinador era respeto.
Cuando Giacometti hubo finalmente terminado, Yuuri se volteó hacia donde Viktor había estado parado, determinado a por fin tener la conversación que tan frustrantemente estaban retrasando.
Pero para el momento en que se giró a encararlo, Viktor ya se había marchado.
Viktor no apareció para el after party. Ni para el oficial ni para el no oficial que continuó luego de que la mayoría de los oficiales del evento se hubieron retirado a casa y cuando la prensa finalmente se hubo retirado, dejando a los atletas para que festejaran en paz. Usualmente, Yuuri evitaba cualquier reunión social de estas a toda costa, pero en ese momento estaba enojado y necesitaba descargar su frustración.
Después de trabajar tan duro, durante tantos años, Yuuri finalmente había vencido a Viktor en competencia de manera justa y limpia. Creando finalmente el momento perfecto para cobrar venganza del otro patinador, para decirle todas las cosas que necesitaba saber acerca de quién y por qué había sido derrotado. Pero en lugar de cumplir lo que deseaba, Viktor simplemente había… ¿desaparecido?
Eso enfureció a Yuuri, porque después de haber esperado tanto y trabajado tan duro, Viktor ni siquiera tuvo la cortesía de permanecer cerca.
En un momento de debilidad, había aceptado los tragos que le brindaban los atletas que celebraban a su alrededor, todos embriagados por la euforia del día o ahogando sus penas en el fondo de la botella. Yuuri era el hombre del momento, aquel que había destronado a una leyenda y reclamado el título del mundo para sí mismo. Los otros patinadores se le unían, inundándolo con halagos y cada vez más y más alcohol.
Yuuri estaba molesto, tan molesto de que su victoria estuviera siendo ensuciada por Viktor una vez más, así que continuó aceptando bebidas, sintiendo como el precipitado aturdimiento que iba de la mano con la ingesta de grandes cantidades de alcohol, tomaba lugar. Sorprendentemente, Yuuri tenía una fuerte tolerancia al mismo, algo que había aprendido para su sorpresa y diversión de los demás cuando se había mudado a la universidad, ya hace un año atrás. Pero incluso su nivel de tolerancia tenía un límite, por lo que pronto se encontró tratando de mantener el equilibrio, animado por la decadencia de la fiesta llevándose a cabo su alrededor.
Una de las patinadoras rusas desafió a Yuuri a un concurso de shots, el vodka quemaba en su garganta a medida que tomaba de los pequeños vasos de cristal. Yuuri pensó que si ya había vencido a un ruso ese día, también podría vencer a otro.
No recordaba nada de lo sucedido después de eso.
Yuuri se despertó a la mañana siguiente con un gran dolor de cabeza, usando solo la mitad de la ropa que había llevado la noche anterior y en general sintiéndose miserable. Alguien, presuntamente Celestino, había sentido lástima por él y había dejado sus gafas en la mesita junto a la cama, antes de arrojarlo sobre el colchón. Pero en su intoxicado estado, durante la noche se había movido y enredado entre las sabanas de tal modo que le tomó varios minutos salir del embrollo. Con disgusto, Yuuri se percató que su piel estaba pegajosa con alcohol seco y sudor, su cabello estaba incluso peor.
Por un breve momento Yuuri se sintió inmensamente agradecido de que sus recuerdos de la noche anterior estuvieran completamente en blanco. Había estado tan enojado y furioso de que, sin importar lo que hiciera, a Viktor parecía interesarle tan poco que ni siquiera pudo tomarse la molestia de aparecer y hablar con él. Yuuri había esperado durante tantos años por el momento en que podría devolverle a Viktor sus crueles palabras y arrojárselas a la cara, para que al final el hombre simplemente se desvaneciera sin decir nada.
En retrospectiva, emborracharse hasta quedar inconsciente tal vez no era la mejor forma de lidiar con emociones negativas, pero no tenía sentido arrepentirse de lo que no se podía arreglar. Rápidamente, Yuuri ojeó un par de redes sociales que solía usar, agradecido de que las payasadas que cometiera estando borracho no hubieran llegado al internet. Eso significaba que seguro no había hecho nada realmente horrible la noche anterior. Eso o los atletas se habían dado cuenta de que si liberaban una de esas fotos en el internet, resultaría en un buen chantaje que se podría usar a futuro siendo revelado al mundo, del cual había una gran cantidad ya. Aunque la mayoría de los atletas eran vagamente activos en las redes sociales, las peores fotos que se tomaban entre ellos nunca llegaban a ver la luz del día. Era un mundo pequeño, y todos tenían material que pudiera perjudicar al otro de algún modo.
Sea cual sea la razón, Yuuri estaba agradecido. Era una persona relativamente inactiva en las redes sociales, y sus fans enloquecerían con cualquier pieza de información sobre la que pudieran poner sus manos. Cualquier fotografía de él, borracho, fuera de sí, y presuntamente con menos cantidad ropa de la que se sentiría cómodo, estaría por todo el internet en cuestión de segundos y si Yuuri quería volver a pisar el hielo, no podía dejar que eso pasara jamás. Nunca podría sobreponerse a la vergüenza.
Yuuri simplemente estaba complacido de que no hubiera ninguna evidencia de lo que sea que haya pasado la noche anterior. Lo último que quería era un asunto como ese persiguiéndolo por el resto de su vida.
Luego del Campeonato Mundial, Yuuri aún estaba en el aire por su última vitoria, la emoción aun llenando su cuerpo entero. Solo había visto a Viktor ocasionalmente, durante prácticas de rutina y eventos oficiales. A pesar de que Viktor nunca se le acercaba directamente, sus miradas fijas se habían vuelto más frecuentes. Siempre que Yuuri se giraba para verlo, Viktor parecía haberlo estado mirando desde antes.
Yuuri sabía que Viktor estaba evaluando la competencia, tratando de encontrar una manera de arrebatarle el título a Yuuri después de su inesperada derrota en las olimpiadas. A Yuuri no le importaba. De hecho, en lugar del malestar que usualmente sentía ante esas intensas miradas, ahora sentía la necesidad de probarse ante ellas. Probar que sin importar como, Viktor tendría que empezar a verlo como una competencia seria de ahora en adelante. De ahora en adelante tendría que importarle a Viktor.
Ese pensamiento fue lo que logró que Yuuri pasara por la competencia, el conocimiento de que podía hacerlo, que de hecho ya lo había hecho antes, y ahora nadie podría negarlo, ni siquiera el propio Viktor.
La sensación de la victoria, la sensación de haberle arrebatado el oro a Viktor y mirarlo desde la cima del podio, fue tan satisfactoria la segunda vez como lo había sido la primera. Yuuri apretó la medalla de oro en su mano, la sonrisa en su rostro tan amplia que sus labios dolieron, el orgullo llenaba su pecho y se mostraba en sus ojos. Retener su título de Campeón del Mundo era mucho más dulce que ganarlo, porque ahora tenía que mantener el puesto para sí y alejarlo de Viktor, romper la racha ganadora del anterior Campeón como nadie lo había hecho antes.
Viktor había desaparecido después de las olimpiadas, pero no permitiría que escape esta vez. El after party oficial, que se llevaba a cabo en la recepción del hotel donde todos los patinadores y sus entrenadores se hospedaban, era obligatorio. Siendo Viktor el medallista de plata todos esperaban que estuviera allí, tal como Yuuri había sido forzado a pasar por las horas de aburrimiento que venían con los eventos oficiales.
Al entrar en la habitación, vestido con un traje que era demasiado formal y restrictivo para su gusto, Yuuri miró alrededor disimuladamente, notando a Viktor parado junto a su entrenador al otro lado de la habitación. Se encontraban hablando con expresiones y voces monótonas, a unos cuantos oficiales de apariencia aburrida. Yuuri se percató que únicamente se encontraba con Viktor en eventos oficiales, donde las conversaciones eran estrictamente vigiladas. Aún estaba desesperado por echarle en cara su victoria al ruso, por mecer su medalla de oro frente a sus ojos y reírse en su cara porque Viktor nunca creyó que pudiera lograrlo. Mira que equivocado estaba.
La fiesta había sido increíblemente aburrida, tal como Yuuri había predicho que sería. Agentes oficiales de Patinaje, entrenadores, patinadores, todos mezclados y hablando de negocios. A medida que la noche avanzaba, las parejas conversando se separaban y empezaban a ocupar la pista de baile, girando o balanceándose al ritmo de la música clásica que sonaba de fondo.
Después de un tiempo de pasearse por la habitación junto con Celestino, Yuuri también se separó de su entrenador, dirigiéndose a la mesa de bocadillos para tomar un trago. Su estómago se apretó como advertencia, y el sabor fantasmal del vodka quemando su garganta le recordó que no debía sobrepasarse, instándole a no recrear el fiasco de los Juegos Olímpicos. En lugar de eso, se sirvió una sola copa de champaña, agarrándola en su mano y tomando pequeños sorbos mientras reflexionaba acerca de los acontecimientos del día, dándole la espalda al resto del salón.
— ¿Te gustaría bailar?
La pregunta vino desde detrás de él, interrumpiendo sus pensamientos. Se dio la vuelta, casi derramando el contenido de la copa sobre su ropa. El conocía esa voz.
Viktor estaba parado frente a él, su propia copa de champaña en una mano y sus tormentosos ojos fijos en Yuuri, mirándolo con esa misma intensidad que parecía estar siempre presente cuando estaba frente a él.
—Ah… ¿Disculpa? —Tartamudeó Yuuri, desconcertado. No tenía ni la más mínima idea de qué se suponía que estaba pasando.
— ¿Te gustaría bailar? ¿Conmigo? —Explicó el ruso, aclarando ligeramente su garganta y moviéndose un poco al hablar. — ¿Te gustaría bailar conmigo?
—Bailar. ¿Contigo? —Yuuri aún estaba confundido. Parte de él quería decirle a Viktor que se perdiera, que lo dejara disfrutar de su victoria en paz y que no quería tener al ruso arruinándola con sus palabras como lo hacía siempre. Pero otra parte de él quería aceptar la oferta del ruso. Sentía curiosidad. Claramente el otro patinador quería algo de Yuuri, pero este no podía entender que era.
Viktor le ofreció su mano, su palma arriba, y Yuuri entendió repentinamente. Era un desafío. El ruso lo estaba retando, desafiándolo a aceptar la oferta. Por primera vez en mucho tiempo estaban juntos fuera del hielo, todavía siendo rivales en cada sentido de la palabra, pero en un territorio completamente diferente. Territorio que llevaba a confrontaciones mucho más cercanas entre ellos que las batallas que tenían en el hielo.
Repentinamente determinado a no echarse para atrás, Yuuri tomó la mano que le ofrecía, permitiendo que Viktor lo guiara hasta la pista de baile, la cual se llenaba cada vez más a medida que la noche progresaba. La canción siendo entonada por los músicos escondidos en el otro lado de la habitación era alegre, un vals de ritmo constante y regular que tenía a las parejas alrededor de ellos girando al ritmo de la música.
Las manos de ambos estaban aún entrelazadas, pero luego de una rápida mirada alrededor de la habitación Yuuri imitó la posición de las parejas bailando, colocando su mano libre en el hombro de Viktor y, luego de recibir una mirada curiosa por parte del otro hombre, permitiendo que el ruso pusiera su propia mano en la cintura de Yuuri.
Sin ninguna indicación verbal ambos empezaron a moverse al mismo tiempo, Yuuri se movía hacia adelante y Viktor hacia atrás, empezando a danzar en perfecta armonía. Yuuri se sorprendió de lo bien que se movían juntos, de lo natural que se sentían sus movimientos mientras bailaban en círculos alrededor de la pista.
Pero no se permitió dejarse llevar por ello. Esto no era un baile, era un desafío. Era la forma que Viktor había escogido para evaluarlo, para juzgar las habilidades de Yuuri fuera del hielo. El ruso guiaba la danza y Yuuri podía ver sus acciones por lo que eran, un juego de poder. Viktor estaba retomando el control en la única forma que podía hacerlo ahora que Yuuri lo había humillado frente a todo el mundo, ahora que le había arrebatado los dos más importantes títulos que un patinador pudiera obtener.
Pero nada de eso importaba. Era Yuuri quien realmente tenía el control aquí y lo sabía. Él era el vencedor, él tenía la medalla y nada de lo que Viktor pudiera hacer iba a cambiar eso.
De repente, Yuuri se vio consumido por la urgencia de recordarle este hecho a Viktor. A pesar de la relativa privacidad que tenían en la pista de baile, no podía permitirse soltar allí todas las cosas que estaba desesperado por sacar de su pecho. Habían demasiados oídos curiosos dispersos por la habitación como para ahondar en un tema tan personal, para al fin decirle a Viktor quien era Yuuri exactamente y lo que lo había llevado a vencerlo, no una, sino dos veces. Sacar los trapos sucios en público jamás había sido el estilo de Yuuri. Valoraba demasiado su privacidad como para hacer algo así. No significaba, sin embargo, que fuera tan buena persona como para no burlarse.
—Tu rutina estuvo muy bien el día de hoy —. Le dijo a Viktor, siendo muy cuidadoso en no perder el ritmo de la danza que llevaban. —Digna del segundo lugar.
Y sí, sabía que eso había sido cruel, pero al mismo tiempo también fue increíblemente satisfactorio. Era el mismo tipo de vicioso y mal intencionado cumplido que Viktor le había brindado años atrás, y finalmente decirlo en voz alta le trajo un sentimiento de alivio. Alivio de al fin ser capaz de devolverle esas palabras a Viktor y con creces.
Bajo su mano, Yuuri pudo sentir la de Viktor apretarse ligeramente y el pequeño tropiezo en su andar. Viktor podría tener muchos defectos, pero era un excelente bailarín y nunca perdía el ritmo, por lo que se recuperó tan rápido que Yuuri estuvo casi convencido que había imaginado lo anterior.
—Te lo agradezco —. Le contestó Viktor, nunca apartando su mirada del rostro de Yuuri. —Tu presentación estuvo excelente también. Debes disfrutar haber ganado el oro.
Yuuri estrechó sus ojos, buscando el doble sentido, el insulto escondido en sus palabras. Pero no podía descifrar a Viktor, en todos esos años nunca había podido.
—Lo hago —Decidió responder, porque era cierto y ambos lo sabían. Yuuri no había sido para nada sutil. Viktor tenía que conocer la viciosa satisfacción que Yuuri sentía al haberlo vencido. Lo había dejado muy en claro tanto en las olimpiadas como aquí.
Yuuri había pasado mucho tiempo con los insultos de Viktor colgando sobre su cabeza, demasiado tiempo sabiendo que el otro patinador nunca lo había tomado en serio ni creído en sus habilidades. Se rehusaba ahora a contener la satisfacción que sentía al haberle demostrado que estaba equivocado, solo por mera educación. Mucho menos para no lastimar los sentimientos de Viktor. El ruso nunca se había preocupado por los sentimientos de Yuuri después de todo.
Su siguiente giro los llevó justo debajo de uno de los grandes candelabros del salón, y los prismas de cristal arrojaban destellos de luz sobre la cara de Viktor, haciendo que su cabello plateado resplandeciera bajo la luz y se reflejara en los botones del chaleco que portaba. Yuuri tuvo que pelear contra el pequeño sonrojo que se formaba en sus mejillas, ya que el ver a Viktor con ese chaleco le trajo ciertos recuerdos de la última vez que lo había visto con ropas similares. Recuerdos tanto de la realidad, como aquellos que creo su soñadora mente, y no era algo en lo que quisiera pensar mientras trataba de regodearse en su victoria.
Yuuri estuvo repentinamente consiente de lo caliente que era el salón de banquetes, la cercanía de los cuerpos presionados en la pista de baile y el poco espacio en la habitación que causaba que su traje se sintiera repentinamente demasiado apretado. Un sonrojo empezando a formarse en la parte trasera de su cuello. Viktor también debió notar el aumento de la temperatura porque que su respiración empezaba a salir un poco más rápida de lo normal, y había un pequeño rastro de sudor en la palma de la mano que sujetaba firmemente a la de Yuuri.
—Yuuri —, Lo escuchó decir, y Yuuri estaba sorprendido de escuchar su nombre salir de la boca del ruso, el acento curvándose en sus palabras de tal modo que parecía natural —Por qué…
Sus palabras fueron cortadas cuando otra pareja que bailaba se chocó contra ellos, sacándolos de balance y rompiendo el agarre que los había mantenido unidos. Yuuri apenas se había dado cuenta que se habían detenido, pero el choque había forzado a su cerebro a registrar que ambos se habían quedado quietos, bloqueando el tráfico de la pista de baile, y la gente había empezado a verles fijamente. Avergonzado, se dio la vuelta con dirección a la mesa de bebidas.
—Necesito algo de beber —. Murmuró, tirando de su corbata para tratar de soltar el cuello de su camisa que se había tornado repentinamente demasiado sofocante. Para su sorpresa, Viktor lo siguió.
Viktor tomó una copa de champaña para sí mismo pero cuando le ofreció una a Yuuri, este la rechazó. Beber alcohol ahora mismo era una mala idea, hacía demasiado calor en la habitación y él ya estaba teniendo suficientes problemas para pensar racionalmente aun sin nada en su sistema. En su lugar, Yuuri tomó un vaso con agua y se acercó a las grandes y elegantes puertas que llevaban a la salida, esperando poder alejarse de la fiesta y tomar un poco de aire fresco.
Por alguna razón, se volteó hacia Viktor, levantando una ceja. Desafiándolo a seguirlo. No sabía porque lo había hecho, pero el otro hombre había accedido, siguiendo a Yuuri fuera del salón y más allá del desierto corredor.
Suspirando pesadamente, Yuuri se recargó en una de las paredes adyacentes a la puerta. Tomó un largo trago de agua del vaso en su mano y tiró su cabeza hacia atrás, dándole mejor acceso al líquido para que enfriara su garganta. A pesar de estar libre de la claustrofóbica atmosfera del salón, aún se sentía caliente por todas partes y extrañamente inquieto.
Viktor lo había seguido fuera y rondaba la puerta cerrada, observando fijamente a Yuuri con esos malditos ojos que lo habían perseguido en sueños durante tantos años. La mirada en ellos había cambiado inesperadamente. La aguda intensidad aún se encontraba muy presente en ellos, pero había algo más allí también. Algo nuevo.
Desde que Yuuri podía recordar, Viktor había sido una constante en su vida. Primero como un héroe, luego como un enemigo. Yuuri lo había amado y odiado, admirado su patinaje y despreciado sus palabras, lo había observado desde abajo con anhelo y con deseo de bajarlo de su nube. Todo era una turbulencia de emociones dentro de él, un lío que no era capaz de desenredar. Había buscado la victoria contra Viktor por tantos años que ahora que finalmente estaba aquí, se encontró deseando por más.
Yuuri supo en ese momento que estaba a punto de hacer algo muy arriesgado y muy, pero muy estúpido.
Había levantado su copa en un burlón brindis, un brindis por su propia victoria sobre el ruso. Sabía que la sonrisa en su rostro era todo menos amable, y que había un tinte de desafío en sus ojos brillando ferozmente.
«Mírame». Se burló silenciosamente. «Te vencí. Ahora ¿Qué piensas hacer al respecto?»
El destello de un movimiento fue toda la advertencia que tuvo Yuuri antes que Viktor lo lanzara contra la pared, calientes manos dejando marcas y apretando sus hombros, presionándolo hacia atrás casi dolorosamente. La copa que tenía en su mano cayó, rodando lejos por el piso, pero Yuuri ni lo notó porque repentinamente tenía un par de desesperados labios sobre los suyos y una de las manos de Viktor agarrando la parte trasera de su cabeza, apretando su cabello. Viktor besaba como patinaba, con una ardiente intensidad que consumía a Yuuri por completo, marcándose con fuego en su alma.
Tratándose de su primer beso, era jodidamente fantástico.
Yuuri le devolvió el beso, una porque sentía que se quemaba por dentro y otra porque realmente quería esto, lo quería más de lo que nunca había deseado nada en su vida y posiblemente más de lo que jamás desearía ninguna otra cosa. La mano de Viktor se movió del apretado agarre que mantenía sobre su hombro para agarrar su cadera y Yuuri casi se derritió en ese preciso instante, porque ese movimiento le trajo de vuelta las imágenes de aquel sueño que se habían mantenido grabadas en su cabeza por tantos años, sin importar que tan duro trató de borrarlas.
El beso era caliente, áspero y desesperado. Yuuri le devolvía el beso viciosamente, lo besaba como si estuvieran en una batalla, porque era Viktor y nada entre ellos llegaría a ser algo más que eso. Todo esto era simplemente otro desafío, otra prueba, estaban empujando lo límites del otro porque eso era lo que siempre hacían. Lo que siempre habían hecho.
Viktor controlaba el beso, aun empujando a Yuuri contra la pared y besándolo tan profundamente que Yuuri difícilmente podía respirar. Una parte de Yuuri amaba la sensación de ser dominado, pero otra parte se revelaba contra ello. Esta era su noche, su victoria. Había dejado que Viktor tomara la batuta en su baile, pero esto era mucho más, por lo que era su momento de tomar el control.
Usando la fuerza que su esbelta figura ocultaba, Yuuri los volteó, invirtiendo sus posiciones de modo que ahora era Viktor quien estaba pegado contra la pared. El hombre lucía fabuloso bajo la ligera luz, con su cabello desordenado, sus labios rojos por los besos y con su respiración acelerada. Determinado a mantener esa ventaja, Yuuri se movió rápidamente, capturando sus labios en otro feroz beso. Permitiéndole a su deseo controlar la parte más racional de su cerebro, la cual le gritaba que esto era una terrible idea y que debería detenerse antes de que hiciera algo de lo cual se arrepentiría.
Viktor suspiró dentro del beso, no mostrando molestia alguna por el cambio de posiciones. Frustración llenó la mente de Yuuri ante el sonido. Quería que Viktor le diera pelea, que lo besara tan fuerte que doliera, que dejara salir su ira sobre Yuuri del mismo modo en que Yuuri estaba haciendo con él.
La mano de Viktor se movió, abandonando su lugar en la cadera de Yuuri para deslizarse bajo su camisa, haciendo que todo pensamiento racional en la mente de Yuuri desapareciera por completo. Jadeó ante el toque, apretándose contra Viktor, desesperado por más. Por un segundo Viktor lo complació, recorriendo la piel desnuda de Yuuri con la mano que no estaba sujetando su cabello, acariciándola suavemente. Pero cuando Yuuri empezó a besarlo más fuerte, Viktor usó esa misma mano para alejarlo, distanciando sus cuerpos ligeramente y moviendo su rostro de modo que su frente estuviera presionada a la Yuuri. Rompiendo el beso.
Ambos jadeaban ligeramente y Viktor movió la mano que tenía enredada en los cabellos de Yuuri para posarla sobre la mejilla del muchacho, aun manteniendo sus frentes presionadas.
—Mi habitación está arriba—. Suspiró Viktor, y Yuuri quiso reírse porque por supuesto su habitación estaba arriba. Todos los patinadores se estaban hospedando en el mismo hotel donde el banquete se llevaba a cabo. Pero repentinamente el significado de esas palabras los golpeó, junto con lo que Viktor le estaba insinuando exactamente.
No debería ir con Viktor. Lo que estaban haciendo era estúpido, la cosa más estúpida que había hecho jamás. El odiaba a Viktor, siempre lo había hecho, y esto que estaba pasando entre ellos era simplemente otro juego de poder, la frustración mutua que sentían por el otro alcanzando finalmente su punto de quiebre. Todo esto pudo terminar con una pelea, pero en su lugar terminaron así como estaban ahora. Todo era demasiado rápido, demasiado sobrecogedor, demasiado perfecto.
No debería ir con Viktor.
Pero lo hizo de todas formas.
A penas si lograron llegar a la habitación de Viktor.
El ruso había apoyado a Yuuri contra la puerta, rehusándose a romper el beso, sus manos ya estaban trabajando sobre los botones de la camisa de Yuuri y este correspondía sus besos, casi mordiendo, usando dientes y lengua para sacarle a Viktor todos aquellos soniditos que causaban la formación de una piscina caliente dentro de su vientre.
Yuuri sabía que no tenía experiencia alguna, y eso seguro se notaba claramente en su técnica, pero no podía importarle menos. A Viktor parecía no importarle demasiado tampoco, besándolo impacientemente, moviendo una de sus calientes manos de arriba a abajo sobre el costado de Yuuri y por debajo de su camisa, mientras con la otra deshacía los botones de su ropa.
Yuuri nunca había odiado la dificultad de traer ropa formal más que en ese momento. Frustrado, metió sus manos dentro del cabello de Viktor, tirando de el para urgirle que se apresurara porque sentía un fuego quemando en su pecho que pensaba podría explotar en cualquier momento. Se quitó los zapatos desesperadamente, sin importarle donde caían, y le urgió a Viktor que terminara de trabajar en su camisa. El otro hombre estaba distraído, atrapado entre desvestir a Yuuri y besarlo a la vez, como si no quisiera dejarlo ir nunca.
La frustración de Yuuri finalmente explotó causando que los volteara a ambos, presionando a Viktor contra la pared y quitando las manos de su cabello para proceder a deshacer los botones de la camisa del ruso con rápidas y agiles manos, exponiendo finalmente la pálida y suave piel debajo. Maravillado por la sensación, Yuuri pasó sus manos por el pálido pecho frente a él, sintiendo los músculos tensarse y flexionarse ante su toque.
Viktor jadeó ante eso, dejando salir un áspero sonido que casi parecía un gruñido. Envolvió sus manos apretadamente alrededor de las caderas de Yuuri y lo empujó hacia atrás, prácticamente tirándolo sobre la cama. Yuuri saltó un poco sobre el colchón debido a la fuerza del impacto, su jadeante respiración resonaba en la silenciosa habitación, su rostro se encontraba sonrojado, su cabello despeinado y su camisa aún a medio abrir.
Apenas tuvo tiempo para respirar antes de que Viktor se uniera a él en la cama, subiéndose a gatas encima de Yuuri quien estaba acostado boca arriba, lo miró desde arriba con los ojos encendidos. Suavemente posó una de sus manos sobre el rostro de Yuuri, pasando su pulgar por los suaves e hinchados labios. Yuuri sintió que el calor subía por su cara ante ese gesto, el sonrojo extendiéndose desde sus mejillas hasta su cuello y subiendo a sus orejas. Podía recordar vívidamente la última vez que estuvieron en esa posición, aunque esto superaba incluso el calor de que aquel sueño de hace tantos años. La realidad era mucho más de lo que había esperado, y todo lo demás palidecía en comparación.
Inclinándose para capturar los labios de Yuuri en otro voraz beso, Viktor retiró la mano que tenía en la cara del muchacho y la bajó hasta su camisa, peleando por deshacer los pequeños y molestos botones. Sin embargo eventualmente se rindió soltando un ronco gruñido por la frustración. Agarrando la camisa con ambas manos arrancó la tela, enviando a volar los molestos botones a través de la habitación. Distantemente, Yuuri se percató de que probablemente debería sentirse enojado por ello. Le gustaba esa camisa después de todo. Pero simplemente no podía enojarse, ya que la pérdida de la tela dejaba más de su piel expuesta a los ansiosos toques de las manos de Viktor.
Viktor deslizó su mano ligeramente por detrás del cuello de Yuuri, empujándolo hacia arriba levemente hasta que estuvo completamente sentado, dándole espacio para que se deshiciera de lo que quedaba de su camisa. La floja corbata azul que había irritado a Yuuri toda la noche, fue rápidamente sacada por encima de su cabeza y arrojada a un lado descuidadamente.
De repente, Yuuri sintió una oleada de inseguridad. Estaba acostado medio desnudo debajo de Viktor, mientras el otro hombre se cernía encima de él. Su camisa estaba abierta, pero aun así era mayor la cantidad de piel cubierta que la que había sido revelada. Buscando igualar las condiciones, Yuuri se empujó contra Viktor y este se hizo para atrás de buena gana, permitiendo que Yuuri se sentara por completo. Dejó que Yuuri le sacara la tela por encima de sus hombros, revelando más de aquella hermosa piel albina a medida deslizaba la camisa por su brazos. El ruso se deshizo de sus ropas fácilmente, lanzándolas a un lado de la misma descuidada manera que había lanzado la corbata de Yuuri. Cuando la hubo eliminado, trajo sus manos de regreso al rostro de Yuuri para atraerlo a otro profundo beso.
En esa nueva posición, ambos estaban casi a la misma altura, ambos arrodillados en la cama frente al otro, presionándose juntos. Yuuri podía sentir aumentar la ardiente sensación en su vientre, podía sentir la forma en que la respiración de ambos aumentaba considerablemente, podía sentir como los besos de Viktor se volvían cada vez más desesperados a medida que pasaba el tiempo.
Con un destello de comprensión, Yuuri supo que necesitaba decidir si realmente quería hacer esto o no. Aún estaba a tiempo de detenerse. De vestirse, salir de la habitación y pretender que nada había ocurrido. Pero no quería hacerlo. Podría no tener experiencia alguna, pero incluso él podía entender los deseos más básicos de su corazón. Sabía lo que quería, y eso era a Viktor.
Con una inesperada oleada de valor, Yuuri enganchó una de sus piernas detrás de las de Viktor, usándola como palanca para darles la vuelta y así quedar encima del ruso, mirando el perplejo rostro del otro hombre. A pesar del repentino cambio de posición, Viktor no parecía disgustado, solo un poco sorprendido.
Yuuri se inclinó, besando los labios de Viktor una vez más mientras usaba una de sus manos para explorar la extensión de piel desnuda bajo él. Viktor era hermoso. Esbelto, con músculos y perfecto, su pálida piel parecía brillar bajo la luz de la luna que se filtraba a través de las ventanas.
Rápidamente las manos de Yuuri pasaron por todo el amplio pecho de Viktor hasta llegar a la curva de sus caderas y al inicio de sus pantalones, los cuales aún mantenían la parte baja de su cuerpo oculta a sus ojos. Haciendo acopio de todo su coraje, Yuuri movió sus manos hacia el cierre de la prenda, sus dedos temblando un poco por lo nervios que habían comenzado a crecer en él ante lo que planeaba hacer.
Unos dedos gentiles rodearon ligeramente la muñeca de Yuuri, deteniendo sus movimientos. Yuuri alzó la mirada con sorpresa y se encontró Viktor observándolo, sus ojos suaves. Contrastando tremendamente con la pasión que ardía en ellos momentos antes.
— ¿Estás seguro? —Le preguntó Viktor con la voz más profunda que jamás había escuchado, el acento curvándose pesadamente alrededor de sus palabras.
Yuuri asintió, fijando su mirada en la de Viktor. —Si—. Le contestó, su propia voz sonando ligeramente ronca.
Viktor le sonrió, tomando en sus manos el rostro de Yuuri para una vez más sumergirse en un beso que fue más gentil y dulce que ninguno de los que habían compartido anteriormente. Mientras Yuuri estaba distraído con el beso Viktor se movió, rodando sus cuerpos de modo que el ruso estaba nuevamente arriba de él, el contacto de sus labios a penas roto. Yuuri debió tener una expresión de completa perplejidad en su rostro ya que Viktor le dio una sonrisa torcida, claramente encontrado muy divertido el shock en la cara de Yuuri al percatarse que había usado contra él el mismo truco que había empleado antes.
Viktor volvió a besarlo, el calor de la pasión retornando y creciendo con cada movimiento de sus labios. Gradualmente Viktor empezó a separarse de su rostro, besando y mordiendo el camino a la curva de su cuello, dejando pequeños chupetones por donde pasaba. Yuuri no pudo evitar el temblor de placer que pasó a través de su cuerpo ante la sensación. Todo era nuevo para él, y cada continua sensación se sentía mejor que la anterior, el placer aumentando con cada toque.
Finalmente, Viktor hizo su camino por toda la extensión del cuello de Yuuri, levantando su cabeza para mirarlo a los ojos. Yuuri se removió un poco bajo él, se estaba empezando a impacientar y Viktor se rio un poco de ello, le tomó ambas manos y las cerró con las suyas, besando sus nudillos gentilmente antes de empujarlas sobre la cabeza de Yuuri. Sujetándolas contra la cama e inmovilizando al muchacho bajo él.
Yuuri quería protestar ante la repentina restricción, pero la parte animal y traidora de su cerebro ronroneó ante la sensación, disfrutando de ser sujetado contra la cama con la esbelta figura de Viktor aún cernida sobre él. Viktor movió las muñecas de Yuuri para ahora sujetarlas con una sola mano, dejando que la otra vagara libre dentro de la gaveta que estaba junto a la cama. Al tener una sola mano sujetándolo contra el colchón Yuuri estaba muy seguro de poder romper el agarre, pero cuando intentó moverse se sorprendió al sentir la fuerza con la que Viktor lo sujetaba, manteniéndolo quieto en su posición. Yuuri no era para nada un debilucho, pero el agarre de Viktor era lo bastante firme y fuerte para someterlo.
Viktor se alejó de la gaveta una vez que hubo encontrado lo que buscaba, Yuuri pudo ver de reojo como una botella era arrojada a su lado, algo lejos pero siendo todavía fácilmente alcanzable. Viktor se inclinó para besarlo una vez más, liberando sus muñecas del restrictivo agarre anterior y dejando que sus propias manos vagaran libremente por el cuerpo de Yuuri, explorando con cada toque. Yuuri aprovechó su nueva libertad para pasar la punta de sus dedos por el cabello de Viktor, tirando de el en un agarre que bordeaba el dolor, urgiéndole a Viktor a ir más rápido, a darle a su cuerpo lo que anhelaba con tanta desesperación.
Yuuri nunca había pensado demasiado acerca de cómo sería su primera vez. Nunca había sido algo que le preocupara antes. En todos estos años realmente nunca había sentido la necesidad, nunca había encontrado a nadie que le interesara lo suficiente como para intentarlo. Si le hubieran preguntado, probablemente hubiera dicho que estaba esperando al momento adecuado y a la persona adecuada.
Por supuesto ese era Viktor. ¿Quién más podría ser?
Viktor había sido el centro de su mundo por más tiempo del que Yuuri podía recordar. Sus carreras, sus vidas, ambas desesperadamente enredadas con la del otro, por lo que tenía mucho sentido que así fuera como tenía que ser.
Yuuri siempre había estado bajo la impresión de que su primera vez sería llena de amor, suave y gentil. Pero esto…esto era mucho mejor. Era caliente, áspero y necesitado, y Yuuri nunca había sentido nada igual a lo que sentía en ese momento. Todos sus sentidos estaban elevados, todas sus emociones vívidas. Viktor lo rodeaba, consumiéndolo, todo era perfecto. Una armonía perfecta. Una perfecta ironía.
Viktor se volvió a alejar de Yuuri, rompiendo el beso para rápidamente deslizar sus dedos en la cinturilla del pantalón de muchacho y los boxers debajo, deslizándolos por las caderas de Yuuri suavemente. Para facilitar el proceso, Yuuri levantó sus caderas ansiosamente, dándole a Viktor un mejor acceso para remover la ropa faltante. No quedándose atrás, Yuuri se levantó para devolverle el favor, tirando de las últimas prendas de Viktor y sintiendo como el otro hombre le ayudaba con el proceso. Eliminaron los últimos vestigios de tela hasta que ambos estuvieron sentados frente uno al otro, completamente expuestos.
Viktor se hizo para atrás ligeramente, observando fijamente a Yuuri, acostado bajo él y sin nada que lo protegiera de su intensa mirada. Sin desearlo, la inseguridad de Yuuri volvió. La mirada de Viktor era demasiado intensa, era como si estuviera analizando cada detalle del cuerpo de Yuuri, grabándolo permanentemente en su memoria. Yuuri se sentía expuesto. A pesar de que Viktor y él se encontraban en igualdad de condiciones, el cuerpo de Viktor era maravilloso en su totalidad, y Yuuri sabía que estaba muy lejos de poder comparársele. Viktor se había burlado de su cuerpo antes y Yuuri no quería darle la oportunidad de hacerlo de nuevo. Había disfrutado de sus actividades previas y no quería detenerse solo para que Viktor le recalcara sus defectos una vez más.
Durante el frenesí de su tiempo juntos, Viktor se había deshecho ya de toda su ropa exceptuando la corbata negra que había estado usando toda la noche, la cual aún colgaba floja en su cuello. Yuuri la agarró de abajo, usándola para atraer a Viktor hacia sí, rompiendo el contacto visual. Viktor soltó un jadeo de sorpresa que rápidamente se convirtió en un gemido de satisfacción al sentir como lo Yuuri besaba de nuevo y con más fuerza que antes, manteniendo la punta de la corbata aun firmemente agarrada en su puño.
Desde su posición debajo del cuerpo del ruso, Yuuri pudo notar cuan interesado estaba el cuerpo de Viktor con sus atenciones. Podía sentir la forma en que el otro hombre apretaba y flexionaba sus manos sobre sus caderas, tan fuerte que podría jurar que le dejaría marca. Alentado, Yuuri atrajo a Viktor más cerca de sí, envolviendo sus piernas alrededor de su cintura y clavando sus pies en la espalda baja del otro patinador, incitándolo. Sonrió al registrar el jadeo de placer que salió de la boca de Viktor ante la sensación
Estaba cansado de esperar. Sentía como si hubiera estado esperando toda una vida.
Viktor estiró su mano para alcanzar la pequeña botella que había lanzado al otro lado de la cama, abriendo la tapa y brindándole a Yuuri una última e interrogante mirada, esperando a que el muchacho bajo él le diera permiso para proseguir. Asintiendo impacientemente, Yuuri clavó sus dedos en la espalada de Viktor, alentándolo a proseguir sin decir una palabra.
Agarrando sus muslos, Viktor quitó las piernas de Yuuri de su cintura, extendiéndolas en la cama y deslizándose de modo que estuviera confortablemente acomodado entre ellas. Descansó una de sus manos en el cuello de Yuuri y llevó la otra entre sus cuerpos, agarrando la polla del muchacho firmemente para luego acariciarla con movimientos suaves y seguros.
Yuuri casi mordió sus labios en un intento de reprimir los gemidos que amenazaban con escapar de su boca ante la sobrecogedora sensación. No se comparaba a nada que hubiera sentido antes, por lo que hundió aún más sus dedos en la espalda del ruso, marcando con sus uñas la blanca palidez de su tez.
Viktor removió su mano del cuello de Yuuri y rápidamente la remplazó con su boca, besando la sonrojada piel al tiempo que usaba su mano libre para extraer una generosa cantidad de líquido de la pequeña botella entre sus dedos. Todavía esparciendo besos sobre su expuesto cuello, Viktor llevó su mano entre sus piernas abiertas, palpando ligeramente pero nunca entrando al lugar que Yuuri tan desesperadamente necesitaba que tocara. Su otra mano no vaciló nunca, sino que continuó moviéndose, haciendo que Yuuri sintiera destellos de placer que quemaban detrás de sus parpados y aceleraban su corazón. Yuuri se empujó contra esos dedos, impaciente, logrando con eso que Viktor cediera finalmente, empujando el primero de sus dedos al tiempo que mordía el cuello de Yuuri, marcando el punto justo arriba de su clavícula, el cual sería visible para todo aquel que prestara atención.
Yuuri jadeó al sentir el primer dedo entrando en él y se removió un poco para ajustarse a la nueva sensación. Viktor le dio tiempo, deteniendo sus movimientos sobre el miembro de Yuuri para que la sensación no fuera tan sobrecogedora. Después de unos segundos empezó a mover su dedo, resultando fácil e indoloro debido al lubricante. Cuando estuvo seguro de que Yuuri estaba listo, y Yuuri estuvo seguro de que su corazón iba a explotar por las sensaciones, Viktor añadió otro. Yuuri gimoteó ante la sensación, una frenética necesidad empezando a bullir en su pecho mientas se movía contra esos dedos, buscando desesperadamente más de esa sensación. Viktor dejó salir una pequeña carcajada y se inclinó para besar la hinchada boca de Yuuri.
El beso empezó suave, pero Yuuri rápidamente tomó el control, lamiendo dentro de la boca de Viktor y mordiendo tan fuerte que estuvo seguro que le sacaría sangre. Viktor dejó salir un sonido lleno de necesidad ante eso, y Yuuri cantó victoria internamente. Jadeando contra su boca, Viktor añadió un dedo más, alejándose para observar a Yuuri con sus ojos oscurecidos por la lujuria.
Objetivamente, Yuuri sabía que debía verse como un complete desastre. Cubierto en sudor, moretones y marcas de mordidas. Su cabello desordenado y tirado hacia atrás en una vaga imitación del estilo que usaba cuando patinaba. Jadeando por respirar y con sangre manchando la esquina de su boca, luciendo completamente perverso.
Sin embargo, Yuuri por lo menos sabía que Viktor estaba en igualdad de condiciones. Su cabello pegado a su frente, su pecho moviéndose pesadamente y sus ojos encendidos con fuego y pasión, además de otra profunda emoción que en el estado en el cual Yuuri se encontraba, no era capaz descifrar.
Con una oleada de confianza, Yuuri buscó entre sus cuerpos, tomando el pene erecto de Viktor e imitando lo que este había hecho con Yuuri momentos antes, moviendo su mano de arriba a abajo sobre la ardiente piel, escuchando como Viktor jadeaba y temblaba ante la sensación. El ruso ya estaba completamente duro, su polla segregando el pre-semen que Yuuri usó para lubricar su mano y deslizarla más rápido.
Una parte de él estaba aún en shock, gritándole que esta era la cosa más riesgosa y estúpida que jamás había hecho. Que se arrepentiría de ello en la mañana. Que debería detenerse ahora porque sin importar lo lejos que habían llegado nunca era demasiado tarde para cambiar de parecer y alejarse de allí. Pero otra parte de él, la parte más fuerte, le urgía que continuara. Esta era una batalla al igual que las que peleaban en el hielo, y era una batalla que no estaba dispuesto a perder. Viktor lo estaba desmoronando pieza por pieza, sensación por sensación, y la única forma de darle pelea era pagarle con la misma moneda. Él era el único que podía conseguir que Viktor se viera de esa manera, tan hermosamente arruinado. Era el único que podía conducir a Viktor a este estado, su amargada rivalidad culminando en este momento, en la liberación de todos esos sentimientos que había estado embotellando durante años, todas las palabras que no había sido capaz de decir, todos esos sentimientos calando en su corazón.
—Te odio —. Soltó Yuuri, sabiendo que esos sentimientos eran correspondidos de todo corazón, y se sentía tan bien por fin poder soltar esas palabras después de tanto tiempo —Ahora fóllame.
Viktor titubeó, sus dedos detuvieron sus movimientos pero Yuuri se rehusaba a permitirle detenerse, no ahora que habían llegado tan lejos. Agarró a Viktor por el cabello para arrastrarlo a otro beso, derramando cada uno de sus sentimientos en esa acción. Viktor gimió dentro de su boca, una mano apretando su muslo y la otra curvando sus dedos dentro de Yuuri, haciendo que este jadeara en respuesta.
Finalmente sacando sus dedos, Viktor agarró los muslos de Yuuri, separándolos lo más posible y Yuuri gimió ante la pérdida. Pero la sensación no duró mucho antes de que algo caliente, duro y mucho más grande que los dedos que habían estado presionando dentro de él, se empujaran lentamente hasta llenarlo con calor, presión y una sensación que lo consumía de tal modo que no podía respirar.
Viktor dobló las piernas de Yuuri hacia atrás, casi poniéndolas al nivel de su cabeza. De repente Yuuri se sintió muy agradecido por la atlética flexibilidad que su entrenamiento le había otorgado. El nuevo ángulo le permitía a Viktor deslizarse más profundamente y Yuuri casi quiso llorar por lo bien que se sentía. Después de tantos, tantos juegos previos, estaba casi listo para venirse allí mismo, pero se forzó a resistir. Esto no había terminado, no aún.
Viktor no se movió, dándole tiempo a Yuuri para acostumbrarse al caliente estirón tal como lo había hecho antes con sus dedos, pero Yuuri estaba demasiado impaciente. Con el poco espacio que tenía se movió, jadeando y estremeciéndose ante la fricción que le producían los movimientos.
Aparentemente animado por el entusiasmo de Yuuri, Viktor se empezó a mover también, saliendo de Yuuri a un ritmo tortuosamente lento antes de entrar nuevamente, provocando que su cuerpo entero se estremeciera por el placer. Viktor se movió de nuevo, lentamente al principio pero aumentando su velocidad gradualmente, estableciendo un ritmo que rápidamente se tornó una tortura, llevando a Yuuri cada vez más cerca del borde.
Buscando entre sus cuerpos, Viktor agarró la polla de Yuuri una vez más, deslizando su mano al ritmo de sus embestidas y Yuuri no pudo contener el gemido que salió de su boca. Sus ojos rodaron a la parte trasera de su cabeza, abrumado por la sensación.
Con sus dedos aún calvados en la piel de los hombros de Viktor, arrastró sus uñas por su espalda, dejando furiosas marcas rojizas a su paso. En el calor del momento se dio cuenta que quería marcar Viktor, quería que le doliera, quería que Viktor sintiera ese dolor por días y lo recordara. Que recordara a Yuuri, su Victoria y la sensación de sus cuerpos unidos como uno, perfectamente en armonía.
El calor que había estado creciendo en Yuuri desde el inicio de su encuentro estaba alcanzando su apogeo, y sabía que no duraría mucho más. Pero se rehusaba a darle la ventaja a Viktor. Yuuri podría ser inexperto pero era joven y fuerte, además su aguante en el hielo no tenía comparación. No había razón por la que no pudiera poner eso en práctica aquí.
Viktor estaba sobre él, tenía un brazo a cada lado de la cabeza de Yuuri soportando su peso, y temblando ligeramente debido al esfuerzo. Había sudor formándose en su frente y su respiración estaba saliendo entre jadeos. Era tan hermoso que dolía.
Yuuri se movió, empleando el mismo truco que ambos habían usado anteriormente, usando la distracción del momento para darles la vuelta una última vez de modo que ahora él estaba a horcajadas sobre el regazo de Viktor, bajando la mirada para posarla sobre el hombre acostado bajo él. La polla de Viktor se había deslizado fuera de él durante el cambio de posición y Yuuri rápidamente se alineó sobre ella de nuevo, hundiéndose sobre el duro calor y tirando su cabeza hacia atrás debido a la sensación, aquella quemazón en su espalda que hormigueaba placentera y dolorosamente.
Levantándose un poco, se ajustó en el ángulo correcto, hundiéndose más profundamente que antes y escuchando a Viktor soltar un roto gemido ante la sensación. Sintiéndose entusiasmado ante el sonido, Yuuri se levantó y bajó una vez más, moviéndose en un ritmo estable y sintiendo como sus músculos se apretaban y se flexionaban mientras los guiaba a ambos hacia el borde.
Las manos de Viktor volaron hasta sus caderas, apretando tan fuerte que dolía. Yuuri supo con certeza que tendría varios moretones en la mañana.
—Yuuri —. Exhaló Viktor, medio gimiendo y medio jadeando. —Yuuri…
Inclinándose sobre Viktor, Yuuri colocó una mano sobre su hombro, usándola como soporte adicional para para moverse más fuerte y rápido, el cambio de ritmo haciendo que ambos gruñeran.
Viktor empezó a deshacerse bajo él y Yuuri al percatarse de ello se deleitó con el hecho de que pudiera hacerle eso a Viktor, que pudiera hacerlo enloquecer de este modo solamente con su cuerpo.
Viktor se sentó repentinamente, levantando la mitad de su cuerpo de tal modo que Yuuri estaba prácticamente sentado en su regazo. Perplejo, Yuuri fue forzado a detener sus movimientos por el temor de que pudieran golpear sus cabezas contra el otro, pero al segundo siguiente eso dejó de ser importante porque Viktor metió sus dedos dentro del cabello mojado por el sudor de Yuuri y lo movió sobre él, apretando cada uno de sus músculos.
Atrayendo a Yuuri hacia sí, Viktor capturó sus labios en un último y ardiente beso. Yuuri jadeó en su boca, estaba tan cerca y sabía que no podría contenerlo por mucho tiempo. Viktor rompió el beso pero no se alejó, en su lugar descansó su cabeza sobre el hombro de Yuuri y murmuró algo en ruso, presionando las palabras contra su piel. Al mismo tiempo volvía a tomar la polla de Yuuri en sus manos. Con la sensación de los cálidos dedos de Viktor rodeándolo, Yuuri finalmente se dejó ir, permitiendo que la liberación lo inundara por completo, estremeciéndose de placer antes de caer laxo sobre el cuerpo de Viktor, aun temblando un poco mientras las réplicas de su orgasmo sacudían su cuerpo.
Viktor alejó su mano de la polla de Yuuri, pasando su mano de arriba a abajo por el tembloroso costado de Yuuri a la vez que daba las últimas estocadas. Aún aturdido por su propia liberación, Yuuri era capaz de decir que Viktor no duraría mucho más.
Determinado a no ser superado se movió una vez más, jadeando por la sobre-estimulación que le traía un placer que pasaba casi al punto del dolor, su cuerpo aún estremeciéndose. Haciendo eso a un lado Yuuri continuó moviéndose, arrastrando sus manos por las rojas marcas que había dejado en la espalda de Viktor y hundiéndose sobre él hasta que pudo sentir a Viktor venirse, pudo sentir el orgasmo de Viktor pasar a través de él y dejarlos temblando a ambos. Yuuri jadeaba con su cabeza presionada sobre el hombro de Viktor y este tenía su propia cabeza tirada hacia atrás, sus ojos mirando desenfocados al techo mientras disfrutaba de su propia liberación.
Yuuri podía sentir lo acelerado que estaba su corazón, podía escuchar el frenético golpeteo del de Viktor contra su oído. Se sintió repentinamente exhausto, desgastado en una manera que nunca había estado antes, ni siquiera después de la más agotadora de sus presentaciones.
Viktor parecía sentirse del mismo modo porque se hundió completamente en el colchón, bajando a Yuuri con él hasta que ambos estuvieron acostados con sus piernas enredadas y el sudor pegado a sus cuerpos, la cabeza de Yuuri aún presionada contra el hombro de Viktor.
Yuuri sabía que debía levantarse. Abandonar la cama y limpiarse. Abandonar la habitación antes de que la realidad de la situación lo golpeara.
Pero en su lugar se encontró a sí mismo cayendo dormido, presionado contra la calidez del pecho de Viktor y arrullado por el latido de su corazón, el cual igualaba al suyo propio.
Yuuri se despertó a la mañana siguiente, pegajoso, adolorido y completamente solo.
Lentamente levantó su cabeza de donde había estado, acurrucado en medio de las sabanas y almohadas de la habitación del hotel, parpadeando ante la claridad del sol al amanecer.
Se sentó dudosamente, catalogando los dolores varios en su cuerpo. Sus músculos se sentían estirados y doloridos, como solían estar después de una particularmente agotadora sesión de práctica, y también tenía una sensación de ardor en la parte baja de su espina que lo hizo colorearse en un brillante y flamante rojo a pesar de estar solo en la habitación.
Al examinarse rápidamente notó que tenía moretones marcados en las caderas, una copia perfecta de los largos dedos que lo habían sujetado anoche. Su cuello estaba salpicado con moretones más pequeños, pequeñas marcas rojas manchando su piel y una marca de mordida sobre su clavícula que sobresalía notoriamente. No había manera de que pudiera cubrir eso de la vista de los demás, incluso si abotonaba su camisa completamente.
Hablando de su camisa…
Yuuri se arrastró fuera de la confortable cama, caminando alrededor de la habitación para recuperar las prendas que había usado la noche anterior y que se encontraban esparcidas por el cuarto. En el calor del momento no le había interesado donde habían caído porque lo único que quería hacer era deshacerse de ellas, pero ahora con el resplandor de la luz mañanera, se sintió avergonzado de ver el sendero de ropa que venía desde la puerta y llegaba hasta la cama que acababa de desocupar.
Sus zapatos, medias y pantalones parecían estar todos allí, junto con su desastrosa corbata que de alguna manera logró colgarse encima de la lámpara junto a la cama. Su camisa sin embargo, era una causa perdida. La mitad de los botones ya no se encontraban debido a que habían sido arrancados la noche anterior, y no había manera de que pudiera usarla sin que cualquier persona con la que se cruzara se percatara de lo que había estado haciendo en la noche del banquete.
Mientras rondaba la habitación, Yuuri observó el interior con detenimiento, notando el vacío de la habitación principal y la completa ausencia de sonido en la suite. La habitación estaba completamente vacía. Viktor debió haberse ido ya, sabrá Dios donde. Era una señal muy clara, una señal de como el ruso esperaba que Yuuri se hubiera marchado para cuando él volviera.
Era de esperarse, se recordó Yuuri. Lo más cortés probablemente hubiera sido haberse ido tan pronto hubieron terminado, un momento de pasión no implicaba que tuviera permiso de pasar la noche acurrucado en los brazos de Viktor. Pero había estado tan cansado y tan plácidamente saciado que moverse había sido la última cosa en su mente.
Pero la mañana ya había llegado, y Viktor aún era Viktor, Yuuri aún era Yuuri. Nada había cambiado entre ellos a pesar del cambio transcendental que esto implicaba en el mundo de Yuuri. Aún eran rivales, aún eran enemigos, y ya era hora que Yuuri se fuera.
Se duchó rápidamente, eliminando de su piel las últimas huellas de la noche anterior y observando el agua jabonosa irse por el desagüe, desapareciendo junto con la evidencia de lo sucedido. Se secó tan rápido como pudo antes de deslizarse dentro de la ropa de la noche anterior. La habitación en la que se quedaba estaba solo a unos cuantos pisos y esperaba ser capaz de volver allí sin ser notado.
Celestino y él se estaban quedando en habitaciones separadas esta vez, pero Yuuri rezaba por que el otro hombre no hubiera notado su ausencia en el banquete, y si lo había hecho, que hubiera asumido que Yuuri había decido irse a la cama temprano. No estaba seguro de poder explicarle a su entrenador exactamente lo que había pasado. Ni el mismo Yuuri podía racionalizar sus acciones.
Aun parado y con el torso desnudo en medio de la habitación, Yuuri desechó los restos de su propia camisa y abrió el guardarropa, buscando algo que ponerse entre la desordenada pila de ropa que allí había. Aunque no estaba exactamente emocionado ante el pensamiento de tener que llevarse una de las camisas de Viktor para evitar ser echado del hotel por indecencia pública, era culpa del otro hombre que la camisa de Yuuri estuviera completamente arruinada. A demás, Yuuri estaba seguro de que Viktor no le iba a reprochar la prenda.
Sacó lo que parecía ser la camisa más barata que pudo encontrar, lo más parecida a la suya de modo que no se notara la diferencia, sin embargo aún podía sentir en la tela que seguro era más cara de lo que Yuuri estaba acostumbrado a usar. Yuuri se cubrió con la prenda rápidamente, se acercó al espejo y pasó sus manos por su cabello un par de veces, tratando de aplastar los desordenados mechones.
A pesar de sus mejores esfuerzos aún lucía como un completo desastre, sus labios secos y magullados, su cuello completamente cubierto de delatores chupetones.
Suspirando, Yuuri se dio la vuelta para salir, sabiendo que no podía demorarse por más tiempo. Dándole una última mirada a la desierta habitación se dirigió hacia la puerta, abriéndola y casi chocando contra el hombre que entraba por el otro lado.
—Woah —. Retrocedió Yuuri, apenas evitando caerse debido a la casi colisión y Viktor lo imitó. Tambaleándose ligeramente
Viktor lucía perfectamente casual, cada cabello en su lugar, su ropa limpia y en su rostro cero evidencia de lo que había sucedido la noche anterior. Aunque Yuuri sabía, con un inesperado destello de inesperada complacencia, que si levantaba la parte trasera de la camisa Viktor sería capaz de ver las marcas rojizas que sus uñas habían dejado en la pálida piel solo unas horas antes.
—Estaba por… —Empezó Yuuri, señalando a la puerta al mismo tiempo que Viktor balbuceaba, —Te traje…
Ambos se detuvieron para evaluarse mutuamente y Yuuri notó por primera vez lo que Viktor estaba sosteniendo.
Llevaba dos tazas sobre un soporte, el ligero vapor que ascendía de ellas las reveló como recién hechas y aún calientes. El elegante logo a un lado le dijo a Yuuri que venían de una de las lujosas cafeterías cerca del hotel, el olor de los granos de café ahora empezando a llenar la habitación.
—Te traje esto —. Terminó Viktor, sosteniendo una de las tazas torpemente.
Yuuri la tomó dudosamente, murmurando un quedado "Gracias" mientras tomaba un sorbo, sus ojos abriéndose ampliamente ante el sabor. El líquido dentro no era café como si pudo percibir en el olor viniendo de la taza de Viktor, sino té verde. Un reconfortante sabor que conocía bien. No era la bebida favorita de Yuuri, pero sin duda la prefería sobre el café. Era común y accesible en la mayoría de los países que visitaban y Celestino usualmente le traía una taza antes de las competiciones, cuando necesitaba algo caliente que lo reconfortara, pero no quería el subidón frenético que venía al tomar una bebida con cafeína.
Viktor debió elegirlo de pura suerte, pero Yuuri lo apreciaba de todas formas. El familiar sabor del té calmaba sus nervios por lo que respiró el olor con gratitud antes de devolverse hacia el hombre frente a él.
—Estaba por irme —. Terminó su inconclusa oración de antes, queriendo que el otro patinador estuviera seguro de que Yuuri no tenía planes de quedarse cuando no era bienvenido. Viktor podría haberle traído té como gesto de cortesía, pero Yuuri estaba seguro de que debía de hacer lo mismo con todas las personas con las que se acostaba y que definitivamente no era una señal de que Viktor deseaba que se quedara.
Podía justificar lo que había pasado entre ellos en la oscuridad de la noche como consecuencia de la emoción de la victoria todavía corriendo por sus venas, la rabia, la frustración y el deseo que siempre habían estado presentes cuando tenía a Viktor cerca. Pero ahora, en la luz del día, no podía encontrar ninguna justificación para quedarse más tiempo.
Viktor se quitó de la puerta silenciosamente, dándole espacio a Yuuri para que saliera, cosa que Yuuri hizo, aún sin ser capaz de mirar al ruso a los ojos.
Yuuri se alejó, sintiendo la repentina necesidad de evadir esa mirada que incluso ahora parecía no abandonarlo nunca. Después de dar unos cuantos pasos se volteó, queriendo decir algo pero no muy seguro de cómo expresarlo claramente con palabras. Un desafío para la próxima vez que compitieran, un reconocimiento de lo que había pasado entre ellos, una insinuación de que tal vez, solo tal vez, esta no tenía que ser la primera y última vez que pasara.
—Te veré la próxima temporada, Nikiforov —. Estableció finalmente, las palabras sonando lo suficientemente impersonales como para cubrir el mar de emociones creciendo dentro de él, pero lo suficientemente insinuantes como para asegurarse de que Viktor captara el mensaje tras de ellas.
El ruso continuó observándolo, su mirada indescifrable. Yuuri casi se alejó, avergonzado, pero antes de que lo hiciera captó un suave, "Hasta la próxima temporada." saliendo de la boca del otro patinador, bajo y quedito aún en medio del silencioso pasillo.
Yuuri se dio vuelta y se alejó, sintiendo los ojos de Viktor seguirlo por todo el camino del corredor y aún después de girar a un espacio vacío.
Debería sentirse avergonzado. Debería estar reprendiéndose a sí mismo por lo que había permitido que pasara entre ellos, las claras líneas que había trazado su rivalidad ahora eran solo un borrón. Literalmente había dormido con el enemigo y Yuuri sabía que se iba a arrepentir.
Pero de alguna forma, nunca lo hizo.
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Notas de la traductora:
WOAAAA este capítulo es bastante larguito y pasaron muchas cosas muy rápido. Debo confesar que estaba emocionada por llegar aquí!
Yuuri finalmente ganó! Es el Campeón Olímpico Del patinaje sobre hielo y mantuvo su título como campeón Mundial!
No había canción más apropiada que history maker para ese momento :'D
A si, y finalmente llegó el smut :v LOL
Las cosas se ponen muy intensas señores, muy intensas :3
No sé si escucharon la canción del programa de Viktor pero si no les pido entonces que vayan y lo hagan ( si quieren :'v ) De verdad. Esa canción es la única forma de entender el porqué de la intensidad de Viktor mientras patinaba y la verdad es que basándome en esa canción puedo decir que al final del cap a Viktor se le hizo el milagrito, aunque no del modo en el quería :v #TeOdioAhoraFollame
Viktor patinó la versión de la canción en francés y la pueden encontrar con subtítulos o en español si desean para entender la letra. Yo recomiendo que vean ambas por que la versión en francés es la mejor cantada y en español uno siente más la intensidad ya que es nuestra lengua materna ( estoy pinche obsesionada con esa rola ok! :'v ) Igual les deje los nombres de todo arriba.
Pueden buscar con este nombre: "Johnny Weir and other russian skaters dancing together "Notre Dame de Paris" en youtube si desean darse una idea la rutina de Viktor. Todo esto es sugerencia de la propia autora, no mía :)
MUCHISIMAS GRACIAS A TODOS POR LEER. A todos los que leyeron, comentaron, siguieron y dieron favorito a este fic. Les agradezco muchísimo su apoyo. Como siempre no hay nada que me emocione más que saber que realmente están amando este fic y se que siempre les recomiendo ir al blog de Reiya-san, pero en este momento podrian hacerse majors spoilers si van XD
De todos modos les dejo su blog por si gustan ir igual solo a dejarle su comentario :)
Aquí está su blog en tumblr.
kazliin (punto) tumblr (punto) com
No importa si escriben en español. :)
Fic original en AO3 ( Archive of our own)
archive of our own ( / ) works (/) 8748484 (/) chapters (/) 20055247
Pueden buscar directamente a la autora en AO3. Reiya.
Los capítulos que siguen de aquí en adelante son igual o más largos que este, así que daré mi mejor esfuerzo para traducirlos a tiempo :D
¡Los reviews y su opinion como lectores siempre son apreciados! :)
Especialmente por la autora.
¡NOS ESTAMOS LEYENDO!
