Advertencia Justa: El 80% de esta historia es parodia, no esperes que ninguno de los capítulos sean serios si su título no lo es (a menos, obviamente, que yo adjudique lo contrario). Si no te gustan mis tonterías, haz el favor de refrescar la página e irte a otro lado (Miento, ¡quédate por favor~!). Gracias por leer.

Comentarios: Y digan… ¿quién de ustedes me extrañó? Sé que no tengo el perdón de Himaruya, y menos de nuestros países refunfuñones (que San-Doitsu me libre de la furia de la cocina inglesa, por el amor a la pasta), cejones y adictos a cualquier clase de comida. Pero… el de vosotras sí… ¿verdad? Y si no lo tengo… ¿Por qué siguen leyendo mis absurdas notas de autora? ¿Es que tanto les hacen risa mis incoherencias? ¿O será por mis faltas absurdas de ortografía así como errores tan ridículamente claros que es obvio que no los puedo ver?

Ah~ recapitulando… Ludwig fue encargado con el chico más inútil e ignorante que podría conocer jamás en su vida: ¡Feliciano Vargas! (necesito recapitular porque hace mileeeeeeeenios que escribí la primera parte, lol).

¡Disfruten la lectura!

¿Puedo besarte?

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Parte 2: Si Ludwig hablara con los perros…

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Era casi increíble la cantidad de libros que un hombre era capaz de almacenar en una habitación. Era… Ludwig no tenía palabras para describirlo.

Sus ojos, incrédulos frente a la mejor periferia que jamás volverían a ver regresaron a observar a Rómulo y asegurarse de que seguía vivo. Probablemente, la pasta del día anterior le había causado algo… nunca se sabe. Y menos, con alguien con pinta casi tan extraña como la que portaba Lovino.

—Señor Rómulo… —murmuró asombrado. El susodicho le observó esperando a que hablase y el rubio tragó saliva—. Es impresionante la habitación y me gustaría aprovecharla pero… no entiendo. ¿Cuál es el punto de que esté aquí?

No pasó demasiado tiempo antes de que Ludwig sintiese algo colisionar con su espalda. Se tensó de inmediato y rezó a los dioses de sus perros que lo que sea que haya chocado con él se alejase rápido.

— ¡VE~ Luddy-Luddy! ¡De ahora me ayudarás a estudiar! —Luddy-Lu… ¿qué? Sus ojos se abrieron de sorpresa. Pero no la sorpresa por la enorme habitación ni por su jugosa cantidad de libros. Sino al reconocer la voz detrás de él y las circunstancias que obligaban al hombre a llevarle a aquél hermoso santuario.

No le sorprendió mucho al enterarse que detrás de él sólo se encontraba el umbral de la puerta.

Soltó un suspiro, contó varios segundos en un idioma que probablemente ni siquiera conocía y observó la hora en su teléfono. Si había entendido bien, tendría que quedarse en aquella habitación hasta las cuatro y media de la tarde. Apenas siendo medio día se enteró de que Rómulo le había tratado como de quien envía a una gallina al matadero. Demonios, ¿en qué estaba pensando al no haber detenido a su hermano mientras lanzaba piedras a aquella casa como si fuese algo que las personas con raciocinio hacen? Claro, no es como que su hermano lo tenga por lo cual ni debió de preocuparse de regañarle en primer lugar, pero… aun así…

—Ve, Luddy-Luddy, tú sabes alemán, ¿no? —inquirió de repente el ítalo en su oreja, causando evidente sorpresa en el accionar del rubio. Saltó hasta el techo y contó mentalmente para no pedir una orden de restricción. Vamos, que este niño no era un sicario, ¿verdad? (Seamos sinceros, ¿qué tanto sabe Ludwig sobre la gente de aquél pueblo y qué tanto no? Acababa de llegar, por todos los cielos).

—Eh… sí, ¿cómo es que…? —no terminó la frase, había algo en el rostro del de cabello terracota que le decía "no le preguntes cómo es que lo sabe, sino para qué quiere utilizarlo." Como sea, ni terminó una ni comenzó otra pregunta, la mirada confusa de Feliciano era suficiente para responderle.

—Bueno, te pareces mucho a Gilbert y… como él sabe alemán… supuse que sabrías… y… —todo el brillo y entusiasmo en la voz y ojos de Feliciano fueron separados lentamente por un acento dudoso y unos ojos que no paraban de rodar de un extremo de la biblioteca al otro. Ludwig se sintió extrañado por el repentino nerviosismo del otro, soltó un suspiro e hizo un mal intento por quitarse al mayor de encima. Venga, que pesaba el chaval.

—…pues… sí… uh… soy alemán… —bravo Ludwig, sabes de dónde eres. Ahora, intenta formar una frase un poco más coherente, ¿sí bebé?

—Ve~ Luddy-Luddy es alemán~ —sin que se lo volviera a pedir, Feliciano se alejó del germano y comenzó a caminar por al espaciosa biblioteca.

Ja, eso acabo de decir… —caminó hasta el chico y extendió sus manos por reflejos cuando unos libros casi eran tirados al suelo. Con una sonrisa demasiado inocente para ser bienintencionada, Feliciano se giró hacia él.

— ¿Podría Luddy-Luddy decirme qué es lo que dicen esos libros? Es que soy lo bastante tonto para no saberlo. —hizo un pequeño pucherito y Ludwig se rindió. En serio, ¿para qué seguir peleando una batalla perdida? Los pucheros eran manipuladores.

Demasiado.

Tomó el primero y observó la portada. Sintió que su corazón renunciaba y lo denunciaba de tanto maltrato laboral (por suerte es un casi, sino Ludwig tendría que lidiar con aún más problemas… y legales de por sí…) en cuanto leyó el título.

Kamasutra. (En alemán, por supuesto.) Ludwig pestañeó incrédulo.

Kamasutra.

Kamasutra.

Kamasuuuuutraaaaaaaa.

—Uh… esto dice… uh… —¡piensa, Luddy, piensa! ¡Que por algo eres alemán!... ah, cierto. No los preparan en la escuela para momentos incómodos. Sólo para ser ingenieros blondos—. Significa… —por todos los cielos, por lo menos busca algo que se le parezca en fonetismo. Que el niño no sabe alemán, no se dará cuenta si le mientes.

— ¿No lo sabes? —la sonrisa vívida de Feliciano pronto se desconchinfla y se vuelve triste. Ludwig se debate entre lastimar los sentimientos de Feliciano y su orgullo diciendo que no sabe, o lastimar la inocencia de Feliciano y su orgullo de igual manera diciéndole exactamente qué es.

Meh. De igual manera no sabe eso de la empatía.

Nein, no lo sé —admite derrotado y el de cabello terracota frunce sus cejas de la manera más tsundere-adorable.

—Luddy-Luddy no debe decir mentiras. —Declara con firmeza.

— ¿Huh?

—Luddy-Luddy sabe qué dice el libro pero no me quiere decir porque es egoísta. —ante la suposición del mayor (por un par de meses, que así no hacen a Luddy-Luddy sentirse mal por ser el pequeñín) el rostro del alemán se llenó de algo parecido al pánico.

— ¡N-no! No es eso, es sólo que… —se detuvo, tratando de pensar en algo que lo sacara de ese embrollo—…uh… es algo para adultos… —admitió en una vocecita.

— ¿Qué? —ladeó su cabeza y puso un rostro confundido. Vaya que Feli es bueno con las expresiones faciales.

—Que ni tú ni yo tenemos permitido leerlo —miró a su alrededor y soltó un pequeño suspiro, tratando de calmar sus nervios de ser descubierto—. Habla acerca de cómo… —volvió a intentarlo, tratando de ser lo más sensible posible—… hacer bebés —terminó concluyendo.

— ¡Oh! El abuelo ya me lo dijo —los ojos de Ludwig se expandieron, no parecía del tipo de persona que lo supiera—. Los trae la cigüeña desde París. —Y no lo era.

—Uh… Ja, pero es… un libro para adultos… uh… tiene muchas groserías. —Cómo se nota que necesitas aprender a socializar.

—Lovino dice muchas groserías, pero el abuelo no lo censura —se defendió. Y con razones, que si de eso se tratara él tenía su propio repertorio (Lovi-lecciones parte 1: chi cazzo sei per l'amore de dio, bastardo! Se sarebbe andato a il cazzo inferno, e mai volveía! [favor de hacer énfasis en bastardo y cazzo hasta que la persona indeseada se vaya. Amore, Lovi]). Volvió a hacer otro pucherito, esta vez más intenso, más pucheroso, más manipulador. Oh, sí, es fucking posible. Tan Fucking como la ciudad en Austria. ¿Que qué tiene eso que ver? Mucho. El que busca encuentra.

En fin, nuestro lindo Luddy trató—en vano—de resistirse a los dulces encantos italianos del pequeño Feliciano. Como decía el abuelo Roma, si un Vargas lo quiere, un Vargas lo obtiene. Así que… a cada quién su… uh, swag.

—Uh… son libros con temáticas para adultos y-y no son para niños… —para adultos pero no para niños… ¿sienten iluminación con las palabras de Ludwig?

—Pero no comprendo por qué. —Feliciano remarcó su labio inferior en una muestra mayor de ternura.

—Y no tienes que comprenderlo. Punto final.

Ludwig caminó hasta otro lado de la habitación, subió las escaleras y depositó los libros en donde estaba seguro que Feliciano no lo alcanzaría. Mientras tanto éste suspiraba derrotado. Más tarde lo volvería a hostigar.

Sacudió un poco la cabeza, y su expresión volvió a la misma drogada-idiota de siempre. Con su 'Ve~' caminó hasta el alemán, y cual sanguijuela, se le pegó para no quitarse de ahí.

— ¿Ahora qué? —preguntó, un tanto irritado porque no podía disfrutar bien de los libros de ciencias exactas e ingeniería. Tanta sabiduría desperdiciada…

—Sólo quería abrazar a Luddy-Luddy~ —después de hablar con su empalagosa voz de Feliciano, éste se restregó contra la espalda del rubio, mientras soltaba pequeños ruiditos que indicaban que estar cerca de su amigo le gustaba.

Y Luddy-Luddy se sonrojó ante lo oh, tan incorrectos que se escuchaban esos sonidos. Por supuesto que alguien con una mente tan pervertida como la de nuestro querido protagonista pensaría en ello de una manera sexual. Demasiado internet y demasiadas horas (en la noche) en el celular lograban ése nivel de perversión.

—No abraces a personas que apenas conoces —le aconsejó, esperando que así el otro le soltase. Pero no, éste siguió tan pegado como ese molesto chicle en tu zapato. Joder, que hasta comenzaba a sentirse empalagado de tanto azúcar artificial y endulcolorantes.

— ¡Pero te conozco bien! —exclamó con toda la confianza del mundo—. Eres alemán, sabes alemán, mi hermano te odia, tienes un hermano prusiano…

—Prusia ya no existen, esos son delirios de mi hermano…

—…Hermano prusiano… uh, te sonrojas con facilidad, me acompañas a comprar tomates y eres mi mejor amigo.

Ludwig detuvo sus acciones ante aquella confirmación.

Mejor amigo.

Mejor amigo¿de éste?

—Uh… ¿Luddy-Luddy? —el mediterráneo agitó una mano enfrente de la estatua viviente, quien, después de casi un minuto, pareció recobrar movilidad.

—Sí, estoy bien.

— ¿Y qué tengo que hacer?

— ¡Serás mi tutor por lo que queda del mes!

— ¿Entonces multiplico a éste por sí mismo? —preguntó Feliciano por enésima vez en una misma sesión.

Síiiiiiii —le contestó de igual manera Ludwig con una voz más cansada de la vida que el Suicide Squad.

—Ah, ¿y éste de aquí? —Ludwig sintió ganas de golpearse la cabeza contra la pared. Venga, que el niñato era denso. Más denso que el yogurt griego de yoplait.

—Igual.

Feliciano observó la fórmula algebraica por un momento y sus ojos se iluminaron con la respuesta.

— ¡Oh! ¿Entonces para eso el pequeño dos a su derecha? —pobrecito Ludwig ya parece desequilibrado mental con ese tic en el ojo. ¿Demasiadas matemáticas, quizá?

—Sí. Creo que ha sido demasiada álgebra por hoy. —sip. Tantos numeritos han fundido los complejos circuitos que son el cerebro alemán. Incluso Einstein perdería la paciencia.

— ¡Genial! ¿Entonces podemos ver historia del arte?

—Pero acabamos de verla antes de esto…

—Pero en mi horario dice que después de esto sigue historia del arte. —Feliciano le extendió el papelito y Ludwig observó que por toda la hoja tenía rayoneado "historia del arte", a excepción de la hora que acababan de tener. Qué conveniente. Ludwig enfocó la vista y logró leer un pequeño "estudios sociales".

—Aquí dice que toca estudios sociales. —remarcó.

—Nope, dice historia del arte —Feli ladeó la cabeza un poco con su sonrisa usual de siempre… espera, ¿era eso música satánica en el fondo? ¿Y algo sobre sacrificar al blondo?

—Ajá… —Ludwig, por tercera vez (ahora no consecutiva), abrió el libro cuyo título leía "Grandi Pittori Italiani: Secolo XVI" y lo ojeó un poco, regresando a la página 641, veinte antes de terminarlo.

Porque si de arte se trataba, Feliciano se sabía hasta los cimientos. Pero de álgebra no sabía ni que existía.

Repasaron otras tres horas los nombres que el italiano ya se sabía hasta en sueños, hasta que Ludwig decidió era hora de tomarse un descanso. Si para Feliciano las matemáticas eran difíciles entonces para Ludwig el arte era dificilísimo. Pídele que te muestre sus dibujitos de palo del año pasado.

Salieron los dos con un enorme suspiro de la biblioteca, Feliciano pensando ya en qué era lo que prepararía para el almuerzo mientras que Ludwig pensaba en las cosas que tendría pendientes por el resto del día.

Ve~, ¿estaría bien espagueti a la putanesca? —Ludwig asintió desinteresado.

Lovino salió a atender la puerta después de varios minutos del insistente tocar, era increíble que su hermano y el blondo ese con esteroides se la pasaran encerrados en la biblioteca durante cinco horas y contando.

—Entrega para Lovino Vargas. —un hombre rechonchito fue recibido por el italiano, el cual ojeó un poco el paquete de tamaño mediano en manos del mensajero.

—Sí, soy él.

—Firme aquí —le pidió el tipo mientras le extendía una tablita.

—Ajá —Lovino firmó el confirme de recibo y tomó el paquete con cuidado.

Caminó hasta un sillón y depositó la caja en uno de los sofás, abrió el envoltorio de la paquetería y se encontró con una tarjeta de escritura legible (por poco).

"Para mi tomatito."

Así, sin firmar.

(Bueno, sí venía firmado, pero era con letra de doctor.)

Sin prestarle demasiada atención a ese detalle, Lovino procedió a averiguar qué era el paquete.

"Súper aspiradora 5000 (ahora con muchas más opciones)."

Pareciera que era un regalo del cielo. Justo lo que Lovino necesitaba: algo que hiciera todo el trabajo de limpieza por él.

Y por qué no, decidió intentarlo apenas supo dónde estaba un enchufe para encenderlo.

Procedió a caminar por uno de los laaaaargos pasillos de su casa y se apresuró a encerrarse en una habitación. Pero no era cualquier habitación. Sino la habitación del abuelo. Quien le había pedido que la limpiase desde hace milenios y le pagaría el cuádruple de su mesada, lo que le alcanzaría a comprar todos los tomates… y cualquier cosa relacionada con tomates que existiera. Ya saben, cojines, almohadas, peluches, kinki stuff… lo que la mente obsesionada de Lovino y su mesada cuadruplada pudiesen comprar~

Ea pueh, que de momento lo único que necesitaba era limpiar la habitación de su abuelo, y no había mejor manera que estrenando su nueva Súper aspiradora 500. God Bless Capitalism, diría algún día, cuando los tomates fueran gratis.

Había unos cuantos botoncitos raros y psicodélicos antes de pasar a la pantalla inteligente, la cual le sugería entre aspirar todo lo de la habitación y luego regurgitar los muebles y cosas que no fueran polvo y envoltorios o aspirar todo y triturarlo. Aquello le pareció una opción muy conveniente al italiano (no sabemos si fue la primera o la segunda), debido a que le ahorraría mínimo unas… dos horas y media de estar buscando debajo de los muebles como estúpido sin olvidarnos de la forma incómoda en la que estaba él encontrándose con las revistas pornográficas de Rómulo para sentirse enfermo (porque hemos de admitirlo, le había sucedido limpiando la casa y más de una vez) sin olvidarnos de sus cadenas y látigos y… ¿citrato de sildenafilo? ¿En un vestidito de puta/enfermera? Cielos, su abuelo necesitaba con urgencia un psicólogo.

O ir a un prostíbulo, vamos que había muchos de esos.

—O de una puttana vez, conseguirse una pareja y un motel. —dijo para sí al tiempo que presionaba la pantalla inteligente y se recargaba ligeramente en el aparato mientras sacaba un tomate de su bolsillo y le daba una mordida, simulando tener una manzana.

Cuando la aspiradora hubo, no sólo aspirado los muebles, pero también los tapices y los trajes masoquistas del abuelo que estaban en su cajón secreto (que descubrió de la mala forma cuando tenía cinco años) Lovinito decidió presionar "parar" y se debatió unos cuantos minutos entre "regurgitar los muebles y cosas que valgan la pena" o "triturar todo." ¡Vamos! Le estaba haciendo un favor a la humanidad al deshacerse de todas aquellas… cosas raras… pero, por otro lado, hablamos de que lo que tenía el abuelo era una súper cama de agua y…

—Eh —se encogió de hombros y presionó la primera opción al tiempo que la aspiradora regresaba los muebles a su forma original, con efectos de película de Disney en la que todo tenía rombos de blanco por todos lados de lo limpio que estaba. Asintió con la cabeza y le quitó a la súper aspiradora el recipiente en el que estaba toda la basura al tiempo que lo volteaba sobre una bolsa negra que sacó de la nada y le hacía un nudo bien profesional de lo mucho que lo había realizado antes.

¡Ding-Dong!

Minutos después de que Lovinito hubiera salido del laberinto de pasillos que era la parte privada de la casa para atender la sala y dejar ahí a su amiga fiel se quitó el polvo de los tejanos y abrió la puerta. Encontrándose con unos brazos de un español fastidioso saludándole empalagosamente.

—Te quiero —le susurró al oído, con la emoción sin aliento a lo que Lovino ni corto ni perezoso le propinó un golpe.

— ¡Eres un idiota! —haciéndole notar al otro que el amor estaba cubierto de sangre, sintiendo su propia nariz llenarse de la sustancia viscosa y con hedor a óxido.

Y no, por si alguien lo cree, esto no fue sacado deliberada ni desvergonzadamente de la canción tema "Aiwa Chimamire," de Kuromyu 2, ni pretendemos hacerle propaganda en un fandom completamente alejado… nonono, sepan que ese no es el propósito de las líneas anteriores, sino el de mostrarles la triste realidad del Spamano.

—No se suponía que me golpearas… —se quejó el otro después de recordar con exactitud lo que su amigo el franco le dijese.

—Por eso no supongo. —y con eso se dio media vuelta para seguir cuadruplicando su mesada.

…pero los españoles son tercos y persiguió a Lovino a través de la habitación.

—Pero Lovi, no seas cruel…

—Crueldad es mi segundo nombre.

—Claro que no, es Octavius. —Lovino se detuvo por un momento, para recordar que su aspiradora se encontraba en la sala e irse al siguiente objetivo de ésta: su habitación.

»Lovi, no me ignooooooreeeeeees… —finge que es un molesto mosquito revoloteando a tu alrededor… así es, pégale… con más fuerza… un par de golpes más que ya casi se muere… ¡KO!

—Al fin, paz y tranquilidad… —murmuró aliviado, pensando que su cruz había llegado a su fin… pero como cada vez que el maestro Shifu decía eso (sí, el maestro Shifu, el de la película esa del panda panzón…), de la nada su objeto de molestia revivía con energías renovadas.

—Jaja, está bien Lovi, comprendo que fue un accidente y no quisiste pegarme… —¿era este retrasado o qué? Cualquier tonto en su sano juicio podía apreciar que ese golpe no fue ningún accidente. No~no, cualquier golpe por parte de Lovino Vargas no puede ser clasificado como accidental ni por el referee más corrupto. —Lovi préstame atención… —visto—. Loviiiiiii…. —doble visto—. No estoy pintado en la pareeeeeeeed… —sí lo estás…

Ante más falta de respuestas provenientes de un sordo por decisión, Antonio se dio la media vuelta, caminó un par de pasos, y se regresó para colgársele de improvisto al italiano quien respondió con un alarido bastante ruidoso.

— ¡Loviiiiii, ¿por qué me ignoras si yo te amoooooooo?!

— ¡Te ignoro porque eres un puto extraño acosador que llega sin avisar a mi casa y de abrupto declara su inmortal amor por mí, ese es el por qué! —y con otro par de golpes más, logro volvérselo a quitar de encima. El chico se levanta con un rostro que expresa tristeza (y quizás dolor ante el rechazo), pero no por las palabras recién dirigidas hacia su persona, bueno sí, pero no precisamente por ello, sino por…

— ¿Cómo que no me recuerdas?

—Ni de coña, bastardo acosador.

El chico observó a Lovino con una carita de perro abandonado en la lluvia por un par de segundos más.

—Fuimos al jardín de niños juntos —replicó—, debes recordarme.

— ¿Cómo carajos esperas que a esta edad recuerde a alguien del puto kindergarden?

—Porque le propusiste matrimonio a ese alguien.

¿Qué?

¿Qué?

¡¿Quéeeeeeeeeeeeeeeeeeeeee?!

Los gritos mentales de Lovino se podían escuchar hasta el monte Everest, y su clara expresión mezcla de miedo y sorpresa era bastante obvia para cualquier persona hasta con retraso mental. Pero eso no aplica para despistados extremos como lo son Antonio. (Escudo de despistadez: activado y a full power.)

— ¡Yo no hice eso! —lo sentimos, Lovino, demasiado tarde para recuperar tu orgullo de cuando eras un pequeño shota y aún no existía la UNICEF.

—Claro que sí, incluso tomé fotos de ese memorable momento —y de su chaqueta sacó una fotografía de cámara Kodachrome—y no, esto no es violación al copyright poseído por Paul Simon ni por Nikon—en la que estaba una pequeña niña con un traje de sirvienta y curioso rulo marrón dándole un tiernísimo beso en la mejilla a un chico de tez morena quien lucía gratamente sorprendido—. Estuvo en mi bolsillo todo este tiempo pata no perder un minuto más en reconocer al amor de mi vida en cuanto le viera. Te he estado esperando por años, y en cuanto vi al hermano de Gilbert salir por esa puerta con tu hermano supe que eras tú a quien he estado buscando por tantos años… —era tanta la esperanza en los ojos verde esmeralda de Antonio Fernández Carriedo que ni la más descorazonada en la faz de la tierra se atrevería a rechazarle…

—Lo lamento, pero te equivocaste de persona. —Aunque bueeeeno, a Lovinito le vale un cuarto de manzana los sentimientos de bastardos acosadores que llegan de la nada y te piden matrimonio, así que eso en conjunto con tsunderismo y negación por sus obvios sentimientos hacían la receta perfecta para un corazón roto. Uno español. Uno lleno de pasión, uno que se preparó durante años para este momento con tantos ensayos, desilusiones, y sí, más sinceridad que tu madre diciéndote que Santa Claus no existe.

Y como Lovino no estaba interesado en nada de esas mierdas sentimentales, comenzó a alejarse de Antonio con la misma velocidad que se comía un kilo de tomates.

—P-pero Lovi, lo sé todo sobre ti —intentó hacerle reaccionar, hacerle ver que estaba cometiendo un grave error—. Sé que aprendiste a andar en bicicleta un año después de tu hermano y que tu primer diente se te cayó por un golpe que te diste contra un mueble mientras limpiabas tu casa.

Ok, ¿quién le dijo eso? Maldito bastardo acosador.

Mientras Lovino estaba demasiado ocupado imitando a un pez cuando lo sacas fuera del agua, Antonio aprovechó su oportunidad para acercarse y abrazarle por detrás, en lo que se suponía era un gesto de cariño pero terminó siendo un soporte para cuando Lovino perdió la consciencia segundos después de sentir el tacto de su interlocutor.

— ¡L-lovi! ¡No te mueras! ¡No puedo vivir sin ti! —mientras el español lloraba ante el cuerpo inerte mas no muerto, pequeñas voces dentro de la cabecita del italiano le gritaban que se despertara, coño, que aún tenía que terminarse el tomate de la despensa…

—No estoy muerto, sólo tengo abstinencia de tomates ya que el abuelo no quería molestar al macho patatas con otro viaje al mercado…

— ¡Lovi, sigues vivo! —mientras se regocijaba ante la buena nueva, abrazaba al amor de su vida contra su pecho en un gesto protector y extremadamente gay; comenzó a trazar pequeños círculos por la cabeza de quien le robase el corazón y en cuanto se topó con cierto curiosito mechón de cabello…

— ¡Chiiiigiiiiii! —su mano fue apartada de un manotazo—. ¡No me toques! —así como su abrazo. Y su amor. Adiós amor.

Antonio le observó por un par de segundos, sorprendido ante la violenta reacción ante algo tan nimio como lo era una caricia, trató de acercarse a Lovino, con la intención de aclarar las cosas entre ellos, poder comenzar su relación de manera sana.

—P-pero… ¿qué sucede? —se decidió por preguntar al fin, con las emociones a flor de piel.

—Sólo no me toques, y no te vuelvas a acercar a mí.

Y salió de la habitación sin otra palabra ni para correr de la casa al invitado indeseado.

—Señor Rómulo, ¿puedo preguntarle algo?

El auto-proclamado ciudadano de roma, levantó la vista para encontrarse con un par de ojos verdes que no le eran familiares ni en alguna de sus amantes.

—Eh… ¿te conozco de algún lado, chaval? —quizás estaba ebrio y por eso no lo recordaba, sí, eso, porque recordaría unos ojos como esos…

—Soy el prometido de Lovino.

La sonrisa fácil de Rómulo se mantuvo en su rostro por un par de segundos… aún sigue ahí… espeeeeera, espeeeeera

—…espera, ¿que tú qué? —bingo.

— ¿No me recuerda? Soy Antonio Fernández Carriedo, vivo a un par de calles de aquí y siempre venía a visitarlo y a traerle tomates de mi pequeño jardín. —Y como si fuera un equivalente a bibidi babidi bum

— ¿Dijiste jardín de tomates?

Hablando del rey de roma… estaba Lovino dándole una mordida a un jugoso tomate, el agua de éste escurriéndose por su rostro de una manera que lo hacía verse…

¡Concéntrate, Antonio!

—Sí~ un jardín con hermosos y jugosos tomatitos… justo como tú… —y en lo jugoso no se equivocaba, pues ahora lo tenía esparcido por toda la cara del gran escupidón que le dio Lovino por mentada sorpresa.

— ¿Fuiste tú quien envió esa nota? —ante la intensa mirada dudosa por parte de un italiano, y una entretenida mirada por parte de un romano, no le quedó más remedio que admitir la verdad con un efusivo asentir de cabeza.

—Sí~ ¿te gustó mi regalo? —creo que si una mirada incrédula al punto de tirar su tomate al suelo puede contar como felicidad ante el regalo, entonces sí, se estaba murieeeendo de la felicidad.

—Le encantó —contestó su abuelo en su lugar.

—Vee~ algo está mal con Fratello…

Ludwig se abstuvo de preguntar cómo lo sabía, pues después de los datos personales acerca de sí mismo que le proporcionó sin que se lo solicitara dejó de dudar de las habilidades de Feliciano como investigador personal.

Ja… eso… creo…

—Tal vez sea la abstinencia de tomates en la que lo puso el abuelo…

¿Abstinencia? Pero si la última vez que había consumido dicho producto vegetal había sido el día anterior mientras preparaban y más tarde consumían la pasta… ciertamente alguien no puede declararse famélico ante tan corto tiempo de abstinencia… ¿o sí?

Ludwig reflexionó… que con Lovino nunca se sabe.

Tomó un bocado más de su espagueti a la putanesca y para sus adentros gimió de lo delicioso que estaba. Venga, que si pudiera la pediría a Feliciano que se casara con él sólo para que le cocinara así de delicioso todos los días.

...espera, ¿qué?

Ludwig le dio otro vistazo a su platillo lleno de pasta, queso, patatas y salsa marinara, preguntándose si entre el orégano y el ajo había alguna clase de droga que le hiciese tener pensamientos raros. Y entonces comprendió por qué su padre le dijo que desconfiara de la cocina de los Vargas.

Vee~, ¿Luddy-Luddy se siente bien? Tiene la misma mirada que Fratello cuando está triste… —el pequeño pucherito en la cara de Feliciano era adorable… tanto como para…

Vamos Luddy, tú sabes, yo sé, ellos saben, todo el mundo sabe que quieres apretarle los cachetitos… vamos… sí lo quieres…

Pero Ludwig, terco como es, no lo hizo. Se comportó decente y guardó la compostura.

(Apretaaaadoooooo~.)

Apartó su vista hacia el extenso patio que se podía apreciar a través de las extensas y lujosas puertas de cristal. Se podían apreciar hileras tras hileras de hermosas margaritas.

Mientras la mente de Luddy-Luddy se encontraba demasiado ocupada de vaga por ahí, Feliciano se dio vuelta y comenzó a preparar algo más para comer. Comer es vivir, es un placer, es una filosofía, así que Feliciano, si tenía hambre, lo único que debía hacer, era preparar más comida. Sí, nuestro querido italiano se vivía la buena vida.

Y Ludwig seguía en lalalandia.

Hasta que un plato de cerámica con un contenido cafechusco-con-leche fue puesto en frente suyo.

—Es crème brûle —explicó con toda esa enorme sonrisita de idiota plasmada y esos ojitos entrecerrados remarcados con marcador Sharpie suyos—, es el postra favorito de Fratello cuando se siente triste.

Ludwig observó al plato, luego a Feliciano, y de nuevo al plato. — ¿Y cuando está feliz?

—Tomates.

Ante la—quizás predecible—respuesta de su interlocutor del mediterráneo, Ludwig pestañeó, y volvió a pensar que cualquier cosa se puede esperar de alguien como Lovino Vargas.

Tomó un trozo del crème brûle y sintió como sus papilas gustativas reaccionaban de manera curiosa ante un alimento tan dulce, pues él, tan tosco y preocupado por su salud como es, se mantenía en una estricta dieta en la que los dulces actuaban un papel menor, casi como espectadores; por tanto, después de la tercera cucharada comenzó a sentir que su paladar se contraía ante tanto dulzor, y para la quinta honestamente pensó que moriría de un coma diabético.

No se terminó el postre con la excusa de que estaba muy lleno de toda la comida pero que el postre estaba delicioso. Y claro, después de un pequeño pucherito cortesía de Feliciano, ambos reanudaron su camino a la biblioteca para terminar las últimas dos horas de historia del arte que tenían pendientes. (Aunque si observabas bien al horario de Feliciano, podrías observar que en realidad se encontraba escrito en un ligerísimo tono rosado "valores" e "historia de Italia". Pero no le digas, que el próximo en el calendario de sacrificios podrías ser tú.)

— ¿A dónde fuiste, bruderlein? —escuchó Ludwig a su consanguíneo cuestionarle en cuanto puso pie en el pasillo que daba a su habitaciones.

—A la casa de los Vargas, de la cual, tú rompiste un cristal. —le respondió sin un ápice de rencor o veneno en su voz, simplemente exponiendo los hechos tal cual como era su estilo.

—Awww, ¿no seguirás enojado por eso, o sí? Además ya te dije que fue Antonio porque se le quedó viendo a la liga en vez de mirar a dónde apuntaba —misterio resuelto, chicos, ya pueden descansar los que se preguntaban quién había sido el responsable del vidriocidio.

—Ya te dije yo que no era mi responsabilidad la de estar enojado, sino la de Vatti, y aunque haya sido Antonio quien jaló el gatillo, fuiste tú quien le entregó el arma. —abrió la puerta que daba lugar a su recámara, caminó hasta el escritorio que se encontraba pegado a una de las paredes y comenzó a escribir algo en un cuaderno.

Ohhhhhh, ¿acaso mi pequeño bruderlein está escribiendo un diario en donde relata su encuentro empalagoso de novela rosa del que no nos quiere hablar a Vatti ni a mí? —el agarre en la pluma de Ludwig se endureció, y respiró con profundidad como le enseñaron en esas clases de meditación para relajarse que al germano le parecieron un completo desperdicio de tiempo.

Respira Ludwig, puedes manejar esto…

— ¿Es mayor que tú, menor? ¡Oh! ¡No me esperaba que mi hermanito fuera un asaltacunas!

Respira Ludwig, puedes manejar esto…

—Apuesto que incluso tienen un hijo juntos… sí, el asombroso yo es tío…

Y la pluma se rompió.

¡Bruder! No tengo una liebling, sólo estaba haciendo mi tarea de verano… —vociferó con ese hermoso sonrojo que sabemos que les encanta.

—Adiós a mis esperanzas de continuar con mi asombroso linaje prusiano…

Ludwig soltó un suspiro por la sexagésima vez en el día, y se giró a ver a su oh-tan-querido hermano mayor.

—Bruder, creo que te he comentado ya en repetidas ocasiones que Prusia ya no existe oficialmente como nación.

Y ahí va de nuevo… en el rostro de Gilbert se plasmó la misma expresión que cuando le dices a los niños por primera vez que Papá Noé no existe… sí, de plano.

— ¡Claro que existe! ¡Está reestableciéndose en Canadá! —y como todo buen prusiano, exteriorizó todo lo que conocía de la susodicha ex-nación—. E iré a proclamarme ciudadano prusiano.

Ludwig soltó otro enorme suspiro, se sentía muuuuuy estresado y muuuuuy confundido. Uno más que el otro. Ve tú a saber cuál.

Ja, lo que digas bruder, ahora, tengo que terminar mi tarea, ¿me permites…? —Gilbert soltó un pequeño bufido indignado, su orgullo de prusiano masacrado.

— ¡Hmp! Podrías ser menos insensible al correr a tu hermano de tu habitación, sólo quería tener un poco de tiempo contigo para podernos llevar mejor. —con la cabeza en alto, pasos cuya melodía asemejaba a la marcha prusiana y los ojos entrecerrados de lo indignado, Gilbert salió fuera del rango de vista periférico de Ludwig mientras éste rodaba los ojos ante lo que consideraba como comportamiento infantil.

Sabes Luddy, la negación también es un comportamiento infantil~…

Negando con la cabeza para poder alejar a esos aleatorios y nada producentes pensamientos, Ludwig se preparó para por fin irse a dormir. Ese había sido un día bastante largo, y bastante estresante.

Y mientras yacía en su cama, recostado, con su piyama puesto, comenzó a repasar los eventos del día en su mente. Haberse ilusionado con la enorme biblioteca señor Rómulo, desilusionarse al enterarse que tendría que hacer de tutor para Feliciano, estar horas encerrado en la biblioteca sin poder tocar un solo libro que no fuera Grandi Pittori Italiani: Secolo XVI, salir a almorzar (quedándose con su paladar horriblemente endulzado), seguir sintiendo que Lovino lo repudiaba, otro par de horas encerrado en la biblioteca, finalizando con su hermano insistiéndole en que le prestara atención mientras se supone debería estar haciendo tarea.

Si se suponía que debería hacerle de tutor a Feliciano durante un mes entero, comenzaba a creer, que la teoría de la relatividad de Einstein no estaba del todo incorrecta.

El flujo del tiempo era totalmente relativo.

Y ese tiempo fluiría relativamente lento.


Notas de Autor: Sé que fue una enorrrrrme desaparición (casi como las de Polonia del mapa… de acuerdo, es un chiste malo), sé que probablemente no merezco el perdón de nadie. Y perdonen si hice sentir mal a alguna de las hermosas ussers que comentaron en el primer capítulo por no contestar sus reviews, generalmente los contesto cuando actualizo el fic en cuestión (sólo si es multicapítulo).

Bien eh… creo que… todos le debemos un agradecimiento muy fuerte a mi hermana, Princesa Andrmeda, ella fue quien prácticamente escribió el capítulo. Así que si notan algunas diferencias de escritura y concordancia de chistes, referencias en algún punto que no se parezcan a nada del primer capítulo… pues fue ella. Agradézcanle, que de no ser por ella este capítulo seguiría teniendo unas… 3k o menos de palabras. Alábenla.

La buena noticia es que la historia ya está TOTALMENTE planeada, así que no hay necesidad de hacerse a la idea de que se abandonará. NO SERÁ ASÍ. No se sientan mal si tardo dos o tres meses en actualizar (o cinco), pero fue hasta principios de Agosto que me puse a trabajar con esto y fue hasta hace poco que terminamos la historia, ahora, como quien dice, sólo nos falta escribirla.

Em… no prometeré siguiente fecha de actualización, pero prometo que será antes de que este año se acabe… y que mis nervios se destruyan… o algo por el estilo.

Ah… y una advertencia sobre el último capítulo… y recuerden que se los digo desde aquí. TODA la historia está planeada. Tal vez no algunas escenas menores, pero en cuanto a temática y estructura de trama ya está completa.

¡Hasta que nos encontremos de nuevo!